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Karimi, cineasta afgana: "Lo he dejado todo, pero no voy a morir por unos talibanes"

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  • Sahraa Karimi, ex directora de la agencia estatal Cine Afgano, protagoniza el reportaje "Regreso a la oscuridad"

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En portada - Regreso a la oscuridad

“No fue la caída de Kabul. No fue el desplome de todo nuestro progreso. Fue el fracaso de la humanidad”, resume Sahraa Karimi, cineasta y directora de la agencia pública y estatal Cine Afgano hasta la llegada de los talibanes. La cineasta habla sin medias tintas. Karimi ha sido la primera mujer al frente de 'Afghan Film' y protagoniza el reportaje “Regreso a la oscuridad” que En Portada estrena este miércoles a las 20:00 en Play RTVE y a las 23:55, en La 2, cuando se cumplen 20 años del inicio de la guerra de Afganistán.

Un equipo de En Portada ha acompañado a Karimi pocas semanas antes de la caída de Kabul. En esos días la ofensiva talibán era vertiginosa y tanto la directora de Cine Afgano como otros personajes de la capital afgana expresaron sus expectativas, los progresos vividos en los últimos veinte años y el temor a perderlo todo ante el incontestable avance de los fundamentalistas.

Desde que Estados Unidos anunció la retirada de sus tropas, los talibanes multiplicaron su ofensiva en las regiones y avanzaron sin freno hasta la capital. Y en esos días de vértigo, mientras la tropa talibán ganaba terreno y el ejército afgano entregaba sus armas sin disparar un solo tiro, los vecinos de Kabul divisaban día tras día un horizonte más oscuro.

Una mujer que rompe moldes

La realidad era tozuda, pero la gran mayoría de nuestros protagonistas se negaba a ver el vaso medio vacío. Sahraa Karimi seguía rompiendo moldes, acudiendo a su trabajo y exponiéndose demasiado, porque los talibanes estaban (y están) en contra de la cultura, del cine, y de un rol destacado de la mujer en el mundo laboral.Y Karimi encarnaba todo lo que ellos detestaban. Por entonces, la cineasta estaba convencida de que nunca abandonaría Afganistán. Tampoco pensaba hacerlo el fiscal general del Estado, convencido como estaba de que los talibanes jamás volverían al poder; ni la activista Fawzia Koofi, que en su momento negoció con los talibanes y que sabía, de primera mano, que los soldados que combatían fuera de Kabul no tenían comida, ni agua, ni equipamiento militar.

Sahraa Karimi tuvo que tomar, en poco tiempo, la decisión más difícil de su vida: quedarse en Afganistán o abandonar su país, su trabajo, sus años como impulsora del séptimo arte, su legado de un cine comprometido y valiente.

La caída de Kabul, el 15 de agosto, confirmó los peores presagios. Y cambió la vida de millones de afganos. Otro equipo de En Portada a viajado a Afganistán tres semanas después, para comprobar cómo estaban las cosas en el recién establecido Emirato Islámico de Afganistán. Por aquel entonces, muchos de los protagonistas entrevistados en julio ya habían abandonado el país.

Otros permanecían encerrados en sus casas, como Muzhda Nabi, la dependienta de una tienda de ropa moderna, a la que habíamos grabado mientras mostraba sin pudor su cabello o sus brazos. Sobra decir que en la tienda donde trabajaba Nabi las ventas han caído en picado. Se acabó la ropa moderna. Las mujeres sólo piden prendas que les tapen todo el cuerpo.

Karimi es hoy una voz en el exilio. En Portada volvió a hablar con ella en septiembre, durante la Mostra de Venecia. Allí recordó todo lo vivido en los últimos meses: el legado de 20 años de democracia, su frustración por la rápida partida de las tropas internacionales, su convicción de que un gobierno corrupto y débil vendió a un país. Y allí elevó un deseo, para que acabe cuanto antes este regreso a la oscuridad: “ahora estoy aquí y aún soy la voz y sigo luchando. Aunque no sepa si esta lucha tendrá resultados o no, pero todavía soy la voz. Lo he dejado todo… mis sueños, todo. Pero no voy a morir por unos talibanes. Mis sueños no van a morir”.

 

Del Afganistán talibán ya está casi todo dicho. Las promesas que hicieron al llegar al poder se han diluido con cada uno de sus actos. Prometieron defender los derechos de las mujeres, pero han disuelto a tiros y porrazos las manifestaciones de activistas por los derechos de la mujer. Prometieron educación para las niñas, pero las alumnas de secundaria, desde los 12 años, siguen sin pisar un aula por orden de la jerarquía talibán. Destacaron la importancia de la mujer en el mundo laboral, pero ordenaron a todas las funcionarias que se queden en casa hasta que mejoren las condiciones de seguridad.

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