La comisión de fiestas de Villamanín rompe su silencio tras repartir el Gordo: "No hubo Navidades, se paró todo"
- RTVE Noticias habla en primicia con la asociación que vendió 50 papeletas premiadas sin los décimos
- Los nueve miembros de la asociación asumen el error para evitar el señalamiento de un único culpable
Es la primera vez que los miembros de la comisión de fiestas de Villamanín hablan con un medio. Durante dos horas, y en presencia de su abogado, seis de las nueve personas que se han constituido como asociación para repartir el premio de las papeletas del Gordo cuentan a RTVE Noticias su montaña rusa de emociones tras haber repartido 450 participaciones del primer premio de la Lotería de Navidad de las que 50 no estaban respaldadas con los décimos correspondientes. Aún no ven la botella casi llena, la incertidumbre mantiene toda su atención en el sorbito que falta por error.
Miembros de la comisión de fiestas de Villamanín cuentan a RTVE Noticias cómo están viviendo esta situación. RTVE.es
La videoconferencia reúne en la pantalla a hombres y mujeres, adultos y jóvenes, que se han conectado desde León, Villamanín y Madrid. Los siete recuadros en los que se divide la ventana del ordenador están ocupados por los mellizos Sergio y Álvaro, de 24 años, que comparten un mismo espacio virtual; Cuni, el del supermercado, padre de Manu y Anita, otros dos de los chicos de la comisión; Pope, un camionero orgulloso de su pueblo; Belén, peluquera jubilada por una enfermedad y comprometida con la coordinación de todo tipo de actividades en Villamanín; y Ruth, que llegó al pueblo hace una década y que ha sido la última en sumarse al grupo de voluntarios que animan la vida social, deportiva y cultural de esta pequeña localidad leonesa a los pies del puerto de Pajares, pegando con Asturias.
Todos comparten una carga: vendieron 450 papeletas del número 79.432, el Gordo de Navidad, pero solo respaldaron 400. Cincuenta participaciones, diez décimos de lotería, se quedaron sin comprar. Cuatro millones de euros que no existen, pero que hay que pagar. 3,28 millones si descontamos los impuestos que habría que entregar a la hacienda pública.
El momento del chungo
La tragedia no ocurrió el 22 de diciembre a las 11 de la mañana, cuando los niños de San Ildefonso cantaron el número. En ese momento, Villamanín era un estallido de sidra, abrazos y promesas que concentró a los vecinos en la plaza del pueblo. El drama empezó esa misma tarde, cuando el champán ya bajaba y el silencio retornaba a las casas en lo que debería haber sido la víspera de las mejores navidades de la historia para Villamanín, sus 19 pedanías y sus 863 habitantes.
Alguien fue a recoger la caja de la asociación. Y allí, en una bolsa olvidada, apareció el fantasma: un talonario vacío y 250 euros en monedas y billetes pequeños. El dinero de 50 papeletas que se habían vendido y que no se canjearon por los diez décimos correspondientes en la administración que regenta Rubén González en la Pola de Gordón, a 15 kilómetros de allí.
"Te puedes imaginar a esa persona el chungo que le da", explica el abogado de la comisión, Antonio Gómez, conectado desde su despacho en Madrid. Y los miembros de la comisión, cada uno desde su casa, acompañan con gestos de asentimiento desde sus respectivos cuadrados en la pantalla. "Esa persona entra en pánico, se lo cuenta a los demás y todos entran en pánico. Fue una situación de shock", remarca el letrado que les ha acompañado en este complicado proceso desde el primer momento.
"Nadie llevó talonarios para casa"
Cuni, el del supermercado, toma la palabra con voz firme pero cargado de pesar. Quiere dejar claro que no hubo mala fe, solo un error de gestión de un grupo de voluntarios que lo hace todo gratis por el pueblo. "Se cuadra el dinero con las papeletas vendidas, no se cuentan los talonarios. Ese es el error", confiesa Cuni. Y dejan muy claro que las papeletas sólo se venden en los locales abiertos al público y en las actividades que organiza la comisión, "nadie llevó talonarios para casa para vender a los tíos o a los amigos", aclara Cuni. "El día 16 de diciembre se va con el dinero a la administración... y nos cae la puta desgracia de que toca el Gordo".
