El fin del "equilibrio" en Oriente Próximo: "Irán va a por todas porque siente que no tiene nada que perder"
- Irán responde con ataques en Israel y a bases en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Baréin
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El cielo de Oriente Próximo ha dejado de ser un espacio de tensiones contenidas para convertirse en el epicentro de una conflagración abierta de consecuencias imprevisibles. Tras los bombardeos conjuntos ejecutados por Israel y Estados Unidos sobre instalaciones estratégicas en suelo persa, Teherán ha cumplido su amenaza más temida: el país acorralado ha empezado a morder a sus vecinos.
En una escalada sin precedentes, misiles balísticos iraníes han impactado en las últimas horas en bases militares de Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Baréin y Kuwait. La respuesta ya ha causado la muerte de al menos una persona en Abu Dabi y ha provocado explosiones en las inmediaciones de Riad, en el norte de Jordania y en Irak. Lo que comenzó como una operación de "presión" coordinada desde Estados Unidos e Israel, se ha transformado, en cuestión de horas, en una "guerra regional de alta intensidad" que, según los analistas, amenaza con colapsar las arterias vitales de la economía global.
Rosa Meneses, subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), explica a RTVE Noticias que el comportamiento actual de la República Islámica marca un punto de ruptura con su doctrina de seguridad histórica. Hasta ahora, incluso en los momentos de mayor tensión —como tras el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020 o los choques de junio pasado—, "Irán había optado por respuestas clásicas, calibradas y contenidas". Buscaba el impacto simbólico "sin cruzar el umbral de una guerra total", añade. Sin embargo, ese tiempo ha terminado. "Parece que se ha optado por ir a por todas", señala la subdirectora del CEARC.
Teherán ha tomado una decisión estratégica desesperada: atacar directamente las bases en países vecinos que albergan tropas estadounidenses. Lo paradójico es que muchos de estos objetivos se encuentran en países como Catar u Omán, con los que Irán mantiene relaciones diplomáticas funcionales. Según Meneses, "no es un ataque por odio vecinal, sino un movimiento revulsivo". "Irán golpea estos países para que sean ellos mismos quienes, por temor a la devastación en su propio suelo, actúen como el freno de emergencia que Washington no tiene", explica. Es la respuesta de un régimen que, acorralado por el belicismo de Donald Trump y percibiendo que las vías de negociación han sido saboteadas, "siente que ya no tiene nada que perder".
El colapso del "Eje de la Resistencia": un gigante herido y aislado
Este incendio regional no puede entenderse sin mirar el estado de las alianzas de Irán. El catedrático Ignacio Álvarez-Ossorio (UCM) destaca que el ataque conjunto ha buscado "alterar definitivamente el equilibrio de poder". "Durante décadas, Irán utilizó a sus 'proxys' para mantener la guerra lejos de sus fronteras, pero ese escudo se ha evaporado", señala. La caída del régimen de Bashar al Asad en Siria, en diciembre de 2024, y el debilitamiento extremo de Hizbulá tras la guerra de otoño de ese año han dejado a Teherán expuesto.
"Se ha terminado la estrategia de contención", afirma Álvarez-Ossorio. La alianza entre Trump y Netanyahu ha sabido leer la debilidad estructural del país persa: un estado agotado por meses de protestas internas, una crisis económica que ha pulverizado la moneda nacional y un descontento social que ha minado la legitimidad de los clérigos. Al verse como una "pieza aislada" en el tablero, Irán ha decidido internacionalizar el conflicto. Su mensaje a las monarquías árabes del Golfo es simple, explica el analista, "si vuestro territorio sirve de plataforma para la agresión estadounidense, vuestras infraestructuras energéticas serán el blanco".
La diplomacia de la fuerza: El factor Ginebra y la sombra de Trump
¿Por qué este ataque masivo precisamente este sábado? El profesor libanés de Relaciones Internacionales en la Universidad Alfonso X (UAX) George Irani apunta al calendario diplomático como el detonante táctico. Este lunes estaba prevista una nueva ronda de contactos en Viena entre funcionarios iraníes y estadounidenses, tras tres rondas entre Omán y Ginebra en apenas cuatro semanas, marcadas por largas horas de intercambio y una pausa estratégica a mitad del día.
Para Irani, el bombardeo se resume en dos palabras: "Ginebra y presión". Estamos ante un ejercicio de diplomacia coercitiva llevado al extremo. "Israel y EE.UU. están enviando un mensaje antes de sentarse a la mesa: si no aceptáis nuestras condiciones, seguiremos bombardeando hasta el colapso", explica.
