La oposición al régimen iraní: encarcelada en el interior, fragmentada en el exterior o víctima de asesinatos selectivos
- Se cumplen dos meses del inicio de las protestas en las que participaron iraníes de todas las edades y estratos sociales.
- En el exterior, la República Islámica ha ordenado el asesinato de disidentes y simpatizantes en sus 45 años de historia
- DIRECTO: sigue la última hora de los ataques de EE.UU. e Israel a Irán
La ofensiva de las últimas horas de EE.UU. e Israel contra instalaciones y dirigentes iraníes han vuelto a colocar a la República Islámica en el centro de la escena regional, en un momento en que el régimen intenta proyectar firmeza hacia el exterior, pero con una población en el interior cansada, preocupada por lo que pueda suceder en los próximos días, y que no olvida la represión del pasado mes de enero, la más sangrienta en décadas.
Según datos oficiales difundidos entonces por las autoridades iraníes y su Fundación de Mártires, el Gobierno reconoció 3.117 muertos durante las manifestaciones, después de semanas de movilizaciones por la escalada de la crisis económica y las tensiones sociales.
Esta cifra, sin embargo, contrasta radicalmente con estimaciones de médicos, equipos de emergencia y ONGs que, basándose en datos hospitalarios y testimonios de profesionales, hablaron de un número de víctimas muy superior, de hasta 30.000 muertos, aunque todavía hoy sigue siendo imposible cuantificar estos datos con precisión.
"El pueblo iraní está desesperado", decía este sábado en RTVE la presidenta en España de la Asociación Iraní de Derechos Humanos, Fariba Ehsan, doce horas después del inicio de la ofensiva estadounidense-israelí contra Irán. "Por un lado, los iraníes están entre las balas del régimen; por otro, entre los bombardeos de Estados Unidos e Israel. Lo que sí quieren es terminar con este gobierno, pero no saben cómo", añadía.
El punto de inflexión llegó el 9 de enero, cuando el líder supremo Alí Jamenei ordenó aplastar las protestas “por cualquier medio necesario”, autorizando a las fuerzas de seguridad a disparar contra los manifestantes. Tras esa directiva, las revueltas - extendidas a unos 4.000 puntos del país - fueron respondidas con fuego real, cortes totales de internet y una violencia que marcó el momento más letal de décadas de represión estatal en Irán.
"Después de la guerra con Israel el régimen pensó que, a pesar de las dificultades, la gente no se levantaría", explica a RTVE Noticias Meir Javedanfar, profesor de política iraní contemporánea en la Universidad Reichmann, "pero cuando la inflación alcanza el 50%, el suministro de electricidad se cae, la contaminación del aire se dispara y el suelo de parte del país se desploma literalmente por la sequía, el apoyo se resquebraja", añade.
Por su parte, el régimen continúa acusando a Estados Unidos y a Israel como promotores en la sombra de unas protestas que de inicio consideró "legítimas", según reconoció el presidente iraní, Masoud Pezeshkian , pero que terminó reprimiendo con una violencia extrema una vez que fueron "instrumentalizadas" por "células terroristas externas", participadas por el servicio secreto israelí (Mossad) y lideradas desde Washington y Tel Aviv, según funcionarios de Teherán.
"Las fantasías de Estados Unidos y su política hacia Irán están arraigadas en un cambio de régimen, con sanciones, amenazas, disturbios orquestados y caos como el modus operandi para fabricar un pretexto que derive en una intervención militar. Este manual ha fallado antes y, con absoluta certeza, fallará de nuevo", rezaba un mensaje difundido en la cuenta oficial de X por la Misión Permanente de la República Islámica de Irán ante las Naciones Unidas.
Manifestantes queman un retrato del líder supremo iraní, Ali Jamenei, durante una manifestación en apoyo al actual movimiento de protesta en Irán, desde Londres EFE / NEIL HALL
¿Cómo liderar un cambio con una oposición fragmentada?
