El papa clama contra las mafias y defiende la dignidad de los migrantes: los mensajes de León XIV en Canarias
- En su última etapa, el pontífice denuncia las mafias que trafican con personas y reclama vías legales para la migración
- Pide no permanecer indiferentes ante quienes pierden la vida en el mar o sufren exclusión tras llegar a Europa
Si el lema de la visita del papa a España ha sido 'Alzad la mirada', en su paso por Canarias el pontífice además ha pedido alzar la voz "contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros".
Nada más pisar suelo en Gran Canaria, el jueves 11, se dirigió al puerto de Arguineguín, epicentro del drama de miles de personas que, enfrentándose al riesgo de las mafias, a las dificultades del océano, cruzan el Atlántico en cayucos buscando una vida mejor. Un drama que tiene también el rostro de los miles de personas que pierden la vida en ese intento. Por eso, clamó, "no podemos acostumbrarnos a contar muertos".
No acostumbrarse al drama migratorio
Tras escuchar los testimonios desgarradores de quienes sufrieron hasta llegar aquí y fueron ayudados por entidades caritativas y asistenciales, el papa León XIV apeló a una Europa que "no puede acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas". Invitó a toda la sociedad a realizar un "examen de conciencia" ante el drama que viven las personas migrantes, que llegan "heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad", pues "no son números ni expedientes". Y recordó que "la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera".
Así, espoleó a las autoridades de los países de origen a crear "condiciones de paz, justicia y desarrollo"; a las naciones de tránsito a "proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales"; y, a toda la comunidad internacional, a "una cooperación eficaz y perseverante". Desde Arguineguín, el pontífice apeló a la responsabilidad de autoridades, gobiernos, parlamentos, a las iglesias y "a todos los hombres y mujeres de buena voluntad" a escuchar la voz de quienes viven estas situaciones por buscar una vida digna.
El papa denunció también a las organizaciones que "trafican con la desesperación", a quienes explotan mujeres y niños o convierten el sufrimiento ajeno en negocio y advirtió contra las falsas promesas de quienes ofrecen "paraísos fáciles" a personas vulnerables. Y lanzó a todos esta pregunta: "¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos nuestros tienen que arriesgar la muerte para buscar la vida?". Y exigió "vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación contra los traficantes".
Integrar es construir juntos
Pero también pidió a todos un cambio de actitud que "comienza con gestos pequeños" de acogida, de misericordia. En esta línea, reclamó a la comunidad católica "dejarse interpelar" y ver la acogida de las personas migrantes como "algo secundario o delegado únicamente a voluntarios". Por eso dio las gracias a quienes se implican en los rescates, la acogida y el acompañamiento de los "miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco".
La llegada a la isla de Tenerife puso punto final al viaje de León XIV y, como en Gran Canaria, la visita a centros de acogida de inmigrantes centró la agenda de la mañana del 12 de junio. Primero, en el Centro 'Las Raíces' pidió a los migrantes "ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas" y recordó al papa Francisco, "que tanto anheló poder estar con ustedes".
Contra quienes comercian con la desesperación
El mensaje más contundente contra el drama que viven las personas migrantes resonó en la Plaza del Cristo de La Laguna, cuando el pontífice clamó contra quienes "se aprovechan de la desesperación" de las personas. A ellos les pidió “deténganse, conviértanse, las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios” y les advirtió de que “habrán de comparecer ante la justicia divina”.
Antes, conoció y agradeció el trabajo que las entidades de la Iglesia realizan en la acogida e integración de los migrantes. Para León XIV, integrar no significa borrar la identidad de quien llega ni crear comunidades paralelas que conviven sin encontrarse. Explicó que "la integración es un proceso recíproco en el que quien llega aprende a habitar una tierra nueva y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin cerrar el corazón al encuentro”.
"Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana" —aseguró— y pidió no permanecer indiferentes ante esos naufragios ni ante el "naufragio silencioso después de la llegada" cuando los inmigrantes experimentan la soledad, la falta de vínculos o de confianza y la ausencia de posibilidades para su desarrollo personal.
Arquitectos para "construir la civilización del amor"
La llamada a la solidaridad también estuvo presente en los diversos encuentros con la Iglesia diocesana tanto en Gran Canaria como en Tenerife. En la catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria, el jueves 11, les pidió ser "arquitectos sabios en la construcción de la civilización del amor" que se concreta, según explicó, en la acogida, la escucha, la cercanía y el cuidado de los más vulnerables.
Las dos misas presididas por el Santo Padre en las islas le permitieron dirigirse a la comunidad católica para animar su compromiso y agradecer "tanto bien que se hace aquí cada día", como expresó en la catedral de Santa Ana. A los fieles, el papa Prevost les habló de la caridad de Dios que "no está fundada en el cálculo". Con ese modelo, les animó a aprender "un nuevo modo de existir" basado en el amor a los hermanos, especialmente a los "más necesitados, indefensos incapaces de devolver algo a cambio".
"Ningún ser humano es una isla"
Pero advirtió de que la caridad no puede convertirse "en mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización y su integración digna", retomando las palabras del papa Francisco. El pontífice exhortó, también, a vivir con humildad, a "bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana", pues así será posible —según León XIV— construir "una nueva humanidad reconciliada en el amor".
En su última misa en Tenerife, subrayó que "ningún ser humano es una isla", advirtió del desequilibrio que se produce en las personas hoy por querer "hacer cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas" y pidió "no reducir todo a comercio y beneficio".
Concluyendo su viaje apostólico, al final de la celebración religiosa, León XIV aseguró regresar a Roma "conmovido por el gran afecto" recibido y "reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia". Desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife quiso dirigir una última mirada a las "heridas" del mundo y recordó el lema de este viaje: "¡Alzad la mirada!" para retomar el camino de la esperanza.