Santiago González, español en la flotilla: "Ben Gvir nos dijo que 'ni Palestina, ni Gaza, existen' y nos llamó terroristas"
- El español describe golpes y humillaciones en una violencia que va "in crescendo" en el país
- Varios activistas están hospitalizados con "lesiones fuertes" mientras el resto espera poder viajar a España
Santiago González Vallejo, uno de los 44 españoles de la Flotilla de la Libertad con destino a Gaza, interceptada por fuerzas israelíes en aguas internacionales con más de 400 activistas a bordo, permanece en Estambul bajo seguimiento médico tras su deportación. Veterano de la Global Sumud Flotilla —es su segunda travesía—, denuncia una violencia "in crescendo" por parte de Israel en iniciativas humanitarias como la que acaba de frustrarse en su objetivo de llegar a la Franja.
En entrevista con RTVE Noticias desde Estambul, donde permanece a la espera de poder viajar de regreso a España, describe golpes, inmovilizaciones con bridas que cortaban las muñecas y horas arrodillado durante las largas horas de detención tras el abordaje de su barco por parte de la Armada israelí. Quince horas en las que no pudo ni ir al baño ni tomar la medicación crónica que necesita y que le fue retirada, aunque su situación no es la peor.
Mientras el retorno del grupo se aplaza y al menos cuatro activistas siguen hospitalizados por contusiones y posibles fracturas, la coalición organizadora prepara acciones legales por agresiones y detención arbitraria, al sostener que los abusos responden a una dinámica “estructural e institucionalizada”. Este es el relato de su personal "vía crucis" tras el último intento, nuevamente frustrado por Israel, de romper el bloqueo por tierra, mar y aire que sigue ejerciendo sobre la Franja de Gaza.
Pregunta: ¿En qué estado te encuentras tras la detención y la deportación a Turquía desde Israel?
Respuesta: Estoy con magulladuras por los golpes en las costillas o en las rodillas por haber estado tanto tiempo en el suelo, en una posición incomodísima. Tengo dolor al andar o subir escaleras, pero psicológicamente estoy bien, eso es lo importante.
P.: Entre los 44 activistas españoles, ¿cuántos crees que han sufrido malos tratos por parte de las fuerzas de seguridad israelíes?
R.: Prácticamente todos. Al sacarnos del barco, nos trasladaron en volandas desde el buque hasta el centro aduanero. En ese trayecto, soldados o policías, no pude distinguirlos, nos golpeaban sistemáticamente: puñetazos a las costillas, patadas. Luego fue a más, in crescendo. Primero, nos obligaron a estar de rodillas durante mucho tiempo; las tenemos magulladas. A mí me forzaron a ponerme en cuclillas, se ve que no les gustaba cómo estaba y me empujaron la cabeza contra el suelo. También tengo magulladuras en la cabeza. El trato no es excepcional: actúan con sensación de impunidad, como si nunca fueran a recibir sanciones.
P. : ¿Cómo están siendo los trámites de la Embajada de España?
R.: La embajadora en Estambul habló con varias aerolíneas para conseguir plazas y repatriarnos poco a poco. No hay asientos para todos a la vez, así que saldremos por goteo. Desde Israel volamos desde el aeropuerto Ramón (en el sur de Israel), que, por cierto, estaba lleno de aviones estadounidenses, a Estambul. Desde allí están buscando plazas a Madrid y Barcelona con distintas compañías.
Santiago González Vallejo (en el centro) junto al resto de integrantes del buque Adalah, de Rumbo a Gaza - Freedom Flotilla Rumbo a Gaza - Freedom Flotilla
P.: ¿Desde cuándo participas en estas flotillas y cómo ha evolucionado la actuación de Israel en las interceptaciones?
R.: Me integré desde el inicio, tras el impulso de Manuel Tapial y Laura Arau, que fueron los primeros. He trabajado en alrededor del 80% de las flotillas, tanto en la organización como activista el año pasado a bordo del barco "Hamdala". La violencia ha ido a más. Esta vez ha sido mucho peor que la anterior, donde el trato fue infinitamente mejor, si es que se puede llamar a eso "mejor". En esta ocasión, ya detenidos, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, nos visitó rodeado de cámaras y nos insultó diciendo que "Palestina no existe", que "Gaza no existe" y que somos todos "unos terroristas" o "amigos de terroristas". En ese momento éramos unas 80 personas en una de las celdas de reconocimiento y él estaba rodeado de cámaras.
P.: ¿Qué tipo de trato recibisteis?
R.: A partir de esos insultos, aumentó el acoso. Nos negaron ir al baño: yo pasé más de 15 horas sin poder hacer mis necesidades, desde el ingreso hasta el avión. Soy enfermo crónico, pero tiraron mis pastillas y desatendieron mis peticiones de poder recuperarlas.
P.: ¿Qué casos graves has presenciado entre los más de 400 activistas?
R.: El capitán belga del barco Perseverance está hospitalizado. Hace poco le han estado sacando líquido de los pulmones por los golpes. Una capitana de otro barco también recibió un disparo de bala de goma en la pierna dentro de la embarcación. En Israel casi que le fueron a poner una tirita, pero una vez en Turquía la lesión ha requerido puntos y curas para evitar secuelas. Vi a un compañero francés con la espalda completamente amoratada y llena de marcas por dormir en el suelo de la cárcel.
P.: Dices que la ruta era conocida y que la interceptación se produjo cerca de aguas europeas. ¿Qué responsabilidad ves en actores internacionales?
