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Gonzalo Suárez, Goya de Honor 2026: "Tengo fe que la muerte sea una película más"

  • Charla con el director en la Academia de Cine en la víspera de los Goya
  • La 40 edición de los premios se celebrará el sábado 28 de febrero en Barcelona
Un hombre mayor, con barba y cabello blanco, posa con un chaleco negro sobre una camisa blanca.
Gonzalo Suárez, Goya de Honor 2026 Academia de Cine
Javier Villuendas
Javier Villuendas

A poco menos de quince días de la gala de los Goya, el ídem de Honor en 2026, Gonzalo Suárez, ha realizado un encuentro en la Academia de Cine, conducido por Aitana Sánchez-Gijón, y con una pequeña presentación de Fernando Méndez-Leite, el presidente actual del organismo, para celebrar su trayectoria, un acto nada ditirámbico sino cargado de humor, anecdotario, hondura y enrevesamiento sencillo y viceversa marca de la casa. Y de epílogo, la proyección de Epílogo, una de sus películas favoritas.

El cineasta, guionista, escritor, dibujante, deportista, periodista deportivo, actor, ojeador para el Inter de Milán de Helenio Herrera… ha sido descrito al comienzo por un invitado egregio, vía Sánchez Gijón, que ha leído unas palabras de Julio Cortázar, amigo de Suárez, en donde se hablaba de su "inteligencia irónica", su "marginalidad deliberada", de su obra "resbaladiza y casi inasible que dibuja en el panorama español algo análogo a lo que pudo dibujar en Francia Boris Vian".

Y se ha concluido con el argentino invocado: "Gonzalo Suárez transita desde hace años por los registros más variados de la vida intelectual española, pero esa actitud tránsfuga y casi de fantasma inquieto incluso enoja a los críticos amantes del orden, los géneros y las etiquetas. ¿Escritor que hace cine? ¿Cineasta que regresa a la literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos".

"Lo de mariposas no sé cómo tomármelo…", ha comenzado Suárez, arrancando desde el principio las sonrisas del aforo, y admitiendo que sí se reconoce como "tránsfuga". Y después ha recordado un encuentro en París con el escritor de Rayuela en donde observaron que había una casa con las ventanas pintadas y se preguntaron quién viviría detrás. Y una última vez con su amigo ya en Madrid, en donde se le caló el coche dos veces, por cierto, yendo a ver su película Parranda, y en donde vieron otra fachada con las ventanas pintadas, que el director grabaría para su película Epílogo.

"Por fin tengo un pisapapeles"

Sánchez-Gijón, que le ha cedido el cetro de Miss Goya de Honor —pues ella lo obtuvo el año pasado—, le ha preguntado si va a ser esta vez tan parco en palabras como cuando ganó el Goya por Remando al viento. "Espero serlo incluso más. Como lo fui una vez con Ana Álvarez, cuando intenté imitar a Groucho Marx: entré por un lado del escenario a toda velocidad, arrebaté el premio y me fui sin decir nada. En el Goya sí fui parco, pero dije que por fin tenía un pisapapeles. Lo que fue peor es que me vengué del caso de San Sebastián con el mayor fracaso de mi vida, Aoom, yo aún fumaba puros, así que, con la Concha de Plata, dije: ‘Por fin tengo un buen cenicero’. Prometo ser bueno, pero no sé lo que voy a decir: prefiero improvisar".

Después, se ha inquirido por su infancia en Madrid, aunque él nació en Oviedo, marcada por la guerra, las bombas y la capital asediada… "Sí, y lo mal que se llevaban mis padres. Por los pasillos no tenía mejor alternativa que imaginar que era la selva africana. Iba por el pasillo inventando que podían atacarme las fieras", en una pregunta cuya pretensión era enmarcar la querencia de Suárez por lo imaginativo frente a lo realista o naturalista, una personalidad que le hizo disruptivo cuando comenzó con el cine: "Efectivamente, sí, la ficción fue mi opción a la llamada realidad. Y luego en realidad he visto que no hay tanta diferencia. Que en un lado o en otro vas al mismo sitio".

