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Anatomía de un instante en Villamanín: el error tras el Gordo que lo cambió todo

  • Se cumple un mes del sorteo de Navidad que trajo la "desgracia" de 26,5 millones a los agraciados con participaciones
  • RTVE Noticias visita este rincón leonés donde están "hartos de periodistas" y deseando "que se arregle pronto y bien”
Entrada a Villamanín de la Tercia, León, desde la carretera N-630 una tarde de invierno.
La comisión de fiestas de Villamanín de la Tercia, en León, repartió 450 papeletas del Gordo aunque, por error, sólo consignó 400. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Este jueves, 22 de enero, se cumple exactamente un mes del sorteo de Navidad que sacudió la pequeña localidad leonesa de Villamanín. La comisión de fiestas repartió 26,5 millones de euros en 450 papeletas de las que un error dejó 50 sin consignar. La noticia saltó a los medios que alimentaron el enfrentamiento.

“Ahora no quiere hablar ni dios con nosotros”, respondía al mensaje de whatsapp un periodista de León al que le pedíamos algún contacto en Villamanín. “Es tierra quemada”, apuntaba otro colega de diferente medio en la misma localidad. “Te juro que yo no quiero ir más hasta que se arreglen”, confesaba una compañera que estuvo informando sobre el terreno para una televisión nacional desde este pequeño municipio leonés que linda con Asturias, a los pies del puerto de Pajares.

“Avísame cuando estés llegando”. El mensaje aparece en la pantalla del móvil nada más dejar la LE-20 para enfilar la N-630 dirección Oviedo. Es de Fulgencio Fernández, un periodista con 41 años de oficio, admirado entre los compañeros de profesión, respetado por los que mandan y querido por todos sus paisanos. “El tío Ful” las ha visto de todos los colores y cuenta cada día León a los leoneses y leonesas poniendo el ojo en la parte más humana de las noticias, en las personas. “Un mítico”, apunta un periodista leonés de RTVE.

Atardecer de inverno en Villamanín desde las piscinas municipales.

Atardecer de inverno en Villamanín desde las piscinas municipales. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Sale del coche cuando me ve entrar en la explanada de grava que sirve de aparcamiento al hostal de carretera El Golpejar, ya en Villamanín. Fulgencio lleva gorra de paisano y barba de filósofo, se mueve con calma y tiene una mirada entre curiosa y divertida, de personaje literario. Compartimos la fe en nuestra profesión además de la amistad con Javi y Diana, los dos colegas bercianos que nos han puesto en contacto. Pedimos un café con tortilla y me explica con detalle el caso de la lotería y la desgracia de los agraciados.

Fulgencio vive en Cármenes, a ocho kilómetros de aquí. Tiene una estrecha relación personal con los miembros de la comisión de fiestas que vendieron las papeletas, también con los que las compraron, con los que ayudaron a venderlas y con la inmensa mayoría silenciosa —agraciada y agradecida a pesar del grave error que trajo la desgracia—. Además, Ful conoce bien a los que no se cansan de pedir responsabilidades y de alimentar la discordia, aunque sólo algunos de estos lleven participaciones.

Fulgencio Fernández es uno de los periodistas que más y mejor conoce la provincia de León.

Fulgencio Fernández es uno de los periodistas que más y mejor conoce la provincia de León. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Durante las casi cuatro horas de conversación en la barra del bar del hostal no para de saludar al personal. Conoce a todos y todos le conocen. Dio la noticia del Gordo y no volvió a contar nada del tema hasta que le pudo la indignación por la mala praxis de algunos compañeros de profesión. El 11 de enero publicaba una columna al respecto que titulaba “Puta mierda, sin perdón”. La misma que me había llegado por tres vías distintas mientras preparaba el viaje a Villamanín. “La gente está cansada de que se busque el enfrentamiento, la mayoría quiere que se arregle pronto y bien”, zanja Fulgencio.

Le explico que el alcalde no está por la labor, que el cura me ha dicho que tiene guardia en el hospital, que el principal empresario de la zona no responde mis mensajes y que los miembros de la comisión no quieren hablar conmigo. “Tranquilo, verás como alguno te hablará”, se despide con un abrazo sincero y la promesa de mantener el contacto y de enviarme un buen ídem. Me dan de comer porque conocen a Fulgencio. Son casi las cinco. Me ducho rápido desafiando el frío de la habitación. Me tomo otro café en la misma barra donde Ful me ha puesto en contexto y salgo a las calles de Villamanín.

