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Como cada año israelíes de extrema derecha celebran el 'Día de Jerusalén' en recuerdo a la conquista del lado oriental de la ciudad por parte de Israel tras la guerra de 1967. Hoy, cuando sigue ocupada por sus fuerzas de seguridad y con el fervor nacionalista en aumento, esta parte de la ciudad, donde arranca el barrio musulmán, ha terminado con las tiendas palestinas cerradas por temor a los daños que suelen producirse en esta jornada donde solo ondean banderas de Israel. Además, los asistentes a la concentración han vuelto a impedir un año más el trabajo de los periodistas, entre ellos, los de RTVE.

Foto: EFE

La realidad de Jerusalén se manifiesta en la fractura de sus calles: mientras en el Oeste la población israelí goza de plenos derechos y servicios, en el Este los palestinos son relegados a una precaria categoría de residentes en su propia ciudad ocupada.

Bajo una administración que ejerce un control absoluto a través de su policía, el miedo se vuelve invisible pero constante, especialmente ante la amenaza de perder el documento de identidad si se abandona la ciudad. Como señala Ziad, el principal reto es simplemente lograr vivir en Jerusalén; allí, el 80% de la población palestina sobrevive bajo el umbral de la pobreza, asfixiada por un mercado desconectado de Cisjordania y la expansión de asentamientos judíos en sus propios barrios