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Jóvenes hiperconectados, pero ¿más solos que nunca?

  • La soledad no deseada crece entre los jóvenes españoles y ha afectado ya en algún momento al 87,5%
  • En este contexto irrumpe la IA, y el Gobierno prohibirá las redes sociales a los menores de 16 años
Jóvenes hiperconectados pero: ¿más solos que nunca?
La soledad no deseada crece entre los jóvenes españoles y ya ha afectado en algún momento al 87,5% Maxim Konankov / Getty Images
JAVIER VILLUENDAS

“La soledad no deseada no me resulta ajena. Creo que un factor importante son las redes sociales”, opina Juan, de 21 años, del comité Youth For Change, que forma parte de la ONG Plan International. Y añade: “Ahora parece que estamos mucho más conectados pero son conexiones banales y efímeras, realmente estamos más solos que antes”. Su compañera Ixone, de 17 años, señala: “Hay una perspectiva de la juventud de que todo es maravilloso, pero hoy en día la soledad no deseada en la juventud es plausible y preocupante. Estamos en un estado de constante rapidez, preocupados por la situación académica y con la influencia de las nuevas tecnologías nos perdemos un poco de conectar”.

Conectar, desconectar y no conectar: esa es la cuestión. La soledad no deseada es un sentimiento de dolor que surge de la discrepancia entre las relaciones sociales que una persona tiene y las que le gustaría tener, según la Cruz Roja. Y, aunque es intergeneracional, se tiende a asociar normalmente a la tercera edad. Y no: “Creo que esto tiene que ver con la concepción que se tiene sobre los jóvenes. Al final la sociedad sigue funcionando a través de prejuicios”, reflexiona Pilar Blasco, vicepresidenta del Consejo de la Juventud.

A finales del año pasado, el Barómetro Juventud Salud y Bienestar 2025 realizado por FAD Juventud y Mutua de Madrid, a través del Centro Reina Sofía, ofrecía algunos datos interesantes. Por un lado, una mejor autopercepción de los jóvenes sobre su salud, mejora de hábitos y de la salud mental también. Bajaba también la ideación suicida respecto a años anteriores. Pero, a la vez, sobresalía una cifra inquietante: la soledad no deseada crece y afecta al 87,5% de los jóvenes.

Contra la convención, como denunciaba la dirigente del Consejo de la Juventud, la soledad no deseada emerge como una de sus principales fuentes de malestar emocional entre los suyos. Entre 2023 y 2025, la proporción de jóvenes que afirma haberla sentido pasó del 81,6% (un dato ya muy alto) a ese 87,5%, lo que confirma una tendencia creciente pese a la mejora general del bienestar físico y mental. Nueve de cada diez jóvenes la han experimentado en el último año y una cuarta parte (26,5%) de manera frecuente.

“Desde hace un tiempo, me encuentro a muchos chavales con dificultades para salir a la calle, quedar con iguales, incluso para ir a clase, cosa que antes no se veía tanto. Hay una parte de falta de habilidades sociales, que suelo achacar al aislamiento que hubo en el COVID. Y, por otro lado, también al auge de los videojuegos, internet, etcétera. Y no por las propias herramientas, sino porque proporciona un sitio donde esconderse entretenido y no pensar en las dificultades que se tienen. Suelen ser las familias quienes detectan el aislamiento”, explica el psicólogo David Galarza, especialista en jóvenes y adolescentes.

Coincide Ana Peña, psicóloga experta en infancia y juventud: “Notamos esa sensación de soledad, igual no identificada por los jóvenes mismos. Puede que empezara en la pandemia, pero la venimos arrastrando. Esta visión de que los jóvenes están muy acompañados y bien en grupo empieza a no corresponder con la realidad, porque hoy en día las relaciones son más laxas, superficiales, menos estables, también potenciado por las redes sociales”.

Igualmente, el barómetro indica que la mayoría reconoce contar con redes de apoyo suficientes (79,7%) y dos de cada tres (67%) las utilizan cuando se enfrentan a un problema. Las mujeres tienden a compartir su malestar más que los hombres, pero también declaran sentirse más juzgadas. Este estudio bienal se realiza desde 2017 y este año han participado 1.511 jóvenes de 15 a 29 años de todo el país.

