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Violencia sexual en política: las expertas inciden en la necesidad de "poner el foco en el agresor"

Congreso de los Diputados, con la fachada iluminada en color morado, a 25 de noviembre de 2023
Congreso de los Diputados, con la fachada iluminada en color morado Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

El nombre de Nevenka Fernández será siempre un referente en la lucha contra la violencia sexual en política. Fue la primera concejala en denunciar por acoso sexual y psicológico al alcalde de una ciudad (Ismael Álvarez, exedil de Ponferrada) y conseguir una sentencia condenatoria.

Desde entonces ha pasado un cuarto de siglo y todavía continúa el cambio social que ella inició. Pero, tristemente, los casos de acoso o agresiones sexuales se siguen produciendo con demasiada frecuencia en todos los ámbitos, también en la política. En RTVE Noticias damos voz a las mujeres que investigan este fenómeno.

¿Cómo hemos cambiado en estos 25 años?

"Muchísimo", responde a RTVE la socióloga y politóloga Cristina Monge: "Ha habido una sentencia de La Manada, varios 8M que han llenado las calles de chicos y chicas, sobre todo muchos jóvenes. Ha habido un enorme cambio social, legislación y mayor sensibilidad por parte de muchísimos agentes". También la investigadora Isabel Mastrodomenico habla a RTVE Noticias del "rechazo social" a los casos de violencia. Pese a todo, continúa Monge, "está claro que no está todo hecho, porque el caso que hemos conocido en Móstoles es una Nevenka del siglo XXI".

En ese municipio madrileño, una exconcejala popular, que había presentado una denuncia interna contra el alcalde, Manuel Bautista, fue presionada por su propio partido, el PP, para no hacer públicas sus acusaciones. La concejala acabó presentando una querella criminal contra el primer edil por presunto acoso sexual y laboral, entre otros delitos. También denunció al PP por la omisión y el fracaso de los mecanismos internos de protección de la víctima. Mastrodomenico define este caso como "sangrante", porque, según explica, "todo ese proceso de revictimización empieza a partir de que ellos mismos filtran la información en los medios que les son afines".

La Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual (conocida como ley del "solo sí es sí"), incluye en su artículo 17 la obligación de que los partidos políticos cuenten con un protocolo "para prevenir, detectar y combatir la violencia machista" y realizar "acciones para sensibilizar a sus miembros". También establece la evaluación periódica de su funcionamiento y aplicación.

Todos los partidos tienen un protocolo que, en mayor o menor medida, proporciona a su personal y afiliados formación, canales de denuncia y ayuda a las víctimas de acoso sexual. Y, sobre el papel, dice Monge, "están más o menos bien diseñados".

Existen protocolos, pero no se aplican

El problema llega, explican las expertas, porque esos mecanismos no se aplican. Mastrodomenico se pregunta "hasta dónde hay un compromiso serio por cumplirlos" y "un acompañamiento real" de las víctimas. "Existen protocolos, pero no se están cumpliendo", insiste la investigadora.

Monge está de acuerdo: si los protocolos están "de adorno, no hay mucho que hacer". Hay que garantizar no solo su existencia, sino también "mecanismos que garanticen que se cumplen", dice.

Silvia Soriano, profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Alicante y autora del estudio 'Violencia y acoso contra las mujeres en el ámbito político como límite a los derechos de participación', aporta un punto de vista diferente en una entrevista con RTVE Noticias. Según Soriano, los protocolos de los partidos "están pensados para las trabajadoras", pero "no hay protocolos enfocados para las políticas". Por eso, afirma, "es muy difícil erradicar algo sobre lo que no se ha puesto la mirada".

De su investigación, la primera de este tipo que se ha desarrollado en nuestro país, se desprende que el problema es mucho mayor de lo que vemos en los medios. Soriano estudió el fenómeno desde el punto de vista municipal, donde "todo esto se magnifica y no tiene tanta luz". Su conclusión es que la violencia sexual en las localidades más pequeñas "no se visibiliza y al final se acaban las carreras políticas: las mujeres terminan dejando su carrera política en el ámbito municipal porque no pueden más", afirma.

Esto ocurre lejos de los focos, lo cual impide tener datos exactos, porque cuando las víctimas ven lo que ocurre "en casos que se hacen mediáticos" deciden "no denunciar, porque saben que les va a costar no solo la vida profesional sino la vida en general", señala también Mastrodomenico. Simplemente "se van del partido o dejan el cargo público" y se da una explicación como que "ha primado su vida familiar o ha buscado otros horizontes profesionales". Algo que sucede, según la investigadora, porque "las víctimas no están siendo la prioridad".

