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Del veinteañero prodigio a debutar a los 40: el Premio Goya a dirección novel ya no es cosa de jóvenes

  • La edad media entre los nominados ha aumentado en estas cuatro décadas sustancialmente
  • La 40 edición de los Premios Goya se celebrará en Barcelona este sábado 28 de febrero
El gráfico muestra la evolución de la edad promedio de los nominados a Mejor Dirección Novel en los Premios Goya, con imágenes representativas de cada periodo. Se observa un aumento en la edad promedio, con figuras que varían en vestimenta y accesorios, incluyendo premios y elementos distintivos.
Evolución gráfica de la edad promedio de los nominados a Mejor Dirección Novel en los Premios Goya desde 1990 RTVE.es
JAVIER VILLUENDAS / DatosRTVE

Ser joven cineasta en España no solo no es nada fácil, es que cada vez más 'no es'. Como decía el crítico Federico Marín Bellón, el cine es el juguete más caro del mundo, y parece que ya no es que sea demasiado caro para dejarlo en manos de veinteañeros sino tampoco de treintañeros. A los datos nos remitimos. Y a un caleidoscopio de voces autorizadas para aproximarnos a ello.

Si analizamos a todos los nominados al Goya a 'Mejor Dirección Novel', desde que existe esta categoría en la IV edición de los premios en 1990, la edad media ha aumentado (más o menos) desde estar más cerca de los treinta años a no solo frisar los cuarenta años, sino superarlos en ocasiones.

Por ejemplo, la media de edad de los directores revelación de 1997 fue 28,8 años, la más baja de la ristra histórica. Una cifra que sale de Alejandro Amenábar (25 años, por Tesis), David Trueba (28 años, por La buena vida) y luego del tridente de Alfonso Albacete (33), Miguel Bardem (33) y David Menkes (34) por Más que amor, frenesí (el dato viene de la edad que cumplieron todos a lo largo de 1997).

Alejandro Amenábar, tras ganar el Goya en 1997 a Mejor Director Novel EFE/A. Millán

Pero casi tres décadas después, en 2023, el promedio se situó en 44 años. Entre las personas nominadas ese año se encontraban Alauda Ruiz de Azúa (cumplía 45 ese año), por Cinco lobitos; Carlota Pereda (48 años), por Cerdita; Elena López Riera (cumplía 41 años), por El agua; Juan Diego Botto (cumplía 48 años), por En los márgenes; y Mikel Gurrea (38 años), por Suro.

Y en esta edición, la edad media de las personas nominadas en la categoría se sitúa en 39,4 años. Entre ellas se encuentran Ion de Sosa (45 años), por Balearic; Jaume Claret Muxart (cumplirá 28 años), por Estrany riu; Gemma Blasco (33 años), por La furia; Gerard Oms (43 años), por Muy lejos; y Eva Libertad (cumplirá 48 años), por Sorda.

Pero más allá de la comparativa desplegada por años, que puede incluir elementos discordantes (ese Amenábar casi con acné, por ejemplo), la tendencia sí marca una evolución ascendente en la edad de los nominados. ¿A qué se puede deber? ¿Qué riesgos tiene? ¿Es natural respecto a la sociedad o no tanto?

"La industria es complicada"

"Sin duda ha aumentado la edad de los cineastas. Sobre todo, se ha elevado la oportunidad de hacer la primera película. Va acorde con las oportunidades profesionales que se dan en la sociedad y en otras profesiones creativas. Lo que ocurre en el cine es que exige una gran inversión de dinero y la confianza de esa inversión, lógicamente por quien produce, también se mide con lupa", reconoce Marisa F. Armenteros, productora de Los domingos o Un amor.

Lara Carmiña, distribuidora y productora de Bteam, y presidente de ADICINE, está en sintonía con esa reflexión que enmarca de lo que hablamos: "Es muy arriesgado apostar por una directora o director cuando solo ha hecho cortos. La industria es complicada en ese sentido".

Eva Libertad, nominada por Sorda a siete Goyas, nos dice: "Quizá tenga que ver con el hecho de que cada vez más las productoras quieren arriesgar menos. Desde la producción transmiten que los costes de hacer cine se han encarecido y hay muchísima competencia, entonces tienen menos margen para el error, con lo cual, necesitan proyectos liderados por cineastas que ya han demostrado".