Cuni recuerda el impacto: "En mi casa no hubo Nochebuena; el día 23 se paró todo, ni se comía ni se dormía". Lo que para el resto del mundo eran días de celebración, en su hogar fueron de vigilia forzosa: "Nos sentamos los cuatro —mi mujer, mis dos hijos y yo— en el sofá, y amanecimos allí; no se dormía, la presión era total, no se puede describir con palabras".
Anuncio con los lugares donde se han vendido las papeletas de la Lotería de Navidad en Villamanín. COMISIÓN FIESTAS VILLAMANÍN
Pope describe su estado como el de un "zombi, literalmente". A pesar de ser un hombre acostumbrado a la dureza de la carretera, el pánico le superó: "Estuvimos ocho días en shock absoluto; una angustia y un pánico que no había sentido jamás en mi vida, habiéndome encontrado con situaciones muy jodidas antes". Para Pope, que cumplía 59 años el 23 de diciembre, fue uno de sus peores días: "No recuerdo ni un minuto de la celebración de mi cumpleaños; era una pesadilla de Navidad, un cuento de terror".
Los seis dejan muy claro a lo largo de la conversación que la comisión no es una empresa, sino gente que regala su tiempo, su experiencia y sus propios medios para que Villamanín tenga vida. Es un grupo informal integrado por un número indeterminado de personas que entran y salen, que participan en una actividad o en otra, que echan una mano preparando el intenso programa de las fiestas de San Juan Degollado que se celebran el último fin de semana de agosto, pero también para el Día de Asturias, el de las Familias, la hoguera de San Juan, el Magosto, la recreación histórica de las trincheras de la Guerra Civil... "Aquí siempre ha sido todo gratuito gracias al dinero que hemos ido generando nosotros", explica Pope, el camionero que hace las veces de logista en el grupo. "Soy el traidor", bromea en alusión a que se encarga de traer (y llevar) cosas con su Land Rover.
El Land Rover de Pope en el Día de las Familias. RTVE.es
La culpa es de todos
Lo más fácil sería señalar. Buscar al que se olvidó el sobre, al que no contó las matrices. Pero en Villamanín han decidido unirse y asumir el error juntos. "No queremos exponer a nadie", repiten. Asumen el fallo como colectivo. El abogado es tajante: "Jurídicamente, defender al colectivo está muy blindado, pero si damos nombres, ponemos a esa persona en riesgo de una demanda individual. Y no queremos eso".
Belén y Ruth han seguido viviendo en el pueblo. Pope, Cuni y los mellizos están en León. "Lo que yo me he encontrado aquí", concluye el abogado, "es un drama personal mucho más serio que los problemas jurídicos". Pope confiesa que, desde que todo explotó, no ha vuelto a Villamanín. "Tengo aún los adornos de Navidad puestos en casa", confiesa con dolor y rabia contenida por los rumores y falsas acusaciones que han llegado a oídos del grupo.
La reclusión y el estigma social
A Belén, peluquera prematuramente jubilada por una enfermedad y alma de la comisión, esta historia la llevó a encerrarse en casa. El peso de tener que explicar a sus vecinos que el premio sería menor de lo esperado la hundió en la culpa. "Yo no quería casi ni salir de casa; no porque me fueran a hacer algo, sino porque estaba tan mal que no podía ni ver a la gente, ni quería hablar". Durante diez días, su único contacto con el exterior fue a través de la ventanilla de su coche: "Salía lo justo, iba y venía en coche para no encontrarme con nadie".
Belén, que ha superado pruebas personales muy duras en el pasado, confiesa conmovida: "Nunca en mi vida estuve tan mal como estas Navidades; jamás en la vida, y mira que me han pasado muchas cosas, pero fue horrible".
