Cien años del nacimiento de Fidel Castro, símbolo de una Revolución que languidece en Cuba
- El eterno revolucionario gobernó durante 47 años una isla ahora asfixiada por su eterno enemigo
- Fue uno de los actores más relevantes del panorama internacional del siglo XX
En enero de 1959, las fuerzas revolucionarias cubanas entraron en La Habana tras lograr la caída del dictador Fulgencio Batista. Al frente estaba el comandante Fidel Castro, quien después gobernaría el país durante 47 años y se erigiría como uno de los actores clave de la política internacional en plena Guerra Fría. Referente de la izquierda latinoamericana del siglo XX y enemigo acérrimo de Washington, fue el símbolo de una Revolución que quiso hacer universal y que, 100 años después del nacimiento de su líder, languidece en una isla asfixiada por la escasez de combustible y constantes apagones, sumida en la peor crisis de sus casi siete décadas de historia.
Para muchos fue caudillo y tirano, pero Fidel Castro llegó al poder con la promesa de traer democracia y justicia social a un país que salía de siete años de dictadura. Tenía 32 años y una enorme capacidad retórica con la que conquistó y movilizó a los miles de cubanos que confiaron en su promesa de cambio. Su Revolución triunfó tras una guerra de guerrillas que arrancó en 1956, tres años después del fallido asalto al cuartel de Moncada en julio de 1953. Su figura y su legado, repletos de luces y sombras, siguieron siendo la piedra angular del régimen cubano cuando el líder revolucionario dejó la presidencia en manos de su hermano Raúl, en 2008, e incluso después de su muerte, en 2016.
"Recibí a Fidel en una explosión de júbilo, de masividad, de espontaneidad, que jamás he vuelto a ver en este país. Había triunfado la revolución y con él, la leyenda. Con ese triunfo era como si la mayoría de la gente lograra lo que había añorado durante muchísimo tiempo", relata a RTVE Noticias el periodista y escritor cubano Manuel Juan Somoza, que a sus 80 años recuerda que aún era "un muchacho" cuando escuchó hablar por primera vez de Castro. Después, dice, fue cuando "comenzaron a transcurrir las cosas, las contradicciones, las luchas, las amenazas", y también "los aciertos y los desaciertos", que el escritor plasmó en su novela Crónica desde las entrañas, que narra los avatares de una familia cubana en los primeros cincuenta años de la Revolución, con Fidel al frente.
Castro, a su llegada a La Habana tras la caída de Batista Getty Images
De joven revolucionario a líder comunista
Nacido en 1926 en una finca en Birán (Holguín), Fidel Castro fue el tercero de los siete hijos del terrateniente gallego Ángel Castro y de la cubana Lina Ruz, de familia campesina y natural de la provincia de Pinar del Río. Tras pasar por varias escuelas católicas de Santiago de Cuba —costeadas por su padre, que no le reconoció oficialmente como hijo hasta su adolescencia— se licenció en Derecho en la Universidad de la Habana y no tardó en involucrarse en la lucha política, primero contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y después contra Batista.
En 1956 se subió al yate Granma junto al Che Guevara y otros expedicionarios del Movimiento 26 de julio, dando comienzo a la lucha guerrillera contra la dictadura cubana que acabaría con el triunfo de la Revolución, que tuvo su base de operaciones en la cordillera de Sierra Maestra. "No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás todo sea más difícil", pronunció Fidel Castro a su llegada a La Habana en 1959, ante una multitud que lo recibió eufórica. No se equivocó. En abril de 1961, Castro se enfrentó al primer intento de derribar un Gobierno que acababa de nacer, cuando más de 1.300 cubanos exiliados —la brigada 2506, entrenada por la CIA— bombardearon bases cubanas e intentaron invadir la isla por la Bahía de Cochinos.
Castro logró contener la invasión con una victoria en la Playa Girón que la Cuba de hoy todavía celebra cada 19 de abril. Fue considerada la primera derrota estadounidense en América Latina y supuso el inicio del embargo económico con el que Washington asfixia, todavía hoy, a la isla. Fue entonces cuando el eterno revolucionario que repitió durante años que no era comunista, abrazó abiertamente esa tesis y se alineó con los soviéticos de la URSS tras frenar el ataque y, meses más tarde, repitió durante años al "soy marxista-leninista y lo seré hasta el último día de mi vida", que afirmó a finales de 1961.
