Irán, ¿jaque mate?: las alianzas en Oriente Próximo bajo la sombra de Trump
- Las monarquías del Golfo no quieren una intervención militar e intentan frenar a Trump
- La debilidad del 'Eje de la Resistencia' y la caída de Al Asad en siria aíslan a los ayatolás
Las alianzas en Oriente Próximo siempre han sido un reflejo de las relaciones internacionales. Son cambiantes, dinámicas y, en general, responden a intrincados intereses de las potencias, grandes y pequeñas, y los mercados globales, aunque también entran en juego los factores religiosos. Su posición geoestratégica lo ha convertido en el tablero de ajedrez donde, aparentemente, el difícil equilibrio entre suníes y chiíes representados por Arabia Saudí e Irán, respectivamente, traspasa sus fronteras nacionales y escala por todo el globo. Una partida eterna marcada, no solo por las inconmensurables reservas de petróleo y el gas, sino que por el imperativo comercial de las rutas que pasan por el canal de Suez o el Estrecho de Ormuz.
Durante décadas, la partida parece haber estado en tablas, pero en estos momentos, la República Islámica de Irán se encuentra a punto de perder su Dama, y quién sabe, tal vez en esta ocasión, si nos encontremos ante un jaque mate que pondría fin al frágil equilibrio en la región. Desde el 28 de diciembre, Irán se ha enfrentado a una oleada de protestas sin precedentes desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979 y que se han extendido en más de 100 ciudades.
Los manifestantes que pedían mejoras económicas han sido brutalmente reprimidos por el régimen, al menos 3.428 personas han sido asesinadas, según la última actualización de la ONG Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, aunque la organización HRANA con base en Estados Unidos baja la cifra de fallecidos a más de 2.600. Además, las autoridades iraníes anunciaron este viernes que al menos 3.000 personas, a las que tildan de "terroristas", fueron detenidas en las movilizaciones de las últimas semanas. Sin embargo, la organización HRANA eleva la cifra a 19.000 personas.
Estas protestas han tenido un gran impacto fuera de las fronteras del país de los ayatolás con la amenaza de Donald Trump de atacar a Teherán, si la violencia no cesa. Los ánimos parece que se han calmado, aunque el inquilino de la Casa Blanca no descarta una acción militar. En el último año, se ha puesto de manifiesto la debilidad de una pieza clave y una de las grandes potencias de la región. Parece que las fichas se mueven, pero la República Islámica aún no termina de claudicar. El Ejército, la Guardia Revolucionaria, los estamentos judiciales están muy cohesionados con los clérigos que gobiernan el país, bajo el mando del líder supremo, Alí Jamenei.
Las actuales protestas superan en todos los sentidos a las provocadas por la muerte de Mahsa Amini en 2022, una joven de origen kurdo que fue detenida "por no llevar bien el hiyab". Sin embargo, las actuales manifestaciones se producen en un contexto internacional muy diferente. "Desde el comienzo de la guerra de Gaza se ha debilitado la imagen exterior de Irán, también el liderazgo del régimen y su capacidad militar", explica Rosa Meneses, subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC).
En junio, la guerra de los 12 días entre Teherán y Tel Aviv, desgastó a la cúpula militar iraní, “ahora, esa imagen de fragilidad, es interna y externa, pero hay que decir que la maquinaria represiva y brutal del régimen sigue intacta, en estas protestas han podido desplegar su capacidad de represión como en las anteriores ocasiones”, matiza. Meneses señala que el aparato ha mostrado una gran capacidad de resiliencia a las protestas internas.
La viabilidad de que caiga el régimen de los ayatolás ha sido una de las grandes incógnitas en los últimos días, pero las voces expertas consultadas por RTVE Noticias lo relacionan directamente con una intervención de Donald Trump. "La única opción, desde el punto de vista de Estados Unidos, sería con una intervención exterior y creo que tampoco daría lugar a la caída del régimen. Quizás con un golpe mucho más fuerte que supondría la destrucción completa de las instalaciones nucleares", asegura Ignacio Gutiérrez de Terán, autor del libro Hezbolá: El laberinto de Oriente Medio y profesor del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid.
