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"Empezamos en las redes sociales a modo de aventura, y ahora hasta me reconocen por la calle. Hemos captado mucho", afirma Juan Travesedo, socio de Juvilma Inmobiliaria, quienes fueron de los primeros del sector en llegar a las redes. Desde entonces, han aumentado sus ventas también en el extranjero. Su perfil en Instagram tiene 44.000 seguidores y casi un millón y medio de visualizaciones al mes.

"Se me hace la boca agua viendo los pisos de Madrid que muestran", afirma un encuestado en una calle de Madrid. "Recuerda al vendedor yankee", manifiesta otra. Las inmobiliarias calculan que, de entre todos los que siguen sus vídeos, quizás el 1% pueda ser un comprador. Para ellos, es suficiente.

"Quien no está en redes, no es inmobiliario" asevera Miguel Ángel Gómez, presidente de la patronal inmobiliaria FADEI. "Las consultas las hacen por internet, por TikTok, por Instagram", explica el directivo. Este fenómeno ayuda a las ventas y también, a lo más difícil para un agente inmobiliario en estos tiempos, a captar a quien está dispuesto a vender su casa.

FOTO: Getty Images

Mujeres periodistas, comunicadoras y divulgadoras denuncian el odio que reciben a través de redes sociales y en internet, un odio que pretende acallarlas y que muchas veces no se queda en mensajes, sino que va más allá, con amenazas, divulgación de datos privados o pasando al plano físico.

En España unos 90.000 libros al año. Aunque no todos son comerciales, son casi 250 al día y unos 160 si contamos solo los que se imprimen en papel. Es una cifra que habla de riqueza cultural, pero que también nos hace preguntarnos si son demasiados. Mientras tanto, redes como Instagram y TikTok se llenan de creadores que hacen reseñas y recomiendas títulos cada día, un nuevo impulso para un mercado saturado.

Levantarse a las 4 de la mañana, ir al gimnasio, trabajar, ocuparse de los hijos y jamás un descuido en la estética. Es la imagen que las redes sociales proyectan de lo que supone ser una buena madre.

Fiorela tuvo hace tres años a su hijo y confiesa su frustración al ver estos vídeos. El modelo de madre ha cambiado en las últimas décadas pero no el nivel de exigencia hacia ellas.

Por eso, en los últimos años han surgido iniciativas como la Laura Baena y sus Malas Madres, que denuncia esta presión social para llegar a todo. "Existe una nueva corriente ahí creada que nos dice que tenemos que ser esa madre perfecta y hay que tener cuidado", asegura.

Mujeres perfectas metidas en la cocina y dedicadas a tiempo completo a sus hijos y su marido.

FIRMA IMAGEN: GETTY IMAGES

Por si no fuéramos suficientemente acelerados ya, el móvil nos da la opción de ver los contenidos a doble velocidad aunque la duración del vídeo sea de apenas dos minutos. Es lo que se conoce como speedwatching. Lo más preocupante de esta costumbre es que no responde a falta de tiempo. Los estudios dicen que la atención decae hasta un 25%. Pero no solo perdemos información, sino que nuestra capacidad de comprender se atrofia.

FOTOGRAFÍA: GETTY IMAGES

Una mujer que trabajaba como moderadora de Tik Tok se ha querellado contra sus empleadores por su salud mental. Visualizaba una media de 1.200 vídeos de Tik Tok al día y filtraba qué se podía publicar en la red social. Podían incluir asesinatos, violaciones, pornografía o torturas. La moderadora solo catalogaba y no podía eliminar el contenido. Todo esto le ha provocado, dice la denunciante, un trastorno psiquiátrico, con depresión y ansiedad.

Las dos empresas denunciadas, la compañía subcontratada y Tik Tok, alegan que el número de videos violentos no es tan elevado.

Fotografía: Getty