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Mahrouba Seraj, activista por los derechos de la mujer en Afganistán: "Me voy, no me permiten seguir trabajando"

  • La activista afgana, que hace cinco años decidió quedarse en Kabul, anuncia que abandona su país
  • Asegura que seguirá trabajando por las mujeres afganas: "Son mi corazón, mi alma"
Mahrouba Seraj, activista por los derechos de la mujer en Afganistán: “Me voy, no me permiten seguir trabajando”
La activista afgana Mahrouba Seraj. RTVE Noticias
Pilar Requena
Pilar Requena

"Sí, para siempre. Me voy. ¡Quién sabe lo que significa para siempre! Pero me voy. No puedo quedarme, ni seguir trabajando. No me lo permiten. Por eso, me voy".

Es lo primero que dice Mahbouba Seraj apenas empezamos a hablar. Ya sabía que, hacía unos meses, le habían cerrado su centro para mujeres en riesgo. Se nota lo que le pesa y le ha costado tomar la decisión de abandonar su país, su alma y su corazón.

Nació en Kabul, en 1948. Es periodista, activista por los derechos de las mujeres y una de las voces más conocidas de la sociedad civil afgana. Cuando los talibanes tomaron al poder en 2021 no huyó, decidió quedarse para luchar por los derechos de las mujeres y batallar por su refugio de mujeres víctimas de violencia. Abogó por sentarse a hablar con los talibanes, lo que le valió fuertes críticas de afganos y afganas en el exilio. Y les ha confrontado cara a cara.

Sus reiterados llamamientos a los líderes talibanes para que reabran las aulas a niñas y mujeres han sido ignorados. Al final, ya no puede más, no le encuentra sentido a seguir en Kabul, una vez que no la dejan trabajar por lo que siempre ha querido. Su tristeza, su frustración, cansancio y resignación se reflejan en su cara cuando comenzamos lo que es más una conversación que una entrevista.

Mahrouba Seraj en su despacho

Mahrouba Seraj en su despacho. Pilar Requena/TVE

PREGUNTA: ¿Cómo que no te permiten trabajar? ¿Han cerrado tu refugio para mujeres?

RESPUESTA: Los talibanes han abierto el suyo propio, pero no me dejan ir a ver a las mujeres. No sé cómo están. Espero que no las estén pegando ni maltratando, pero no sé qué se traen entre manos. Se lo he preguntado varias veces. Les he dicho: "¿Por qué no colaboramos? Se trata de la vida de estas chicas. Sentémonos, hablemos de ello y veamos qué podemos y qué no podemos hacer por ellas". Pero no han querido.

P: ¿Qué pasó?

R: En diciembre de 2025, vinieron y lo cerraron.

P:¿Y las mujeres se fueron?

R: Se las llevaron a todas, por la fuerza. ¡Se las llevaron! Sé dónde están y mi secretaria las ha visto un par de veces, cuando se lo permitieron, pero a mí no me han dejado ir a verlas. No es un refugio donde las tienen. Solía ser un orfanato en la época de la República. Está de camino al antiguo parlamento.

P: ¿Cuántas mujeres había?

R: En total, el día que vinieron, eran 33 entre mujeres y niños. Había seis mujeres mayores a las que habíamos estado cuidando. Sus familias las habían abandonado y no tenían a donde ir. Y algunas no estaban del todo bien de la cabeza. Pero estuvieron con nosotros años y años y las cuidamos. De hecho, una de las mujeres tuvo una niña, en nuestro refugio. Era nuestro pequeño orgullo y alegría. También se la llevaron. Se llamaba Hadia, que significa regalo.

P: ¿Estaban en peligro?

R: Todas, tanto las jóvenes como las mayores, fueron rechazadas por sus familias, sufrieron abusos y estaban en peligro.

