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Jesús Bel, capellán de Brians 1, recibirá a León XIV en la prisión: "El papa nos tiene en el corazón"

  • El pontífice visita este miércoles el centro penitenciario para visibilizar la realidad de los reclusos
  • Jesús Bel y otros tres mercedarios comparten piso con nueve presos en un barrio de Barcelona
  • Directo: última hora de la visita del papa
Jesús Bel confía en que "no le tiemble la voz" cuando agradezca al papa su visita a la cárcel.
Jesús Bel confía en que "no le tiemble la voz" cuando agradezca al papa su visita a la cárcel. SANTI RIESCO

Este miércoles las puertas del Centro Penitenciario Brians 1 se abren para un encuentro histórico. El papa León XIV, en el marco de su viaje apostólico a Barcelona, ha decidido detenerse en esta prisión antes de continuar su peregrinación hacia el monasterio de Montserrat.

Al frente de la recepción se encuentra Jesús Bel, capellán mercedario con cuatro décadas de dedicación a los privados de libertad, quien será el encargado de dirigir las palabras de agradecimiento al finalizar un acto de apenas veinte minutos, pero cargado de simbolismo.

Un gesto con "los que están en la cuneta"

Para Jesús Bel, esta visita no es solo un evento institucional, sino una llamada a situar a las personas más vulnerables en el centro de la acción de la Iglesia. El capellán relata que la noticia fue recibida con una mezcla de incredulidad y una alegría desbordante entre los internos. "Estamos en la mente del papa, el papa nos tiene en el corazón, le importamos al papa", repetían los reclusos al conocer que el sucesor de Pedro cruzaría los muros para verlos.

Bel compara este gesto con la parábola del Buen Samaritano, señalando que, en un mundo deshumanizado, el pontífice es capaz de "girar su mirada hacia los que están en la cuneta".

La elección de Brians 1 tiene una razón logística y emocional: se encuentra a mitad de camino entre la ciudad y Montserrat, permitiendo al papa cumplir su deseo de conocer tanto a hombres como a las cerca de 200 mujeres del departamento femenino. De hecho, el origen de este encuentro reside en unas estolas fabricadas por presas que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, entregó previamente al pontífice.

"Nadie nace delincuente"

Brians 1 no es una prisión cualquiera. Es un centro que acoge principalmente a personas en situación preventiva, es decir, que esperan juicio. Según explica Jesús Bel, esto genera un estado de "total expectación y de mucho sufrimiento" debido a la incertidumbre sobre las futuras condenas.

En este escenario, la pastoral penitenciaria de este centro, que depende del Obispado de Sant Feliu de Llobregat, realiza una tarea de acompañamiento humano y espiritual que va más allá del rito religioso.

"Lo que necesitan las personas que están detenidas se resume en que las escuchen y las vean con ojos de misericordia", afirma Bel. El capellán insiste en que la Iglesia debe ver a la persona más allá del delito cometido, recordando que nadie nace delincuente y que muchas trayectorias están marcadas por la precariedad y la ruptura familiar.

En el acto de este miércoles, participarán unos 80 internos e internas, seleccionados por ser quienes habitualmente acuden a las celebraciones litúrgicas dominicales, representando a la pequeña comunidad cristiana intramuros.

La libertad empieza compartiendo mesa

Sin embargo, la misión de los mercedarios no termina cuando el preso cruza la puerta de salida. El testimonio de Jesús Bel se completa con su vida cotidiana fuera de la cárcel, específicamente en el Hogar Mercedario de Barcelona, ubicado en el Valle Hebrón.

Bel, además de ser capellán en Brians 1, es el superior de esta comunidad religiosa donde convive con otros tres mercedarios, entre ellos José María Carod, director del departamento de Pastoral Penitenciaria de la CEE.

Este hogar es una casa de acogida donde los religiosos comparten "mesa, televisión y día a día" con nueve presos en tercer grado o que disfrutan de permisos. Es un régimen de semilibertad que busca facilitar la reinserción real.

Como explica Carod, si una persona sale de prisión sin familia ni trabajo, se ve abocada a vivir bajo un puente, lo que anula cualquier esfuerzo de rehabilitación. En el Hogar Mercedario, se les ofrece esa "segunda o tercera oportunidad" que Bel considera fundamental desde la perspectiva del Evangelio.

Una convivencia en igualdad

La vida en el Hogar Mercedario se rige por el respeto y la igualdad. Uno de los residentes, de origen marroquí y religión musulmana, describe la experiencia como un espacio donde se le trata como a una "persona humana". Su rutina incluye trabajar en el sector de la construcción y cumplir con las normas de convivencia de la casa, donde asegura que "todos somos iguales, no hay diferencia entre nadie".

Fagildo es uno de los cuatro religiosos mercedariso que comparten piso con nueve presos.

Fagildo es uno de los cuatro religiosos mercedariso que comparten piso con nueve presos. SANTI RIESCO

A pesar de no ser católico practicante, este residente valora profundamente la visita del papa como "un gesto genial para todo el mundo, independientemente de la cultura o la religión". Su testimonio refuerza la idea de que la acogida mercedaria no hace distinciones: "Aquí somos una familia", afirma emocionado.

Contra el estigma: los datos de la reinserción

Uno de los mayores retos que enfrentan tanto Bel como Carod es el estigma social que persigue al exrecluso. "La sociedad condena una y mil veces al que ya ha sido condenado", lamenta Bel, señalando que los prejuicios son muros más difíciles de saltar que los de la propia cárcel. No obstante, los datos oficiales respaldan la eficacia de los programas de reinserción: entre el 80% y el 81% de las personas que pasan por prisión en España no vuelven a delinquir.

Para la Pastoral Penitenciaria, la pena debe servir para rehabilitar y nunca como una forma de "venganza". José María Carod recalca que, tal como indica la Constitución Española y defiende el papa Francisco, una pena que no está abierta a la educación y a la reinserción se convierte en una tortura.

Por ello, la labor de los más de 2.000 voluntarios y 150 capellanes en las 81 cárceles españolas es vital para mantener viva la esperanza de quienes la sociedad a menudo prefiere olvidar.

El legado de una visita de veinte minutos

Aunque la estancia de León XIV en Brians 1 sea breve, su impacto pretende ser duradero. El acto concluirá con el canto del "Virolai", el himno a la Virgen de Montserrat, interpretado por los internos junto al pontífice.

Jesús Bel, que ha preparado su discurso con la esperanza de que "no le tiemble la voz", tiene claro cuál es el fruto principal de esta jornada: que la gente de fuera mire a la cárcel "con otros ojos".

José María Carod y Francisco Bernardo, son dos de los mercedarios que viven con los presos en Barcelona.

José María Carod y Francisco Bernardo, son dos de los mercedarios que viven con los presos en Barcelona. SANTI RIESCO

La visita reafirma que la Iglesia no solo está presente en las grandes catedrales, sino también en los patios de las prisiones y en los hogares de acogida, caminando junto a quienes buscan reconstruir sus vidas.

Como concluye Bel, el mensaje del papa es un recordatorio de que "hay un camino que verdaderamente restaura, que es el camino de la misericordia".