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Análisis

Dignidad humana, encuentro y convivencia: los ejes del mensaje del papa en Madrid

Papa León XIV saluda desde una plataforma en un estadio ante una multitud. Se observan equipos de cámara y barandillas.
El papa León XIV saluda a la comunidad diocesana en el Santiago Bernabéu Ricardo Rubio Ricardo Rubio EUROPA PRESS
JAVIER VALIENTE (Subdirector del programa 'El Día del Señor' en RTVE)

El papa León XIV concluye su visita a Madrid, la primera etapa de su viaje apostólico a nuestro país que le llevará también a Barcelona y las Islas Canarias. Y, desde sus primeros pasos, ha dejado un mensaje nítido: la necesidad urgente de situar la dignidad de la persona humana en el centro de todas las decisiones políticas, sociales, económicas y culturales. Ante un mundo cambiante y una sociedad que debe afrontar importantes retos en este cambio de época, el papa agustino invitó a “apreciar la complejidad” y a dar respuestas basadas en la búsqueda del bien común y de la verdad.

Cultura del encuentro frente a la polarización

En su primer discurso ante los reyes, Gobierno y Cuerpo Diplomático en el Palacio Real, el papa abogó por una “cultura del encuentro” que sustituya a la confrontación y presentó los objetivos de su viaje: “Vengo ante ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación”. Pidió abandonar "las narrativas divisivas y polarizantes" pues “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”.

Así, se refirió a la historia de España como ejemplo del encuentro entre diferentes tradiciones religiosas, culturales y saberes y propuso “criterios de discernimiento” para la actuación en la esfera pública, como “la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres y el cuidado de la Casa común”.

León XIV advirtió también del riesgo de vivir encerrados en "ideologías prefabricadas" o en relatos alejados de la realidad. Retomando una expresión muy querida por Francisco, recordó que "la realidad es superior a la idea", invitando a buscar la verdad sin simplificaciones ni prejuicios.

El papa departe con los reyes y sus hijas en el Palacio Real Francisco Gómez Casa Real

La persona por encima de la ley y el Estado

Por primera vez un papa se dirigió, la mañana del lunes 8, al Parlamento español. Diputados y senadores escucharon una de las insistencias centrales del pontificado de León XIV: que la dignidad humana “precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables”. Apelando, nuevamente, a la historia de España —que unió “la acción histórica con la lucidez de la razón moral” —, hizo referencia a la Escuela de Salamanca, reivindicando que el derecho debe estar al servicio de lo humano.

El Pontífice advirtió de la amenaza de la “cultura del descarte”, y se pronunció en contra del aborto o de la eutanasia. Abordó el problema migratorio señalando que “esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica” y abogó por “una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. En el panorama internacional, subrayó “la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional", apostando por el diálogo, la acción diplomática y, como indicó en el inicio de su pontificado, “desarmar el lenguaje”.

Tejer redes, el diálogo como método

El diálogo fue el protagonista del encuentro celebrado la tarde del domingo 7 en el Movistar Arena. Representantes del mundo de la cultura, el arte, la universidad, la economía y el deporte, de procedencias muy diversas, presentaron al papa Prevost los retos que, en la coyuntura actual, se presentan en sus respectivos ámbitos. El Papa propuso “el arte de tejer redes”, que implica encuentro, escucha, diálogo y respeto; y que significa también crear juntos y “servir de modo desinteresado”.

Concluyó invitando a todos los actores sociales “a ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad, la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo, la educación promueva la búsqueda de la verdad con espíritu crítico, el arte despierte asombro y genere emociones nobles, la empresa reconozca la dignidad de la persona y el trabajo siga siendo motor de esperanza”.

El papa y la bailaora Sara Baras durante el encuentro Tejer Redes Ricardo Rubio Ricardo Rubio EUROPA PRESS

Una Iglesia al encuentro de las heridas humanas

Como en los encuentros con la sociedad civil y autoridades, en los encuentros con la comunidad católica y, en clave más interna, habló insistentemente de la unidad, de la diversidad dentro de la propia Iglesia, del encuentro transformador con Jesucristo y del servicio que la Iglesia puede prestar a la sociedad. Ya el primer día, el sábado 6 por la tarde, advirtió, en el centro de acogida de Cáritas CEDIA, contra cualquier intento de reducir la misión cristiana a cuestiones ideológicas, pues, señaló, “no es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia”. Por eso invitó a “cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás”.

Un compromiso que pidió a los más de seiscientos mil jóvenes que se habían congregado la noche del sábado en una vigilia de oración. A ellos, el Pontífice lanzó una misión concreta: “¡Sed humanos! Hombres y mujeres de carne y hueso; no apariencias, sino rostros fiables”. En medio de un impresionante silencio, Prevost propuso a los jóvenes ser “misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo”, y les lanzó la tarea de cambiar la historia: “Vosotros podéis cambiar la historia, hacedlo con el amor”.

A los creyentes, en la multitudinaria misa del domingo del Corpus Christi en Cibeles, los animó a dejar el egoísmo, la indiferencia, “una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión”. Por eso pidió a la comunidad eclesial “salir a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca”, de paz, justicia y alegría. Fe y compromiso que León XIV señaló, de forma contundente, al indicar que “nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”.

Iglesia sinodal y misionera

Continuando la senda sinodal de Francisco, el Papa insistió ante la comunidad católica en la necesidad de la comunión y el impulso evangelizador, sin olvidar a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento. Ante los obispos de la Conferencia Episcopal Española, el Santo Padre se refirió expresamente a quienes “han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso miembros del clero. Por eso pidió responder “con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”.

Una Iglesia, como explicó en el encuentro con la comunidad diocesana de Madrid en el Estadio Santiago Bernabéu, que se involucre en la construcción de la ciudad, “en el cambio de época que estamos viviendo”, reconociendo la pluralidad de voces, la diversidad, “haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”.

Junto a la dignidad humana, el diálogo y la comunión, otro de los grandes hilos conductores de la visita ha sido la esperanza. Frente a la incertidumbre, el miedo o el desencanto, León XIV invitó a descubrir oportunidades nuevas, a confiar en la fuerza transformadora del Evangelio y a convertirse en constructores de reconciliación.