“El mundo se ha vuelto loco"

La última vez que nos vimos en persona fue en Kabul, en noviembre de 2022, cuando los talibanes ya habían comenzado su política represiva contra las mujeres, pero todavía no las habían enterrado en vida. De hecho, todavía tenían las puertas de las universidades abiertas, pero ya no las de la enseñanza secundaria.

Me encontré con una Mahbouba batalladora, esperanzada en que se podía hablar con los fanáticos para evitar que condenasen a las mujeres al ostracismo. Ha pasado justo lo contrario. Su voz sigue siendo calmada y determinante, pero se le nota el cansancio vital.

P: ¿Cómo describirías la situación cinco años después de la llegada de los talibanes?

R: Según los talibanes, todo es fantástico en Afganistán. Están construyendo carreteras y presas, se ocupan de la gente, todo el mundo está contento, todo el mundo tiene un hogar y comida y la vida es buena, según ellos. Y, por supuesto, las mujeres están protegidas por ellos. Así que sí, todo es tan... idílico. No tenemos ningún problema. No sé, el mundo se ha vuelto loco. En Afganistán, en realidad, no hay trabajo, no hay dinero, no hay comida. Hay mucha gente que no tiene un techo bajo el que vivir. A esta situación se ha sumado el problema de los refugiados procedentes de Irán y Pakistán. Y las mujeres no trabajan. No participan en la economía del país ni en la construcción de sus propias vidas. Y quiero dejar claro que ninguna mujer afgana tiene un hombre que trabaje para ella y la cuide. Muchas son viudas y mantenían a sus familias. Ahora nadie les permite trabajar. Así que todo el mundo está mendigando. Es increíble los mendigos que hay en las calles. Los mendigos son muy jóvenes y de todas partes.

P: ¿Hay también mujeres mendigando?

R: También hay mujeres, pero no se les permite, no las dejan salir a la calle, lo que hacen es llevárselas si piden limosna. Si las ven mendigando, se las llevan y las meten en la cárcel.

P: ¿Y hay mujeres por la calle?

R: Con sus velos, sí. A algunas aún se las ve. No es que no haya mujeres, pero con el mahram (tutor masculino) y completamente cubiertas.

P: Al principio, todavía tenías cierta esperanza en que fuera posible dialogar con los talibanes. ¿Cómo ves la situación ahora?

R: Esa esperanza me ha acompañado hasta ahora. Pero me di cuenta de que eso no iba a suceder en absoluto. Es imposible. Porque nadie dice la verdad. Les cuentan una parte de la verdad al mundo occidental para que les resulte más fácil, pero no toda la verdad. Y ya está. No puedo soportar vivir en un país así. No puedo soportar lo que les está pasando a las mujeres de este país. Es espantoso lo que está ocurriendo. No solo estamos perdiendo a la generación de mujeres, sino también a nuestros jóvenes. Porque, cuando no hay mujeres formadas en las familias y cuando las mujeres no se sienten cómodas ni en paz consigo mismas, no pueden ser un pilar en sus hogares. Así que no sé qué va a ser de esos niños. ¿Cómo se les está criando y educando? La verdad es que no lo sé.

P: Y otro problema, probablemente, es el plan de estudios.

R: El plan de estudios lo controlan los talibanes como a ellos les da la gana. Lo controlan ellos, nadie más. Es lo que digan los talibanes. Hacen el sistema educativo como ellos quieren.

P: ¿Y la comunidad internacional?

R: La comunidad internacional, siento decirlo, se ha convertido en el mayor chiste del mundo. Ahora mismo, no sabe ni dónde tiene la mano derecha ni dónde la izquierda. Están muy desorientados. Nunca había visto al mundo en un estado de confusión semejante. Europa no sabe quién es, qué quiere ni cómo es. Estados Unidos está haciendo lo que sea que esté haciendo. Y el resto del mundo se está volviendo loco. Y, por supuesto, la ayuda, el dinero, se han detenido, nadie da dinero con fines humanitarios, ni siquiera para el desarrollo, y todo el mundo está destinando dinero a armas. Hay guerras por todas partes. Y, en cualquier momento, cualquier día, cualquier minuto, estas guerras pueden salirse completamente de control y convertirse en el mayor desastre. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué está pasando?

