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El mercado de la empatía: la ilusión de cercanía en redes como sustituta de los vínculos sociales

  • El Diccionario de Cambridge nombró "parasocial" como la palabra del año 2025
  • Las redes sociales han difuminado las líneas entre la vida real y la online
El mercado de la empatía: la ilusión de cercanía en redes
Una joven enviando mensajes de texto en su teléfono GETTY / D3SIGN
NORA GARCÍA*

Para Paula*, la presencia de Young Miko en su vida no era una elección de consumo, sino su pilar fundamental. La voz de la artista en sus auriculares no solo marcaba el ritmo de sus trayectos a la universidad, llenaba un espacio de validación que sus relaciones presenciales no lograban cubrir. "Sentía que ella me hablaba directamente a mí, que compartíamos una intimidad que nadie más entendía", admite hoy. Lo que comenzó como una admiración musical pronto se transformó en una dependencia digital que dictaba sus estados de ánimo. "Mucha gente me decía que lo mío con ella era una obsesión, pero para mí era algo más profundo, casi vital", añade. Para ella, la artista puertorriqueña era un "lugar seguro" donde su orientación sexual no necesitaba explicaciones.

Este fenómeno recibe el nombre de 'relación parasocial' y tiene una definición académica precisa que ayuda a entender por qué Paula no podía simplemente "desconectarse". Según la doctora en Comunicación e investigadora experta en cultura digital Arantxa Vizcaíno-Verdú, este tipo de relación es un "vínculo socioemocional unilateral, sostenido y no recíproco que una persona desarrolla con una figura mediática, ya sea un influencer, una celebridad o incluso un personaje de ficción".

La doctora matiza que es fundamental distinguir este vínculo de la "interacción parasocial". Mientras que la interacción se refiere a momentos puntuales de contacto esporádico donde el usuario siente una conexión fugaz, la relación parasocial "es un vínculo más estable que permanece incluso cuando no se está consumiendo contenido. Forma parte de la cotidianeidad de la persona". 

El auge del uso de la palabra 'parasocial' ha provocado que el Diccionario de Cambridge la nombrara como la palabra del año 2025. Lo que antes era un tecnicismo psicológico para explicar cómo la radio aliviaba la soledad en los años 50, hoy es la base de una industria que difumina las líneas entre la admiración y la posesión mental.

La arquitectura de la "extimidad"

Aunque el término fue acuñado por Horton y Wohl en 1956 para describir cómo la televisión simulaba un contacto cara a cara, el entorno digital ha mutado este vínculo hacia algo mucho más agresivo. Como explica la profesora titular de Comunicación y Marketing en la Universidad de Cádiz Lucía Caro los creadores de contenido operan hoy bajo una "absoluta dependencia de los algoritmos". Para no perder visibilidad ni capacidad de monetización, los creadores recurren a la "extimidad". Una narración de la intimidad construida específicamente para ser exhibida y consumida.

Tácticas como los canales de difusión en WhatsApp o los directos en redes sociales no son espontáneos, son herramientas para "saltarse el algoritmo" y generar una sensación de acceso exclusivo. "Buscan ser percibidos como auténticos porque su credibilidad depende de esa construcción de 'yo soy de verdad, puedes confiar en mí'", señala la profesora. Esta cercanía manufacturada es la que hacía que Paula sintiera que compartía una comunicación directa con Young Miko: "Cuando ves a miles de personas compartiendo tus mismas teorías en redes, dejas de sentir que estás imaginando cosas. El grupo valida tu obsesión y la convierte en una realidad colectiva".

Vizcaíno-Verdú señala que estas relaciones son hoy más intensas que hace 20 años porque el ecosistema mediático lo facilita. "Antes, la televisión o la radio producían vínculos a distancia, sí, pero eran mucho más unidireccionales. Ahora, las redes sociales introducen una ilusión de reciprocidad muy potente mediada por likes, respuestas, encuestas, directos, menciones o comentarios", analiza la investigadora. Aunque no haya una reciprocidad real, existe una "suerte de semipresencia y semidialogo" que intensifica la conexión contigua.

"Buena parte del marketing de influencia se sostiene precisamente sobre la capacidad para generar cercanía, confianza y sensación de autenticidad", afirma la doctora. Lo que antes era espontáneo, hoy forma parte del diseño estratégico de la marca personal. El influencer se convierte en el propio producto comercializable, integrando su vulnerabilidad y su vida privada en una lógica de monetización.

