Volver a Gaza para buscar a tu hijo desaparecido: "Tengo la esperanza de que esté vivo"
- RTVE Noticias habla con Ismat, que el 5 de febrero volvió a la Franja tras dos años en Egipto para buscar a su hijo
- Según la ONU, hay 10.000 desaparecidos y la mayoría no serán recuperados por la falta de maquinaria y pruebas de ADN
Ismat Mahmud Abdel Hamid Safi ha hecho el camino inverso al de la supervivencia. El pasado 5 de febrero, tras una estancia de casi dos años en Egipto, decidió cruzar el paso de Ráfah para volver a Gaza. Necesita encontrar a su hijo, Mahmud, desaparecido entre los 60 millones de toneladas de escombros que sepultan al enclave palestino. "No puedo descansar hasta encontrarle, vivo o muerto", explica angustiada al otro lado del teléfono.
Se encuentra aún en el extremo sur de la Franja, planificando la búsqueda de su niño: "He vuelto porque creo que sigue vivo", repite. Habla rápido y en su voz se percibe la incertidumbre de una madre que no pierde la fe de conocer el paradero de su hijo. Ismat salió en marzo de 2024 para acompañar a su otra hija herida tras el impacto de una bomba. "Tiene herida la pierna izquierda. Conseguimos salir a Egipto al incluirnos en una pequeña lista de enfermos graves. Tenía la oportunidad de quedarme en Egipto, pero prefiero morir buscando a Mahmud. No puedo vivir con este vacío", zanja.
Pero la guerra ha asolado el paisaje de Gaza: "No queda nada", confirma Ismat tras unos días de vuelta al infierno en la Tierra. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estima que el 92 % de las casas residenciales han sido dañadas o destruidas, solo el 15 % de hospitales funcionan parcialmente y el 93 % de los edificios escolares han quedado destrozados. El 68 % de la red de carreteras es inservible. Retirar los escombros y reconstruir Gaza es una tarea que puede llevar décadas. Ismat observa incrédula el escenario apocalíptico en el que se ha convertido su tierra y donde buscar a las personas desaparecidas se ha convertido en una tarea titánica para una población que no cuenta con maquinaria pesada ni con herramientas para identificar los restos de ADN. "Una voz dentro de mí me dice que puede estar vivo", vuelve a repetir, desde un pequeño apartamento en el extremo sur del territorio palestino. "Estamos en una casa que es como un armario. Vivimos en una habitación minúscula y estamos todos aquí apretujados. Estoy con mi hijo mayor; la vida es muy difícil en Gaza", relata.
Nada más reactivarse el conflicto, el 7 de octubre, tras los atentados de Hamás en los que fueron asesinados unos 1.200 israelíes y secuestrados otros 250, Ismat perdió a su marido. Después, ella tuvo que abandonar Gaza para acompañar a su hija herida a Egipto y sus otros tres hijos se quedaron solos, "como pájaros sin nido", dice. Sin casa, sin refugio y sin comida. "Estuve casi dos años en Egipto y no podía dejar de pensar en mis hijos en Gaza, pero el paso de Ráfah estaba cerrado a cal y canto", añade. De hecho, reabrió el pasado 2 de febrero y ella fue de las primeras personas en regresar a Gaza. "En los controles nos interrogaron, nos amenazaron y no querían que volviésemos a Gaza", dice. Le gustaría detener el tiempo hasta encontrar a su niño, que desapareció el 15 de abril de 2025 tras un bombardeo en la calle Al Safatawi, en Jabalia, en el norte de la Franja. Tenía 17 años, estudiaba antes de la guerra, pero durante el conflicto se dedicó a montar tiendas de campaña para ganar algo de dinero.
Más de 10.000 personas desaparecidas
Mahmud es uno de los nombres que aparecen en una larga lista de personas en paradero desconocido en Gaza. Las agencias de la ONU estiman que hay más de 10.000 personas. Naciones Unidas reconoce que la mayoría nunca serán recuperadas debido precisamente a la falta de maquinaria pesada y combustible para los rescates. El vacío que invade a Ismat es el mismo que recorre a miles de familias que buscan sin descanso en hospitales los nombres de sus hijos.
Mahmud es uno de los nombres que aparecen en una larga lista de personas en paradero desconocido en Gaza. Foto cedida por Asma
La desaparición se ha convertido en un patrón documentado; aquellas personas que no están sepultadas por el océano de escombros podrían estar detenidas. La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (OHCHR) ha detectado una "zona gris" de desapariciones forzadas en los puntos de control, especialmente en el corredor de Netzarim. El rastro de cientos de jóvenes se ha desvanecido por la persecución del Ejército israelí.
Foto de Asma, una madre que ha vuelto a Gaza para buscar a su hijo desaparecido. Foto cedida por Asma
"El no saber si está bajo un edificio o en una celda me impide hacer el duelo, pero también me impide vivir", describe la sensación de impotencia que siente. Sin embargo, está dispuesta a cruzar el cementerio a cielo abierto en que se ha convertido Gaza para volver a su barrio y buscar a Mahmud. Sabe que Jabalia ha sido duramente castigada por los bombardeos y que su paisaje hoy es irreconocible. También es consciente de que hay una amenaza mortal, más allá de los ataques israelíes, que son más de 20.000 artefactos sin estallar. Sin embargo, insiste en que necesita "hacer todo lo posible". En unos días se pondrá en marcha.
