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Análisis | América Latina

El auge de la izquierda en América Latina: un giro marcado por la pandemia y la alternancia política

  • Desde 2018 las tornas han cambiado y la izquierda está ante la posibilidad de ser más hegemónica que nunca 
  • En Honduras la victoria de Xiomara Castro pone fin 12 años seguidos gobiernos conservadores

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La izquierda avanza en América Latina por la alternancia política y el descontento por la pandemia

Las recientes victorias de Gabriel Boric en Chile y de Xiomara Castro en Honduras, que toma posesión del cargo este jueves, se suman a las de Pedro Castillo en Perú o Luis Arce en Bolivia. A excepción de Ecuador, donde ganó Guillermo Lasso, todas las elecciones presidenciales del último año y medio se cuentan por triunfos de la izquierda.

La racha podría continuar en 2022 si Gustavo Petro, el favorito en todas las encuestas, se impone en las elecciones de mayo en Colombia y Lula Da Silva, que también encabeza los sondeos, hace lo propio en las de Brasil en octubre. Contando con el México de López Obrador y la Argentina de Alberto Ferández, las seis principales economías de América Latina podrían quedar en manos progresistas.

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El panorama era bien distinto en julio de 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador llevó a la izquierda por primera vez al poder en México. El país norteamericano parecía entonces ir contracorriente. El año anterior, la derecha había recuperado Chile con Sebatián Piñera, Lenin Moreno había roto con el correísmo en Ecuador, Colombia y Perú se mantenían como bastiones conservadores y Brasil estaba a punto de entrar, de la mano de Jair Bolsonaro, directamente al polo más extremo de ese espectro político.

Solo la victoria de Alberto Fernández en Argentina, en octubre de 2019, daba algo de aire a una izquierda exhausta, que por esas fechas sumaba dos nuevas derrotas en Bolivia y Uruguay.

Ciclos políticos más cortos

En dos años, sin embargo, han vuelto a invertirse las tornas y la izquierda está ante la posibilidad de ser más hegemónica que nunca en América Latina. Un volantazo que los analistas explican por el contexto pandémico y las circunstancias internas de cada uno de los países. "Son alternancias políticas esperables, producto del descontento de la gente con la situación" asegura el politológo y economista boliviano, Mario Torrico. "Si el gobierno en turno es de izquierda, la gente va a votar a la derecha, si es un gobierno de izquierda, vota a la derecha".

Despues de analizar en un reciente libro el anterior giro a la derecha, este investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), constata que los ciclos políticos son cada vez más cortos y anticipa que en el futuro serán cada vez menos marcados, tendiendo a un mayor equilibrio entre gobiernos de derecha y de izquierda, cuya alternacia en el poder vendrá definida, sobre todo, por factores domésticos.

Son alternancias políticas esperables, producto del descontento de la gente con la situación

En Honduras, por ejemplo, la victoria de Xiomara Castro pone fin 12 años seguidos gobiernos conservadores del gobierno Partido Nacional, que arrancaron en 2009 con el golpe de estado que sacó del poder a su marido, Manuel Zelaya, se sostuvieron gracias a elecciones muy cuestionadas y acabaron envueltos en todo tipo de escándalos de corrupción y narcotráfico.

En Chile, sin embargo, la llegada de Gabriel Boric al poder al frente de un partido nuevo, después de 4 años del derechista Sebastían Piñera, además de romper con el bipartidismo, es la expresión de una crisis institucional más profunda, que ya había desembocado en un proceso constituyente. En el caso chileno, además, el gérmen de todo, el estallido social de 2019, fue previo a la pandemia, otro factor que ha acelerado el desgaste de algunos gobiernos.

Tras la pandemia, más Estado

La crisis sanitaria ha dejado en América Latina imágenes dramáticas de hospitales desbordados, cadáveres abandonados en la calles y filas interminables para conseguir oxígeno. Las costuras de los estados han quedado expuestas. Su debilidad manifiesta habría precipitado también la exigencia de otras políticas públicas.

"En general, yo sí creo que hay una visión muy crítica del proyecto, vamos a decir, neoliberal de achicamiento del estado, de limitación de derechos sociales", señala el historiador y ensayista cubano, Rafael Rojas, que apunta, sin embargo, a la paradoja de que durante la pandemia gobiernos de "izquierdas" como el mexicano o el nicaragüense apenas han dado ayudas directas a la población, mientras que el brasileño o el chileno lo han hecho abundantemente.

La crisis de la COVID ha dejado muy tocadas las arcas públicas de los países y el margen de maniobra presupuestario con el que cuenten los nuevos gobiernos para impulsar políticas alternativas puede ser muy escaso. Su supervivencia se antoja más precaria que la de la "marea rosa" de la primera década del siglo XXI.

Durante aquel ciclo izquierdista, el que protagonizaron Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Lula de Silva o los Kirchner, el precio de las materias primas, que exportan la mayoría de los países latinoamericanos, estaba por las nubes. "Y eso -recuerda Mario Torrico- les permitió aumentar el gasto social y reducir la pobreza en números importantes. Pero sin ese motor externo no hay forma de mantener esas políticas".