"Trump tendría que emplear cuatro o cinco veces más de poder militar, de contundencia, y probablemente eso llevaría al uso de armas no convencionales, con lo cual tendríamos un peligro de escalada. Teherán ahora mismo podría asumir un ataque a gran escala, pero que se quedase ahí", añade.
En las últimas horas, Washington ha asegurado que las autoridades iraníes han suspendido unas 800 ejecuciones después de que el presidente estadounidense advirtiera sobre "graves consecuencias" si proseguían con la matanza de participantes en las protestas. Trump es consciente del grado de sensibilidad de la zona por la seguridad energética y las rutas comerciales.
Las monarquías del Golfo frenan a Trump
Las fichas nobles de esta partida de ajedrez, las representan las monarquías del Golfo: Catar, Omán o Emiratos Árabes Unidos, que están desplegando toda su diplomacia para que Trump no cumpla con su amenaza. Encabezadas por Arabía Saudí están al albur de Estados Unidos. Han mostrado una sintonía con sus intereses en la región y se adhirieron a los acuerdos de Abraham en 2020. Sin embargo, parece que estas fichas tienen vida propia y ya no disimulan su desacuerdo con la política exterior de Washington.
Riad, enemigo y rival histórico de Teherán, está en contra de una intervención estadounidense. "Los saudíes están diciendo a los Estados Unidos no queremos una invasión que lleve a un derrocamiento del régimen iraní", asegura Barah Mikaïl, director del programa de ciencias políticas y relaciones internacionales en la Universidad Saint Louis (EE.UU.). Un ataque estadounidense desestabilizaría a toda la región. Irán juega la baza de que está rodeado de aliados de Estados Unidos. Si el magnate estadounidense decidiese derrocar al Líder Supremo iraní, necesitaría del apoyo de estos países y "no se puede lograr sin una invasión terrestre y todos le están diciendo que no cuente con ellos", apunta el profesor de UAM. Las sombras de la invasión de Kuwait o guerra de Iraq aún perviven en la memoria regional.
El pasado 30 de diciembre, Arabia Saudita acusó a Emiratos Árabes Unidos, de realizar acciones "altamente peligrosas" en Yemen que amenazaban su seguridad nacional. Además, hay mucho recelo con su influencia en Sudán, Libia o Somalia. Gutiérrez de Terán asegura que el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, está más preocupado por la alianza soterrada que está tejiendo Abu Dabi con Tel Aviv. "Arabia Saudí también siente que en su conflicto con Emiratos Árabes Unidos, Israel se está decantando del lado de EAU y, por lo tanto, es algo que le preocupa", agrega el analista.
Mientras, el Reino saudí estrecha alianzas con Pakistán, la India e incluso China. Son potencias que priorizan la estabilidad económica. El país más extenso de la península ábiga persigue cumplir con la Agenda 2040, un plan estratégico para diversificar su economía más allá del petróleo, fomentar la innovación, el turismo y la tecnología. Para cumplirlo necesita estabilidad. "Un Irán debilitado, que no tiene una gran disposición a crear conflictos, que deja de ser influyente en Siria y en Baréin, que ya no tiene capacidad para dirigir a Hizbulá, todo esto a Arabia Saudí ya le vale", explica Gutiérrez de Terán.
Por su parte, Doha, desde hace más de diez años, se ha acercado a la República Islámica. “Qatar tiene intereses en común con Irán a nivel del gas que estaban ya explorando y desarrollando juntos”, argumenta Mikail. Además, estas monarquías temen a un Israel cada vez más fuerte. "No quieren guerra y no quieren la influencia israelí y este es el gran problema. Si los árabes siguen con los acuerdos de Abraham, lo hacen bajo el liderazgo de Arabia Saudí", explica George Irani, profesor libanés de Relaciones Internacionales de la Universidad Alfonso X El Sabio.