Castro implementó en Cuba el llamado comunismo caribeño y gobernó siendo presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y primer secretario del Partido Comunista Cubano. Se encargó de consolidar poco a poco su poder personal, eliminando cualquier oposición real, a la que persiguió y reprimió. Mientras tanto, su concepción internacionalista de la Revolución le llevó a intervenir en Angola, Etiopia, Namibia y Sudáfrica, además de prestar refugio a todas las guerrillas de Latinoamérica.
Fidel Castro en su discurso en La Habana Getty
El periodista y fotógrafo cubano Rolando Pujol tenía apenas cinco años cuando triunfó la Revolución, pero mantiene recuerdos de esos primeros años de Gobierno que fueron cobrando más sentido con el paso de los años. "Mi madre y yo paseábamos por la calle y había una vidriera (escaparate) por la que solíamos pasar", relata a este medio. "Un día veo que nada más quedaba un maniquí de medio cuerpo con una camisita de cuadros. Y otro día paso y veo que está en cueros. ¡Aquí está pasando algo!", recuerda.
La situación, dice, se puso "tensa" desde el año 60, como resultado de que EE.UU. "dejó de abastecer" y la economía cubana empezó a resentirse. Washington impuso sanciones progresivas —como respuesta a expropiaciones a ciudadanos estadounidenses— que derivaron en un embargo total en febrero de 1962, tras la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA). La isla pasó entonces a depender económicamente de la URSS, el gran enemigo de Washington en plena Guerra Fría.
En 1962 Cuba implementó las cartillas de racionamiento, convertidas con el tiempo en política de Estado permanente. "La imagen de Fidel era aún algo lejano. Un niño aún no le presta atención a esas cosas, aunque en la escuela los libros hablaban del Ejército rebelde, del 26 de julio… Había algo de adoctrinamiento, bueno, contaban la historia de acuerdo con la versión oficial", explica Pujol. "A mí solo me preocupaba que me pusieran el plato de comida todos los días, aunque cada día se hacía más escaso y mi mamá pasaba más horas en el trabajo. Pero ella estaba enamorada de Fidel", recuerda.
Las luces y las sombras
Tras el triunfo de la Revolución, en 1961, Fidel Castro se puso como prioridad la alfabetización de toda la sociedad cubana, en especial de las zonas rurales. Y lo consiguió en menos de un año: el 21 de diciembre de 1961 se declaró Cuba 'país libre de analfabetismo'. Para ello, movilizó a jóvenes brigadistas que se desplegaron para enseñar a leer y escribir a más de un millón de cubanos. "En La Habana se sentía una efervescencia, el país entero quería cultura, y se volcaba hacia un futuro que se le prometía a través de los discursos", recuerda Pujol. También impulsó una sonada reforma agraria e impulsó la creación de un sistema de salud universal y gratuito.
"Del legado quedan dos ideas fuertes del imaginario social: el apego a la educación y salud públicas. Nada más. Hasta cierta fecha —aunque es un proceso, yo la situó en 1994– también cierto nacionalismo, ya hoy en sus horas más bajas. Solo compartido por un tercio ilustrado de la sociedad y un grupo exiguo de los hacedores de la Revolución", opina el presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, Manuel Cuesta Morúa, uno de los disidentes más conocidos de la isla.
Nacido en los 60, Cuesta Morúa cuenta que sufrió el impacto del 80 —año del Éxodo de Mariel, cuando miles de cubanos salieron masivamente hacia EE.UU., evidenciando el descontento de gran parte de la sociedad—. "Luego, en la universidad sufrí el doble impacto de mi formación más universal, ya bastante crítica, y el de la Perestroika (1985)", relata Cuesta Morúa, en alusión al rechazo rotundo de Castro al modelo de cambio soviético de Mijail Gorvachov.
La caída de la URSS y la negativa de La Habana a seguir los pasos de Moscú condujo al país al llamado Periodo Especial, una de las peores crisis económicas de su historia -hasta la actual- y que obligó por primera vez a abrir su economía al capital extranjero.
Un orador privilegiado
Fidel Castro era un orador privilegiado que cautivaba a las masas y que se llevó el mérito de pronunciar el discurso más largo de la historia: siete horas y cuarto ante el Parlamento cubano. "Hay dirigentes que surgieron de esa estructura burocrática política que se creó a lo largo del tiempo incapaces de improvisar un discurso, incapaces de crear los sentimientos y las sensaciones que despertaba Fidel y su liderazgo y su leyenda", sostiene Somoza.
