Desplegar al Ejército contra la inseguridad: la receta de la nueva derecha latinoamericana bajo el yugo de Trump
- Colombia, Perú o Ecuador recurren al mismo método frente a distintas amenazas
- La Administración estadounidense ha transformado su política militar hacia América Latina
La inseguridad se ha convertido en la piedra angular del discurso de los nuevos líderes de la derecha de América Latina; y el empleo del Ejército en la seguridad pública, la fórmula elegida por muchos de ellos para combatirla. En Ecuador, bajo "conflicto armado interno" desde enero de 2024, hay miles de militares desplegados contra el crimen organizado; en Perú, Keiko Fujimori ha anunciado que usará a sus Fuerzas Armadas para tareas de seguridad y control interno; en Chile, el Gobierno ha echado mano de sus tropas para frenar la inmigración irregular en la frontera; en Colombia, el aumento de la presencia militar es el as bajo la manga del nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, en su cruzada contra el narcotráfico y la violencia armada.
Al norte del continente, su aliado común, Estados Unidos, ha aumentado su interés en la región y ha convertido la lucha contra el "narcoterrorismo" en una de sus banderas. En marzo, el presidente estadounidense, Donald Trump, creó el llamado 'Escudo de las Américas', una "coalición militar" contra los cárteles y el crimen organizado que surgió de un encuentro con líderes latinoamericanos como el ecuatoriano Daniel Noboa, el argentino Javier Milei o el salvadoreño Nayib Bukele; pero al que no invitó a países con Gobiernos de izquierdas como México, Brasil o Colombia, entonces gobernada aún por Gustavo Petro.
"El nuevo rol de la Fuerza Armada no es una discusión nueva, sencillamente porque es una institución costosa a la que no puedes renunciar por el mero hecho de que los países —al menos en este continente— ya no vayan a guerras convencionales", explica a RTVE Noticias el experto en seguridad y fundador del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno (UCAB) Benigno Alarcón Deza. Países como México llevan años empleando a sus Ejércitos para fines de seguridad interior, pero "lo que sí es nuevo es esa coincidencia entre gobiernos que se están alineando con EE.UU, en una tónica que responde a las demandas de Trump tanto en Europa como en América Latina sobre la participación con presupuesto y trabajo en la cuestión de seguridad y no dejarlo solo en manos de los Washington", añade.
El método de la "mano dura"
Hace una semana, Colombia se convertía en el país número 19 del 'Escudo de las Américas' de la mano de Abelardo de la Espriella, un mandatario que ha alabado el discurso y los métodos de Donald Trump, pero también de líderes de América Latina como Milei, Noboa o Bukele. Su receta contra la inseguridad en Colombia es la misma que la de sus aliados: "Mano dura". Y la fuerza de las armas parece ser el ingrediente clave.
"Propone un enfrentamiento directo con los grupos armados ilegales [...], y sobre todo, con los cabezas y los mandos medios. El problema es que no ha definido todavía estrategias concretas", expone a RTVE Noticias el sociólogo y consultor Internacional en temas de seguridad y defensa Hugo Acero. Las organizaciones criminales se han fortalecido en su "estructura, operatividad y recursos", añade el analista, que puntualiza que ya no hay conflicto armado y que la guerrilla colombiana ha derivado en grupos "dedicados al narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y otras rentas criminales".
A finales de julio, en su investidura, Keiko Fujimori anunció que dará mayor poder a los militares para liderar "operaciones de seguridad y orden interno" en Perú, donde el problema fundamental son los secuestros y la extorsión por parte del crimen organizado. La presidenta, que llegó al poder con la recuperación de la seguridad por bandera, también anunció una reforma del sistema penitenciario.
En Chile, uno de los objetivos del Gobierno de José Antonio Kast es acabar con la inmigración ilegal y la fórmula para combatirla es el llamado Plan Escudo Fronterizo, que contempla el despliegue militar y la construcción de zanjas, cercos perimetrales y torres de vigilancia en puntos clave. En Ecuador, la apuesta militar de Daniel Noboa contra la violencia armada en el país ha traído consigo el despliegue de miles de militares y, con ello, denuncias de abusos, violaciones de derechos humanos y muertes bajo custodia policial.
El factor Bukele
"Es importante reconocer cuál es la meta de estos líderes y por qué el enfoque de seguridad ciudadana es tan importante para ellos", señala a este medio el director adjunto del Centro para América Latina del Atlantic Council, Henry Shuldiner, que encuentra la razón en Bukele y su lucha contra las pandillas.
El Salvador, que vive en un estado de excepción permanente desde hace más de cuatro años, ha dado un rol protagónico a sus Fuerzas Armadas, que realizan operaciones a gran escala con patrullajes, despliegues masivos y cercos de seguridad. A base de "mano dura", pero también de la desaparición del debido proceso, las conocidas como maras que antes controlaban el país ya no son un problema para la población salvadoreña.
"Su modelo de mano dura es algo que no habíamos visto antes en la región, así que muchos ven ese 'éxito' y piensan ¿por qué no podemos hacer eso en Colombia, en Perú, en Chile? La respuesta corta es porque son contextos y problemas completamente distintos", añade Shuldiner. Ahora bien, todos ellos "están tratando de usar la solución de Bukele, que es la que también apoya Estados Unidos en la región".