Los familiares de desaparecidos recurren al Centro Palestino de Desaparecidos Forzosos en Gaza para apuntar el nombre de los suyos. En este centro tienen 5.800 expedientes abiertos; calculan que la cifra real de desaparecidos oscila entre 8.000 y 10.000. Nada Nabil es la directora de esta organización que convierte el dolor en metodología legal para que "no se pierda la memoria de nadie". "Hemos emitido expedientes legales de unos 500 casos tras reunirnos con las familias y documentar los detalles de la desaparición y los hemos enviado a organismos internacionales", explica a RTVE Noticias.
Las causas de la desaparición en este contexto, argumenta, van desde las personas que siguen bajo los escombros y que no han sido rescatadas, a otras a las que se les perdió la pista en zonas donde hubo operaciones militares, y otras tantas se encuentran en una lista de detenidos por el Ejército israelí sin hacer públicos los nombres. "También hay casos de muertos en zonas de combates que fueron enterrados por transeúntes que no conocían su identidad", añade. Por otro lado, denuncia que las autoridades israelíes "han exhumado cementerios, llevándose cuerpos y devolviéndolos luego de forma anónima, lo que deja a las familias en una incertidumbre total. Incluso los que ya estaban muertos y enterrados ahora están en un destino desconocido", matiza.
Una vez localizados los restos, en los hospitales se enfrentan con muchas dificultades a la hora de identificar a los cuerpos. "Los equipos médicos sufren porque llegan descompuestos, sin tejidos claros o totalmente deformados. Además, no hay laboratorios para análisis de ADN, por lo que usamos métodos clásicos: fotografías de la ropa o rasgos físicos distintivos que se muestran a las familias en pantallas electrónicas, ya que es muy difícil ver esas escenas directamente", explica.
El sufrimiento de estas familias es "único"
El director del hospital Al-Shifa, Mohamed Abu Salmiya, confirma en una entrevista con RTVE Noticias que el pasado 5 de febrero recibieron 66 cajas de las autoridades israelíes, que contenían "únicamente los cráneos de las víctimas fallecidas". "Eran cajas que contenían restos de fragmentos de cráneos y huesos humanos. No sabemos exactamente a quién pertenecen", explica. Tras recibirlos, han realizado procedimientos rudimentarios para intentar identificarlos. Sin embargo, "los cráneos que hemos recibido no pueden ser identificados de ninguna manera; siempre que no es posible identificar algo, se registra, se organiza y se entierra muy rápidamente", continúa.
Además, cuenta que les entregaron los cuerpos de mujeres, sin proporcionar información sobre el lugar ni las circunstancias de su secuestro. "Algunos de los cuerpos devueltos presentaban signos de mutilación grave, incluyendo manos amputadas, mientras que a otros se les había abierto quirúrgicamente el abdomen y posteriormente se les había vuelto a suturar. Estos hallazgos suscitan gran preocupación", denuncia. Abu Salmiya advierte sobre indicios creíbles de robo de órganos de los cuerpos en la Franja. "Nuestro equipo de criminalística se encarga de registrar señas de estos desaparecidos. Buscan marcas o cualquier señal distintiva en el cuerpo. Posteriormente, se procede a la fotografía, la restauración [física o digital de la imagen] y la codificación de la información. Finalmente, todo esto se proyecta en pantallas grandes ante las familias para que puedan intentar identificar a sus seres queridos", concluye.
Trabajan conjuntamente con equipos de la organización de derechos humanos palestina Addameer (en árabe, consciencia), una Asociación de Apoyo a Prisioneros, y con equipos de Naciones Unidas y de la Cruz Roja Internacional. "La impotencia más grande es que no hemos podido confirmar ni siquiera los que están en las prisiones. Israel se niega a revelar nombres. Es una lista que, si se publica, podría aliviar el dolor de muchas familias", lamenta. Recuerda que el sufrimiento de estas familias es "único", aquellos que han perdido a sus seres queridos y los han enterrado sienten cierto alivio; los que desconocen dónde están siempre tienen la esperanza. De hecho, Ismat confiesa que reza cada día por Mahmud: "Deseo desde lo más profundo de mi corazón que en estos momentos esté en una cárcel israelí".
"Las madres no duermen, miran el teléfono cada hora esperando un mensaje. Viven en un conflicto psicológico constante. Incluso hay complicaciones legales y sociales graves. Hemos asistido a esposas de desaparecidos que se han vuelto a casar y luego el marido aparece tras ser liberado de una prisión israelí. Es un problema complejo y devastador", denuncia Nabil. La experta, lo que más teme es que el tema de desaparecidos en Gaza caiga en el olvido, como ha ocurrido en guerras como la de Siria o Irak.