El desplazamiento de la realidad

Sin embargo, el coste de habitar esta cercanía artificial fue el aislamiento progresivo de Paula. Su mundo social empezó a encogerse hasta quedar reducido a su teléfono móvil y a la vida paralela que imaginaba en su cabeza. Dejó de quedar con sus amigos de siempre y rechazó planes de fin de semana, prefiriendo quedarse en casa dedicando su tiempo íntegramente en cosas relacionadas son su artista favorita. Paula había sustituido el esfuerzo de las relaciones recíprocas por la comodidad de un vínculo que no le exigía nada a cambio, pero que le quitaba todo su tiempo.

¿Por qué una joven prefiere habitar la narrativa de una extraña a salir con sus amigos? La psicóloga sanitaria Mapi López explica que estos vínculos funcionan como un refugio porque "son relaciones donde no hay rechazo directo ni conflicto real". Aparecen con fuerza en momentos de vulnerabilidad: soledad, cambios vitales o baja autoestima.

Para Paula, el mundo real se volvió "aburrido". "Mis amigos me hablaban de sus problemas y yo solo pensaba en qué significaba la última publicación de Young Miko", confiesa. El apego creció porque proyectaba en la artista sus miedos sobre su propia sexualidad: "Sentía que si ella podía ser tan libre y tan amada, yo también tenía una oportunidad". Esta proyección se intensificaba en plataformas como Wattpad, donde los fanfics permitían a Paula habitar historias donde la artista se enamoraba de una "chica común". "Tu mente empieza a borrar la línea entre la narrativa de ficción y lo que esperas que pase en tu vida", admite.

De los celos al acoso

El problema surge cuando la admiración empieza a ocupar un lugar que no le corresponde. López advierte que la línea es clara: "Si esa persona influye demasiado en tus decisiones o sientes que 'te debe algo', ya no estás admirando".

Ese sentimiento de pertenencia genera los llamados celos parasociales. Paula admite que analizaba a cualquier persona cercana a la artista bajo una lupa de odio: "Me sentía injustamente apartada de su círculo. Me convencía de que los demás estaban con ella por interés". Según López, esto ocurre porque el cerebro no distingue bien entre lo imaginado y lo vivido: "Si has invertido emoción y tiempo, es lógico que aparezca esa sensación de 'pérdida' cuando aparece una pareja real".

En el extremo más oscuro, esta distorsión deriva en violencia. El caso de la streamer Perfilraro, quien tuvo que encarar a un acosador en pleno centro de Madrid mientras grababa, evidencia el riesgo material. El acosador no veía a una profesional, sino a una mujer con la que creía tener un vínculo que le otorgaba derechos sobre su presencia física.

La soledad asistida por IA

El futuro de la parasocialidad ya no requiere de un humano al otro lado. El Diccionario de Cambridge ha ampliado su definición para incluir las relaciones con chatbots e Inteligencia Artificial. En este nuevo escenario, no es extraño encontrar personas que recurren a la IA no solo como compañía, sino como una suerte de terapia o acompañamiento emocional en momentos de crisis. Se busca en el algoritmo el consuelo que no se encuentra en el entorno social tradicional.

La profesora Caro advierte sobre este espejismo: "Si hablas con una IA que está diseñada para alabarte y mantenerte en tu zona de confort, no has dejado de estar solo. Simplemente estás mitigando algo que no eres capaz de resolver con personas". Para ella, el riesgo real es la atrofia de las habilidades sociales esenciales. Si los jóvenes evitan el esfuerzo de gestionar un desacuerdo con un amigo real para refugiarse en una IA que siempre les da la razón, pierden la capacidad de defender ideas y gestionar la frustración. "Es un nuevo tipo de soledad", sentencia la profesora.

A pesar de los riesgos, Vizcaíno-Verdú no cree que el futuro sea exclusivamente negativo. Observa una mayor sensibilidad social hacia la transparencia y el bienestar digital. "El reto no es demonizar estas relaciones, sino aprender a reconocer nuestros límites e instrumentalizaciones", afirma. La clave reside en fortalecer la alfabetización mediática y digital capaz de convivir con estos nuevos retos.

Como reflexiona Paula tras haber dejado atrás su obsesión: "No puedes amar de verdad a alguien que no conoce tu existencia. Era amor hacia una idea". Hoy, su consejo para otras personas es claro: "No dejen que la luz de una celebridad eclipse su propia vida".

*El nombre del testimonio utilizado en este reportaje ha sido alterado para proteger su identidad

*Nora García es alumna del Máster en Reporterismo 360 de RTVE y la Universidad de Zaragoza. Este artículo ha sido supervisado por su tutora, responsable de Transversalidad digital, Paloma de Salas.