Por supuesto ha aparecido su personaje de Martin Girard, que no su pseudónimo, y le han preguntado por la idea de la sombra, del desdoblamiento como mecanismo creativo y existencial. Y aquí hay que recordar las palabras de Mendez-Leite para presentarle: "Ese hombre era un periodista, Martín Girard, periodista deportivo que vivía en Barcelona y que había hecho esos dos cortometrajes que nos dejaron aturullados totalmente porque precisamente tenían un planteamiento completamente distinto a todo lo que se estaba haciendo en el cine español de entonces. Y apareció también una película que tenía guion de él, Fata Morgana. Y inmediatamente aparecieron sus cuentos y en seguida Gonzalo Suárez, Martín Girard, se convirtió un poco en nuestro faro".

"No sé cómo surgen las ideas"

Al explicar el origen de Remando al viento, rodada en inglés y centrada en el momento en que Mary Shelley concibe Frankenstein, Gonzalo Suárez reconoce no saber exactamente de dónde surgen las ideas: "No lo sé. Esta pregunta no la sé", una respuesta que repetiría varias veces a lo largo de la velada. Aquí, más que el punto de partida, le fascinaba el proceso creativo: "¿Cómo de repente una mujer como Mary Shelley crea un monstruo que tiene más vida que ella, como pasa con Don Quijote y Sancho, que se salen del libro y cabalgan solos por todo el mundo?".

Para Suárez, esa capacidad de la ficción de engendrar seres que sobreviven a sus autores encierra "una auténtica magia". A sus "primeros 91 años", confiesa haber llegado a una visión radical del tiempo, el gran tema: "Toda la vida consiste en el aquí y ahora, sin antes ni después. Eso es una realidad que eludimos, pero en cuanto ya sucede, porque está sucediendo, lo anterior es recuerdo, puro recuerdo. Contra eso está bien, como me pasa a mí, perder la memoria".

Su mayor frustración en el cine: King Kong albino

Después, ha recordado su mayor frustración cinematográfica. En uno de sus viajes a Estados Unidos, Suárez vivió una de las grandes frustraciones de su carrera. "De repente me encontré con Ray Bradbury y con su amigo Sam Peckinpah, que estaban preparando un guión sobre King Kong. Sam me dijo: '¿Quieres participar?', y aquello me pareció tan extraordinario que dije que sí”. Incluso llegó a aportar ideas: "Propuse que King Kong fuera albino, inspirado en Copito de Nieve, el gorila de Barcelona. A Bradbury le entusiasmó tanto que me invitó a su casa". Sin embargo, el proyecto se vino abajo: "Sam se peleó con Ray Bradbury y no se pudo hacer".

Suárez lo recuerda todavía con pesar: "Me hubiera encantado formar parte de ese trío haciendo King Kong. Y además albino. Con uve".

Veinte años sin hacer cine sin proponérselo

Preguntado por si haría otro filme, responde que solo si fuera para ir hacia lo desconocido: “Trataría de encontrar algo nuevo que me llevara a donde no sé, porque ir donde ya he intentado ir, ya no tiene sentido”. Sin embargo, admite con asombro que han pasado casi dos décadas desde su última película sin proponérselo: “No lo he decidido, ha sucedido de repente. Ahora me doy cuenta de que han transcurrido veinte o veintitantos años.

Pero justo antes, al recordar Don Juan en los infiernos, Suárez ha destacado la interpretación de Fernando Guillén y un diálogo que condensa toda la enjundia de este Goya de Honor 2026: "Don Juan dice: 'Tengo fe en que la muerte sea mujer'". Hoy, añade con ironía, "cambiaría ese final con la inteligencia artificial" para que el personaje dijera: "Tengo fe en que la muerte sea una película más".