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El laboratorio electoral en Deir al-Balah: Gaza mide la fuerza de Hamás en las urnas 20 años después

  • El proceso desafía los planes externos: "Hay una sed de participación política tras tantos años de parálisis"
  • Una generación que nunca ha votado busca en estos comicios un primer paso para reconstruir su día a día
Elecciones municipales en Cisjordania y Gaza

Hacía 20 años que en Gaza no se levantaba una urna. Este sábado, Deir al-Balah se convierte en un laboratorio electoral que medirá las grietas internas en desafío de los planes externos para la Franja. Mientras el mapa del enclave palestino desaparecía bajo dos años de incesantes bombardeos de la ofensiva israelí por tierra, mar y aire, esta ciudad resistía para terminar siendo un barómetro político. Y lo hace en medio de los escombros que aún supura la guerra iniciada por Israel en 2023 en respuesta a los atentados de Hamás del 7 de octubre de ese año.

Deir al-Balah no celebra comicios desde 2006, un abismo de dos décadas que ha marcado a toda una generación que este sábado, por primera vez, se asoma a una urna. La cita es un pulso político de una magnitud que trasciende lo municipal. Mientras en Washington se diseña un futuro para Gaza bajo un "comité de tecnócratas" ajenos a la realidad del terreno —el polémico plan de la administración Trump—, los palestinos responden con el único lenguaje que les devuelve la soberanía: la democracia.

Sobre el terreno, 12 centros de votación se han levantado entre los escombros. Algunos ocupan aulas de escuelas que "milagrosamente" no fueron alcanzadas por los proyectiles; otros se han levantado en carpas blancas y espacios abiertos, desafiando la lógica de una guerra que aún no termina, aunque hayan pasado más de seis meses del inicio del alto el fuego. Israel sigue sin cumplir con lo acordado en materia de ayuda humanitaria, reconstrucción, protección de civiles, libertad de movimiento o autogobernanza, según denunciaba un informe elaborado por cinco ONG con presencia en la Franja

"Hemos tenido que ser creativos", reconoce en una entrevista con RTVE Noticias Jamil Al-Khalidi, director de la Comisión Electoral Central en la Franja de Gaza. Confiesa que custodian más que votos. "Deir al-Balah fue seleccionada porque su infraestructura sufrió menos daños, pero organizar elecciones aquí, tras lo que hemos pasado, ha sido una labor titánica. Hemos habilitado carpas equipadas para garantizar la privacidad y la transparencia. Queremos que el ciudadano se sienta seguro de que su voluntad cuenta", explica. Para la Comisión, el reto es físico y demográfico. Unos 70.000 ciudadanos están llamados a las urnas en la localidad. "Hay una sed de participación política tras tantos años de parálisis", explica el director. Marcar una cruz en una lista no es solo un trámite en el enclave palestino; es, en palabras de Al-Khalidi, "un acto de afirmación de identidad y de esperanza en el futuro".

Un acto de afirmación de identidad y de esperanza en el futuro

Un barómetro bajo la sombra de la división

Aunque oficialmente Hamás no presenta una lista bajo sus siglas —evitando así las condiciones de la Autoridad Palestina que exigirían el reconocimiento de Israel—, su sombra planea sobre el proceso. Una de las cuatro listas en liza está compuesta por candidatos que la calle y los analistas identifican como afines al grupo militante. Es un barómetro real: después de dos años de una ofensiva devastadora, estas elecciones locales dirán cuánto queda del apoyo social a Hamás en el corazón de la Franja.

El director de la Comisión Electoral Central en la Franja de Gaza explica que este proceso transcurre bajo una "extraña y pragmática" tregua interna. Las fuerzas de seguridad de Hamás, que aún mantienen el control en los reductos no ocupados por Israel, custodian el exterior de los colegios, mientras por dentro, las reglas son las de la Autoridad Palestina (AP), con sede en Ramala. "La Comisión es un organismo independiente", insiste Al-Khalidi. "Tenemos observadores internacionales y locales. Nuestro compromiso es que cada voto se cuente de forma justa", zanja.

Además, es la supervivencia diaria lo que se vota hoy en Gaza. Las listas están pobladas por profesionales y figuras locales que prometen lo que parece un lujo: agua corriente, electricidad estable y la recogida de escombros que aún bloquean las arterias de la ciudad. "No se trata solo de elegir a un alcalde", concluye Jamil Al-Khalidi.

