La visión de los historiadores sobre los papeles del 23F: qué se conoce y qué queda por saber
- Los expertos coinciden en que no hay grandes novedades en los papeles, más allá de "matices"
- La desclasificación de documentos no despeja todas las incógnitas sobre la preparación del golpe
El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 ha quedado en la retina de los españoles como hito de resistencia de la democracia frente a los últimos vestigios de la dictadura franquista. Sin embargo, detrás de la imagen del teniente coronel Antonio Tejero pistola en mano se oculta una Historia, con hache mayúscula, que ha sumado un nuevo capítulo este 2026 con la desclasificación de más de un centenar de documentos del arsenal de los ministerios de Interior, Defensa y Exteriores.
Los historiadores intentan desde el miércoles escudriñar unos papeles que dan cuenta de conversaciones interceptadas, registros de inteligencia o planes fallidos. Papeles que cuentan pero también callan y que representan un paso adelante en términos de transparencia sobre un suceso que más de 45 años después aún suscita algunas dudas.
¿Qué novedades arrojan los documentos?
Jesús Antonio Martínez, historiador de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y autor del libro 'La democracia amenazada' sobre el 23F, admite a RTVE Noticias que pese a que tuvo de primeras "ciertas expectativas" sobre la desclasificación, después de que se conociesen las primeras informaciones sobre la cantidad de fondos y sus fuentes ya "no era muy optimista". Y la realidad, añade, ha venido a confirmar este pesimismo.
Cree que la documentación publicada por Moncloa apenas aporta "matices" nuevos, como los detalles sobre la implicación de agentes del CESID o de la "conspiración civil" ajena a las Fuerzas Armadas, puesto que "la mayor parte" de la información se conocía gracias a la labor de historiadores y periodistas durante estas últimas cuatro décadas.
Su compañero Gutmaro Gómez Bravo, profesor de la UCM, pone en valor también en una entrevista a TVE la información sobre la trama interna dentro de los servicios de inteligencia o los distintos informes que fueron elaborando varias instituciones sobre el Consejo de Guerra abierto a los implicado en el 23F, así como la constatación de que Tejero se sintió de alguna manera "utilizado" por otras de las piezas implicadas en esta partida, algo sobre lo que hace hincapié tanto el principal rostro del golpe como su mujer.
¿Qué queda por saber?
El profesor Lisandro Cañón, experto en Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo, llama a poner el foco no tanto en lo que hay en los documentos sino en lo que falta. "En Historia trabajamos mucho con los silencios y la interpretación de la fuente con respecto a lo que no aparece, a lo que está ausente", explica Cañón en declaraciones a RTVE Noticias.
Y en este caso, ¿qué falta por saber? La sombra de la eliminación de documentos que pudieran ser esenciales sobrevuelta todos los testimonios, en los que se entremezcla un lamento común sobre lo que aún queda por conocer sobre los orígenes del golpe. Gómez Bravo echa en falta más información del periodo transcurrido entre la muerte del dictador Francisco Franco y 1980, una laguna temporal sobre los papeles desclasificados no arroja toda la luz que debiera, en su opinión.
Falta, por tanto, poner las cosas en su contexto, tanto político como temporal. En este sentido, Jesús Antonio Martínez señala que las conversaciones del rey Juan Carlos con Jaime Milans del Bosch o las grabaciones realizadas a Tejero o a su familia, se puede constatar que gran parte de la documentación ahora conocida corresponde a las horas, días e incluso semanas posteriores a que el teniente general irrumpiese a tiros en el hemiciclo del Congreso.
"Falta todo el operativo de organización del golpe", añade, al aludir a una conspiración previa que "tenía una evidente complejidad", más allá de la caricatura. También echa en falta material audiovisual correspondiente a las horas clave y, en concreto, da por seguro que existan grabaciones de imagen y sonido adicionales sobre los contactos desde el Congreso con el exterior durante la asonada y del rey con las distintas capitanías generales, antes de que Juan Carlos pronunciase su histórico discurso a la nación ya de madrugada.
La versión oficial sale reforzada
Los distintos historiadores consultados coinciden en que los papeles desclasificados no arrojan grandes sorpresas y descartan giros de guión en los discursos públicos. "No hay nada que contraste con la versión oficial" que las diferentes instituciones han expuesto desde 1981, apunta Martínez.
En la misma línea, Cañón sugiere que los documentos pueden funcionar como aval de un sesgo cognitivo previo, es decir, que quienes veían al rey como el salvador de la democracia tienen ahora argumentos documentales para suscribir su tesis y quienes sospechaban de tramas oscuras por la falta de datos pueden agararrarse, por su parte, a los documentos que faltan.
Gutmaro Gómez Bravo asume que el rey sale bien parado en la medida en que la documentación conocida esta semana avala "el relato que se crea después de que desactiva el golpe", en la misma medida en que el "vacío" informativo previo al golpe "permite la especulación y todo tipo de bulos y teorías conspiranoicas", por lo que tanto él como el resto de historiadores apelan a la transparencia.
Que España, añaden, abra sin miedo los cajones y ficheros que siguen cerrados. Lisandro Cañón, conocedor de las políticas de desclasificación en Estados Unidos y en América Latina, confía en que, a futuro, España también apuesto por el "derecho a la verdad", consagrada por Naciones Unidas y que, a su juicio, no respeta la Ley de Secretos Oficiales de 1978. Si un Estado no avanza en este sentido, advierte, la incertidumbre persiste y siempre queda la sombra de "no saber qué pasó".