Todos comparten la preocupación por la inseguridad, que se convierte en el pilar de sus discursos y sus políticas, aunque las causas que la provoquen sean distintas según el territorio. Como explicó a RTVE la investigadora senior para América Latina en CIDOB, Anna Ayuso, todos ellos quieren copiar el modelo de Bukele de "pacificación por la fuerza", pero advierte de que "es difícil de trasplantar" en otros países de la región "más grandes y complejos".
Algo más que "mano dura"
En Colombia, asegura Hugo Acero, con De la Espriella "se va a seguir con la misma lógica que se traía dentro el conflicto armado, que es utilizar el Ejército para recuperar los territorios". El analista cree que la Fuerza Pública "es lo único que tiene el Estado colombiano para enfrentar este tipo de estructuras criminales, sobre todo a nivel rural", pero insiste en que para acatar el problema de fondo "no basta con meter la Fuerza Pública, al Ejército y la policía en esas zonas". Es necesario también aportar acción de justicia, desarrollo territorial, trabajo con alcaldes y gobernadores y diálogo con las comunidades.
Esta lógica es aplicable al resto de países. "Hemos visto a través de la historia que operaciones militares tienen un impacto limitado si no están acompañados por la llegada del Estado a esos territorios donde operan esas pandillas o grupos armados", asegura Shuldiner. El crimen organizado, subrayan los expertos, es muy "dinámico" y puede desaparecer por unos meses y volver a estructurarse si no llenas ese vacío con inversión estatal en los territorios. Pero, por ahora, ninguno de estos países contempla en sus políticas esta segunda parte.
El nuevo interés de EE.UU. en la región
Noboa, Kast, De la Espriella y otros líderes de la nueva derecha latinoamericana tienen como faro moral común al norte del continente americano a Donald Trump, que tampoco oculta su buena sintonía con estos Gobiernos. Mientras tanto, la actual administración estadounidense ha declarado su particular guerra al "narcoterrorismo" y ha desarrollado un renovado interés en la región, traducido en una transformación de su política militar hacia América Latina.
"Este renacimiento en boca del mismo Trump de la doctrina Monroe hablando de que América es para los americanos responde a un componente geopolítico de control", expone Alarcón, que apunta a una "confluencia de intereses". "Coincide con amenazas como el narcotráfico, que normalmente no es atendida por las Fuerzas Armadas, o la inmigración ilegal, pero también se busca e control de las Américas, donde EE.UU. quiere tener su zona de influencia", añade.
En la conferencia de la que surgió el mencionado 'Escudo de las Américas', Washington y sus aliados al sur del continente expresaron su intención de ampliar la cooperación multilateral y bilateral, de cooperar en esfuerzos gubernamentales de seguridad fronteriza y de asegurar infraestructura crítica en su combate contra el narcotráfico.
Hace unos días, el secretario de Defensa de EE.UU, Pete Hegseth, anunció que Colombia había autorizado operaciones militares conjuntas en su territorio para combatir al narcoterrorismo. Ecuador fue el primer país que autorizó este tipo de maniobras, anunciando "una nueva fase" en la lucha contra el narcoterrorismo y la minería ilegal. Más tarde, Honduras y Guatemala también negociaron la entrada de tropas estadounidenses para este fin, aunque por ahora no se ha producido.
"Se ha planteado una estrategia que va más allá de lo militar y lo policial, de la lucha contra el crimen organizado o el terrorismo. Y es ese desarrollo exclusivo para Washington en la zona", sostiene Acero. "No con China, no con Rusia. Estados Unidos quiere la exclusividad económica, pero también tiene que ver con interés en materiales como petróleo o tierras raras", añade el experto.
Alianzas transnacionales
Ahora bien, Acero subraya que "para enfrentar el crimen nacional y transnacional se requiere a las alianzas transnacionales" y que ningún país de la región puede hacerlo solo. "No tiene en cuenta las fronteras y ha avanzado mucho más que la propia economía legal, porque no requieren tratados, reuniones de presidentes o firmas de tratados", argumenta. "El tema es sobre qué términos hay que trazar esas alianzas", añade después, en referencia al papel de EE.UU. En el caso de Colombia, "no tenemos la letra menuda que nos diga hasta dónde realmente un país puede llegar en otro territorio".
La administración Trump "dice 'este es nuestro plan y nos encantaría si ustedes están con nosotros. Pero si no estás, básicamente estás en contra de nosotros'. Y hay muchos países, principalmente liderados por la izquierda, que no quieren estar subordinados a Washington", explica Shuldiner. Mientras tanto, "otros realmente quieren la ayuda y lo ven un buen trato. Comparten con ellos inteligencia, inversión, efectivos... y a la vez es una forma de mejorar las relaciones con EE.UU.", comenta el analista.
Muchos de estos territorios, apunta Benigno Alarcón, no cuentan con las herramientas que sí tiene EE.UU. "Si aportas la inteligencia, la tecnología norteamericana, la tarea se vuelve, primero, mucho más creíble, lo cual incentiva la negociación; y segundo, mucho más eficiente", argumenta. Ahora bien, sí que existe "una subordinación de estos gobiernos y de sus Ejércitos a la línea que marca" Washington. "O estás o no estás. Y si no estás, te dan la espalda y te quedas solo y te las arreglas como puedas. Ese es el lado negativo de toda esta película", concluye.