P: Y, ahora, Pakistán contra Afganistán.

R: Pakistán, claro, nos está bombardeando. Están cerrando la frontera, abriéndola y volviéndola a cerrar. Es simplemente este juego al que todo el mundo está jugando. No sé en beneficio de quién se está jugando. Esa es la parte que no sé.

P: ¿Cómo se vio desde Afganistán la reunión de la Unión Europea con una delegación talibana en Bruselas?

R: La verdad es que pasó muy discretamente. Los que tenían acceso a las noticias y podían enterarse de lo que pasaba en el mundo se enteraron. El resto de la gente en Afganistán no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Así que, fuera lo que fuera lo que saliera en las noticias, si podían acceder a ellas, si tenían teléfono, si tenían ordenador, si tenían internet, si tenían conexión, se enteraron. Pero nadie dio ninguna noticia al respecto, nadie oyó nada al respecto. Fue como si se hubiera guardado silencio, como si no pasara nada.

P: ¿Y qué opinas de la Unión Europea, de lo que ha hecho?

R: Ya no sé qué pensar de los europeos. Hubo un momento en que creía que conocía de verdad a los europeos y a Europa, pero ya no es así. De verdad que no. No sé qué quieren. No sé dónde están. No sé cómo piensan. No sé qué piensan. Así que es como si no lo supiera. De verdad que no. ¿Y por qué? Ni siquiera puedo decir nada al respecto. Porque no tengo ni idea de lo que defienden, de lo que quieren. ¿Realmente están la Unión Europea, sus representantes, en Afganistán? Su sede ha estado abierta y yo fui una de las que se aseguró de que abrieran una oficina en Kabul. De verdad, estaba muy a favor y sigo estándolo; desde el principio, les decía a las embajadas —las que están en activo—: "No enviéis a vuestros embajadores, porque eso supondría un reconocimiento oficial, pero mantened abiertas vuestras embajadas". Siempre he dicho eso, porque para mí es importante, para el pueblo afgano, ya que así siempre habrá conexión entre pueblos. Pero no me hicieron caso. La Unión Europea fue la única que lo hizo: la gente venía y se quedaba en su recinto, se celebraban reuniones y yo incluso podía ir allí con total libertad. Ahora mismo no es posible porque, entre otras cosas, fueron poniendo fin a todo eso poco a poco. No sé qué es lo que quiere Europa. No tengo ni idea, porque tampoco creo que ellos lo tengan muy claro.

P: ¿Cómo es posible que, a pesar de la gravedad de la situación, los talibanes sobrevivan y, de alguna manera, hayan consolidado su poder?

R: Es comprensible debido a la realidad que ha vivido el pueblo afgano: lleva 46 años sumido en guerras y generación tras generación se ha visto envuelto en conflictos. No es ninguna broma. Esa no es forma de vivir. Es espantoso. Es horrible. Consiguen un pequeño respiro en algún aspecto, como durante los 20 años en los que el mundo estuvo presente aquí. Las puertas estaban abiertas para las mujeres. Pero también ocurrieron muchas cosas terribles en esos 20 años, cosas realmente horribles. Esa es la razón por la que ocurren las cosas: ahora mismo todo el mundo está en la fase de decir "vale, lo que hagan los talibanes está bien", porque odiaban lo que la república le hizo al pueblo. Así que, en cierto modo, estamos perdiendo en todos los frentes. Lo estamos perdiendo todo. Si los talibanes hablaran con el pueblo afgano, podrían ganarse su apoyo y unirse realmente a él. Una participación adecuada de todos. Afganistán no es 'pashtunistán', no es un país solo de pastunes, no lo es. Afganistán tiene muchas otras etnias muy influyentes. Hay uzbekos, tayikos, hazaras, todo el mundo está aquí. Quieren vivir juntos y esto debería tenerse en cuenta por el bien de todos. No se puede permitir que un solo grupo gobierne sobre todos los demás y luego esperar que todo el mundo esté contento. El hecho es que, debido a las guerras de todos estos años, la voluntad de los hombres afganos ya no existe. Ya no existe, así que nadie está haciendo nada. Eso es lo que ha pasado.