Celebración de Halloween en Villamanín, León, con castañas, calaveras, chocolate y sopas de ajo. RTVE.es
Esa sensación de ser el centro de todas las miradas la compartió Ruth. Ella ni siquiera compró papeletas, pero se alegró enormemente por haber participado en repartir el premio: "Les he traído suerte", era su primer pensamiento. Pero enseguida vio cómo su tranquilidad se desmoronaba. "Yo soy de las que me encierro en casa; no quiero hablar del tema con nadie que no sea del grupo". La saturación mediática y vecinal la llevó a buscar el aislamiento: "Fue la hecatombe nuclear... ahora quiero que todo sea en petit comité para que nadie venga a molestar".
Jóvenes bloqueados
Los mellizos Sergio y Álvaro, de 24 años, han vivido de un modo muy diferente el error de la lotería. Sergio estaba a punto de cerrar una etapa académica brillante y se ha visto bloqueado por la presión. "He tenido que parar completamente mi Trabajo de fin de Grado; tenía pensado acabarlo en enero y lo he tenido que dejar de lado porque no consigues procesar lo que pasa".
Jóvenes de Villamanín en una actividad organizada por la comisión de fiestas el último verano. COMISIÓN FIESTAS VILLAMANÍN
Sergio relata noches en vela escuchando los ecos del pueblo y de las redes sociales: "Al principio no dormía, o me dormía muy tarde... escuchando auténticas burradas sobre la cárcel, cosas que no vas a procesar en la vida". Para él, la decepción ha sido el sentimiento más amargo: "Ves reacciones que no te esperas de gente... alguna decepción sí que te llevas".
Su hermano Álvaro, aunque intentó refugiarse en su trabajo de asesor fiscal, admite que la sombra del sorteo era lo primero que aparecía al despertar: "Te levantas todos los días y dices: joder, otra vez esto; no ha habido un día que no haya tenido en la oreja las palabras Lotería y Villamanín".
El aquelarre del 26 de diciembre
Si hay un momento que todos señalan como el peor dentro de su largo y silencioso sufrimiento es el de la asamblea vecinal del viernes 26 de diciembre. Lo que debía ser una reunión informativa se convirtió, en palabras de Pope, en un aquelarre. "Amigos de toda la vida que no nos escupieron físicamente, pero sí psicológicamente".
La reunión informativa del 26 de diciembre se convirtió en un "aquelarre", según los miembros de la comisión de fiestas. SANTIAGO RIESCO PEREZ ARCHIVO EFE
El dolor de ver a los más jóvenes expuestos fue lo más duro para los veteranos. Cuni recuerda con orgullo, pero con tristeza, cómo sus hijos y el resto de los chavales decidieron dar la cara: "Fueron ellos los que tomaron la decisión de leer el comunicado; para mí es un ejemplo de entereza y madurez". Pope añade, emocionado: "Fue muy jodido ver a Manu, ver a las chicas deshechas, aguantando la rabia de reventarle la cara a alguno que nos ponía en la picota".
A pesar de la violencia verbal de aquel día, Cuni lo define como un momento necesario: "Esa asamblea fue muy jodida, pero liberadora; por lo menos dimos la cara".
Música y apoyo mutuo
¿Cómo se sobrevive a un mes y medio de pesadilla constante? Cada uno ha encontrado un ancla diferente. Pope se ha refugiado en la cultura para silenciar el ruido exterior: "Sobreviví por tres cosas: por la música clásica, que me encanta, por los pódcasts de la Guerra Civil, que eran lo único con lo que intentaba evadirme, y por el apoyo de los amigos cercanos".
Belén decidió que no podía permitir que el dolor se instalara permanentemente en su hogar: "Llegó un momento que dije: no puede ser, los niños no pueden tener esto en casa todo el tiempo, hay que empezar a resetear". Poco a poco, han vuelto a sus rutinas, aunque la sombra persiste. Sergio, con la resiliencia propia de su edad, afirma: "A medida que pasa el tiempo, vas viendo la luz al final del túnel y dices: bueno, de todo se sale".
