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Amenazas incendiarias que se diluyen, plazos que se alargan y negociaciones que nunca terminan de concretarse. La guerra en Irán sigue empantanada: ninguna de las partes logra imponerse, pero tampoco se retira del tablero. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz continúa bloqueado y crece la amenaza de una crisis económica.

Este miércoles la tensión ha vuelto a escalar en ese punto estratégico. Primero fueron dos buques y, horas después, un tercero: Irán ha interceptado tres cargueros, los primeros desde el inicio del conflicto. A dos de ellos los ha desviado hacia sus costas, acusándolos —según la Guardia Revolucionaria— de navegar sin autorización.

Y si en Ormuz aumenta la presión, en el frente diplomático crece la incertidumbre. Aún no está claro si habrá una segunda ronda de conversaciones. Por ahora, Donald Trump ha optado por extender de nuevo el alto el fuego para ganar tiempo, pero mantiene el bloqueo naval sobre el canal. Asegura que lo hará hasta que Teherán presente una “propuesta unificada”, sugiriendo divisiones internas en el régimen.

Desde Irán, sin embargo, insisten en que no negociarán mientras el estrecho siga bloqueado y condicionan cualquier regreso a la mesa a que se den las condiciones diplomáticas adecuadas. En Teherán temen además que Washington utilice esta prórroga para preparar un nuevo ataque sorpresa, y advierten de que estarán preparados. La desconfianza es máxima, alimentada también por los continuos cambios de posición de Trump.

No es la primera vez. Hace solo unos días insinuaba que no renovaría la tregua sin un acuerdo a largo plazo, pero horas antes de que expirara anunció una nueva prórroga. Esta vez es indefinida, aunque en el último mes las ha habido de todo tipo: de 48 horas, de una semana… Un patrón de vaivenes que refleja hasta qué punto el conflicto sigue sin una salida clara.

Foto: Reuters/Imagen de archivo

Las idas y venidas de Donald Trump a pie de avión con los periodistas se asemejan a sus vaivenes con Irán y sus enésimos ultimátum. Empezó el 21 de marzo dando 48 horas al régimen para abrir el estrecho de Ormuz. Dos días después lo ampliaba. Luego ha habido plazos de diferente duración, una semana, cinco días.

Un ir y venir que utiliza la propaganda iraní para mostrarlo como un adversario que habla demasiado, al que no se puede tomar en serio y que, además, dice que negocia con iraníes pero no se sabe con quién.

Foto:  WIN MCNAMEE / GETTY IMAGES / AFP

Apenas unas horas antes de que acabase la primera tregua acordada entre Estados Unidos e Irán, Donald Trump ha anunciado que prorroga el alto el fuego. Lo hace a petición de Pakistán, país mediador, y, según el presidente, la tregua estará vigente hasta que Irán presente una propuesta de paz o que concluyan las negociaciones. Por el momento, las conversaciones de paz, previstas en Islamabad, siguen sin tener fecha de inicio.

FOTO: Molly Riley / White House / Zuma Press / Europa Press

Mes y medio de guerra en Oriente Medio dejan heridas abiertas en los dos principales campos de batalla: Líbano e Irán. Muchos libaneses regresan estos días al sur del país para comprobar que sus casas son apenas una montaña de escombros. En Irán, más allá de la destrucción, la población civil comienza a notar la falta de medicinas.

Es el caso de Fátima. Marcha con una gran bolsa de medicamentos de la farmacia dado que arrastra problemas de corazón y de tensión desde que estuvo embarazada. En su caso, tiene suerte porque, después de la guerra, no todos los pacientes en Irán tienen garantizado el acceso a los medicamentos que necesitan, tal y como cuentan a RTVE algunas empleadas y propietarias de farmacias.

También las empresas petroquímicas y otras infraestructuras han sido bombardeadas y, esos ataques, también dejan su huella en el sistema de salud. "Necesitamos acero para los equipamientos técnicos, plástico para los envases o urea o el alcohol para los productos petroquímicos", explica Arash Anissian, director del hospital Ebnesina, en Teherán.

Pero la sala de espera del hospital, ajena a esos problemas, sigue recibiendo enfermos cada día. Así, las consecuencias de la guerra afectan a toda la población, pero los vulnerables, son siempre los que más pierden.

Foto: Ircs / Zuma Press / ContactoPhoto