P: ¿Cómo es posible que los hombres permitan que los talibanes hagan lo que están haciendo con las mujeres? Es un apartheid de género.

R: Exactamente. Eso es lo que es y creo que, psicológicamente, el efecto de todos estos años de opresión ha tenido un resultado muy negativo en el pueblo afgano, porque nos ha cambiado. Nos ha cambiado desde lo más profundo. El núcleo del pueblo afgano ha cambiado, por desgracia. Eso es lo que ha pasado. No es solo que no sepa qué están haciendo los europeos ni qué está pasando. La verdad es que tampoco sé qué están haciendo los afganos ni qué está pasando, porque el Afganistán que yo conocía y los afganos que yo conocía eran muy diferentes. Pero todo ha cambiado y me da miedo que vayamos a perder Afganistán por completo, es muy posible que se divida en pedazos.

P: ¿No crees en una resistencia militar o civil que tenga el poder suficiente para acabar con los talibanes?

R: La resistencia civil era la única forma en que podríamos haberlo conseguido, o la cooperación civil. Si hubiera habido civismo, pero ya sabes que eso no puede venir solo de una parte, tiene que venir de ambas. Quizá podríamos haberlo conseguido. Esa era mi esperanza. Si hubieran permitido que la sociedad civil existiera o que los partidos estuvieran al lado del pueblo afgano. No estoy diciendo que haya que ir en contra de la religión islámica. Debería haber sido islámico, tal y como se supone que debe ser, con la sharía hasta cierto punto, pero también con derecho civil. Todas estas cosas son posibles para construir un país que forme parte del mundo actual. No podemos vivir aislados. Todo el pueblo afgano está aislado. Este aislamiento es muy malo para nosotros, ¿qué pasará al final? No tengo ni idea. ¿Cuánto tiempo más va a durar esto?

El cambio tiene que venir del pueblo de Afganistán

P: ¿Pero la resistencia militar no es la solución?

R: ¿Qué propone la resistencia militar? ¿Más guerras, más matanzas entre nosotros? ¿Y después qué? Si hubieran podido hacerlo por su cuenta, ya lo habrían hecho. Pero siempre acuden a países extranjeros para que vengan, se unan a ellos y les ayuden. Así que, una vez más, es lo mismo. Tenemos que hacerlo nosotros. El cambio tiene que venir del pueblo de Afganistán. Pero la forma en que nos han cambiado la vida, en todos los sentidos, económico, social, político, religioso, nos ha llevado a una situación en la que realmente no podemos hacer nada. Casi nos estamos convirtiendo en un pueblo inexistente. No tenemos voz, no podemos defender nada ni expresar nuestras opiniones en público. Si algo está mal, no lo decimos. No debería ser así. Por el amor de Dios, somos seres humanos. ¿Por qué nos tratamos así unos a otros? No lo entiendo, pero está pasando.

P: ¿Puede provenir del exilio, de los afganos en el exilio, de los refugiados, de los que huyeron?

R: Rezo para que los refugiados y los que han escapado se queden donde están, vivan su propia vida y sean felices con sus hijos, que los críen para que sean buenas personas y respeten el país en el que vivan, sea cual sea, y que vivan en paz. Pero que no hagan lo que hacían en Afganistán. Para empezar, ya no lo conocen. El Afganistán de hace cinco años y el de hoy son totalmente distintos. Hay mucho desarrollo, muchas carreteras, muchas casas, muchos bloques de pisos de gran altura. Hay de todo. Pero, al mismo tiempo, no tenemos el corazón del país. No tenemos Constitución, no tenemos leyes, no tenemos normas y reglamentos aceptables para la población. Así que ahí es donde nos encontramos.