Álvaro, Sergio y Manu son algunos de los jóvenes que organizan el campeonato de fútbol en las fiestas. COMISIÓN FIESTAS VILLAMANÍN
Sin embargo, el daño a su vínculo con las fiestas del pueblo parece irreversible. La mayoría, con Pope y Belén a la cabeza, aseguran que no volverán a organizar los festejos: "Yo no pienso hacer las fiestas de Villamanín en mi vida; he sido el Pope solidario toda la vida y ahora voy a disfrutar de las fiestas en mi casa o viendo cómo lo hacen otros".
A pesar de todo, el grupo permanece unido por una decisión que tomaron desde el "minuto cero": no buscar culpables individuales y asumir el error como una unidad. "Esto ha sido todos a una sin hablarlo, porque somos amigos y por encima de todo está la honestidad".
Registro de papeletas y reparto final
Este miércoles tendrá lugar en Villamanín una jornada clave para la resolución del conflicto con el registro presencial de papeletas en el propio municipio. Los poseedores de participaciones del 79.432 pueden acudir con su documento original para cotejar los datos y formalizar su inclusión en el listado definitivo de beneficiarios. Este trámite, supervisado por la asociación creada tras el sorteo y su equipo jurídico, busca dar transparencia absoluta al proceso y asegurar que cada vecino identificado reciba la parte proporcional que le corresponde, evitando así posibles duplicidades o errores en el censo de premiados.
En cuanto al calendario previsto para el desenlace de esta crisis, la comisión y su abogado manejan fechas próximas para el reparto final del premio una vez concluyan las comprobaciones técnicas y legales de este registro. Hasta ahora se han inscrito "más de la mitad de las papeletas" y todos han optado por la opción de repartir entre las 450 participaciones el dinero correspondiente a las 400 consignadas. El objetivo es que el desembolso se realice de forma conjunta y coordinada en las próximas semanas, cerrando así un capítulo de incertidumbre que ha mantenido en vilo al pueblo desde el pasado 22 de diciembre.
Hoy, mientras esperan que el 22 de marzo traiga el cierre legal a esta historia, los miembros de la comisión intentan, simplemente, volver a ser vecinos de un pueblo que todavía tiene que aprender a perdonar un error nacido de la buena voluntad. Un error que, a pesar de todo, repartirá 26,5 millones entre los que compraron una papeleta de cinco euros de los que jugaban cuatro y donaban uno a la comisión que, con rotundidad y de manera unánime, asegura que jamás volverá a vender lotería. "Ni a comprarla", coinciden los seis casi a coro.
Antonio Gómez, de "carroñero" a "santo"
En medio de la tormenta de pánico y desorientación que siguió al descubrimiento del error, apareció el abogado Antonio Gómez Gallardo. Su bufete había gestionado el año anterior otro primer premio repartido en pequeñas participaciones. El día del sorteo, el equipo jurídico de Gómez envió correos electrónicos a las entidades que habían sido agraciadas ofreciendo sus servicios profesionales. Los de la comisión recuerdan que, en plena celebración, comentaron el envío y les tacharon de "buitres carroñeros". Por la tarde, tras descubrir el error y ponerse en contacto con él, comenzó la conversión.
"Afortunadamente llegó a nuestra vida Antonio, eso ha sido la gran fortuna", resume Pope. La experiencia de Antonio ha convertido el caos y la incertidumbre inicial en la posibilidad real de que todo termine de un modo justo y beneficioso para todos. Pope no escatima en elogios: "La clave de que estemos ahora mismo tranquilamente distendidos hablando de esto ha sido Antonio; yo siempre le digo que es san Antonio".
El sentimiento es compartido por el resto del grupo, quienes ven en él no solo a un letrado, sino a un protector: "Si no fuera por Antonio, ¿dónde cojones estábamos ahora? Muertos de asco". Gracias a su gestión, el grupo ha pasado del shock a un proceso de reparto proporcional que ven como la única salida posible, devolviéndoles, al menos, una parte de la paz que el Gordo les arrebató.