"Por favor, a mi edad Jesús ya había muerto"

Javier Macipe, ganador del Goya a ‘Mejor Dirección Novel’ el año pasado por La estrella azul, a sus 37 años, apunta aristas sociológicas. “La sociedad ha envejecido y la adolescencia se ha alargado. Es muy raro que alguien con 25 años esté independizado, tenga casa, familia… Lo de que la adolescencia se haya alargado para mí fue una cosa muy frustrante, casi lo que más he sufrido en todo el proceso. Sentir que me trataran como un crío o un idiota, como si fuera recién salido de la escuela. Cuando dices: 'Oye, que he estado nominado dos veces al Goya, ya tengo 30 y tantos tacos'. O sea, por favor, a mi edad Jesús ya había muerto".

La actriz Silvia Munt y el Goya, como Mejor Director Novel de 1992, Juanma Bajo Ulloa EFE/J.M. Pastor

Ciertamente, el contexto influye. Aunque, con datos de Eurostat, en 2024 la edad media de emancipación en España fue de 30 años, pero en el 2000, 29,4 años. No hay tanta diferencia. Pero en estas últimas décadas sí hay un dato relevante. Según el Consejo de Juventud de España, actualmente solo el 15% de los menores de 30 años puede emanciparse por el precio de la vivienda y el alquiler, el segundo peor dato desde que se tienen registros. Es decir, en 2006, la tasa era del 24%. Y todo combinado con un aumento de la esperanza de vida en el país de los 76 años de 1990 a los 84 años de 2024, según el INE.

Jaume Claret Muxart, autor de Estrany riu, y nominado esta edición en esta categoría es una rara avis. Tiene 27 años. Empezó a escribir la película con 19 hasta que la pudo estrenar siete años después, rodando entre medias cortometrajes seleccionados en grandes festivales europeos. Y reflexiona: "Siempre ha sido alta. Es probable que la gente se plantee dirigir un largometraje cuando sea más mayor. Venimos de un sistema muy jerárquico, donde tenías que ir paso a paso escalando. Yo me he petado esta jerarquía porque empecé a hacer cortometrajes, tomándomelos muy en serio, con dieciséis años. Llevo en este oficio once años. Y creo que en mujeres cineastas antes no habían tantos referentes de otras mujeres dirigiendo. Esto ha empezado a cambiar recientemente en España".

Las mujeres debutan con más edad

Este factor que el joven director catalán indica es secundado por Armenteros, que afirma también que "las políticas que han logrado fomentar esta igualdad de género son muy recientes. Estas mujeres han venido trabajando, como muchos otros directores noveles, en otros puestos de una película de cine. Y eso es algo bueno porque lógicamente adquieres experiencia". Y añade: "Cuando esas mujeres alcanzan ese reconocimiento, ese salto al vacío en esta profesión que es este puesto, pues es con más edad, sin duda alguna".

Arantxa Echevarría tras recibir el premio a Mejor Dirección Novel por 'Carmén y Lola' en 2019 EFE/Ballesteros

Carmiña considera que "es verdad que por lo menos desde 2020 las directoras que han ganado el Novel tienen todas en torno a los 40 años. Y se debe a muchos factores". En este sentido, la creadora de Sorda también se ha fijado: "Por lo que he podido ver es más alta la edad de las mujeres cuando hacen su ópera prima que la de los hombres directores".

Así, al margen de Macipe, que se lo llevó en 2025, en los últimos años este laurel ha recaído siempre en mujeres, en algunos casos con amplio bagaje vital. Así, Carla Simón tenía 31 años cuando ganó por Verano 1993; Arantxa Echevarría, 50, por Carmen y Lola; Belén Funes, 35, por La hija de un ladrón; Pilar Palomero, 40, por Las niñas; Clara Roquet, 33, por Libertad; Alauda Ruiz de Azúa, 44, por Cinco lobitos; y Estibaliz Urresola Solaguren, 39, por 20.000 especies de abejas.

Y conviene citar otra reflexión asociada de Armenteros que también es pertinente: "Creo que en el cine y en la sociedad en general a las mujeres nos recuerdan muchas veces al día la edad que tenemos".

La nueva normalidad

Pau Brunet, informador, analista y estudioso del cine con casi 20 años de trayectoria, primero como productor y actualmente como académico en la University of Southern California, piensa que se puede hablar de "una especie de tapón generacional", porque "desde la pandemia se nota que, más que como una renovación generacional, se están recuperando nombres que no habían hecho ese salto a largo comercial".

En su análisis, el experto aborda varios fenómenos que explican el fin de los Xavier Dolan de la vida cinematográfica patrios. Por un lado ese tipo de directores, tipo Ion de Sosa o incluso Chema García Ibarra, que "vienen de muchos cortos, de haber ganado en Locarno, y que han coqueteado con el largo, pero que era mucho más experimental y no tuvo vida comercial. Entonces, su primer largometraje les llega a mitad de los treinta, cuarenta…", apunta.