P: ¿Está Afganistán volviendo a ser un refugio para grupos terroristas?

R: No sé si está pasando o no. Sé que prometieron que no lo iba a ser. En cualquier caso, esta es una de esas cosas de las que nunca se habla en Afganistán. Y en el resto del mundo tampoco, seguro que te habrás dado cuenta. El mundo está viendo toda la situación desde una perspectiva totalmente diferente y, por eso, nadie habla realmente de ello. En Afganistán no hablamos de ello. No sabemos nada al respecto. Si hay gente a la que están matando, por ejemplo, como hace unas noches, cuando mataron a seis personas y unas noches antes, a cuatro, dicen que eran ladrones, que entraban en las casas y que por eso mataron a todos a tiros. Solo Dios sabe quiénes eran, qué eran, cómo eran, qué pasó.

P: ¿Existe alguna fractura en el movimiento talibán?

R: Se habla poco de eso. Hay un murmullo y se percibe. Sin embargo, al mismo tiempo, los edictos provienen del 'gran hombre' de Kandahar y se están aplicando. Pero, ¿qué es eso del vicio y de la virtud? En algunos lugares se está aplicando con mucha dureza a las mujeres y en otros con menos. Varía mucho dependiendo de la provincia.

P: ¿Quién apoya a los talibanes?

R: Están vendiendo los minerales de Afganistán a los chinos. Siempre hay compradores, como los rusos y los chinos. Están comprando y pagando mucho dinero por ello y creo que eso es lo que los mantiene a flote o más bien hace que les vaya muy bien. Además, en cuanto al resto del dinero que procedía de EE.UU., que llegaba semanalmente, no tengo ni idea de si sigue llegando con Trump. Pero tengo mucha curiosidad por averiguarlo. Porque eso también formaba parte del acuerdo. No sé durante cuánto tiempo, pero así era. A los talibanes les va bien.

P: En realidad, solo Rusia los reconoce, pero mantienen relaciones, en mayor o menor medida, con los países de la región.

R: Tienen relaciones con China, con Pakistán, con la India, con Irán y con Rusia. Tienen relaciones con todos los países vecinos y, por supuesto, con los países islámicos. Quizá no los reconozcan oficialmente, pero mantienen relaciones con ellos. Y, en este sentido, no creo que vayan a cambiar su actitud hacia las mujeres de Afganistán, aunque yo tenía la esperanza de que sí, dado que quizá quisieran formar parte de la comunidad internacional. Pero, al parecer, realmente no les importa. Harán lo que sea o no harán nada. Así que, como siempre, salen perdiendo las personas. El pueblo afgano sale perdiendo en todos los frentes y en todos los sentidos; en cada situación perdemos. ¿Y las mujeres? Las que más pierden.

P: ¿Cómo es posible que fanáticos como estos estén en el poder?

R: Sabes que esta no es una pregunta que se plantee todo el mundo, ni mucho menos. Porque, en lo que al mundo se refiere, se ha aceptado. Y estas cosas se aceptan muy rápido. ¿Por qué? Porque así son los seres humanos. Durante todos estos años, me lo han preguntado y he recibido apoyo. Sigo aquí y tú sigues interesada en Afganistán desde el momento en que nos conocimos. Y, por cierto, también muchas otras mujeres conocidas. No tiene nada que ver con nuestras vidas. Realmente tenemos que trabajar para cambiarlo. Además, todo lo que se dice sobre las mujeres en Afganistán, que se ha mostrado o se ha proyectado al mundo son mentiras, porque la gente no dice la verdad. Y cuando hablas con los talibanes dicen estar protegiendo a las mujeres de Afganistán. Antes de que puedas decir nada, dan media vuelta y añaden: "La sharía lo dice, el islam lo dice". Así que todo el mundo se calla porque todos tienen miedo. ¿Cómo pueden decir algo en contra de la sharía o del islam, que no es así? El islam no es esto. El islam que yo conozco no es así. No sé por qué todo el mundo piensa que es así. Es una religión muy hermosa, muy social, inclusiva y muy justa. Y eso es justo lo que es. Entonces ¿qué está pasando? No lo sé.