Sin Siria y el descabezado 'Eje de la Resistencia'
Los ayatolás forman parte del denominado 'Eje de la Resistencia' junto a Hamás, Hizbulá, los hutíes de Yemen y las milicias chiíes en Irak. Una alianza que se encuentra cada vez más incapacitada frente a Israel. "A estas milicias las utilizaba (Irán) para enfrentarse de forma indirecta a Israel y a otros poderes regionales, pero también servían para mostrar su fortaleza de cara al exterior", explica la subdirectora de CEARC. Especialmente la caída de Bashar al Asad en Siria, en diciembre de 2024, el descabezamiento de Hizbulá tras la guerra con Israel en el otoño de ese mismo año, y Hamás -muy debilitado tras la guerra en Gaza- han sido grandes golpes para el país persa. Los hutíes, coinciden los analistas, son un caso periférico.
"Todas estas alianzas permitieron a Irán reafirmarse en lo regional", coincide el analista de la universidad Saint Louis. Además, la invasión de Afganistán en 2001, tras los atentados del 11-S, y el derrocamiento de Sadam Huseín en Irak en 2003, ayudaron a Teherán a quitarse de encima dos enemigos que lo cercaban. "Desde entonces Jamení ha ido desarrollando su propia estrategia", añade.
La mayor muestra de la debilidad del ‘Eje de la Resistencia’ ha sido la aniquilación de la cúpula militar y política de Hamás, hay un consenso de los expertos, en que antes o después tendrá que abandonar el poder en Gaza -se acaba de conformar un gobierno tecnócrata sin presencia de los islamistas-. Pero también ha sido difícil para los ayatolás digerir el desplome de Hizbulá. "Jamenei ha intentado fortalecer la presencia chií en Oriente Medio. En Líbano tenemos una comunidad muy importante chií y eran ciudadanos de segunda en los años 50 y 60. Para esta comunidad fue clave la fundación de la organización Amal y posteriormente de Hizbulá con el empuje de Irán", dice el analista libanés George Irani.
De hecho, la sociedad iraní reclama a sus gobernantes que dejen de inyectar miles de millones de dólares y armas para ayudar a estas milicias. Ha sido en Líbano donde se ha reflejado la confrontación entre Arabia Saudí e Irán, bajo la presión de Estados Unidos, según Irani. Señala que en su país conviven dos ejércitos, el de Hizbulá y el oficial. "La administración libanesa, bajo la presión de Estados Unidos, está intentando desarmar a Hizbulá, estamos hablando del Ejército de los chiíes libaneses y si le presiona puede haber una guerra civil en el país", explica.
Esta pérdida de influencia, advierte el profesor del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la UAM, podría ser una ventaja en caso de que el régimen sobreviva. "Puede reorganizarse dentro y redistribuir los fondos ingentes que dedicaba a estas organizaciones e intentar arreglar la economía nacional, que es el motivo de queja principal de la población iraní. Porque muchos se hacen la pregunta de qué le ha servido a Irán tener esa presencia militar tan costosa sobre todo en términos económicos y humanos, ya que han perdido a cientos de militares y asesores", plantea.
Otros países claves para Irán son Argelia y Túnez en el norte de África. Egipto también ha jugado un papel de mediador en la resolución del conflicto en Gaza, aunque mantiene buenas relaciones con Washington y Tel Aviv. Pero hay un actor importante en este tablero: Turquía. Ankara tiene una agenda propia, aun siendo uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región. Su única preocupación es la de mantener cierto orden en la región kurda dentro de sus fronteras, pero también en Iraky Siria.
