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Negar a la selección francesa es negar la idea de Francia

  • ‘Les bleus’ encarnan un ideal de igualdad, la prueba de que un descendiente de inmigrantes asciende en la escalera social
  • Si se niega que el futbolista héroe sea un francés genuino, ¿qué le queda al hijo de inmigrantes que no marca goles?
Negar a la selección francesa es negar la idea de Francia
Kylian Mbappé, de Francia, y sus compañeros celebran el segundo gol de su equipo durante el partido de cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Francia y Marruecos, disputado en el Boston Stadium DPA vía Europa Press Europa Press
Antonio Delgado (Corresponsal RNE París)
Antonio Delgado (Corresponsal RNE París)

Los comentarios racistas sobre la selección francesa de fútbol atacan una fibra sensible: la idea que Francia se hace de sí misma. La indignación contra el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy se explica porque su artículo cuestiona, quizá sin pretenderlo, el principio básico que coexiste con la República Francesa.

Francia es un país demográficamente diverso desde hace generaciones, efecto combinado de su pasado colonial y de la inmigración económica. No es una historia fácil. La cuestión identitaria, los problemas de integración, tensan desde hace décadas su debate político y son el combustible que ha aupado a una de las extremas derechas más pujantes de Europa.

Pero en ese escenario inflamable, ‘les bleus’ encarnan un ideal de igualdad republicano. Sus estrellas Kylian Mbappé o Ousmane Dembélé vendrían a ser la prueba de que un descendiente de inmigrantes, negro o musulmán, criado en un barrio de aluvión – los denostados ‘banlieu’-, puede ascender en la escalera social hasta el punto de representar a Francia ante el mundo.

El discurso igualitario

La realidad, claro, es mucho más compleja fuera de los estadios. Pero si se niega que el futbolista héroe sea un francés genuino, ¿qué le queda al hijo de inmigrantes que no tiene la fortuna de marcar golazos? ¿Cómo creerse el discurso igualitario que mal que bien todavía apuntala a la sociedad francesa, desde la escuela laica hasta las fuerzas armadas?

Al escribir que Francia juega "sin franceses", el expresidente del gobierno Mariano Rajoy está pinzando, probablemente de forma involuntaria, ese nervio nacional. De ahí la indignación con la que ministros y partidos franceses han reaccionado a su artículo.

Ousmane Dembélé (7), de Francia, es abrazado por el entrenador de la selección francesa, Didier Deschamps, después de que Francia derrotara a Marruecos Martin Meissner Martin Meissner / AP

"Palabras abyectas", según la ministra portavoz, Maud Bregeon; "patéticas", según el titular de Exteriores, Jean Noel Barrot; “totalmente inaceptables”, según el del Interior. Este último, por cierto, se llama Laurent Núñez y es descendiente de emigrantes andaluces que se hicieron franceses en la Argelia francesa.

El artículo de Rajoy echa sal en una herida ya abierta por los cánticos de aficionados argentinos contra la selección francesa en 2022 —‘corran la bola, juegan en Francia, pero son todos de Angola’— o, durante este Mundial, por la senadora paraguaya que publicó mensajes xenófobos contra Mbappé.

Antecedentes del discurso

También en Francia hay quien ha roto el tabú. Recientemente, el comentarista ultra y aspirante a líder político Eric Zemmour. Y en los años 90, el patriarca de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen, quien ya decía que la selección liderada por Zinedine Zidane, hijo de argelinos, "no tenía nada que ver con un equipo de Francia". En 2010, su hija y heredera política, Marine Le Pen, aún mantenía ese discurso al afirmar que la mayoría de los jugadores seleccionados para el Mundial de Sudáfrica "tienen otra nacionalidad en el corazón".

Obviaban que grandes figuras históricas del fútbol francés tenían orígenes foráneos: Raymond Kopa, algo así como el Di Stefano francés, era hijo de polacos. La selección que en 1984 derrotó a España en la final de la Eurocopa incluía a Michel Platini, descendiente de italianos; Manuel Amorós y Luis Fernández, de españoles; o Jean Tigana, nacido en Malí. El matiz nuevo e inconfesable que permitía el discurso de los Le Pen veinte años después era el color de piel de los jugadores. Pero la Marine Le Pen de ahora no es la de 2010. Líder en los sondeos electorales gracias a su estrategia de moderación, Le Pen es partidaria de restringir la inmigración, pero evita cualquier tinte etnicista en su discurso. Hasta el punto de que un portavoz de su partido, Agrupación Nacional, se ha declarado “consternado" por las palabras de Rajoy.