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El silbo gomero anuncia la llegada de León XIV a Tenerife, una isla hospitalaria desde donde se despide de España

Un grupo de personas de La Gomera con carteles y banderas esperando el inicio de la misa del papa León XIV
Un grupo de personas de La Gomera con carteles y banderas esperando el inicio de la misa del papa León XIV. JUANMA CUÉLLAR

El sonido no venía de las campanas, ni de los motores, ni de los gritos de la multitud. Venía del aire. Un silbido agudo, limpio y rotundo ha rasgado la mañana en la explanada del puerto de Santa Cruz de Tenerife: "¡Alza la mirada!", decía el mensaje en silbo gomero, avisando a los presentes de que el papa León XIV ya estaba pisando suelo chicharrero.

Es el lenguaje de la tierra el que ha dado la bienvenida al hombre que, tras siete días recorriendo España, hoy parece un canario más, tostado por este sol que, como dicen los vecinos, "hoy está fuertecito".

Más de 50.000 personas esperan en el puerto de Santa Cruz el inicio de la misa

Más de 50.000 personas esperan en el puerto de Santa Cruz el inicio de la misa. SANTI RIESCO

En la gran explanada, el ambiente es de una alegría que desborda las vallas de seguridad. Suenan Los Sabandeños, poniendo banda sonora de identidad con una versión en ritmo canario de "Sólo le pido a Dios".

La espera, que para muchos ha comenzado antes del alba, ha hecho un hueco de honor a los fieles nivarienses procedentes de las "islas menores". Incluidos los de El Hierro, el último lugar en el que los canarios, con su acogida al inmigrante, han dado un ejemplo de humanidad al mundo entero.

En las primeras filas, protegidos del calor pero no de la emoción, se agolpan los fieles llegados de La Gomera, La Palma y El Hierro. No han venido con las manos vacías, traen el tambor típico gomero, ese que lleva 500 años resonando en los barrancos.

Bajo un sol de justicia, Andrés, vecino de la isla colombina, cuenta que salió a las seis de la mañana para venir a la eucaristía con la que el papa cierra su visita a España. El tambor que nos muestra orgulloso es un símbolo de tradición que quieren que León XIV sienta como propio.

Las islas menores se hacen grandes

"Es un acontecimiento único en la vida", dice Margarita, una alemana que lleva 33 años en Tenerife y cuyo corazón ya es "chicharrero". A su lado, la representación herreña es ruidosa y entusiasta.

Mayuri Castañeda ha coordinado el viaje de 215 personas desde El Hierro, la isla que el papa no pudo visitar pero que este viernes está más presente que nunca.

Andrés muestra orgulloso su tambor gomero a RTVE Noticias

Andrés muestra orgulloso su tambor gomero a RTVE Noticias. JUANMA CUÉLLAR

Entre ellos están Damián y Adriana, de origen rumano pero residentes en El Hierro, que aseguran que aquí se sienten "en familia desde el primer día" y que "ver al papa es un sentimiento que no se puede expresar con palabras".

La logística ha sido, en palabras de los voluntarios, "milimétrica". Ana, una de las 5.000 voluntarias desplegadas, nos cuenta que, a pesar de los retrasos en las guaguas por los cortes de carretera, han conseguido que las 50.000 personas estimadas lleguen a sus asientos.

Entre la multitud destaca el color rojo de los coordinadores como Paloma Rey, que vigila que las altas temperaturas no pasen factura, aunque algún susto por lipotimia ya ha habido.

Un aterrizaje entre repiques y blindaje

Pero para entender este clímax en el puerto, hay que mirar atrás, al inicio de la jornada. A las 9:18 horas, el avión de Iberia aterrizaba en Los Rodeos. En ese instante, las iglesias de Santa Cruz y La Laguna rompieron a repicar sus campanas en un estruendo de bienvenida que se escuchaba en toda la diócesis nivariense.

La isla ha amanecido blindada con cintas policiales, calles cortadas y un despliegue de seguridad inaudito que incluye a la Policía Local, la Canaria, la Guardia Civil y la Nacional.

Antes de llegar al puerto, León XIV ha cumplido con dos citas que han marcado el tono humano de su visita. Primero, el centro de acogida Las Raíces, donde ha escuchado el desgarrador testimonio de Bousso Diouf. "Nadie abandona su tierra por voluntad propia", ha dicho el inmigrante.

Allí, el papa ha roto el protocolo al sostener -una vez más y han sido muchas- a un niño en brazos, dejando claro que su mensaje de que "la dignidad no tiene pasaporte" no era solo retórica.

Después, en la Plaza del Cristo de La Laguna, el encuentro con las realidades de integración ha puesto sobre el tapete, una vez más, que Tenerife es una isla que sabe construir puentes donde otros levantan muros.

Pétalos y saludos protocolarios

El trayecto del 'papamóvil' hacia el puerto ha sido un baño de masas por las calles céntricas de Santa Cruz. En la Calle del Pilar, Carmen esperaba con paciencia infinita porque, según dice, "le encanta este papa".

Al paso del vehículo blanco, la imagen era de película. Los cuerpos policiales, rígidos en su deber pero contagiados por el momento, realizaban el saludo protocolario con marcialidad mientras desde los balcones caía una lluvia intermitente de pétalos de flores.

Milagros, que ha venido desde Galicia de vacaciones, se asombraba de la transformación de la ciudad: "Está todo cerrado, pero merece la pena por ver esto". Incluso el comercio local se ha adaptado; en la peluquería de Josep Toledano, las clientas han disfrutado de un palco improvisado con cava para brindar por un momento que ya es historia de Canarias.

Josep Toledano ha preparado un

Josep Toledano ha preparado un "palco VIP" para que sus clientas vean pasar al papa desde su peluquería. SANTI RIESCO

La Morenita espera en el altar

Ahora, en la explanada, la Virgen de la Candelaria, La Morenita, preside el altar con un manto que es un estallido de color canario, junto a la imponente talla del Cristo de La Laguna. El sol sigue apretando, y aunque los paraguas están prohibidos por seguridad, la gente se abanica con lo que puede mientras espera el inicio de la misa.

"Este papa viene a renovarnos la fe y a darnos visibilidad", comenta una de las coordinadoras mientras mira hacia el horizonte, donde el mar parece abrazar el escenario.

León XIV se despide de España en unas horas, pero el eco del silbo gomero y el calor de este pueblo que ha unido sus siete islas en una sola explanada tardarán mucho tiempo en apagarse.

Como decía el mensaje silbado, Tenerife ha alzado la mirada, y lo que ha visto ha sido pura esperanza. Comienza la misa ante 50.000 personas en la explanada.