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La barrera de arena que Israel levanta en Gaza para afianzar su división: "Pronto levantarán asentamientos"

  • La estructura consolida la llamada 'Línea Amarilla', concebida como una demarcación temporal
  • Israel mantiene el control de más del 60% del enclave, dejando hacinadas a dos millones de personas
Israel levanta barreras de arena en Gaza para afianzar su división y aislar a la parte donde no están sus tropas
Activistas de la derecha israelí suben apresuradamente una duna de arena mientras intentan adentrarse en el territorio en conflicto el 19 de julio de 2026 AFP

Israel está levantando una sucesión de grandes montículos de arena, terraplenes, posiciones fortificadas y carreteras militares cerca de la llamada Línea Amarilla, en el interior de la Franja de Gaza, una demarcación establecida en el acuerdo de alto el fuego de octubre para señalar el punto hasta el que debían replegarse las tropas israelíes y que hoy ocupa más del 60% del depauperado territorio costero.

"La barrera se adentra incluso más allá de la Línea Amarilla", dice Filipe Ribeiro, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) para Palestina en conversación telefónica con RTVE Noticias desde Ammán, adonde se ha trasladado el personal internacional de la organización humanitaria después de que Israel se negara a registrarla a comienzos de año, lo que impide que sus trabajadores coordinen con el Ejército israelí los desplazamientos o la seguridad de sus equipos, además de la entrada nuevo personal extranjero.

"Es la materialización de una nueva frontera. Si usted observa esa demarcación hacia el sur y el este, el terraplén aparece construido todavía más hacia el interior, en zonas donde vive la población. Israel controla actualmente alrededor del 70% de la Franja, lo que deja apenas un 30% —entre 110 y 150 kilómetros cuadrados— para unos dos millones de personas hacinados en espacios cada vez más reducidos. Estas obras están levantando una barrera física real dentro de Gaza", añade.

Según el acuerdo de alto el fuego alcanzado entre Israel y Hamás gracias a la mediación internacional, el Ejército hebreo debía replegarse poco a poco del interior de Gaza, pero el gobierno de Israel lleva meses ordenando lo contrario: desde el pasado mes de febrero construye más de 23 kilómetros -14 millas- de barreras de arena y carreteras que atraviesan comunidades palestinas demolidas por las fuerzas armadas. La extensión equivale a más de la mitad de la longitud de la Franja, que mide unos 40 kilómetros de largo por 11 de ancho y donde malviven más de dos millones de personas.

El pacto también contemplaba nuevas retiradas israelíes, el desarme de Hamás, el traspaso de la administración a un comité palestino y el eventual despliegue de una fuerza internacional. Nueve meses después, ninguno de esos elementos se ha materializado plenamente. "Aquí, en Gaza, no esperamos nada: ni que el Ejército se retire ni que Hamás entregue las armas", afirma Abdala. "La situación es extremadamente complicada y no hay ninguna novedad sobre la fuerza internacional o sobre quién administrará la Franja. Todo lo que se propone son palabras sobre el papel, sin que exista una negociación seria".

Su pesimismo refleja la parálisis del proceso: Hamás no ha aceptado entregar todo su arsenal, Israel mantiene sus tropas en más del 60% del enclave y las conversaciones sobre la fuerza internacional o la futura administración apenas han avanzado. "No tenemos ninguna esperanza de que la guerra termine o de que el Ejército israelí se retire", añade.

Cuando comenzó el alto el fuego, la línea dejaba aproximadamente el 53% de Gaza bajo control israelí. Desde entonces, Israel ha desplazado algunos de los bloques que la señalaban, ampliado las áreas restringidas y levantado nuevas posiciones militares. Mapas difundidos por el propio Ejército situaban ya en primavera ese control efectivo en torno al 64%. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ordenó en mayo avanzar hasta el 70%: "Estábamos en el 50%, pasamos al 60%. Mi directriz es avanzar. Primero, al 70%", afirmó entonces.

Mapa con la demarcación en verde de la nueva barrera de arena que está construyendo Israel para dividir totalmente Gaza, según denuncian ONG

Mapa con la demarcación en verde de la nueva barrera de arena que está construyendo Israel para dividir totalmente Gaza, según denuncian ONG AP

Los palestinos "a la vista" de los israelíes

Apenas a un kilómetro de las obras que se desarrollan en el sur, cerca de la ciudad de Jan Yunis, Abdala observa cada día el avance de las excavadoras. "Es una presa de arena y pronto construirán asentamientos en las zonas más altas", asegura a RTVE Noticias este palestino que malvive junto a su hijo pequeño, Arkan, en el sur del enclave.