Una izquierda más moderada y diversa

La nueva ola progresista es también más moderada y diversa. Nunca existió una única izquierda latinomericana, pero la de ahora es más difícil que cierre filas en torno a un bloque como el bolivariano.

"Los triunfos de Castillo en Perú, de Xiomara en Honduras y de Boric en Chile hablan de la heterogeneidad del campo", explica el historiador Rojas. "En el caso de Castillo, lo situaría dentro de una izquierda popular, moderada, como la de México y Argentina. En el caso de Xiomara, sí viene de un linaje más bolivariano y podría darse un proceso de acercamiento a ese bloque. Y en el caso de Boric, pertenece claramente a esta nueva izquierda democrática".

Los triunfos de Castillo en Perú, de Xiomara en Honduras y de Boric en Chile hablan de la heterogeneidad

La de Boric, encarnada en el gabinete mayoritariamente femenino presentado la semana pasada, incorpora todas las agendas de la izquierda global como el feminismo, el ecologismo, los derechos reproductivos y los de los colectivos LGBTI. La de Xiomara, en cambio, se inscribe en un país profundamente conservador y machista, con la tasa de feminicidios más alta de la región y el aborto totalmente prohibido. En campaña llegó a lanzar la propuesta de despenalizarlo en las tres causales básicas, como en caso de violación, pero dejó de insistir en ello ante la polémica generada.

Entre EE.UU. y el bloque bolivariano

En México, tampoco son temas prioritarios para López Obrador. El mandatario mexicano ha afirmado que el neoliberalismo se dedicó a "alentar el feminismo, el ecologismo, la defensa de los derechos humanos o la protección de los animales para que no reparáramos en que estaban saqueando al mundo".

En otros asuntos, el gobierno de López Obrador sí es un referente de esta nueva hornada izquierdista, que apuesta por el fortalecimiento del estado, pero no nacionaliza, ni quiere enfrentarse con los empresarios o con Estados Unidos.

El mandatario mexicano logró contra todo pronóstico mantener una buena relación con Donald Trump y ha seguido la misma tónica con Joe Biden, a pesar de sus gestos hacia el bloque bolivariano, como ofrecer asilo al boliviano Evo Morales o tener de invitado de honor al cubano Miguel Díaz Canel para el desfile del bicentenario de México.

El venezonalo Nicolás Maduro es otro que parece sentirse cómodo en suelo mexicano. Después de más de un año sin salir de su país, voló en septiembre del año pasado a la capital mexicana para participar en la cumbre de la CELAC.

La postura mexicana hacia Nicaragua también ha sido más tibia que la de otros países, absteniéndose en todas las resoluciones de condena del régimen de Daniel Ortega en la OEA, incluida la que consideraba ilegítimas las elecciones de noviembre de 2021, celebradas con toda la oposición ilegalizada y sus líderes en la cárcel o en el exilio. Los gobiernos de Castillo en Perú y de Fernández en Argentina, sí denunciaron, en cambio, la farsa electoral.

El chileno Boric también ha criticado públicamente al líder sandinista y se ha atrevido incluso con Maduro, una frontera que algunos todavía se resisten a traspasar, como sucede con el caso cubano.

"Hay gestos de rechazo, principalmente, a nivel bilateral y sobre todo con Nicaragua, pero en los foros regionales todavía no hay una condena general del autoritarismo" reflexiona Rojas, que, sin embargo, ve díficil que los bolivarianos puedan volver a tener la hegemonía de la que disfrutaron en la época dorada de los Chávez y compañía. Ahora mismo no hay nadie empujando en esa dirección. No lo haría Gustavo Petro si ganara en Colombia y solo Lula, en caso de regresar al poder en Brasil, -cree este historiador- podría tener la tentación de recuperar esa influencia perdida por adalides del llamado "socialismo del siglo XXI".

Hay gestos de rechazo, pero todavía no hay una condena general del autoritarismo

El polítógo Mario Torrico es de la misma opinión. Con los países enfrascados en la recuperación pospandémica, no cree que a ninguno de los líderes izquierdistas le dé por emprender cruzadas internacionales. Y aunque lo quisieran, tampoco tiene claro que les fuera a dar tiempo.

Al ritmo frenético de los nuevos tiempos políticos, donde hoy gobierna la izquierda mañana podría volver a gobernar la derecha. En Argentina, Alberto Fernández recibió un importante aviso en las legislativas de noviembre. En Perú, Pedro Castillo cuenta sus meses de gobierno por crisis. En Bolivia, Luis Arce gobierna en tensión permanente con la oposición.

En Chile, Gabriel Boric no tendrá mayoría parlamentaria. En Colombia, pese a lo que digan hoy las encuestas, podría volver a ganar el oficialismo en las elecciones de mayo. En Brasil, en octubre, también podría salir derrotado Lul.; Y para entonces, habría que reescribir este texto.

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