¿Redes asociales?

En la era de las redes sociales, con sus miles de millones de usuarios en Facebook, Instagram y TikTok, parece paradójico (o no) un porcentaje tan acusado de soledad no buscada entre los jóvenes españoles. ¿Las redes asociales? “La pantalla nos aísla mucho más de lo que parece”, dice el psicólogo Javier Urra, el que fuera el primer Defensor del Menor de España. “Alguien puede sentirse solo en una multitud, ¿no? Aunque yo la soledad no deseada la cifraría en los que la perciben de manera reiterada, no un momento puntual”, añade Fernando Chacón, Catedrático de Psicología Social de la UCM.

Sin entrar en la condena fácil, Urra cree que “si el ser humano queda con unos amigos, charla, roza, toca, debate, hace tertulia… Es una gozada y te sientes completo. Porque el ser humano es social, pero de contacto. Y esto no es discutible, lo vimos en el COVID. De hecho, los trastornos mentales han aumentado un 20% y fue por no tener contacto. A quién golpeó más, ¿a los ancianos o a los jóvenes? A los jóvenes. ¿Por qué si los jóvenes están conectados y los ancianos muchas veces no? Porque los ancianos se han acostumbrado a un tipo de soledad, a un vivir consigo mismos, a no exigir, a no demandar. Y el joven necesita estar con otros, salir, y cuando no ha podido, se ha sentido fatal”.

Por enmarcar el reportaje, recordemos también que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció la semana pasada que se prohibirán las redes sociales hasta los 16 años y que este mismo martes, en Los Ángeles, ha arrancado un juicio histórico contra Meta y Google, acusados de generar adicción. La demandante afirma que sufrió depresión, problemas de autoestima, ansiedad y pensamientos suicidas.

Respecto a la soledad juvenil, Chacón ahonda: “No descarto también que pueda haber un componente importante de dependencia excesiva de las redes sociales. Actualmente si no eres acogido, si no eres totalmente aceptado y no tienes mucho likes, también te sientes aislado. Hay muchos adolescentes que aún teniendo muchos contactos por redes sociales se sienten solos. Las relaciones en redes sociales no pueden sustituir, pueden paliar, pero no pueden sustituir la falta de amor”.

"Hay menos espacios públicos y todo queda relegado a lo digital"

Ixone, que entró en Youth for Change para impulsar la perspectiva de la juventud como motor de cambio, cree que “hay una doble vertiente. Las redes sociales pueden ser útiles en las luchas sociales, pero puede ser incluso negativo porque puede aislarnos de las relaciones en persona”. Juan ofrece su caso: “Yo eso lo siento dentro de mi círculo de amigos, que cada uno ha tomado un camino diferente. Ahora tenemos la posibilidad de viajar más, de estudiar incluso en una ciudad ajena, entonces estamos como desperdigados por todo el territorio español y mantener esa conexión es más complejo y nos hemos expandido pero con microenlaces”.

Sin tampoco demonizarlas, Blasco, desde el Consejo de la Juventud, cree que “al final son unas herramientas que también han servido para democratizar muchas cuestiones y también para acercar. Igual tú no conocías a alguien en tu territorio que tuviera gustos parecidos y las redes nos ha acercado a gente que teníamos lejana. Pero igual con la gente que teníamos cerca, nos ha alejado. Nos guste o no, además, en redes sociales hay mucho postureo y se finge mucho”.

Y sigue: “Cada vez hay menos parques y plazas. Cada vez hay menos espacios públicos, de convivencia, lo hemos dejado todo relegado a lo digital. Se supone que las personas jóvenes son nativas digitales y quieren estar todo el rato en la esfera digital, y quizá se nos ha olvidado de que lo físico es importante. Igual ha habido una dejación de funciones porque los jóvenes no tienen lugares donde juntarse. Y si eres más mayor, te enfrentas al problema de la vivienda. No hay espacios salvo los bares. Y eso requiere dinero. Y no lo tenemos por la situación laboral y de vivienda”.

En este punto, conviene observar mejor el cuadro. Los jóvenes españoles se emanciparon el año pasado de media a los 30 años, cuatro años después que la media europea, según el informe ‘Jóvenes que dejan su hogar, 2024’, de Eurostat. De todos los países estudiados (los 27 de la Unión Europea, además de Noruega y Serbia) solo salen peor parados que nosotros Croacia, Eslovaquia, Bulgaria y Grecia.