Sus otros dos hijos mayores ya no residen con él, pero el menor continúa bajo su tutela. "Sigue muy frágil, sin la alimentación adecuada porque en Gaza falta de todo y todavía afectado por la muerte de su madre, a quien vio morir delante de sus ojos cuando la mataron los israelíes mientras se dirigía a la clínica", relata al teléfono. Desde este dispositivo envía vídeos grabados por los vecinos en los que se aprecia el trabajo nocturno realizado por las excavadoras, apreciable desde la distancia por los potentes focos que portan los vehículos.

Imagen de las excavadoras israelíes que trabajan de noche en la construcción de las barreras de arena que sellarán la división de la Franja

Así, en Gaza, Israel está convirtiendo el que era un trazo sobre un mapa o líneas intermitentes de balizas de color amarillo, en una división física sobre el terreno. Las obras, que están siendo ejecutadas con enorme rapidez y están protegidas por posiciones militares, consolidan la separación entre la zona bajo control israelí y la palestina, dificultando que los gazatíes puedan aproximarse o atravesar la demarcación. "No podemos acercarnos. Está prohibido", confirma Abdala.

La sección más grande recorre casi 17 kilómetros desde las inmediaciones de Jan Yunis hasta puntos próximos a la ciudad de Gaza, ampliándose tanto hacia el norte como hacia el sur. Otro tramo avanza a través de las ruinas de Rafáh, separando la ciudad —bajo control israelí y prácticamente despoblada— de los grandes campamentos de desplazados de Al Mawasi. Ese tramo apenas alcanzaba los 500 metros el 1 de julio, pero dos semanas después se extendía ya durante unos 2,4 kilómetros y, de continuar en la misma dirección, podría acabar conectada con la barrera principal.

Aunque Israel no ha vinculado públicamente las obras con ningún proyecto de colonización ni ha anunciado la creación de asentamientos civiles a lo largo de su recorrido, el temor de Abdala es que el próximo paso del Ejecutivo de Benjamín Netanyahu sea la construcción de asentamientos, tal y como han anunciado públicamente desde el ala más radical de su gobierno los ministros Ben Gvir y Bezalel Smotrich.

Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), tras examinar las imágenes por satélite de Planet Labs, distribuidas por la agencia Associated Press (AP), confirmaron la construcción de esta barrera física en la zona establecida para el repliegue de sus tropas. Una confirmación que también ha llegado a RTVE Noticias. El dispositivo en Gaza incluye "una zona de seguridad, una barrera física, capacidades de inteligencia, medios tecnológicos y actividad operativa", reza el texto facilitado.

En sus líneas también afirman que las tropas del Mando Sur "permanecen desplegadas en la Línea Amarilla de acuerdo con el alto el fuego, las directrices de las autoridades políticas y la evaluación operativa de la situación". "Estas medidas buscan impedir infiltraciones y actividades hostiles y proteger tanto a sus soldados como a las comunidades del Néguev occidental", indican. Igualmente, aseguran que el objetivo es señalizar de manera clara y visible la Línea Amarilla sobre el terreno con el fin de "reducir las fricciones", pero se niegan, por razones de seguridad operativa, alegan, a precisar "el trazado y la extensión de la barrera" o los elementos que integran el despliegue.

A medida que el alto el fuego se estanca y no se producen nuevos repliegues israelíes, la falta de explicaciones alimenta el temor de que una línea concebida como temporal termine convirtiéndose en una división permanente de Gaza. Ni el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), encargado de supervisar el alto el fuego, ni la Junta de Paz -el organismo dirigido por el presidente estadounidense Donald Trump que eventualmente supervisará el enclave- se han querido manifestar sobre este tema, pero enviado de esta última, Nickolay Mladenov, ya advertía en mayo ante el Consejo de Seguridad de la ONU de que la situación podía desembocar en una división permanente, con más de dos millones de palestinos confinados en menos de la mitad de un enclave de apenas 365 kilómetros cuadrados.

Israel presenta estos territorios como zonas de seguridad para evitar otro ataque como el del 7 de octubre de 2023, mientras los palestinos consideran que la ampliación de estas áreas, las demoliciones y la nueva barrera forman parte de una estrategia para reducir de manera permanente su espacio vital.

