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La guerra de Irán vuelve a echar a la mar a los piratas de Somalia

  • El cierre de Ormuz ha interrumpido tráficos ilícitos de armas y drogas que los mantenía
  • Han incrementado los abordajes y hay 3 barcos retenidos a la espera de rescate
La guerra de Irán vuelve a echar a la mar a los piratas de Somalia

El cierre del estrecho de Ormuz ha interrumpido tráficos ilícitos de los que se nutrían los piratas somalíes, lo que ha reactivado los abordajes en el océano Índico.

Los 17 tripulantes del Honour, un petrolero procedente de Emiratos Árabes Unidos con destino a Somalia, llevan semanas retenidos tras ser abordados a finales de abril al cruzar el cuerno de África. Habían logrado superar el cierre del estrecho de Ormuz, y navegado bajo la amenaza de drones, torpedos y misiles. Pero los piratas somalíes les apresaron, y ahora los vigilan estrechamente mientras exigen el pago del rescate. A poca distancia, la fragata española Canarias, integrada en la Operación Atalanta de la Unión Europea, sigue de cerca la situación.

"Desde hace un mes y medio a esta parte ha habido un repunte de la piratería bastante sorprendente porque tenemos ahora mismo más de 60 piratas en la mar. Eso no es normal”, explica a RTVE el vicealmirante Ignacio Villanueva, comandante europeo de la Operación Atalanta.

El cierre de Ormuz los ha dejado sin el tráfico de drogas y armas que los mantenía

Una de las causas principales se encuentra en el cierre del estrecho de Ormuz provocado por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. La interrupción de buena parte del tráfico marítimo por el estrecho y el intenso despliegue naval han puesto en pausa otro movimiento: el del tráfico ilícito de armas y drogas que habitualmente fluía desde la zona sur de Pakistán hacia Somalia. Sin esa importante fuente de ingresos, parte de las redes criminales somalíes han regresado al negocio más tradicional: la piratería.

“Los piratas piensan que la comunidad internacional se va a enfocar con todos los medios en resolver el problema de Ormuz y, en consecuencia, iban a desatender la parte de Somalia”, añade Villanueva.

En la actualidad, tres buques permanecen retenidos en el norte de Somalia con sus tripulaciones como rehenes. Se trata de los petroleros MT Honour 25 y MT Eureka, con 17 y doce tripulantes, respectivamente; y del carguero MV Sward, con una tripulación de quince personas.

En el caso concreto del Honour, la situación humanitaria se sabe que es crítica, con los tripulantes sobreviviendo en condiciones “extremadamente difíciles y peligrosas”, con provisiones a bordo en niveles muy bajos. Las familias han relatado que los rehenes han contactado para pedir ayuda. Pakistán, país de procedencia de buena parte de ellos, ha recibido la garantía por escrito de Somalia de que cooperará para el rescate. Indonesia, por su parte, está en comunicación directa con los piratas para gestionar la liberación de sus cuatro nacionales.

Operación Atalanta

Los militares europeos desplazados al Índico vigilan a los barcos apresados, pero no pueden intervenir en tierras de Somalia. La Operación Atalanta cuenta con dos fragatas equipadas con equipos de operaciones especiales, helicópteros, UAV (drones) y un avión de patrulla marítima basado en Yibuti. Según el vicealmirante, estas capacidades son suficientes por ahora para mantener bajo control la amenaza actual, pero la situación está en el límite: “De mantenerse este aumento de tres ataques piratas cada diez días, se quedarían cortas y habría que solicitar más”.

Relajación de las medidas de seguridad

Arsenio Domínguez, secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), coincide en que el repunte se ha producido en un momento en que la atención mundial se centraba en Ormuz, lo que ha sido aprovechado por los piratas. “Lo que necesitamos es nuevamente no ser complacientes y mantener vivas la implantación de todas estas medidas”, afirma Domínguez a RTVE.

El dirigente de la OMI se refiere a las iniciativas adoptadas a principios de la década pasada, cuando la piratería somalí arreció con el secuestro de barcos mercantes y pesqueros. Entre las medidas recomendadas se encuentran: contratación de guardias armados privados, uso de alambre de púas en las cubiertas, mangueras de contraincendios a alta presión, desactivación temporal del AIS (sistema de identificación automática), rutas y velocidades específicas, y análisis de riesgo previos al tránsito por la zona.

En esta ocasión, ninguno de los tres buques apresados recientemente llevaba personal armado privado a bordo, a pesar de que las directrices de la OMI, subraya la organización, han demostrado su eficacia.

Modus operandi y problema de fondo

Los piratas operan de forma similar a la década pasada: parten en pequeños esquifes desde la costa, se transfieren a “buques madre” pesqueros más grandes y desde allí atacan en alta mar.

Sin embargo, Villanueva los observa “más coordinados, en fuerzas de mayor número y con más armas”.

Domínguez confirma que las técnicas son “muy similares” a las de años anteriores, a diferencia de otros conflictos geopolíticos donde se emplean drones o misiles.

Pero ni el despliegue naval ni las medidas de autoprotección de los buques resolverán, por sí solos, la raíz del problema. Somalia sigue siendo un país con graves dificultades de gobernanza, guerra y una terrible sequía que está produciendo hambruna.

Esos continúan siendo los alimentos de la piratería.