Turquía juega a que "somos aliados de Occidente, pero tenemos nuestra propia política, incluso nuestra propia retórica". El presidente Recep Tayyip Erdoğan ha mantenido un discurso muy agresivo contra Israel por su ofensiva en Gaza, pero "sobre el terreno no ha hecho absolutamente nada. Ha restringido mucho los intercambios económicos y comerciales, pero no ha llevado a cabo una política de oposición y enfrentamiento con Israel, todo lo contrario, no ha roto relaciones con Benjamín Netanyahu", matiza Gutiérrez de Terán.
El pasado 25 de septiembre, Trump recibió a Erdoğan en la Casa Blanca trataron el regreso de Turquía al programa del F-35 y la venta de más cazas F-16. "Lo que quiere Estados Unidos es poder contar con los turcos si los necesitan a nivel diplomático, pero también a nivel estratégico, ya que los turcos son también parte de la OTAN", asegura Barah Mikaïl.
Israel y otras alianzas externas
Israel sin duda es uno de los actores más obsesionados con Irán. Se midieron el pulso el pasado junio en la bautizada ‘Guerra de los 12 días’. Un conflicto que se cobró la vida de 1190 iraníes frente a 28 israelíes, casi todos ellos civiles. "Aunque el número de bajas israelíes no fue muy elevado, recibieron un gran castigo, pese a controlar el cielo con su cúpula de hierro", alega Gutiérrez de Terán. "También porque demostraron en aquel momento que si no llega a ser por Estados Unidos, las consecuencias habrían sido mucho peores para el Ejército y la sociedad israelí", añade.
Netanyahu es el principal interesado en ver caer al régimen de los ayatolás. "Pero al mismo tiempo acepta el hecho de que igual no va a ser ahora. Tiene muy en cuenta la postura de los países del Golfo, tiene interés en mantener un canal controlado y bastante apaciguado”, argumenta el experto de la universidad Saint Louis sobre la postura israelí. Es cierto que no hay declaraciones grandilocuentes y que, en esta ocasión, el primer ministro israelí mantiene un perfil más discreto, menos agresivo contra Irán. Los analistas no dudan de que es el principal instigador de Trump y a quién más beneficiaría sustituir a Jamenei por el heredero del sha de Persia, Reza Pahlavi, visitante habitual del Israel, donde es recibido con agrado. El opositor que desde su exilio en Washington anima a los iraníes para que sigan "ejerciendo presión" sobre el régimen.
En todo esto, hay otras potencias que son piezas claves: Rusia y China. Moscú está centrada en Ucrania y ya ha aceptado la pérdida de Siria, tras la caída de la dinastía de los Asad, sus socios. Además no tomaron acciones en la guerra de junio. China, sí que ha denunciado la amenaza de ataque contra Irán y todo indica que se ha implicado en la composición de un sistema defensivo antiaéreo iraní. El gigante asiático, coinciden los analistas, es el gran perdedor si cae el régimen iraní. Pekín es la única salida que tiene Teherán en caso de que sobreviva Jamenei. "Si sale ileso, que lo dudo porque va a salir de esta con muchas heridas, va a necesitar mucha liquidez y préstamos. Solo China podrá salvarle para esquivar las sanciones y el estrangulamiento económico, financiero y bancario”, explica el profesor de UAM.
Xi Jinping y Alí Jamenei tienen una estrecha relación comercial. Sin embargo ninguna de estas potecias estaría dispuesta a hacer de Irán una pieza de confrontación clara con Estados Unidos”, concluye. Rusia quiere Ucrania, pero no hay que olvidar que China aspira a conquistar Taiwán.
La situación actual apunta a que Irán, de una forma u otra, va perdiendo la partida. Si el régimen iraní no cae tendrán que mirar hacia dentro, tardarán en volver a Siria, Irak o Líbano. Sus vecinos, ante el caos que podría causar una escalada bélica, prefieren una República Islámica debilitada. Además, Trump duda sobre la capacidad de la oposición y cree que Pahleví no cuenta con mucha popularidad dentro del país. Mientras tanto, los 92 millones de habitantes del país persa viven sumidos en la incertidumbre.