Daniel Sánchez Arévalo recibe el Goya por 'AzulOscuroCasiNegro' Efe/Ballesteros

Y otra clave: "Hay un auge de un tipo de cine autoral que va a festivales, que al final acaban teniendo esa nominación a Dirección Novel, por lo que hay mucha más competencia. Eso requiere que los directores que consiguen financiar una película a vistas de ir a festivales son directores que tienen que tener una reputación de cortos, que han ido a festivales. Entonces, sí hay un requerimiento que antes quizá no se tenía tanto en consideración".

Además, aún hay otro elemento a tener en cuenta: "En el cine siempre ha habido un peligro de clase social. Es decir, ¿quién puede permitirse estos tiempos tan prolongados? Eso requiere un colchón, ¿no? Que los cineastas tarden en financiar una película, desarrollarla en tiempos actuales se combina con directores que vienen de una formación muy elevada y entonces expanden su trabajo, intentando ser directores, combinado con quizá dar clases en escuelas, trabajar para galerías o para un mundo que te proporciona un salario”. Y cita aquí a Alex Lora, Ian de la Rosa, Claudia Costafreda, el propio García Ibarra… con trabajos vinculados en el audiovisual, pero que "esta combinación de trabajo económico para comer hace que tardes en llegar a hacer tu primer largo con exposición".

De hecho, concluye: "Con 35 años no sorprende y creo que ya no debería ni sorprender. Va a ser la nueva normalidad".

Hijos y pelis a los 40

En sentido cercano a esto, Eva Libertad nos cuenta su particular historia. Nominada a los 47 años a Mejor Dirección Novel, primero desarrolló su trayectoria profesional dirigiendo teatro durante muchos años, también había estudiado Sociología y proviene de "una familia humilde y la figura de la dirección de cine era algo demasiado lejano, ajeno y enigmático para mí. No podía pensarme a mí misma dirigiendo cine".

Sigue: "Siempre he sido cinéfila, pero empecé a dirigir ya bastante relativamente tarde. Fue ya al volver a Murcia, en 2014, cuando entré de lleno ya en una productora y empecé a escribir guiones y a trabajar en el ámbito del cine. Y uno de los cortometrajes que dirigí fue Sorda, que fue muy bien en festivales, y tuvimos la nominación al Goya, lo que hizo que pudiésemos plantearnos hacer el largometraje y buscar otras productoras más grandes".

Daniel Guzmán, ganador del Goya a Mejor Director Novel, junto a Miguel Herrán en la gala de 2016 EFE/Chema Moya

Brunet también recuerda la ralentización que pueda implicar también una coproducción entre países, que hace que se tarde entre tres y cinco años como mínimo, y, en general, "es muy difícil que hayan carreras que despeguen bien antes de los 30. Es como la maternidad o casarse. Como que en los 80 era normal que esto pasara antes de los 30, en los 90 pasan de los 30 y a partir de ahora como que es normal casarte y tener hijos a los 40".

Criterio conservador, burocracia y otras bestias

Y más posibilidades que pueden influir en este incremento de edad: una pirámide de población (de público) que ha pasado de una base ancha de jóvenes en los 80 a una más invertida, con un mayor peso maduro. Ergo, como dice Armenteros, "sabemos que el gran público que está acudiendo a las salas de cine, sobre todo al cine de autor, es un público adulto que supera los 35 años".

Y suma: "¿Qué pasaría si estuviera trabajando con gente más joven? ¿Estarían trayéndome temas que podrían interesar a públicos más jóvenes? No solo depende del director ni de la película. Hay también que crear hábitos de consumo para que ese público joven vuelva a las salas de cine".

O quizá también que en épocas pasadas el cine español era más rentable y permitía más ánimo intrépido a sus productores. O quizá es algo estético-político propio de la era actual, piensa Macipe, que desincentiva la apuesta por nuevas voces.

"Estamos en un momento muy conservador en el arte. Antes, Almodóvar, Alaska y ese entorno estaban ahí en Televisión Española haciendo cosas muy transgresoras. Incluso yéndonos un poco más atrás en el tiempo. Creo que antes la sociedad, paradójicamente, aunque era más conservadora, incluso hablando en la dictadura, a la hora de de aceptar lenguaje cinematográfico transgresor, pues mira, estaba Buñuel, estaba Fellini y estaba Bergman. Están directores que ahora se considerarían rarísimos, mega vanguardistas, estrenando en el mundo entero", reflexiona.