La dureza extrema de la respuesta gubernamental a las protestas contrasta con la naturaleza del movimiento al que se enfrenta el régimen. Las protestas no estuvieron dirigidas por una estructura política centralizada, sino que han adoptado la forma de una movilización fragmentada y descentralizada, resultado de décadas de represión que han desmantelado partidos, sindicatos y organizaciones civiles.
"En Irán llevamos 47 años de represión. No hay partidos políticos libres, ni libertad de expresión", decía al respecto Fariba Ehsan en el Canal 24 horas. "Quienes se oponen al régimen están en prisión. Las cárceles están llenas de presos políticos. Incluso la Premio Nobel de la Paz de 2023 se encuentra en un estado de salud crítico. Es un escenario extremadamente preocupante", apostillaba este sábado.
"La alternativa tendrá que venir de dentro, si no es muy difícil que un eventual proceso de transición pueda llevarse a acabo en Irán", explicaba a colación de las protestas Emiliano García Coso, profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de Comillas ICAD, en una entrevista reciente en RNE.
A este panorama se suman coaliciones laicas surgidas en el exilio y los movimientos vinculados a minorías kurdas y baluchis, históricamente enfrentadas a Teherán. El resultado es una oposición plural y dispersa frente a un Estado que machaca cualquier conato de rebeldía, tal y como quedó reflejado en el llamado Movimiento Verde de 2009, con denuncias masivas de fraude electoral a favor de Mahmud Ahmadineyad (oficial de la poderosa Guardia Revolucionaria, un ejército paralelo que solo rinde cuentas al ayatolá); en las crisis económicas de 2017 y 2019 y en las multitudinarias protestas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, la joven kurda iraní que murió bajo custodia policial por llevar puesto "de forma incorrecta" el hiyab (velo islámico).
Hoy, en el seno de la oposición iraní, confluyen corrientes nacionalistas, monárquicas, republicanas, organizaciones de izquierda y movimientos de base étnica que comparten el rechazo al régimen islámico, pero no una estrategia común ni un proyecto de Estado compartido. Los intentos de articular plataformas unitarias tras las masivas protestas de 2022 colapsaron en pocos meses, incapaces de superar rivalidades personales y desacuerdos estratégicos.
Es más, en el exterior, esa fragmentación se amplifica. Reza Pahlavi, hijo del último sha, se ha convertido en la figura más visible de la diáspora y concentra apoyos entre sectores monárquicos y parte del exilio, aunque carece de una base organizativa sólida dentro del país y es rechazado por otros grupos republicanos e izquierdistas.
A su lado opera la Organización Muyahidín del Pueblo (MEK), liderada por Maryam Rajavi, con una red internacional muy activa, pero escasa implantación interna y un considerable rechazo social por su pasado, especialmente por su alineamiento con Irak durante la guerra de los años ochenta.
SOPA Images
"Otro factor que hay que tener en cuenta es que algunas figuras relevantes de la oposición han sido asesinadas en los más de 45 años que lleva en pie el régimen", explica Meir Javedanfar. "Decenas de sus miembros o sus simpatizantes han muerto en ejecuciones extrajudiciales planificadas desde el Estado", continúa, en lo que ha sido un pilar fundamental para mantener el poder clerical surgido tras la Revolución de 1979.
Asesinatos selectivos: el largo brazo de la República Islámica
El primer asesinato atribuido al nuevo régimen fuera de sus fronteras —el de Shahriar Shafiq, sobrino del sha, en París en diciembre de 1979— se produjo solo semanas después de que el círculo de Jomeini asumiera el control efectivo del país.
Desde entonces, más de medio centenar de políticos han sido asesinados en el exilio, según una investigación realizada por Iran Human Rights, una ONG internacional dedicada a documentar las violaciones de derechos humanos en Irán, con especial atención a la represión de disidentes. Las víctimas incluyen monárquicos, nacionalistas, dirigentes kurdos, figuras democráticas o antiguos diplomáticos y simpatizantes en países tan diversos como Francia, Austria, Alemania, Estados Unidos o España.
