¿Por qué no es inmediata la identificación de las víctimas? El rigor científico frente al reloj de la tragedia
- El protocolo busca la "certeza absoluta" para evitar errores en la entrega de los cuerpos
- El ADN, la odontología y las huellas dactilares forman el triángulo de seguridad del proceso
- Última hora del accidente de tren en Adamuz, Córdoba
En la tragedia, el tiempo tiene dos medidas distintas. Para las familias que esperan noticias en Córdoba, cada minuto es una eternidad de angustia. Para los equipos forenses que trabajan en el Instituto de Medicina Legal, cada minuto es una herramienta de precisión necesaria para no cometer el error imperdonable de una identificación equivocada. Desde el 16 de enero de 2009 existe un Real Decreto que recoge el Protocolo nacional de actuación Médico-forense y de Policía Científica en sucesos con víctimas múltiples.
Los últimos datos ofrecidos por la Asociación Nacional de Médicos Forenses sobre el accidente en Adamuz (Córdoba) reflejan la magnitud del desafío: se han realizado 42 levantamientos de cadáveres y a todos se les ha practicado ya la autopsia. Sin embargo, por el momento, solo 25 personas han sido plenamente identificadas mediante el estudio de la huella dactilar. ¿Por qué el resto de los nombres aún no tienen rostro oficial?
El protocolo de la "máxima garantía"
La respuesta no reside en la falta de medios, sino en la complejidad de la ciencia. Como explica Antonio Alonso, exdirector del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, España trabaja bajo un protocolo estricto desde hace quince años: “Hay un procedimiento desde el año 2009. Desgraciadamente tenemos experiencia en catástrofes muy amplia: desde el 11M, el Yak 42 o el accidente de Barajas… Todo eso nos permitió desarrollar un procedimiento de actuación donde médicos forenses, Guardia Civil y el Instituto de Toxicología trabajan coordinados”.
Este engranaje multidisciplinar busca lo que los expertos llaman la "identificación positiva". No basta con un reconocimiento visual, que en accidentes de gran impacto suele ser engañoso o imposible. “Hoy en día hay una automatización muy grande, pero a veces la dificultad es mayor por el estado de los cuerpos. El ADN lo tenemos que utilizar incluso para reasociar fragmentos a un mismo cuerpo”, señala Alonso, recordando que, aunque la tecnología permite resultados en "próximas horas o días", la prioridad es siempre la seguridad jurídica y humana.
Los datos "ante mortem": el mapa para encontrar a alguien
Mientras los forenses analizan los cuerpos en Córdoba, otra batalla contra el tiempo se libra en los laboratorios de Madrid. El comandante Serrano, jefe del Departamento de Biología del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, acaba de llegar a la capital tras una noche en vela en el lugar de los hechos. Su equipo es el encargado de cruzar lo que llaman los datos post mortem (lo que dice el cadáver) con los datos ante mortem (lo que la familia aporta).
“Nos ayudan todos los datos personales: desde el DNI y fotografías hasta tatuajes”, explica el comandante Serrano. Sin embargo, los pilares son tres: “Los métodos primarios son las radiografías odontológicas hechas por su dentista habitual, la huella dactilar y el perfil genético”.
Este último punto es el más delicado. Para obtener un perfil de ADN fiable, la Guardia Civil necesita muestras de familiares directos. “Normalmente padre, madre o hijos. Hermanos también cuando no hay otra cosa”, apunta Serrano. El proceso es de una crudeza administrativa necesaria: las familias deben acudir a puntos habilitados en Sevilla, Córdoba, Málaga, Huelva o Madrid para entregar su muestra de saliva mientras asimilan la "gran fatalidad".
El factor humano bajo el uniforme
Detrás de las pipetas, los reactivos y los ordenadores de alta potencia, hay personas. El comandante Serrano es consciente de que su trabajo es la última pieza de un duelo que no puede comenzar hasta que no hay una identificación confirmada. “Es importante resaltar que debajo del uniforme de Guardia Civil hay personas. A estos malos momentos no se acostumbra nadie. Hay que hacer de tripas corazón e intentar ayudar a la sociedad en todo lo que se pueda”, confiesa con una voz que denota el cansancio del viaje y el peso de la responsabilidad.
Ese tacto es fundamental cuando se solicita una muestra de ADN. El protocolo establece que los equipos van de la mano de psicólogos forenses, que son quienes mejor pueden tratar ese malestar. “Nadie llega a buscar a alguien y le dice: 'por si acaso, deme su muestra genética'. Hay que tener mucha delicadeza”, añade el comandante.
La labor en el laboratorio
Una vez recogidas las muestras en las oficinas de atención a las víctimas, el trabajo se traslada a la sede central de Criminalística. El laboratorio de genética se activa en cuanto llegan las maletas con las muestras. “Estaremos toda la noche trabajando para ver si a media mañana empezamos a tener los primeros resultados de las identificaciones que no se hayan podido realizar por huella dactilar”, explica Serrano.
La huella dactilar es el método más rápido, como demuestran los 10 identificados en Adamuz, pero cuando el fuego o el impacto impiden su uso, el ADN es el único camino. Es un proceso que requiere extraer el código genético, amplificarlo y compararlo con el de los familiares. Un error en esta fase sería devastador para la cadena de custodia y, sobre todo, para la paz de una familia.
Como concluye Antonio Alonso, los profesionales que intervienen en estas tragedias no son solo técnicos: “Saben lo que están tratando. Es una tragedia en la que las víctimas son los familiares y allegados. Van a hacer todo lo posible por llegar a esas identificaciones con las máximas garantías”.
““
En la tragedia de Adamuz la ciencia forense española demuestra que, aunque el proceso lleve su tiempo, el objetivo final es devolver la identidad a quien la perdió y la paz, dentro de lo posible, a quienes se quedan.