Para él, el éxito de Deir al-Balah es un mensaje enviado directamente a Cisjordania y al mundo: Gaza no es una entidad separada, "sino el pulmón de un futuro Estado palestino". "Se trata de demostrar que la democracia palestina sigue viva, incluso entre los escombros. Esperamos que este modelo de Deir al-Balah sea la semilla que se replique pronto en la Ciudad de Gaza, en Jan Yunis y en Ráfah. Queremos decidir quién gestiona nuestra reconstrucción", señala Al-Khalidi.

El despertar de una generación en pausa

La sensación en las calles de Deir al-Balah es que el voto es el primer ladrillo de una casa que todavía está por levantar. Para Emad Abu Shawish, un hombre de 34 años con la mirada curtida por el asedio, la vida ha sido una sucesión de "después de la guerra". Pero este sábado acude con "ilusión" a su cita con las urnas. Emad tenía apenas 14 años la última vez que Gaza votó en unas legislativas. Ha pasado toda su vida bajo una parálisis democrática que la guerra, paradójicamente, ha terminado por sacudir.

"Iré a votar", asegura en una llamada con RTVE Noticias. "Para nosotros, esto no es solo un proceso político sobre el papel, es algo que sentimos en la piel tras estos dos años de guerra y desplazamiento", dice para justificar la importancia de estos comicios. Deir al-Balah se ha convertido en el último pulmón de la Franja. Sus calles son hoy un laberinto de tiendas de campaña y refugios improvisados para miles de desplazados internos que huyeron del norte o de las ruinas de Jan Yunis. Y en ese escenario de supervivencia, la aparición de pancartas electorales le resulta a este joven gazatí casi irreal. "Ver ahora las listas en las calles nos genera una sensación extraña, una mezcla de sorpresa y esperanza", confiesa Emad. "Hacía tanto tiempo que no sentíamos que nuestra opinión importara para algo tan básico como decidir quién recoge la basura o quién arregla las tuberías de agua", dice al otro lado el teléfono.

La conversación con Emad se aleja de las grandes consignas ideológicas. Lo que late en su testimonio es el pragmatismo del superviviente que busca la política de las cosas pequeñas, la que devuelve la dignidad al día a día. "No podemos seguir viviendo en la provisionalidad", sentencia. "Necesitamos un Consejo municipal fuerte que sepa gestionar la ayuda, que limpie las calles de escombros y que devuelva algo de orden a nuestras vidas. No me importa tanto el color político de la lista, sino que sean personas capaces de trabajar bajo estas condiciones", añade.

Este viernes la Organización Mundial de la Salud (OMS) denunció que el 80% de los lugares donde se refugian los desplazados en Gaza registran una presencia frecuente de roedores y plagas, algo que pone en riesgo la salud de 1,45 millones de personas. El testimonio de Emad choca con los análisis externos sobre la popularidad de las facciones. Mientras el mundo mira de reojo si va a ganar Fatah o los afines a Hamás, él busca buenos gestores. "He oído hablar de las listas..., pero lo que buscamos en Deir al-Balah son soluciones. La guerra nos ha quitado mucho, pero no el derecho a querer una ciudad mejor para nuestros hijos", apunta.

La localidad de Deir al-Balah celebra elecciones municipales por primera vez en dos décadas en un contexto de destrucción generalizada por la ofensiva israelí.

La localidad de Deir al-Balah celebra elecciones municipales por primera vez en dos décadas en un contexto de destrucción generalizada por la ofensiva israelí. EFE/ Ahmad Awad

En los mercados, entre los puestos de verduras que sobreviven y en las cafeterías que aún sirven café sobre mesas cojas no se habla de otra cosa. "Hay mucha expectación", relata Emad. "Algunos tienen miedo de que esto no cambie nada, pero la mayoría creemos que es un primer paso necesario. Después de dos años viendo solo destrucción y aviones en el cielo, ver una urna es un acto de resistencia civil", dice. Sabe que Deir al-Balah es solo un pequeño punto en el mapa, pero espera que sea la primera pieza de dominó de una cadena que unifique de nuevo a Gaza con su propia voz. "Queremos que este sea el principio de algo más grande... Necesitamos unidad y necesitamos empezar por nuestras propias calles", zanja.

