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La decisión de Waheda: “Al huir de Afganistán, con los talibanes en las calles, me prometí que iba estudiar”

  • Esta joven refugiada narra en primera persona su peligrosa huida del país en el docushort ‘Afgana’
  • En agosto de 2021, consiguió coger el último vuelo de evacuación hacia España
Afgana, la decisión de Waheda
Ana Baquerizo

A Waheda Ahmadi se le iluminan los ojos al repasar sus éxitos académicos de los últimos cinco años. Tiene 22 años, salió de Afganistán con 17 años, cuando la llegada de los talibanes la forzó a convertirse en una refugiada en un país extraño para ella. Recién llegada de Kabul en 2021 y sin saber español, empezó segundo de bachillerato, aprobó la EBAU, hizo un grado superior en Educación Infantil y ahora está estudiando en la universidad un doble grado de Relaciones Internacionales y Comunicación Global.

Admite que cada uno de estos pasos son “grandes logros” en su vida. Sin embargo, recuerda que en cada graduación, incluso en cada clase, se ha acordado de sus primas y sus amigas. Todas siguen en Afganistán, donde la educación está prohibida para mujeres y niñas a partir de los 12 años. “De todas las limitaciones que los talibanes han impuesto, que les nieguen el derecho básico a la educación me parece lo más grave. Sin educación, ni siquiera puedes conocer tus otros derechos, no puedes desarrollar ciertos valores. Es algo en lo que pienso mucho”.

En 2026, Waheda acaba de aprobar el examen teórico del carnet de conducir, habla un español perfecto –además de inglés, francés y su persa natal–, está cumpliendo justo lo que se prometió en el momento que consiguió coger el último vuelo de evacuación a España aquel 25 de agosto: “Me prometí a mí misma que iba a estudiar y que mi hermana pequeña también iba a llegar al sitio que ella quisiera”.

Con motivo del quinto aniversario de la toma de Kabul, Waheda nos ha contado su historia en el docushort ‘Afgana, la decisión de Waheda’, en el que narra en primera persona cómo consiguió salir de Afganistán.

Conseguir huir con 17 años y no dejar a tu familia atrás

“Cuando los talibanes tomaron Kabul, todo el mundo estaba buscando una manera de poder salir del país. Se sentía el miedo en las calles”, confiesa Waheda. Ella también lo tenía claro. Nacida en el año 2004, no había vivido el anterior régimen (1996-2001); pero sus padres y sus abuelos sí y con eso le bastaba para saber que no quería vivir en lo que los talibanes llaman el “Emirato Islámico”. Así que se echó a su espalda la responsabilidad de salvarse y salvar a los suyos.

Las imágenes de desesperación por salir de Afganistán que nosotros contemplamos desde el sofá de nuestras casas, fue la realidad de Waheda durante varios días. Era el momento en que Estados Unidos y los países occidentales se retiraban del país apresuradamente, mientras los talibanes lucían las modernas armas –fabricadas y entregadas por Occidente– que había dejado atrás el Ejército afgano. Esos días, mientras los talibanes trataban de mostrarse al mundo como una versión moderada de sí mismos –conscientes del rechazo que provocaban–, Waheda Ahmadi luchaba por su futuro y el de toda su familia.

Quería salir de Afganistán junto a sus padres, sus dos hermanos y su hermana. “Después de mucho insistir, me ofrecieron salvarme a mí y a mi hermana. Pero yo no lo acepté, dije que no quería dejar a mis padres y a mis hermanos ahí”. Después llegó el esperado mensaje que decía: “Ahora o nunca”. Aunque era lo que quería, “en ese momento tomar la decisión de irte sin hablar con ninguno de tus otros familiares fue muy difícil”.

Mujeres y niñas, borradas del mapa por el “apartheid de género”

Cinco años después, la realidad ha dado la razón a quienes, como Waheda, querían salir a toda costa. Estos talibanes no son más modernos que los de los 90. Expertos de la ONU y organizaciones a favor de los derechos humanos como Amnistía Internacional aseguran que han instaurado un régimen de “apartheid de género” –una expresión que surgió a propuesta de activistas afganas– porque es una discriminación sistemática, en todos los ámbitos.

Además de en la educación, se ha restringido fuertemente su libertad de movimiento sin un acompañante mahram varón, prácticamente se les ha prohibido trabajar, se les han impuesto un estricto código de vestimenta. Los talibanes han prohibido los deportes femeninos, han cerrado los salones de belleza, incluso han impuesto restricciones a la voz femenina en el espacio público, especialmente cuando los talibanes consideran que otros hombres –que no sean de su familia– puedan escucharlas.

Son sólo algunos ejemplos, pero hay mucho más. La lista, que parece interminable, incluye una legalización de facto del matrimonio infantil y de la violencia machista, ya que permiten que el marido pegue a su mujer si no le provoca heridas abiertas ni le parte ningún hueso.

Los talibanes meten a “todos en una caja” y la comunidad internacional calla

Waheda, que pertenece a la minoría étnica Hazara, explica que Afganistán es un país diverso “en que convive gente diferente, hay muchas lenguas, mucha cultura, mucha historia, es rico en ese sentido. Sin embargo, el único objetivo de los talibanes es meternos en una caja, con limitaciones y restricciones”.

Recuerda que al principio pensó que la comunidad internacional no las dejaría solas, que presionaría a los talibanes. Cinco años más tarde, no puede creer que la situación de Afganistán ya no sea un tema de interés para la mayoría de la población de países democráticos. “Las mujeres afganas que están allí se sienten olvidadas, nadie habla de la situación de esas chicas jóvenes. Ya nadie habla de Afganistán y esto hace que se vean forzadas a aceptar esta realidad”, se lamenta.

La reflexión de Waheda es dolorosa: “Pienso que quizá hay gente que cree que la vida de las personas afganas no vale lo mismo, por eso no hay una movilización. No entiendo que quienes estamos fuera de Afganistán lo estemos normalizando, no estemos apoyando mucho más, hablando y actuando. Porque yo sí digo que todas las personas se merecen tener una vida digna y que es posible hacer algo”.