El espejo de las futuras científicas: referentes contra el 'efecto Matilda'
- Tres investigadoras y expertas ponen voz a la discriminación que aún impera en la ciencia
- Las mujeres siguen siendo minoría y lideran menos proyectos, como constata la UNESCO
Cuando el investigador David Chambers pidió en la década de los sesenta y los setenta a miles de niños y niñas que dibujaran a un profesional de la ciencia extrajo una conclusión que, no por esperada, deja de ser menos chocante. Sólo el 1% de los menores plasmaron la imagen de una mujer y esta ínfima proporción correspondía en exclusiva a dibujos realizados por niñas.
Los resultados del estudio se publicaron en 1983 y, aunque la comunidad científica ha puesto en duda la metodología utilizada, pocos cuestionan la veracidad de la imagen estereotípica del científico, incluso a estas alturas del siglo XXI. La bata y el laboratorio han ido tradicionalmente ligados a un varón blanco de mediana edad y, si alguna mujer llegaba a este mundo de hombres, corría el riesgo de ser invisible.
Es lo que se conoce como el 'efecto Matilda', en homenaje a Matilda Electa Joslyn, investigadora y activista del siglo XIX. "La forma en que se ha contado nuestro paso por el mundo y por cualquier rama del saber necesita revisarse, porque se ha hecho siempre desde una perspectiva patriarcal", sentencia la doctora ingeniera de Telecomunicaciones Soledad Torres, profesora en la Universidad de Vigo y miembro de la junta directiva de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), en declaraciones a RTVE Noticias.
"Revisar y reconstruir" el pasado es, para Torres, una "tarea fundamental", en la medida en que la sociedad, en general, y la infancia, en particular, necesitan referentes a los que agarrarse.
Menos mujeres con menos responsabilidad
La científica asturiana Margarita Salas, referente mundial en la investigación molecular, reconoció que trabajar junto a su marido, el también científico Eladio Viñuela, llegó a limitar su proyección profesional, hasta el punto de que en la década de los setenta ambos separaron sus líneas de investigación. Salas, que hasta su fallecimiento ejerció de socia de honor de la AMIT, despegó hasta convertirse en un referente como mujer y como científica, huyendo del 'efecto Matilda'.
“A veces, vas a charlas de expertos donde las figuras de referencia son todos hombres. ¡Qué casualidad!“
El III Plan Estratégico para la Igualdad Efectiva de Hombres y Mujeres, la hoja de ruta que el actual Gobierno aprobó en 2022, se marcaba entre sus objetivos precisamente visibilizar el trabajo de las investigadoras, una meta que busca también la campaña Soy científica, vivo en tu barrio, con la que la Universidad de Zaragoza exhibe en las calles de esta ciudad la labor de más de una decena de mujeres que tampoco quieren ser Matilda.
Campaña 'Soy científica. Vivo en tu barrio', organizada por la Universidad de Zaragoza EFE/Javier Cebollada
Uno de los rostros de esta iniciativa, la ingeniera de Telecomunicaciones Ana Serrano, detecta tímidos avances en esta lucha contra la "invisibilización" y cree que queda trabajo por hacer. "A veces, vas a charlas de expertos donde las figuras de referencia son todos hombres. ¡Qué casualidad!", ironiza, poniendo el foco no sólo en la cuota o proporción de mujeres, sino también en los altavoces a los que tienen acceso o el puesto que llegan a ocupar dentro de un equipo.
Los datos acompañan su análisis. La Universidad de Zaragoza estima en menos del 36% de los proyectos de investigación liderados por mujeres y en campos como la ingeniería, el dato cae por debajo del 27%, cuando en la salud sí se sobrepasa el umbral del 50%. Y España no es una excepción: según la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), apenas uno de cada diez puestos de liderazgo dentro del ámbito STEM (el acrónimo inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) están ocupados por mujeres.
Soledad Torres advierte del riesgo de que el papel de las mujeres quede difuminado dentro del grupo, teniendo en cuenta que la investigación científica es una labor "de equipo" y que los méritos pueden terminar llevándoselos hombres sólo por el hecho de figurar como responsables últimos de estos trabajos.
