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De Wattpad a tu estantería: ¿qué son los 'fanfics'?

  • Analizamos las historias creadas por fans que amplían o reescriben obras ajenas
  • Del fandom a la imprenta: llegan sobre todo del mercado anglo y se editan para que no dependan del original
Una mano con un anillo plateado explora una pila de libros de bolsillo, posiblemente buscando un título específico. Se aprecia un reloj de pulsera con correa metálica en la muñeca y una chaqueta de cuero negra.
Daniel Cargol

¿Qué tienen en común Cincuenta sombras de Grey, After, La guerra de los huracanes, Orgullo y prejuicio y zombis, la secuela del Quijote y los evangelios apócrifos? Comparten que su origen podría considerarse como fanfiction: historias creadas por fans que usan personajes, tramas o mundos ajenos como punto de partida.

Aunque la mayoría son textos escritos, el fanfiction también vive en webcómics, cortos y pódcasts, e incluso en memes hechos por las comunidades de fans. El fanfictionfanfic, fic o ficción de fans, si preferimos evitar anglicismos,— a menudo funciona como respuesta al canon: añade representación LGTBIQ+, cose agujeros de guion y desplaza el punto de vista hacia otras miradas. La autora y booktoker Alba Writes lo define como “un lugar de rebeldía por parte de los fans”.

Origen y actualidad

El término fanfiction aparece en los años treinta entre seguidores de la ciencia ficción, ligado a los fanzines. En los setenta da su salto moderno con los primeros relatos que amplían el universo televisivo de Star Trek, publicados en publicaciones como Spockanalia.

La pulsión de retomar mundos ajenos para continuar o reinterpretar historias es tan antigua como los mitos: de las sagas homéricas a los evangelios apócrifos. Pero su edad de oro llega con Internet, cuando publicar y leer se vuelven inmediatos, masivos y democráticos.

Existen cientos de plataformas para publicar relatos online. Entre ellas destacan Wattpad y AO3 (Archive of Our Own), ambas gratuitas y con miles de historias. Su funcionamiento es simple: las autoras publican por capítulos, los lectores comentan en tiempo real y el relato se afina con ese feedback. Paula Hernández —editora en Crossbooks y lectora de fanfiction— subraya el dinamismo de estas plataformas: “Publicas los capítulos, la gente comenta sobre ellos… es muy interactivo; en algunos casos los lectores hacen de editores beta”.

 Margarita Serenko.

Desde el ángulo jurídico, la abogada de propiedad intelectual Violeta Arnaiz, de la consultora PONS IP advierte que los términos de uso de estas webs “pueden llevar a confusión, haciéndoles pensar que la actividad es legal, cuando quizá no lo es… diga lo que digan los términos y condiciones”. Añade: “Plataformas como Wattpad y AO3 se declaran neutrales: no se responsabilizan y atribuyen al autor cualquier infracción”.

Diego Giménez, autor de fanfiction, cuenta que para él escribir fics surge como “una necesidad de explorar tramas y personajes que en las historias no tienen demasiado desarrollo y que el fandom adora”.

Este ecosistema no solo corrige problemas de ritmo o de coherencia: también profundiza en los personajes. Los headcanons —detalles no oficiales que las comunidades atribuyen a sus protagonistas favoritos porque encajan con su carácter— funcionan como microcaracterización: “a Hermione Granger (Harry Potter) le encanta el chai latte”; “Bakugo (My Hero Academia) adora el picante”. No aparecen en el canon, pero circulan y se consolidan entre los seguidores, convirtiéndose en fanon: un consenso informal que marca cómo se narran y leen esos personajes dentro de la comunidad.

Alba Writes subraya esa raíz lectora del fenómeno: “quien escribe fanfic también es muy lector, y eso se nota en la construcción de historias”. Por eso —añade— estos relatos “conectan muchísimo con el público”. A veces, además, operan como lecturas de confort, con tropos reconocibles y “ese lugar seguro”; y, sobre todo, “exploran avenidas que el canon no había tocado” o le dan la vuelta a decisiones del original.

¿Qué sucede cuando se publica?

En ocasiones, las ficciones de fans dan el salto al papel; sucede, por norma general, cuando demuestran tracción y arrastran una base grande de lectoras. La inmensa mayoría de casos llegan de mercados angloparlantes, así que cuando aterrizan en España el material ya ha pasado por un proceso de adaptación.

Ana Sánchez, editora en Faeris y Contraluz, comenta que “prácticamente el 99 % de las propuestas que nos llegan de este tipo son internacionales”. Miriam Malagrida, editora ejecutiva en Crossbooks, lo explica así: “No es que a nosotros nos llegue un fanfic como tal. Nos llega una propuesta de un libro ya publicado o por publicarse, que ha pasado por la transformación necesaria para dejar de ser un fanfic”. En general —coinciden las editoriales— hay una premisa, como resume Paloma Fernández-Pacheco, editora en Penguin, “Si está muy pegado a su obra original, no debería ser publicable”; hay que separarlo por completo. Como recuerda la abogada Violeta Arnaiz, “la propiedad intelectual no protege ideas, protege la forma concreta en que se expresan”.

 Plaza & Janes

Para que esa separación ocurra, los fanfics suelen pasar por un lavado de cara con distintas fases que los distancian del material de origen. Arnaiz explica que “Los editores contratan revisión legal: tramas, personajes, atmósfera” para modificarlos y separar la novela del material de origen. Alba Writes apunta que “se crea un mundo nuevo, como debe ser, pero el corazón de la historia —lo que nos atraía a los lectores— es el mismo”.

Fernández-Pacheco también señala un criterio útil: cuando “el fanfic puede seguir online y la novela no depende de él, es otra historia”. Aun así, muchas autoras prefieren retirar el fic tras el anuncio editorial. Hernández comenta que, en ocasiones, “los autores suelen avisar y dar meses antes de retirar el fanfic si va a publicarse para permitir a los lectores descargarlo si así quieren”; un gesto que “la comunidad agradece”, añade Diego Giménez.

Estigma y debate

En el sector, la percepción ya no es la de hace unos años. Como resume Ana Sánchez, “La percepción ha cambiado: fenómenos que dieron el salto han abierto la puerta; el feedback de comunidad influye”. Desde Crossbooks, Paula Hernández matiza: “El estigma persiste (géneros feminizados, romance), pero la viralidad y los casos previos han demostrado que funciona”. Al final, lo que pesa es si la novela se sostiene sola y conecta con lectoras y lectores.