Sin embargo, esta estrategia de "fuerza bruta" impulsada por la administración Trump ignora la psicología nacionalista de Irán. El profesor advierte de un gran dilema: a pesar de que la sociedad iraní ha sido víctima de una represión sangrienta por parte de su propio gobierno, un ataque extranjero de esta magnitud tiende a cohesionar a la población frente al invasor. "Irán tiene una identidad nacional de más de 3.000 años. La agresión externa puede, irónicamente, fortalecer al régimen que Washington pretende derrocar", señala el profesor, subrayando que este "juego de potencias" está ignorando la resiliencia histórica de la identidad persa.
Sin embargo, son muchas las voces iraníes que pedían una intervención militar como única alternativa para derrocar a los ayatolás. El país ha sufrido una hemorragia interna que sufre la República Islámica desde el pasado 28 de diciembre. El régimen de los ayatolás ha librado una guerra desesperada contra su propio pueblo en más de 100 ciudades. La represión ha alcanzado niveles de crueldad sistémica: según la ONG Iran Human Rights (IHR), al menos 3.428 personas han sido asesinadas en las calles, mientras que las cifras de detenciones son escalofriantes, con organizaciones como HRANA elevando el número de arrestados a 19.000 personas.
Los estertores de un sistema: El "animal acorralado" de Gazapo
Manuel Gazapo, doctor en Relaciones Internacionales y analista de seguridad y conflictos armados, sostiene que lo que el mundo presencia no es el inicio de una guerra mundial, sino la transición tumultuosa hacia el fin de un sistema. Gazapo utiliza una metáfora que hoy cobra un sentido literal tras los ataques a Kuwait y Bahréin: Irán es un "animal rodeado en sus últimos momentos". Para el experto, el bombardeo no es más que el "empujón final" a un edificio que ya se estaba cayendo.
La magnitud de la tragedia interna es el contexto necesario para entender por qué el régimen prefiere la guerra exterior a la rendición. Con miles de asesinados en las calles durante las últimas oleadas de protestas y una cohesión férrea pero desesperada entre la Guardia Revolucionaria y el clero, los ayatolás ven en la guerra regional su última oportunidad de supervivencia. Gazapo enfatiza que la situación de las monarquías del Golfo es la de asistir a la "crónica de una muerte anunciada". Saben que el régimen iraní ha sellado su destino al rechazar cualquier reforma, pero temen ser el daño colateral de su entierro.
Un mapa redibujado con sangre ante el fracaso de la diplomacia
Este escenario representa el fracaso estrepitoso de la diplomacia de las monarquías árabes. Países como Arabia Saudí, volcados en sus ambiciosos planes de desarrollo como la Agenda 2040, han operado durante semanas en la sombra para intentar frenar a Donald Trump. La prioridad de Riad es la estabilidad para fomentar el turismo y la tecnología; una guerra de misiles balísticos es lo último que necesitan. Sin embargo, la lógica de la fuerza se ha impuesto sobre la mediación del Sultanato de Omán.
Rosa Meneses advierte sobre la carta que Irán aún no ha jugado totalmente, pero que ya ha mencionado el cierre del Estrecho de Ormuz. "Si la capacidad militar convencional iraní es inferior, su capacidad de "guerra híbrida" es letal", aclara. "Estamos hablando de un impacto crítico en las rutas comerciales y mercados energéticos que sería devastador para Europa y el mundo", dice Meneses. La incertidumbre se extiende también al Líbano, donde el intento de desmilitarizar a Hizbulá se vuelve imposible bajo las bombas, e Irak, cuya frágil democracia corre el riesgo de saltar por los aires si el conflicto se asienta en su territorio.
Oriente Próximo ha entrado en una fase donde las derivadas son, en palabras de Meneses, "imposibles de imaginar". El ataque preventivo de Israel y la respuesta visceral de Irán han redibujado el mapa regional. Ya no se trata de una disputa por el programa nuclear, sino de una lucha por la supervivencia de un régimen que ha decidido que, si él cae, la estabilidad de todo el Golfo caerá con él.
Las próximas horas van a ser decisivas para evaluar los daños, mientras la comunidad internacional observa con vértigo cómo la "fuerza bruta" ha sustituido a la política. Las negociaciones diplomáticas, previstas para este lunes en Viena, parecen ahora un futuro lejano y casi utópico.