Referentes, en las calles y en los libros de texto
Ana Serrano aspira a que las niñas que paseen estos días por Zaragoza y vean su historia sientan que también ellas puedan plantearse como opción de futuro una carrera científica. Proyectarse en estas imágenes y, en definitiva, "atreverse", o al menos no renunciar de antemano a una potencial senda investigadora.
Los referentes calan, coincide Nieves Sánchez, la primera mujer en ostentar la presidencia del Colegio Oficial de Geólogos en sus más de 45 años de historia. En su caso, aboga activamente por la incorporación de voces de expertas en los medios de comunicación para ganar en visibilidad femenina y llama a poner el foco en la educación, habida cuenta de que ya desde la etapa de infantil tanto niñas como niños empiezan a recibir impactos sobre "el rol de cada uno".
Además, a medida que pasa los cursos, el sesgo se agudiza. Según los estudios realizados por la profesora Ana López Navajas y recogidos por AMIT, sólo en el 7,5% de los libros de texto de la educación secundaria aparecen mujeres.
La campaña #NoMoreMatildas propone un anexo para "actualizar" estos libros ya desde primaria y en el que se presenta a 18 científicas de varias disciplinas y épocas al tiempo que se plantean preguntas para reflexionar a partir del revisionismo. "¿Qué hubiera pasado si Einstein hubiera nacido mujer? Pues que probablemente hoy no sabríamos quién es Einstein", analiza.
Un camino que no está consolidado
El predominio de hombres en los libros de texto lleva a que las adolescentes no tengan tantos espejos en los que mirarse y las mujeres terminen optando en menor proporción por las carreras técnicas, especialmente las ingenierías. Soledad Torres sí tenía referentes científicos en su casa y confiesa que no miraba tanto el mundo, incluidos sus estudios, desde un prisma de género, pero al llegar a la universidad se dio “un baño de realidad”. Aún recuerda cuando en su primer curso de carrera, en 1982, tenía que escuchar de voces masculinas “que las chicas estaban ahí para pescar novio”.
Ana Serrano comenzó a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones ya en el siglo XXI, pero en su clase de 60 alumnos apenas había un puñado de mujeres. La radiografía más reciente elaborada por el Ministerio de Educación dibuja un panorama con avances, aunque lejos de la igualdad. Si en el curso 1985/1986 un 15,24% del alumnado de ingenierías o arquitectura eran mujeres, en el curso 2019/2020 este dato ascendía al 25,37%, en un escenario en el que la balanza no acaba de equilibrarse.
España se sitúa por debajo de la media de la UNESCO, que calcula en el 35% la proporción de mujeres estudiantes de las carreras STEM. En el ámbito de la investigación, sólo una de cada tres personas es una mujer, y la brecha salarial ronda el 30%, como queda de manifiesto en un informe divulgado esta misma semana por el sindicato Comisiones Obreras.
"Que inventen ellas"
La ONU tiene clara la teoría. "Debemos asegurarnos de que todas las niñas puedan imaginar un futuro en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y que todas las mujeres puedan prosperar en su carrera científica", insiste el secretario general de la organización, el portugués António Guterres, desde un puesto que precisamente nunca ha ocupado una mujer en los 70 años de historia de Naciones Unidas.
Hay techos de cristal que siguen sin romperse y empieza a cundir la preocupación de que lo logrado puede revertirse. Soledad Torres teme que entre las jóvenes empiece a cundir el mensaje de que no compensa introducirse en mundos laborales "masculinizados", entre otras cosas porque "no es agradable ser la minoría", especialmente teniendo en cuenta que, una vez dentro de este ámbito, progresar no siempre es fácil.
Las científicas se reivindican a través de la historia y reclaman su sitio en el tiempo presente, borrando el 'efecto Matilda' y haciendo suyas frases proclamas como el "que inventen ellos" atribuido a Miguel de Unamuno. "Que inventen ellas", proclama tajante Nieves Sánchez para imaginar un futuro en el que las nuevas generaciones de investigadoras lo tengan algo más fácil.