R.: Éramos barcos europeos, con tripulaciones europeas, y la ruta era pública. No hubo medidas preventivas en España, Italia o la UE, ni actuación de la OTAN pese a conocer el riesgo de secuestro. El primer abordaje fue cerca de aguas territoriales de países de la Unión Europea; abordaron y piratearon los barcos sin consecuencias. ¿Dónde estaba la OTAN? Se habla mucho de la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, pero no del derecho del mar, del libre tránsito para aliviar el bloqueo de Gaza. Por eso la flotilla va a continuar.
Santiago González Vallejo poco antes de ser abordado por la Armada israelí Rumbo a Gaza - Freedom Flotilla
P.: Hay quien cuestiona la utilidad de las flotillas si terminan en detenciones y deportaciones. ¿Qué se logra?
R.: Nuestra actuación se centra en tres aspectos. El primero, exponer la impunidad. La UE mantiene un discurso, pero sin sanciones efectivas, por ejemplo, al comercio con asentamientos, el derecho internacional no se aplica. Cuando ciudadanos europeos ven el mal trato a compatriotas pacíficos, empiezan a preguntarse por el trato diario a los palestinos. Segundo, nuestro objetivo es humanitario. En esta misión la carga de ayuda era testimonial, sí, pero nuestro objetivo es subrayar que, tras casi un año de alto el fuego, la ayuda no llega en cantidad o calidad suficientes y queda al albur de vetos; incluso con funcionarios europeos presentes, la práctica queda supeditada a autorizaciones israelíes. En tercer lugar, buscamos la presión política sostenida: ese "gota a gota" llena el vaso de la ciudadanía y empuja a gobiernos -España ha restringido importaciones de asentamientos-, pero exigimos coherencia: persisten vacíos y empresas que se lucran sin sanción.
P.: ¿A qué empresas españolas señaláis?
R.: CAF, por el tranvía de Jerusalén que conecta con colonias, y constructoras implicadas en infraestructuras como esa y que recorre Cisjordania de norte a sur. Empresas que dan servicio al metro de Madrid o a Renfe y, a la vez, se lucran con la colonización. Por eso pedimos sanciones coherentes con la base de datos de la ONU sobre compañías vinculadas a asentamientos.
P.: ¿Cómo ha cambiado la situación en Palestina durante los años a bordo de distintas flotillas?
R.: Ha cambiado a peor, mucho. He estado en Palestina siete veces desde 1992. La Casa de Oriente en Jerusalén, que era un símbolo institucional palestino, fue clausurada; las sedes de la UNRWA -la agencia de la ONU para los refugiados palestinos- fueron demolidas mientras se anuncian miles de viviendas para nuevos colonos; el muro sigue expandiéndose; en Gaza, de facto, Israel mantiene un control de casi el 60% del territorio. El Cuarteto para Oriente Medio (ONU, EE.UU., UE, Rusia) lo permitió en el pasado y la UE lo consiente con muchas declaraciones, pero sin sanciones. Hacen falta medidas reales: comerciales, políticas y también sobre los ciudadanos con doble nacionalidad que sirven en el ejército ocupante. No es aceptable que un español sirva en un ejército de ocupación.
P.: Tras lo sucedido el 7 de octubre de 2023, muchos israelíes os acusan de connivencia con terroristas. ¿Qué les responderías?
R.: Es una acusación falsa que ignora el contexto. La colonización y la expoliación de recursos —incluida el agua— no empezaron el 7 de octubre; son políticas sostenidas por Israel a lo largo de décadas. Si de verdad se quiere reducir la violencia, hay que atacar las causas: el supremacismo y la colonización. Nadie acepta ser humillado ni vivir sin derechos. Mientras esas causas sigan, habrá violencia. Hay que poner medidas que desactiven esas raíces.
Activista de la ONG israelí "Paz ahora" Getty Images
P.: ¿Qué les dirías a quienes son contrarios a la ocupación y luchan por un país diferente?
R.: Les admiro. Conozco a varios y su coste personal es muy alto. La clave es la igualdad de derechos: el fin del apartheid, el reconocimiento pleno del pueblo palestino. Todos somos seres humanos antes que las etiquetas que puedan ponernos —musulmanes, cristianos o judíos—. Mientras alguien crea que un grupo es superior a otro y que puede "hacer lo que quiera" con los palestinos, el conflicto continuará. Esos israelíes son valiosos para empujar el cambio.
P.: ¿Ves viable un Estado binacional donde convivan ambos pueblos o la llamada "solución de los dos Estados", que parece más muerta que nunca?
R.: El encaje, ya sea un Estado o dos, es secundario mientras persistan normas y prácticas discriminatorias. Primero hay que desmantelar la colonización y las leyes de privilegio, por ejemplo, que cualquier judío del mundo, europeo o norteamericano, pueda llegar a Palestina y asentarse o tomar por la fuerza una tierra donde vive gente desde hace generaciones; cuando a los refugiados palestinos se les niega el retorno a sus lugares de origen o se les expulsa como estamos viendo ahora con los colonos en Cisjordania. Primero, hay que garantizar la igualdad ante la ley. Luego, acordar el marco político, tal y como sucedió en Europa. ¿Cuántas guerras mantuvieron España y Francia siendo vecinos? Hoy ya no las hay porque hay convivencia e igualdad de derechos.
P.: ¿Va a seguir la flotilla después de esta nueva interceptación?
R.: Sí. Seguiremos con la labor de sensibilización y presión institucional hasta que los palestinos puedan vivir con dignidad. Palestina no es un eslogan ni una foto histórica: es un pueblo vivo. Defender sus derechos humanos es una obligación. Mantendremos ese "gota a gota" hasta que cale. Seguiremos.