Una violencia transversal a todos los partidos e ideologías

Algunos partidos defienden el buen funcionamiento de sus protocolos internos. Es el caso del PSOE, cuyos cimientos se han tambaleado en los últimos meses a causa del caso de Francisco Salazar. A raíz de las denuncias contra el exasesor de Moncloa se desató un movimiento Me Too en el Partido Socialista y llegaron denuncias contra el presidente de la Diputación de Lugo, el socialista José Tomé, que dimitió en diciembre como presidente de la Diputación pero no renunció a la alcaldía de Monforte de Lemos. Ahora la Fiscalía se ha querellado contra él por ese presunto caso de abuso sexual.

Otro ejemplo es el del alcalde de Almussafes, Toni González, también del PSOE. Al igual que Tomé, fue denunciado a través de los canales internos del partido. Los socialistas defienden ese mecanismo e insisten en que, si hay tantas denuncias, es porque las mujeres del partido se sienten seguras para presentarlas. Por eso piden a otras formaciones políticas que pongan en marcha procedimientos similares.

Igual que en la sociedad, la empresa, la cultura, la violencia sexual es "transversal en todos los partidos", explica Monge. Y afecta a formaciones de muy distinto signo, desde Sumar, donde el exdiputado Íñigo Errejón ha sido acusado por dos presuntos delitos de agresión sexual contra dos mujeres, hasta Vox, donde el ex portavoz de la formación el ayuntamiento de Huércal (Almería) fue condenado por agredir sexualmente a una menor.

Las relaciones de poder, en la base del acoso

Al preguntarnos por las causas de este fenómeno, Monge alude a un mal "muy extendido" en la sociedad: la "cultura de la violación". "En definitiva, es la percepción que tienen muchos hombres —no todos, por supuesto— de que pueden ejercer relaciones de poder sobre las mujeres y someterlas tanto física como psicológicamente, puesto que, en cierta medida, se sienten más poderosos que ellas".

En el ámbito político, añade la experta, "las relaciones son más jerárquicas y eso probablemente hace que sea todavía un poquito más fuerte", aunque insiste en que este fenómeno también aparece en otros entornos como el empresarial. También en distintas instituciones y en las fuerzas armadas, como se ha podido comprobar tras la denuncia de una agente de policía contra el exdirector adjunto de Operaciones, José Ángel González. Días después de conocerse el caso, una segunda mujer denunció al exDAO.

Con todo, Monge señala la existencia de "una doble vara de medir": mientras se mantiene la "corrección" en intervenciones públicas o eventos, "los comportamientos reproducen roles y sesgos machistas cuando se cierra la puerta de la sala de reuniones".

Mastrodomenico, que investiga este fenómeno en su tesis doctoral, señala además el "discurso negacionista de la violencia de género" como otro factor que, según afirma, "alimenta este tipo de situaciones" y "ha fortalecido los posicionamientos de la derecha y de la extrema derecha en España". A su juicio, ese discurso ha contribuido a que "la extrema derecha entre en los parlamentos". Según explica a RTVE Noticias, aunque "había un discurso tradicional de derechas", cuando se introduce el discurso contra la Ley de Violencia de Género se consiguen "los votos que les llevan a los escaños".

El cambio necesario: visibilizar y señalar

Las expertas coinciden en que el primer paso para erradicar estos comportamientos es poner el foco en ellos. "Visibilizar este tipo de violencia es importante". También que las mujeres "ocupen los espacios" para encontrar posibles soluciones, señala Soriano.

Además "cualquier tipo de comportamiento machista debería ser señalado también por los hombres", continúa la profesora de la universidad de Alicante. En el mismo sentido, Monge reclama una "conversación pública en los medios" y que cada agresión machista sea una "conmoción social": "tiene que haber una respuesta clarísima por parte del conjunto de actores políticos", dice.

El feminismo lleva años pidiendo que ante cualquier tipo de violencia de género se ponga el foco en el agresor, no en la víctima. Según la investigadora de la universidad de Alicante, esto se sigue haciendo de forma incorrecta: ante casos mediáticos "se acaba poniendo el foco en la persona que ha hablado, no se termina de poner el foco en las personas agresoras". Más aún, el caso "se utiliza políticamente para tirarle los trastos en la cabeza al otro, pero nadie se sienta en una mesa y se pone a tomar medidas", critica Soriano.

Mastrodomenico reclama algo tan sencillo como que se cumpla la Ley. Señala que España es el único país de la Unión Europea que tiene una ley integral contra la violencia de género "con todos los apartados necesarios" para erradicarla. Y vuelve la mirada hacia los protocolos de los partidos, regulados por la legislación española: si no se cumplen los protocolos, significa "que hay un incumplimiento por parte de los partidos de la ley".