El municipio de Villamanín tiene una densidad de población de 5,97 habitantes por kilómetro cuadrado

El municipio de Villamanín tiene una densidad de población de 5,97 habitantes por kilómetro cuadrado. BERGUÑO FERNÁNDEZ

La niebla ha dado paso a un frío tamizado por la lluvia fina de invierno. Estoy a 1.140 metros de altitud, a los pies del puerto, rodeado de montañas coronadas de nieve que las últimas luces de la tarde funden con las nubes y la noche. No hay nadie en la plaza del Ayuntamiento. No hay nadie en la calle principal de Villamanín. No hay nadie en la escuela. Tampoco en el albergue turístico. Subo hasta el punto limpio, por encima de las piscinas cerradas. La vista del pueblo y el paisaje es un espectáculo.

Tampoco hay nadie en las canchas de deporte. Ni en el parque. La sucursal bancaria ―que abre dos mañanas a la semana― está cerrada. Es un día de diario. Anochece. Caigo en la cuenta de que el municipio tiene 863 habitantes según el INE de 2025 y que en ese censo se incluyen los vecinos de las otras 19 localidades o aldeas que dependen del ayuntamiento de Villamanín. La densidad de población es de menos de seis habitantes por kilómetro cuadrado. Normal que no haya nadie.

El estaco de Villamanín es también un punto de venta mixta de lotería.

El estaco de Villamanín es también un punto de venta mixta de lotería. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Hay luz en el supermercado y en el estanco, que también es un punto de venta mixta de lotería. Tienen máquina. La cajera del súper es también la dueña del estanco. Me explica que no tiene nada que ver con las participaciones de lotería premiadas. Ni ha vendido papeletas ni ha vendido los décimos para respaldarlas “porque la máquina no permite reservar el mismo número, hay que pagarlo en el acto, según se saca”.

Vuelvo a la plaza del ayuntamiento y, junto a la iglesia, dos señoras mayores conversan cerca de la puerta entreabierta por la que se escapa un resquicio de luz que se proyecta en el suelo de piedra del soportal. Me confirman que hay misa en la capilla. Que el coche de la plaza es el de Javier Cortés, el cura. Me invitan a entrar. Entro y me refugio del frío. Hay otra mujer de la misma edad esperando. En total somos tres señoras y yo. Llega el cura revestido y no da crédito al ver al periodista que, además, lee la primera lectura a petición de las feligresas.

Vista del Ayuntamiento de Villamanín desde los soportales de la Iglesia de San Juan Degollado

Vista del Ayuntamiento de Villamanín desde los soportales de la Iglesia de San Juan Degollado. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Las tres mujeres quieren “que se arregle cuanto antes lo de la lotería”. No llevan participaciones. El cura es colombiano aunque estudió la carrera eclesiástica en España. Me confirma que no tiene el don de la bilocación y que no está al mismo tiempo de guardia en el hospital. Vive en el pueblo aunque luego comprobaré que en el pueblo no todos saben quién es. Me remite al “manifiesto” que envió la Unidad Parroquial de Villamanín sobre el “momento difícil” que está viviendo el pueblo. En él habla de “concordia, diálogo y respeto”, de “espíritu abierto y constructivo”, de “evitar divisiones”, “tender puentes, sanar heridas” y aboga por la “esperanza en un futuro mejor”. Todo muy correcto. Y abstracto. Nos despedimos del mismo modo abstracto y correcto. Está oscuro y hace frío.

En el Hogar del Pensionista, Ángela, la joven propietaria, deja caer educadamente que en el pueblo están cansados de los periodistas. Hay un anciano leyendo el periódico en una de las mesas de la esquina, cerca de la tele donde los tertulianos dictan sentencia sobre el asunto del día antes del informativo de la noche.

El Hogar del Pensionista es el único bar dentro del casco urbano de Villamanín.

El Hogar del Pensionista es el único bar dentro del casco urbano de Villamanín. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Dos hombres en la cuarentena escuchan cómo le dejo mis datos por si alguien de la comisión pasa por el bar y quiere que nos veamos. “Los periodistas sois como los políticos, sólo miráis por lo vuestro, os gusta remover la mierda, os da igual la gente”, dice uno de los dos tipos acodado en la barra. “Prefiero que me llames cualquier cosa menos político”, le contesto a modo de broma. Pero el tono sube, Ángela le pide calma, pago y vuelvo al frío de la noche leonesa camino del hostal. La cosa está fea.