En nuestro país, Alejo Vidal-Quadras, exdirigente del PP catalán y antiguo europarlamentario, fue víctima de un intento de asesinato que, según los autos judiciales, estaría motivado por su “oposición al régimen iraní”. Así lo recoge la instrucción del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, que acordó el procesamiento de ocho personas por delitos de pertenencia a organización criminal y tentativa de asesinato con finalidad terrorista.
"Me quisieron matar por mi colaboración con el Consejo Nacional de Resistencia de Irán (coalición de fuerzas opositoras vertebrada por el brazo político de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán)", explica a RTVE Noticias. “El régimen iraní lleva años persiguiendo y eliminando a opositores fuera de sus fronteras", añade.
Miles de personas participaron en enero en la Marcha por Irán, manifestación de la comunidad iraní en Roma Simona Granati - Corbis Simona Granati - Corbis
Crímenes, relata el europarlamentario ya jubilado, que forman parte de una política aprobada al más alto nivel y con la implicación directa del Ministerio de Inteligencia, los Guardianes de la Revolución -designada como "organización terrorista" por la UE - y su brazo exterior, la Fuerza Quds, que suele servirse de intermediarios, como la milicia chií Hizbulá, o de miembros de redes criminales internacionales.
Impulsada por el entonces Líder Supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini y bajo su autoridad directa, la campaña de asesinatos selectivos en el exterior se ha intensificado en los últimos años, especialmente tras la del comandante de la Fuerza Quds, Qasem Soleimani, en enero de 2020.
Más de la mitad de los intentos de asesinato, secuestro o ataques documentados se han producido desde entonces. A diferencia de etapas anteriores, los objetivos ya no se limitan a disidentes iraníes, sino que incluyen periodistas, activistas, ciudadanos israelíes y antiguos altos cargos estadounidenses, como los planes para asesinar al exsecretario de Estado Mike Pompeo y al exasesor de Seguridad Nacional John Bolton, concebidos como represalia directa por la muerte de Soleimani.
Sean Gallup Chip Somodevilla
Así, la violencia selectiva en el exterior funciona como prolongación de la represión interna y como instrumento de intimidación global, incluso a costa de tensar relaciones diplomáticas o socavar procesos de negociación internacional.
Ante este escenario, el régimen aún dispone, al menos en teoría, de instrumentos tácticos para ganar tiempo: reformas económicas puntuales o gestos excepcionales como indultos masivos. También podría optar por reactivar negociaciones con Estados Unidos para aliviar las sanciones, como apunta Emiliano García Coso, de la Universidad de Comillas. "Un proceso de transición podría llevarse a cabo con un presidente que, aún siendo conservador, ha mostrado signos de apertura del régimen, pero para ello habría que separar el Estado de la autoridad religiosa y acabar con los poderes que tiene el ayatolá Jamenei, que es quien controla todas las decisiones estratégicas".
Sin embargo, de momento, el sistema clerical iraní interpreta la contestación interna como una amenaza existencial, inseparable de su confrontación con Occidente, aunque ese relato ya no le valga a crecientes sectores de una población que ha dejado de creer en las promesas del régimen.
El ayatolá Ali Jamenei durante una celebración de la Revolución Islámica en Teherán 5
Aún así, los analistas consultados coinciden en señalar que el malestar económico no garantiza una voluntad compartida de cambio, especialmente cuando lo sucedido en países vecinos, sumidos en guerras civiles o nuevas dictaduras tras derrocar a sus antiguos gobiernos, actúa como advertencia.
En esa asimetría se explica la respuesta del poder: represión indiscriminada en el interior y violencia selectiva en el exterior frente a una sociedad movilizada, pero políticamente fragmentada. La pregunta es, dicen los expertos, hasta cuándo puede garantizar su supervivencia política la mermada teocracia chií de Teherán, si es que sobrevive a la actual ola de ataques impulsada por Estados Unidos e Israel.