Estados Unidos no ha dejado de mandar señales contradictorias sobre sus intenciones con Irán durante estas últimas semanas. Mientras desplegaba cada vez más tropas en Oriente Próximo, mantenía teóricamente abierta la puerta del diálogo.
Trump siempre había hablado de un ataque limitado para evitar la guerra, pero la operación de hoy ha sido "masiva y continuada". Las negociaciones con Teherán estaban en marcha desde hace semanas pero EE.UU. no ha esperado.
Estas son las exigencias de Washington. La principal es limitar el enriquecimiento de uranio en Irán para impedir que desarrollen armamento nuclear. También restringir su programa de misiles balísticos, que cuenta con al menos 14 tipos diferentes de proyectiles con un alcance de hasta 2.000 kilómetros. Y, además, la retirada del apoyo iraní a milicias afines en la región como Hizbulá, los hutíes, Hamás o grupos chiíes en Irak o Siria.
De todas ellas, Irán solo se había mostrado dispuesta a debatir una: su programa nuclear. Aunque siempre ha defendido que no tiene objetivos bélicos. A cambio, pedía que Washington levantara las sanciones que asfixian económicamente a Teherán. Ambos países tenían previsto reunirse de nuevo la próxima semana en Viena para una cuarta ronda de negociaciones, que ahora queda en el aire.
Con este ataque, Trump eleva la apuesta. Ahora pide la rendición de la Guardia Revolucionaria iraní, el principal sostén del régimen de los ayatolás.
Foto: Majid Asgaripour/WANA — Una persona sostiene una foto de Jamenei en una concentración en apoyo al régimen de los ayatolás en Teherán