Alauda Ruiz de Azúa recibe el Goya por 'Cinco lobitos' EFE/José Manuel Vidal

Y aporta otra clave que condiciona al debutante: "Todas las películas tienen que pasar por cuatro o cinco entes que las financien. Y luego la ayuda del Ministerio es colateral, pero no es suficiente. Por lo que cuando son grandes moles las que financian tienden a ser conservadores. Es raro que pueda haber espíritu aventurero. Entonces, mejor darle dinero a un director que ha hecho cuatro películas correctas que a uno que podría hacer una película cojonuda, pero no lo sabemos. A lo mejor lo puede cagar, ¿no? Yo eso lo he sentido porque me lo han dicho literalmente. Es más fácil encontrar financiación para la décima película de x director que para la tuya, aunque nos encante tu guión".

O la burocracia, que siempre ayuda: "Pone muchos obstáculos a los jóvenes. Por ejemplo, en Aragón antes daban dinero para hacer cortometrajes a cualquier persona física sin tener que ser una productora. Yo tuve esas ayudas y pude hacer mis primeros cortos con dinero público. Ahora, a raíz de que los políticos roben y que la intervención se haga más dura, tienes que ser una empresa y los criterios para justificar el dinero son mucho más difíciles. Muchos jóvenes no pueden montar una empresa y desisten. Y eso lo sé de primera mano también porque tengo gente en prácticas".

¿Qué se pierde con todo esto?

"Que personas que tienen un magnífico talento no pueden estar dirigiendo con 30 años. Esas personas van a aportar miradas frescas y diversas. Para que el cine sea rico necesitamos gente de diferentes generaciones", opina Armenteros.

"Perder frescura, perder ese riesgo. O sea, que todo esté medido al milímetro. Una ópera prima, históricamente, ha sido un espacio para romper, para experimentar", defiende Libertad.

Para el autor de La estrella azul, que expone que "una visión materialista, un mundo materialista, hace un cine materialista", lo que conlleva es que "el empobrecimiento de la narrativa es palpable", por el resultado de "repetir fórmulas, películas que imitan a otras películas, sagas de directores o de los mismos productores que cada vez dejan menos espacios a nuevas propuestas por tomar al público por idiota. Y, al final, el público se puede volver vago porque se le prefiere dar siempre la misma comida que ofrecer nuevos platos".

Brunet hace un quiebro sobre la nueva tónica. "No sé hasta qué punto puedo decir que es peligrosa. Creo que incluso permite pensar en dirección en carreras que son muy largas, muy eclécticas. Eso es gente que dirige, pero también es director de fotografía o productor o montador. Estamos en un espacio como más rico, un cine que es casi comunal. Entonces, la idea del autor también está muy en cuestión. No son directores, son equipos de dirección que han crecido en un espacio tan prolongado de tiempo que se consultan entre ellos, como el multiverso de Marvel, pero en cineastas experimentales. Creo que eso sí que es una nueva tónica. Y de ahí, no creo que podamos decir que el cine es una cosa de viejos".

Javier Macipe recibe el premio a la Mejor Dirección Novel por 'La estrella azul' EFE/Julio Muñoz

Por no olvidar la clase social, que también condiciona profundamente esta actividad, como relata Ian de la Rosa, de 37 años, que acaba de ganar el Teddy Award de la Berlinale por Iván & Hadoum, su debut en largometraje: "Hacer película es durísimo y hay que disfrutar de muchos privilegios para esperar tu oportunidad. El otro día me preguntaba: ¿qué ocurriría si fuese más fácil acceder a una educación de escuela de cine, que tendría que ser pública, desde mi punto de vista? Tendríamos incluso más miradas porque no habría tanta gente que se queda en el camino. Hay que abrir para que no se convierta en un espacio elitista".

Claret Muxart también recuerda que este no es todo el orégano del monte, que “hay muchos cineastas jóvenes haciendo óperas primas, pero que no tienen las estructuras necesarias tanto de financiación, como distribución y económicas, para llegar a estar nominados a los Goya. Y son películas maravillosas y geniales. Los Goya solo representan una pequeña parte de la riqueza del cine que se hace en este país. Podría nombrar Sara Fantova, Victor Diago, Irati Gorostidi, entre muchas otras”.

Y Carmiña, de Bteam, resalta una anécdota que encuadra esta nueva realidad. "Al final, seguramente, todo este talento, aunque empiece tarde, empieza. Pero, claro, está todo lo que se podía haber hecho antes, ¿no? Nosotros hemos estrenado en España La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Cespedes. Y tiene 30 años, es chileno y ha ganado en Cannes el Un Certain Regard. Y el comentario generalizado era qué joven eres. Con 30 años. Bueno, pues es un poco el pez que se muerde la cola”.