Enlaces accesibilidad
Cuba

El régimen cubano afronta una de sus mayores crisis cinco años después de la muerte de Fidel Castro

  • El líder e icono de la Revolución Cubana murió el 25 de noviembre de 2016
  • La crisis por la pandemia ha provocado movilizaciones nunca vistas en décadas
  • Los jóvenes son los más críticos con el régimen

Por
Dos mujeres caminan frente a pinturas en una calle con consignas e imágenes de líderes de la revolución cubana en La Habana (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa
Dos mujeres caminan frente a pinturas en una calle con consignas e imágenes de líderes de la revolución cubana en La Habana (Cuba).

El 25 de noviembre de 2016 murió, a los 90 años, Fidel Castro. Castro fue el líder de la revolución cubana de 1959 y el hombre que la encarnó durante más de medio siglo, y se mantuvo en el poder en la isla durante toda la Guerra Fría y aún después. El régimen que creó aún pervive, pero ha experimentado recientemente las mayores protestas populares en décadas.

Fidel había renunciado al poder, por motivos de salud, en 2008, y lo había traspasado a su hermano Raúl. A su muerte, Raúl Castro decidió dejar paso, al menos formalmente, a una generación más joven. En 2018 el Consejo de Estado eligió a Miguel Díaz Canel como nuevo presidente del Consejo, y en 2019, tras la ratificación de la nueva Constitución (con alta abstención y voto en contra) asumió el cargo de presidente de la República.

El pasado abril, Díaz Canel sustituyó a Raúl Castro al frente del Partido Comunista, culminando así la transición interna. Raúl Castro, sin embargo, sigue actuando como "asesor" y se le consultan las decisiones más importantes.

Pandemia, crisis y protestas

Díaz Canel forma parte de una generación que no protagonizó la Revolución, por lo que su legitimidad, incluso dentro del régimen, no es absoluta. En 2019, el nuevo presidente se tuvo que enfrentar a una crisis múltiple. La pandemia de coronavirus supuso el cierre del país al turismo, una de las principales fuentes de ingresos. Al desabastecimiento crónico, que La Habana achaca siempre al embargo de Estados Unidos, se unieron las consecuencias económicas del virus. Se multiplicaron las colas para conseguir alimentos y medicinas y los apagones eléctricos.

La situación provocó una ola de protestas en julio, las mayores en décadas, reprimidas violentamente pero amplificadas en un ámbito que el régimen tiene dificultad para controlar: internet y las redes sociales.

Un nuevo intento de manifestarse, el pasado 15 de noviembre, fue abortado por la presión policial y ha terminado, de momento, con la huida a España de uno de sus organizadores, Yunior García.

Human Rights Watch denuncia que en la isla se llevan a cabo, "de forma sistemática, detenciones arbitrarias, maltratos contra detenidos y procesos penales abusivos". Amnistía Internacional alertó de que, a raíz de las manifestaciones de julio, "las autoridades cubanas han utilizado la misma maquinaria de control que usan desde hace décadas para actuar contra quienes piensan de otra manera, aunque esta vez en una escala que no habíamos visto en casi 20 años".

La "latinoamericanización" de Cuba

El programa En Portada de TVE recabó la opinión de dos periodistas cubanos sobre la Cuba post-Fidel: Waldo Fernández, exiliado en España, y Cristina Escobar, informadora de la televisión cubana. "Su muerte no conllevó un cambio hacia más democracia y libertad como hubiéramos querido muchas personas", explicaba Fernández. "Creíamos que iba a ser un cambio muy drástico, porque su personalidad era un imán para el mundo entero".

"Hay mucha gente que lo extraña, y que extraña su liderazgo y su legitimidad, porque nadie en este país la tiene", expresaba por su parte Escobar.

"La sociedad es muy diferente. Ya no está el líder carismático, temido por unos pero querido por otros", explica a RTVE.es Susanne Gratius, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora asociada del CIDOB.

Gratius señala algunos de los cambios de los últimos cinco años: un relevo generacional en el Partido Comunista de Cuba (PCC), la incorporación de más mujeres en puestos de responsabilidad y más implicación de los militares en la vida política y económica (Raúl Castro dirigía las Fuerzas Armadas).