Amanece con niebla cerrada y más lluvia. Durante el café del desayuno Rocío Bobis, propietaria de El Golpejar, me cuenta que ella ha vendido un talonario y medio de papeletas premiadas y que se quedó con una “de resbalón” porque ella, como buena jugadora de lotería, sólo compra décimos, no participaciones.

Rocío Bobis es la propietaria del Hostal Restaurante El Golpejar.

Rocío Bobis es la propietaria del Hostal Restaurante El Golpejar. BERGUÑO FERNÁNDEZ

En su establecimiento están abonados desde hace 24 años al mismo número, el 17.044. “Todos los jueves casi 40 personas jugamos siete u ocho series a la lotería. En esta zona se juega mucho y, en Navidad, cambiamos muchos décimos con amigos y conocidos”, explica Rocío a la que Fulgencio le dijo que podía contarme lo que quisiera con total confianza. “Ojalá esto se solucione pronto, se reparta el premio y que el año que viene la respuesta sea que en vez de once personas haya cuarenta o cincuenta en la comisión de fiestas”, dice la pequeña empresaria con la esperanza del que juega a la lotería con el corazón ignorando las mínimas probabilidades de éxito que dicta la razón.

Mensaje de Fulgencio. Me pasa el contacto de uno de los chicos de la comisión de fiestas. “He estado hablando con los chavales. Están hablando entre ellos y están en muy buena disposición, lo que pasa es que son muchos y están muy dispersos. Todos los que habían contestado dicen que sin problema, que si yo respondo (les he dicho que sí, claro)”. El día, a pesar de la niebla, parece que se va iluminando. Escribo al contacto y me responde que siguen hablando, que es complicado porque unos trabajan y otros estudian y que viven en distintas ciudades. Que en cuanto sepan, me dicen.

Casa Ezequiel, establecimiento emblemático

Me dirijo al establecimiento más conocido y famoso de Villamanín, Casa Ezequiel. Es un restaurante de parada casi obligada para los que transitan la carretera nacional entre León y Oviedo o viceversa. El propietario, Ezequiel García, da trabajo a más de cien personas entre su casa de comidas y su fábrica de embutidos. Le digo que vengo de parte de Fulgencio y me atiende mientras hace cuentas tras la barra de la tienda, cierra pedidos por teléfono, da órdenes a un empleado y pide a dos comerciales que le esperen “un momentín”.

“Aquí vendimos un talonario y medio de participaciones de la comisión de fiestas, pero vendimos muchas más de la parroquia”, asegura el empresario. Le explico sorprendido que el cura no me ha dicho nada de que vendan lotería. “Estará asustado por lo de las papeletas y no querrá complicaciones”, sentencia Ezequiel antes de explicar que en su establecimiento venden “un número completo en décimos” para la lotería de Navidad. “Cada año uno distinto”, aclara.

Ezequiel García, propietario de Casa Ezequiel, es el principal empresario de Villamanín

Ezequiel García, propietario de Casa Ezequiel, es el empresario más importante de Villamanín. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Ezequiel García vive en Villamanín y es uno de los principales exportadores internacionales de cecina leonesa. Da trabajo a los jóvenes del pueblo que no quieren seguir estudiando y está muy comprometido con el desarrollo de su tierra. En una localidad donde en invierno viven en torno a doscientas personas él firma cada mes la nómina de más de un centenar de trabajadores. “Yo estuve en la famosa reunión y ya dije que estoy a favor del acuerdo”, zanja la conversación con una sonrisa educada, atendiendo el teléfono y haciendo un gesto de espera con la mano a los dos comerciales que le reclaman.

Me acerco al ayuntamiento. Sólo abre unas horas los días laborables por la mañana. Una trabajadora municipal que pide anonimato confirma que lleva “alguna papeleta” de las premiadas y que el alcalde, Álvaro Barreales, no vive en el pueblo. También es de las que está a favor de un acuerdo y, aunque no lo verbaliza, se ha sentido intimidada y sorprendida por la presencia de otro periodista en las oficinas municipales. Pregunto si puedo llevarme un folleto del Museo Etnográfico de la Tercia y Arbas así como el de la comarca del Alto Bernesga y me los regala con la esperanza de que me vaya y deje de comprometerla.

La única sucursal bancaria de Villamanín sólo abre al público dos mañanas a la semana.