Desgaste social y catástrofe sanitaria

A la permanente incertidumbre sobre el futuro que aqueja a la sociedad palestina, hay que añadirle la falta de agua, medicamentos y alimentos que siguen padeciendo los gazatíes a casi tres años de desplazamientos. "Hemos llegado al límite. En los hospitales no hay medicamentos ni tratamientos médicos y tampoco tenemos alimentos saludables", lamenta Abdala. El cansancio ha dado paso a una desesperación generalizada: "La gente está harta de la guerra. Muchos dicen que simplemente desearían morir para librarse del hambre, el miedo y el terror de haber perdido sus casas y verse obligados a vivir en tiendas, en las calles o incluso en los cementerios. Los habitantes de Gaza desean morir para escapar de las cargas de la vida y de las necesidades de sus hijos, que les piden comida, bebida o unas monedas para comprar patatas fritas, galletas o chocolate. Pero en Gaza no hay trabajo ni dinero. La guerra nos ha consumido y ha agotado por completo nuestras vidas y nuestras fuerzas”, concluye.

El testimonio de Abdala coincide con los datos de las organizaciones humanitarias. Hospitales y clínicas registran decenas de miles de menores afectados por diarreas, gastroenteritis, infecciones respiratorias y enfermedades de la piel. Entre enero y abril, los equipos de MSF realizaron 86.000 consultas a menores de 15 años en una veintena de centros e ingresaron a 4.860: los niños representaron el 25% de las consultas, pero más del 34% de las hospitalizaciones. Entre septiembre de 2025 y marzo de 2026 se registraron 112 muertes de menores de un mes en los hospitales Al Helou y Nasser (apoyados por MSF), una mortalidad equivalente al 6% de los ingresos neonatales, debida principalmente a insuficiencia respiratoria y sepsis.

En el hospital pediátrico de campaña de Deir al Balah, los bebés de entre uno y doce meses constituyen el 58% de los ingresos pediátricos (el doble que en otros escenarios de emergencia de la organización). La interrupción de las vacunaciones y la escasez de medicamentos agravan el riesgo de deshidratación mortal por diarrea. Además, la proliferación de roedores ha aumentado las mordeduras de rata, y durante el primer trimestre de 2026 los menores de 15 años representaron el 60% de los pacientes tratados por sarna y otras infecciones cutáneas en tres clínicas de MSF, recontagiándose al regresar a las mismas tiendas sin agua ni saneamiento.

Más de 1.150 muertos desde la tregua y una reconstrucción paralizada

Así las cosas, si bien el acuerdo del pasado mes de octubre redujo los combates a gran escala, tampoco detuvo las operaciones israelíes. Desde entonces han muerto más de 1.150 palestinos, en su mayoría civiles, y al menos cuatro soldados israelíes. Israel afirma que persigue a miembros de Hamás que amenazan a sus tropas, mientras el grupo acusa a Israel de violar la tregua y condiciona su desarme a la retirada y la reconstrucción. Desde el 7 de octubre de 2023 han muerto más de 73.000 palestinos, según el Ministerio de Sanidad gazatí —cuyas cifras utiliza la ONU, aunque no distinguen entre civiles y combatientes—; el ataque de Hamás dejó unos 1.200 muertos en Israel y 251 secuestrados.

Naciones Unidas, la UE y el Banco Mundial cifran en 35.200 millones de dólares los daños materiales y en 22.700 millones las pérdidas económicas. La recuperación requerirá 71.400 millones durante la próxima década, 26.300 de ellos en los primeros 18 meses. La vivienda concentra el mayor daño y necesitará 16.200 millones; la agricultura y el sistema alimentario, 10.500 millones; la sanidad, 10.000 millones; y el comercio y la industria, 9.000 millones.

Oxfam calcula que la factura multiplica por siete la estimada tras las guerras de 2008-2009, 2014 y 2021 juntas. De los 5.400 millones prometidos en 2014 solo se desembolsó la mitad y, de los 17.000 millones anunciados en febrero de 2026, apenas había llegado una pequeña parte en mayo.

A ello se suman los daños más duraderos: más de 50.000 personas necesitarán rehabilitación y una de cada cuatro lesiones dejará secuelas permanentes. Sin recursos, seguridad, financiación ni unidad territorial, no habrá una reconstrucción viable en la Franja de Gaza. Mientras tanto, a un kilómetro de la casa temporal de Abdala, los focos de las excavadoras y las luces desplegadas a su alrededor seguirán iluminando cada noche la única obra que sí avanza: la barrera de la Línea Amarilla, que confina a cientos de miles de palestinos en un territorio cada vez más pequeño, oscuro y asfixiante.