"Mi mamá me llevaba a alguno de aquellos discursos y yo me quedaba dormido. Decía por Dios, ¿hasta cuándo voy a estar en esto?", cuenta Pujol, que reconoce ahora la capacidad de emocionar de alguien que, dice, se construyó a sí mismo como mito. "De hombre fuerte, de macho alfa, la barba, el uniforme militar, el siempre eterno guerrillero, el hombre que siempre estaba sobre las armas, dirigiendo a las masas. Fue inteligente y astuto. Él se paraba en la plaza, hablaba con todo el mundo engatusado a todos. Había que ver aquello", recuerda.
Así, bajo esa "esperanza de cambio", la gente soportaba las escaseces y la precariedad que se iban implementando, porque "siempre había la imagen del líder, el guía conductor, el hombre fuerte, el caballo, como le decían", explica Pujol, que cree que Castro fue capaz de sembrar la "personalidad patriótica" que aún pervive en el pueblo cubano. Para él, la represión ejercida hacia el éxodo de Muriel supuso "un choque" con la idea que hasta entonces había tenido del Gobierno. "Fidel creó un país monástico y una de las cosas que hizo fue anular la individualidad como parte del proyecto político social", asegura.
Fidel Castro y su hermano Raúl Getty
La Cuba de hoy
Fidel Castro murió en 2016, aunque diez años antes, aquejado de una grave enfermedad intestinal, delegó los poderes en su hermano Raúl, que gobernó el país durante una década marcada por la apertura económica y el acercamiento a Estados Unidos durante el Gobierno de Barack Obama. Fue su hermano, quien al filo de la medianoche, el 25 de noviembre de 2016, anunció al país en un mensaje retransmitido en la televisión cubana que Fidel, el símbolo de una Revolución que entonces atravesaba un momento dulce —el deshielo con EE.UU. llevó optimismo, ingresos económicos y un boom del turismo—, había muerto. La isla se sumió en diez días de luto, en los que sus cenizas recorrieron el país de extremo a extremo, desde La Habana hasta Santiago de Cuba, cuna de la Revolución y donde sus restos descansan en una discreta lápida de piedra en el cementerio de Santa Ifigenia.
Ahora, cien años después del nacimiento del líder revolucionario, Cuba está gobernada por primera vez por un dirigente, Miguel Díaz-Canel, nacido después del triunfo de la Revolución que emprendió Fidel.
La isla sobrevive ahora entre apagones que duran más de 20 horas diarias y bajo la amenaza constante de la Administración Trump, que insiste en que el Gobierno castrista tiene "las horas contadas" y persigue "un cambio de régimen. Díaz-Canel reconoció hace unos meses que mantiene conversaciones con EE.UU., ese eterno enemigo de Fidel que décadas después sigue teniendo a la isla contra las cuerdas.
Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el asedio petrolero estadounidense se ha acentuado y la situación en Cuba es cada vez más crítica. "Es la política que están aplicando para que la fruta termine de madurar y caiga en sus manos y vuelva a ser este país un protectorado como fue hasta el triunfo de la Revolución", asegura Somoza.
"Estamos en una lógica implosiva de todo el proyecto de nación y atrapados en una trampa geopolítica que expone la crisis estructural acumulada de Cuba como país material, como espacio de convivencia y como institucionalidad organizada", explica Cuesta Morúa, que opina que la salida tiene que ser "racional" y por la vía constitucional. Ahora bien, lo urgente, es que "se necesita cuantiosa ayuda humanitaria para atender la emergencia existencial del pueblo cubano".
Somoza no sabe qué pasara en el fututo, solo que "Fidel Castro Ruz forma parte de la historia americana y nadie podrá desconocer su personalidad y su entrega, con sus errores y sus aciertos, y con la capacidad de estar siempre en el lugar más difícil, donde los actuales dirigentes no están", dice y sostiene que es la visión de muchos compatriotas. "Cubanos que seguimos en esta tierra y moriremos en ella y que de muchacho nos incorporamos a la Revolución por el liderazgo de un hombre que nunca conocimos personalmente, pero que siempre sentimos como parte de nuestra familia".