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Los "ángeles de la guarda" de Adamuz buscan al niño que socorrieron: "Nos acordamos mucho de ti, Guillermo"

  • El pequeño, de ocho años, llegó solo, "con una herida en la cabeza, empapado y nervioso" al hospital de campaña
  • Gracias a estos vecinos su padre pudo localizarle rápidamente. Ahora quieren encontrarles para saber cómo están
  • Última hora del accidente de tren en Adamuz, Córdoba
Los "ángeles de la guarda" de Adamuz buscan al niño que socorrieron

Ángel no sabe prácticamente nada de Guillermo. Solo su nombre y su edad: ocho años. Pero su imagen, llegando solo y herido en brazos de su hijo al improvisado hospital de campaña de Adamuz, no se le olvidará. "Me acuerdo mucho de ti, Guillermo. Y su padre, si oye esto, que sepa que nos acordamos de él", lanza, con emoción y algo de timidez, sin atreverse a mirar directamente a cámara.

Este reportaje existe, en gran parte, para que se encuentren. Ángel es el propietario de un bar de esta localidad cordobesa marcada para siempre por la tragedia ferroviaria del pasado domingo, cuando murieron 42 personas tras el descarrilamiento de dos trenes. Junto a su mujer y su hijo, que también se llama Ángel, acudió a primera hora a la caseta municipal, reconvertida en hospital de campaña para atender a los heridos leves y a los pasajeros afectados.

Él estuvo en el triaje, donde se decidía qué heridos se quedaban allí —los más leves—, y cuáles estaban graves y tenían que ser trasladados a Córdoba y otras ciudades. Allí fue donde vio llegar, ya pasada la medianoche, a su hijo Ángel con un niño en brazos.

"Venía con una herida en la cabeza, empapado y nervioso"

El chico estaba solo. Lo había evacuado del tren una pareja de policías locales. "Pero el que lo traía no podía más con el niño y pidió ayuda", cuenta el joven. "El chiquillo tenía una herida en la cabeza, venía empapado y nervioso". Lo trasladó hasta la camilla, y le habló para tranquilizarle y que se evadiera. Allí fue cuando le dijo su nombre y su edad. "Pero en esos momentos no se te ocurre preguntarle nada", dice, algo de lo que se arrepiente, porque a él también le gustaría saber cómo están ahora.

El padre llegó pasado un rato, y fue gracias a esta familia del pueblo que supo que el pequeño estaba allí. Cuando vio al niño, "se desmoronó". "Lo normal, como un padre", apunta el dueño del bar Antojos. Pero rápidamente se dio cuenta de que era él el que tenía que animarle. Le decía "Guillermo, qué máquina eres, qué duro eres, qué campeón", cuenta Toñi, la mujer del hostelero, quien también estuvo presente en aquel momento. "Era lo más tierno que había en el mundo".

"Es una historia de las que te tocan", asegura el hostelero. Guillermo viajaba en el tren con su madre y con su hermana, pero el brutal accidente separó a la familia. Una fue ingresada en un hospital y otra en otro, pero no saben ni en cuáles ni cómo ha evolucionado su situación. Del pequeño, sí que tienen confirmado que finalmente sus heridas eran leves.

"Al padre de Guillermo: enhorabuena, su hijo está bien. Espero que su mujer y su hija también", le traslada Ángel. Les gustaría contactar con ellos para saber si la familia se pudo reunir al completo. Se aferran a una de las pocas buenas noticias que pueden darse en un desastre como este.

"Decidí que mi sitio estaba en el pueblo"

Ángel hijo se siente "contento" por haber aportado, al menos, algo de esperanza en medio de la tragedia. Él se encontraba en el estadio de Córdoba, viendo un partido de su equipo, y fue en el descanso cuando vio la magnitud del desastre. "Decidí que mi sitio estaba en el pueblo", dice, así que vino directo a la caseta a ayudar a los heridos.

Allí había "historias bonitas", de encuentros familiares como la de Guillermo, y otras "duras, muy duras", como la de un Guardia Civil informando a una madre de que su hija no estaba entre los heridos. "Nosotros no estábamos preparados para una tragedia como esta. Es la primera, y Dios quiera que sea la última", asegura Ángel padre, pero sí que aprovecha para agradecer "a quien haya organizado" el operativo de emergencia, que se activó en tiempo récord.

También el trabajo de profesionales como los policías que rescataron al niño del tren. "Son profesionales, pero muchos van a quedar tocados con lo que han visto", vaticina. Gracias a ellos, Guillermo pudo reunirse con su padre.

El deseo de Ángel ahora es que la familia vuelva, en algún momento, a Adamuz. Saben que no será fácil, que regresar a este pueblo para siempre asociado a la tragedia puede ser traumático. Pero insiste, apelando al padre de Guillermo, a través de este reportaje, para que se ponga en contacto con ellos: "Nos acordamos mucho".