También algunos gestos de apertura, como permitir el acceso a internet desde 2018 (interrumpido por las protestas de julio y recuperado parcialmente); la libertad para viajar fuera del país; y mayor apertura económica, con más pequeños propietarios.

Pese a estos cambios, señala Gratius, "es el mismo régimen" y el PCC "siempre está por encima".

También hay una sociedad civil "más abierta, conectada con el mundo, salvo cuando se cierra internet, con una sociedad más desigual", y una "nueva oposición, más digital y joven".

Gratius considera que puede hablarse de una "latinoamericanización" de Cuba, un acercamiento a las dinámicas de otros países de la región. "La legitimación de este gobierno es satisfacer las necesidades de la población, y no han podido. Cuba se acerca a otros países con unas protestas que no son solo políticas, sino sociales". "Por ejemplo, se supone que el Estado garantizaba la salud, pero con la pandemia se ha visto que eso es relativo", añade.

Cuba se acerca a otros países con unas protestas que no son solo políticas, sino sociales

La investigadora del CIDOB compara la recesión económica causada por la pandemia con la del llamado "periodo especial" que vivió Cuba en los años 90 del pasado siglo tras la caída de la URSS, su principal sostén.

"Si el régimen tiene miedo de un joven dramaturgo es porque está bastante debilitado, económica, social y políticamente". Gratius destaca por ejemplo el enfrentamiento de Díaz Canel con los artistas, cuando Fidel siempre tuvo cuidado de dar más libertad en ese ámbito.

Los jóvenes, los más críticos

Atahualpa Amerise es periodista español y ha trabajado para Efe en Cuba desde mayo de 2018 hasta recientemente. Fue uno de los profesionales a los que las autoridades retiraron la acreditación antes de las marchas convocadas el 15 de noviembre.

Amerise constata que la figura de Fidel "permanece en el ideario colectivo, para bien o para mal". "Hay gente que tiene muy mal recuerdo, pero otra mucha tiene nostalgia y le venera", explica a RTVE.es desde La Habana.

El periodista destaca que en la Cuba de hoy no hay una oposición "fuerte y articulada", pero sí "un descontento, sobre todo entre los jóvenes". "Ya no están para nada conectados con el sistema excepto una minoría vinculada a instituciones juveniles y del partido. En general su meta es irse del país porque consideran que esto no tiene arreglo", asegura.

Las protestas de julio sacaron ese descontento a la calle, y las alarmas se encendieron en los centros de poder. "Están muy nerviosos desde el 11-J y con lo que se está diciendo de Cuba. No se les va a ir de las manos porque tienen las armas, el poder, y no hay oposición articulada. Pero están perdiendo el favor de la gente, en especial de la gente joven", considera Amerise.

Susanne Gratius cree que la sociedad cubana actual está "más polarizada o dividida que antes, cuando había esas figuras, primero Fidel y luego Raúl". "Si no hay apertura mayor, no tendrán posibilidad de garantizar los bienes básicos, y la población no tiene ya lealtad a los gobernantes que no proveen lo que les han prometido (...) La represión no va a funcionar siempre, lo ideal sería mayor pluralidad, pero no parece que vaya a pasar", concluye.

Giro y vuelta atrás en las relaciones con Estados Unidos 

Las relaciones con EE.UU, y en especial el embargo, marcan siempre la realidad de Cuba. Aunque Barack Obama y Raúl Castro descongelaron las relaciones con un encuentro histórico en 2015, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supuso un paso atrás en la diplomacia, que Joe Biden no ha revertido por el momento. 

Tras las protestas de julio, la Casa Blanca impuso sanciones a dirigentes cubanos y anunció que era "solo el principio", pero después no ha tomado ninguna otra iniciativa de calado hacia la isla.

La profesora Gratius recuerda que los presidentes estadounidenses no suelen ocuparse de Cuba hasta su segundo mandato, por razones internas que tienen que ver con el apoyo del lobby cubano-americano de Miami. "En este momento a EE.UU. le importa poco Cuba, a no ser que haya un conflicto, o más gente que salga a la calle a protestar". 

La embajada de Washington funciona a medio gas, después de los problemas de salud de varios empleados, que se atribuyeron en principio a "ataques sónicos". 

"El gobierno cubano culpa de todos los problemas a EE.UU. - explica Atahualpa Amerise - y mi percepción desde aquí es que Estados Unidos ignora a Cuba".