Irrumpe la Inteligencia Artificial

En este contexto irrumpe como un elefante en una cacharrería la Inteligencia Artificial. Un reciente estudio justo de Plan International muestra que los adolescentes españoles la ven como una herramienta “fundamental” y “primera fuente de fiabilidad”. “Yo le pido que me resuma cosas, trabajos del instituto, algunos consejos para estudiar más fácil…”, aseguraba a la ONG un joven de 15 años, de origen extranjero, que vive en Barcelona. Otro joven de 17 años de Madrid confesaba: “Hace dos años iba a pasar a Bachillerato o a FP, podía elegir, y yo le pregunté cuál era más beneficioso para mí y me ayudó a decidir”.

Jon Hernandez, divulgador de Inteligencia Artificial, encuentra algún peligro en esta confianza ciega: “Sin duda, es increíble cómo nos fiamos. El mejor ejemplo es Grok en Twitter, donde ante cualquier cosa que queremos comprobar la gente le pregunta si es verdad, como si su respuesta la hiciera cierta. Es como el cuñado en la cena que habla del volcán de Islandia sin tener ni idea pero suena creíble. Y como la IA suele acertar, confiamos aún más. La única solución es educar en pensamiento crítico: lo que diga la IA puede estar muy bien y ser útil”.

¿Cree que la IA puede ahondar en esta reclusión juvenil? “Es un cambio de paradigma: pasamos de usar máquinas a relacionarnos con ellas. Hay quien le cuenta todo a ChatGPT. El soporte emocional es uno de los usos más extendidos, aunque la IA no está preparada. Si alguien le cuenta sus problemas a ChatGPT, mejor quitarle el móvil y recordarle que para eso existen personas y psicólogos. Aun así, va a redefinirlo todo. Un estudio de Harvard Business School muestra que una IA que actúa como humano reduce la soledad igual que una interacción real, muy por encima del streaming y otras herramientas. No creo que tenga que ser malo per se, pero es algo a lo que tenemos que prestar mucha atención”.

La soledad, un aprendizaje

Pero, ¿no hay que aprender a convivir con la soledad? El experto en psicología juvenil David Galarza recuerda: “Es un miedo que tenemos todos los seres humanos, pero es mucho más importante en la adolescencia. Y muchas veces es porque la relación que tenemos con nosotros mismos no es muy buena y hay que mejorarla”. Peña aporta: “Manejar la soledad siempre va a ser un gran aprendizaje. Pero hay que sentir que tengo las herramientas y la capacidad, y en la adolescencia a veces no tienen esos recursos. Cuando aprendemos a estar solos mejoramos nuestra independencia, aprendemos a saber quién somos, fortalecemos nuestra tolerancia al silencio, a aburrirnos…”.

"La soledad no deseada transita por todas las edades y en todas las condiciones y situaciones sociales"

Por su parte, Urra reflexiona: “La soledad tiene muchos ángulos para mirarlos. Al final, se nace solo, se muere solo y se vive con otros. Es un sentimiento importante la soledad. Yo tengo 68 años. En vacaciones me doy unos paseos de tres horas solo. Lo único que veo es algún corzo, con suerte un águila. Y nada más. Tres horas solo, sin teléfono, sin nada. Y eso me permite pensar, encontrarme conmigo mismo. Hay que educar en ello. Y hay que lograrlo en el día a día”.

El catedrático de la UCM Chacón pondera: “Aquí estamos hablando de soledad no deseada. Todos necesitamos tener amigos y conocidos que nos integren. Esa necesidad social es inherente al ser humano. Pero cuidado, porque una actividad social muy intensa puede saturar. Lo que los griegos decían: ni tanto ni tan calvo. Que nuestros jóvenes aprendan a estar solos y que eso no les produzca angustia se está perdiendo. Yo doy clase en la Universidad. Y pon la norma de que tengan el teléfono fuera de su alcance. Se ponen enfermos. Hay datos de cómo les genera angustia, porque tienen que estar conectados permanentemente. Por eso, probablemente, cuando tienen menos retroalimentación en las redes sociales se sienten más solos y rechazados”.