El desgaste de Hamás

El analista político y experto en relaciones internacionales Ashraf Akka, afirma que estas elecciones son la semilla y laboratorio de una arquitectura política que se desmorona. "La actual ronda electoral es el resultado de una situación nacional que ya no puede esperar", explica. Su análisis es que tras 17 años de parálisis desde que Hamás tomó el control de la Franja en 2007, estas elecciones locales son el primer síntoma de un "consenso de mínimos". Hamás, desgastado por dos años de una ofensiva sin precedentes, parece estar enviando una señal de pragmatismo. "Hamás se está preparando para entregar la administración de Gaza a un comité nacional administrativo acordado internacionalmente", apunta el analista.

Para entender la magnitud de estas elecciones hay que mirar hacia atrás a una era de esperanza marcada por los Acuerdos de Oslo. Aquellos pactos de los años 90 soñaron con un autogobierno palestino transitorio que debía culminar en 1999 con un Estado independiente. Sin embargo, la realidad fue otra.

Cinco continentes - 30 años de los Acuerdos de Oslo

En 1996, Gaza vivió sus primeras elecciones bajo la euforia de la autonomía. Pero el sueño se rompió en 2006, cuando Hamás ganó las legislativas, provocando enfrentamientos intensos que incluyeron el control de carreteras por parte de Hamás y la destitución de funcionarios de Fatah, resultando en numerosas muertes. Se redibujó así un nuevo mapa político palestino: Fatah en Cisjordania y Hamás en una Gaza bloqueada.

En la actualidad, el escenario es aún más complejo. Al otro lado de la frontera, el llamado "Consejo de Paz" de Donald Trump impulsa una Gaza gobernada por una junta de tecnócratas "apolíticos", un plan que para muchos palestinos busca borrar su identidad nacional. "Es una ingeniería política ajena a nuestro control", advierte Akka. Por eso, el voto en Deir al-Balah es un mensaje al mundo: Gaza sigue siendo parte del sistema político palestino, no una colonia administrada por expertos externos.

El fin de una era o el comienzo de otra

La pregunta que flota en el aire viciado de Gaza es si Hamás ha terminado. Akka es escéptico ante las proclamas de victoria total de Israel. "No creo que Hamás haya terminado, pero sí ha retrocedido debido a las pérdidas en el frente", explica. Sin embargo, recuerda que movimientos con base ideológica no se borran solo con pólvora. "Mientras exista la ocupación, el hambre y los ataques de los colonos, la resistencia seguirá existiendo porque nace de la conciencia de la causa", advierte.

Lo que ocurre en Deir al-Balah es, por tanto, un puente. Hamás permite que la Autoridad Palestina organice comicios para medir su fuerza, para saber cuánto apoyo le queda y, quizás, para preparar una retirada táctica del gobierno civil sin abandonar su influencia social. "Los palestinos necesitan consenso y unidad para proteger sus derechos bajo la solución de dos estados", concluye Akka. "Debemos estar preparados para reconstruir lo que dos años de guerra han destruido", añade. Pero lo que las urnas de este sábado acogen, sobre todo, el deseo de un pueblo a gestionar su propia vida.

Al otro lado de la frontera, en la Cisjordania ocupada, se celebran las quintas elecciones municipales que se celebran en el territorio desde 2005, un proceso que la Autoridad Palestina (AP) ha logrado mantener con cierta regularidad en ciudades como Ramala, Náblus o Hebrón. Sin embargo, la convocatoria de este sábado no es una más. Al celebrarse de forma simultánea en ambos territorios, el liderazgo palestino busca proyectar una imagen de unidad institucional frente a la fragmentación geográfica impuesta por la ocupación y el conflicto. Mientras en las ciudades de Cisjordania la campaña ha estado marcada por la hegemonía de Fatah ante el boicot oficial de otras facciones, el simple hecho de que las papeletas de Deir al-Balah y las de Jenín se depositen en la misma jornada funciona como un recordatorio de que, para el sistema político palestino, Gaza y Cisjordania siguen siendo las dos mitades de un mismo futuro Estado.