La única sucursal bancaria de Villamanín sólo abre al público dos mañanas a la semana. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Nada más poner un pie en la calle suena el teléfono. Es el alcalde. Con cierto apremio y algo agitado me recuerda que está en el trabajo, que ya me dijo que estaba ocupado. Quiere aclararme que el abogado de la comisión de fiestas no tiene nada que ver con el ayuntamiento porque ellos no tienen servicio jurídico contratado, que son muy pocos y que él no tiene nómina por su tarea como munícipe. Explica que el ayuntamiento sólo paga las orquestas de las Fiestas de San Juan Degollado (29 de agosto), que es lo más caro, pero que gracias a los voluntarios de la comisión hay muchas más actividades “y no sólo en las fiestas, sino que también organizan cosas durante el año”.

Barreales se tranquiliza cuando le digo que he hablado con Fulgencio y que me ha pasado el contacto de uno de los jóvenes de la comisión. Que he venido a pulsar el sentir del pueblo y que, por ahora, además de la animadversión contra la prensa sólo he percibido agradecimiento por la labor de este grupo de voluntarios que, además, ha llenado con unos cuantos miles de euros los bolsillos de sus vecinos. Quedamos en seguir en contacto. Regreso a Madrid con parada en La Pola de Gordón, donde he quedado con Rubén González, el lotero que mandó imprimir las 750 papeletas correspondientes a los 150 décimos del número reservado.

Hace un mes, el 22 de diciembre, fue el número que tocó en el Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad. El 79.432 regaba de millones tres pueblos de León: La Bañeza, Villablino y La Pola de Gordón. Llueve durante los 15 kilómetros que separan esta última localidad de Villamanín.

Administración de loterías

Administración de loterías "La 2" en Pola de Gordón, León. BERGUÑO FERNÁNDEZ

Rubén González, propietario de la administración en La Pola de Gordón me había explicado por teléfono que él encargó a la imprenta los 15 tacos de 50 papeletas cada uno para la comisión de fiestas. En total 750 participaciones respaldadas por 150 décimos repartidas en papeletas de cinco euros de las que se jugaban cuatro y uno se donaba. “Devolvieron 69 de los 150 que tenían reservados”, explica el lotero. Habían vendido 450 papeletas pero sólo tenían respaldadas 400. El lío estaba servido. Enseguida surgieron de manera espontánea expertos en derecho civil, penal y mercantil que hablaban de estafas, denuncias, expropiaciones, insolvencias y cárcel.

El martes, 23 de diciembre, la comisión de fiestas aceptó la invitación de un bufete de abogados que había resuelto con éxito el reparto del premio del Gordo de la Lotería de Navidad entre los poseedores de 10.000 papeletas el año anterior. Celebraron una reunión el viernes, 26 de diciembre, para informar y aclarar dudas. Hubo más reproches y acusaciones que soluciones. Los miembros de la comisión de fiestas salieron hundidos. Por recomendación de su abogado no volvieron a hablar con nadie, menos aún con la prensa. Algunos de ellos tuvieron que dejar el pueblo por salud mental.

Rubén González regaló a la comisión de fiestas de Villamanín la impresión de los 15 tacos con 750 papeletas.

Rubén González regaló a la comisión de fiestas de Villamanín la impresión de los 15 tacos con 750 papeletas. FERNÁNDEZ BERGUÑO

“Como se metan en un proceso judicial no van a sacar nada, ahí sólo ganan abogados y los procuradores”, reflexiona Rubén González en voz alta. “Lo importante es que ya han cobrado los 32,4 millones del premio, ahora sólo les queda repartirlo”. Esta semana la comisión de fiestas, constituida legalmente en asociación, ha anunciado en sus redes sociales la puesta en marcha de una plataforma digital en la que tendrán que registrarse los que quieran cobrar su papeleta. La cantidad total a repartir, una vez pagados los impuestos correspondientes, asciende a 26,5 millones de euros.

“A mí me gustaría que cobrasen todos, que disfrutaran todos del Gordo, aunque sea con 5.000 euros menos”, dice convencido Rubén González. Y le recuerdo que eso mismo dice el dicho popular, que “más vale un mal arreglo que un buen pleito”.

Al llegar a Madrid recibo un mensaje de Fulgencio Fernández, el veterano periodista que rebosa sentido común y —con toda seguridad— el que mejor conoce esta historia: “Parece que todo va bien para hablar con los chavales”. Y en ello andamos, esperando que nos hablen.