"Afganistán es mi corazón y mi alma"

Será el segundo exilio de Mahbouba, quen ya tuvo que huir de su país durante el régimen y la ocupación comunistas y se instaló en Estados Unidos. Volvió a Kabul en 2003, tras un cuarto de siglo. Su país estaba completamente transformado por las guerras. Ha intentado resistir, pero ya no es posible.

Tiene previsto abandonar su Afganistán natal a finales de siempre. Dice que para siempre, pero las dos sabemos que mientras tenga vida volverá si ve una posibilidad, por mínima que sea, de ayudar in situ a las mujeres y niñas de su país.

P: ¿Has perdido la esperanza en Afganistán?

R: Es lo que todo el mundo me pregunta: si he perdido la esperanza y si por eso me voy. En cierto modo, estoy muy cansada, tengo 78 años. Ya no soy joven. Y mi energía se está desperdiciando ahora mismo. ¿Qué estoy haciendo? Solo estoy ocupando espacio en Kabul, sentada sin poder hacer nada. Nuestras oficinas están cerradas, nadie nos da dinero y no podemos llevar a cabo ningún proyecto. Mi oficina se creó para proteger a las mujeres y para que ellas mismas se desarrollen. Es el Centro de Desarrollo de Competencias de las Mujeres Afganas, se trata del desarrollo de las mujeres, de protegerlas, se trata de ellas. Desde el día en que llegaron al poder, los talibanes quisieron cambiar el nombre de mi organización. ¿Por qué tiene que girar todo en torno a las mujeres?, pensaban. Consideran a las mujeres sus enemigas y les decía: No somos vuestras enemigas. Somos madres, hermanas, esposas, abuelas, mujeres de Afganistán. Así que dadnos nuestros derechos, dejadnos ser independientes, dejadnos hacer nuestro trabajo, así es como podéis mostrarnos respeto, no con palabras vacías. ¿Qué clase de respeto y protección es esta? No lo entiendo. Esto significa que, como seres humanos, somos tan estúpidas que siempre necesitamos protección. No lo somos. Protegednos con leyes, con las medidas que toméis, protegednos socialmente creando instituciones que funcionen. No nos protejáis así, quitándonoslo todo.

P: ¿Seguirás luchando por tu país y por sus mujeres vayas donde vayas?

R: Siempre, siempre, siempre. Son mi corazón, mi alma. Afganistán es mi corazón y mi alma. No te imaginas lo difícil que es para mí abandonar el país del que estoy absolutamente enamorada y no por conseguir algún beneficio. Afganistán es mío, yo soy de Afganistán y eso no significa que tenga que reportarme beneficios. El hecho de poder vivir aquí, llamarlo mi país y que el país me considere una de las suyas. Soy afgana, aunque ahora mismo sea afgana-estadounidense. Estoy en Afganistán, vivo aquí, trabajo aquí, respeto a esta gente y la quiero. Soy una mujer musulmana que quiere practicar su fe como desee. Eso es todo. Y algún día, cuando llegue el momento, cerraré los ojos y moriré y se acabará todo. No hay nada extraordinario en esto. Es solo una vida ¿por qué no podemos vivirla?

Nos despedimos con un "pronto nos vemos". No perdemos la esperanza de que sea de nuevo en Kabul, pero las dos sabemos que no será así a corto plazo, que tendrá que ser en su exilio, con dolor de alma y de corazón, donde nos veremos de nuevo.