Cuarenta años de los Premios Goya: el inventario emocional de España en diez momentos
- RTVE Noticias recopila diez imágenes que explican la transformación social de España a través del cine
- Entre ellos, el trayecto desde el trozo del Muro de Berlín de Almodóvar o el activismo actual contra el acoso
- Los Goya 2026, en directo la gala
En marzo de 1987, el Teatro Lope de Vega de Madrid asistía al nacimiento de un sueño que, para muchos, parecía destinado a la brevedad. Lo que hoy conocemos como la gran fiesta del cine español comenzó con una cena de gala algo atropellada, un trofeo de bronce que pesaba casi 15 kilos y la incertidumbre de si aquel experimento lograría sobrevivir a la sombra de los Oscar o los César.
La Academia de cine nació en una cafetería de Madrid para dar "dignidad y unión" a un gremio disperso. Hoy, en su 40º aniversario, los Premios Goya han completado el viaje desde aquella "comida familiar" de sus inicios hasta convertirse en una pasarela de vanguardia y memoria colectiva.
Este 28 de febrero de 2026, los Goya alcanzan su madurez definitiva bajo el cielo de Barcelona. En un Auditori Fòrum CCIB que respira la expectación de las grandes citas, el cine español se reconoce en una hornada de títulos que demuestran su vitalidad: desde el misticismo de Sirat, de Oliver Laxe, hasta la sensibilidad de Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa. Es una edición marcada por el Goya de Honor a Gonzalo Suárez, un recordatorio de que nuestra cinematografía es hoy un puerto abierto capaz de honrar a sus maestros mientras abraza nuevas miradas.
Para entender este viaje de 40 años, es necesario detenerse en los diez instantes donde la estatuilla de bronce dejó de ser un simple galardón para convertirse en el relato vivo de un país.
1990. El fragmento del Muro de Berlín
La cuarta edición fue la de la catarsis. La relación entre Pedro Almodóvar y Carmen Maura estaba fracturada tras el rodaje de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Almodóvar, antes de entregar un premio, sorprendió a la actriz con un fragmento auténtico del recién caído Muro de Berlín: "Si un muro tan espantoso e irracional como el de Berlín ha caído, ese que nos separa a ti y a mí puede también caer de un momento a otro". Fue el fin de su propia guerra profesional y el primer gran momento donde la realidad superó a la ficción sobre el escenario.
1998. El coraje de las manos blancas
En 1998, el cine español decidió no mirar hacia otro lado ante el dolor del país. Con el asesinato del concejal Alberto Jiménez Becerril y su esposa aún muy reciente, el entonces presidente de la Academia, José Luis Borau, interrumpió su discurso institucional para mostrar a cámara las palmas de sus manos teñidas de blanco. Aquel símbolo de las manifestaciones contra el terrorismo de ETA encontró en los Goya un altavoz de unidad civil y compromiso con la paz que todavía permanece en la retina de todos.
2000. El cumpleaños del heredero
La 14ª edición supuso un hito de normalización institucional con la primera asistencia de Felipe VI, entonces príncipe de Asturias. Almodóvar, tras recoger el premio por Todo sobre mi madre, rompió el protocolo cantándole el "Cumpleaños feliz" desde el escenario. Fue el instante en el que el cine español aceptó su papel como gran anfitrión cultural del Estado.
2003. "¡No a la guerra!": la gala de la trinchera
Conducida por el grupo de teatro Animalario, la ceremonia de 2003 se transformó en una protesta frontal contra la invasión de Irak. Aquel "¡No a la guerra!" impreso en pegatinas y discursos generó una fractura histórica con el Gobierno de la época. Fue la noche en la que los Goya demostraron que su escenario era, por encima de todo, un espacio de libertad de expresión indomable.
2012. El rap de Antonio Resines
Hay momentos que quedan grabados por su pura humanidad. El intento de Antonio Resines de liderar un rap junto a El Langui, Javier Gutiérrez o Juan Diego se convirtió en historia de la televisión. Resines, visiblemente perdido entre el ritmo y la letra, regaló un momento de vulnerabilidad inolvidable. Un recordatorio de que los Goya, incluso en su máxima sofisticación, nunca han perdido su capacidad de ser espontáneos.
2013. El desgarro de Candela Peña
En 2013, Candela Peña bajó el cine a la tierra al recoger su premio por Una pistola en cada mano. Denunció la situación de la sanidad pública compartiendo la muerte de su padre en un hospital donde, según relató, "no había mantas para taparlo y le teníamos que llevar hasta el agua". Su súplica final: "Os pido trabajo, tengo un niño que alimentar", puso voz a la precariedad de una industria que no era ajena a la crisis económica que asfixiaba al país.
2015. "Resistiré" frente al IVA cultural
Con el IVA cultural al 21% asfixiando al sector, la gala de 2015 fue un acto de presión gremial necesario. Dani Rovira, junto a Ana Belén y Lolita, interpretaron el himno del Dúo Dinámico ante el ministro José Ignacio Wert. Rovira sentenció con franqueza: "Ha sido el cine español el que ha ayudado a las arcas del Estado y no al revés". Fue la rebelión de la alegría frente a una medida fiscal que el sector sentía como un castigo injusto.
2017. Una zancada sobre tacones rojos
Dani Rovira volvió a marcar la agenda al presentarse sobre unos altísimos tacones rojos para reivindicar el papel de la mujer. Con datos sobre la mesa, de apenas 18 directoras frente a 78 directores candidatos en 2016, Rovira recordó que "siguen haciendo falta mujeres que hagan películas". Fue un manifiesto visual para la evolución hacia una paridad, que diez años más tarde ya empezamos a ver reflejada con naturalidad en las nominaciones.
2019. La lección de Jesús Vidal
Pocas veces el cine ha servido de forma tan clara a la pedagogía social. El discurso de Jesús Vidal por Campeones fue una lección de inteligencia y corazón que silenció al auditorio. Su agradecimiento a sus padres: "A mí sí me gustaría tener un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros", se convirtió en el momento con más carga ética de la historia de los premios, redefiniendo el concepto de inclusión para toda la sociedad.
2023. Laura Galán y el mensaje contra el bullying
Su Goya por Cerdita fue un abrazo a las víctimas de acoso y una reivindicación necesaria de los cuerpos no normativos. "Recordad que vosotros no tenéis la culpa", dijo desde el escenario a todos aquellos que sufren bullying. Su triunfo consolidó una etapa en la que la Academia no teme premiar historias que incomodan para intentar sanar heridas sociales profundas.
*Nora García es alumna del Máster de Reporterismo 360 de RTVE y la Universidad de Zaragoza. Esteban Ramón, coordinador de cultura, ha supervisado la redacción de este artículo.