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El juicio de la familia Pujol, visto para sentencia

  • Fuentes cercanas al tribunal apuntan que les gustaría notificarla a finales de julio
  • Empezó en noviembre con 19 acusados y acaba casi seis meses después con 17 personas enfrentadas a penas de cárcel
El juicio de los Pujol queda visto para sentencia

Faltan pocos segundos para las 13.50 cuando el presidente del tribunal, Ricardo de Prada, pronuncia la frase. "Bueno, pues… visto para sentencia". Se oye una risa tímida. Y es del presidente. Levanto la vista para mirar a los magistrados. Los tres sonríen. María Riera abre los brazos como quien dice "ya hemos acabado (por fín)". Su compañera, María Fernanda García, es la que tendrá que redactar la ponencia. Y, según las intenciones del tribunal, la sentencia podría estar lista en julio. A finales.

Ninguno de los acusados ha ejercido el derecho al turno de última palabra. Es lo que aconseja el manual de estilo del buen abogado defensor. Si asumes el riesgo, y dices algo inconveniente, ya no hay margen para rectificar.

A los pocos minutos, todos los actores salen de la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando, donde se han celebrado la mayoría de las sesiones. El ambiente es muy distendido. Abrazos, despedidas, rostros relajados y un ritual de salidas ya vivido todos estos días. Pero ya no se repetirá más. Como casi siempre, el primero en salir al exterior es Jordi Pujol Ferrusola, que va y viene con el teléfono enganchado a la oreja por la acera del edificio. Oriol Pujol, sin embargo, sale decidido sin mirar atrás y a paso ligero. Oleguer Pujol arrastra la maleta. Después, el resto.

En el patio de entrada se van acumulando corrillos de abogados y periodistas. Algunos letrados aprovechan para deshacerse de las corbatas tras colgar las togas. Han estado casi medio año viajando de Barcelona a Madrid dos veces al mes.

Sin cambios de discurso

Punto y final al juicio que hace dos semanas ya desveló la respuesta más esperada a qué pasará con Jordi Pujol. Exonerado. Como hace justo 40 años (1986) en el caso Banca Catalana. Pero, ahora, por motivos médicos acreditados por cuadriplicado con informes forenses contundentes. Fue el 27 de abril. Creo que el día que más relajados hemos visto a sus hijos. Que sí, que son la familia Pujol, que el padre fue el hombre que rigió en Cataluña 23 años. Pero eso no quita que son hijos de un padre. Como cualquier hijo de vecino. Y que sufrían por él. Si no le han visto últimamente, Jordi Pujol es un hombre de 95 años muy frágil físicamente y con un deterioro neurocognitivo reconocido que le incapacita penalmente.

Ni acusaciones ni defensas han modificado un ápice su discurso inicial. La suerte está echada. ¿Cuál de las dos hipótesis enfrentadas entre unos y otros avalará el tribunal? Imagínense una moneda. La cara, los fondos procedían del legado del abuelo Florenci. La cruz, los fondos procedían de comisiones ilegales conseguidas por su influencia política, ocultadas y blanqueadas. Absolución o condena. El tribunal deberá decidir de qué lado cae. Si se queda de canto va a tener que justificarlo muy mucho. No sé si debería preocuparle. Falle lo que falle, le van a caer por todos lados. O por poco o por mucho.

El patriarca, exonerado

Si echamos la vista atrás y nos vamos a noviembre, recordamos que aquellos días previos al juicio Jordi Pujol ingresó en el hospital. Incluso, pocas semanas antes de eso, dos medios llegaron a publicar que había muerto. Aquel primer día de juicio, el 24 de noviembre, el tribunal sometió al expresident a un examen médico en su domicilio de Barcelona. A puerta cerrada. Y entendió que no hacía falta hacerle viajar a Madrid. Pero que, le dijo De Prada, "el juicio va a continuar con su presencia". Telemática. Cuando le tocara declarar, valorarían qué hacer. Como así pasó.

Lo supimos cuando se encendieron las pantallas desde donde podemos seguir el juicio en la sala de prensa. Y apareció por videoconferencia Jordi Pujol, acompañado de su abogado Albert Carrillo. Sí, su abogado. No solo está con él Cristóbal Martell, uno de los grandes penalistas y gran orador en sala que hay en España. Carrillo está en la causa desde el principio. Y, aunque se mantiene en su segundo plano, su trabajo es de auténtica hormiguita.

En ese momento, cuando la pantalla se llenó con la cara del expresident, supimos que esa sería la imagen del juicio.

Poco después, el encuadre de Jordi Pujol y Carrillo con una librería de fondo bajó al lateral izquierdo del monitor. Y allí, en plano general, estaban sentados sus siete hijos, su exnuera y 10 empresarios. Los acusados. Los hermanos, muy espaciados, siempre.

La imagen de los acusados en el banquillo no ha sido frecuente porque el tribunal les dispensó de ir a todas las sesiones. Solo les exigió que estuvieran disponibles para el tribunal. Y el único acusado que no se ha perdido más que un par de jornadas ha sido Jordi Pujol Ferrusola, el primogénito. Y siempre atento, tomando notas, sin aspavientos. Él se enfrenta a la mayor petición de pena, 29 años.

El papel del fiscal

El fiscal Fernando Bermejo es el único de los actores que no hemos visto entrar por la puerta principal. Sí lo hacían cada día los abogados del Estado, la otra acusación que resistió al paso del tiempo. Cuando la causa estaba en instrucción, se presentaron acusaciones populares. Pero se fueron retirando discretamente del escenario. Doce años dan para reflexionar mucho.

Bermejo ha tenido interrogatorios difíciles. Los testigos por videoconferencia, muchas de ellas técnicamente deficientes, no lo han facilitado. Ha habido más de 200 testigos. Creo. Porque entre los que citaron y ya estaban muertos o los que fueron renunciados, como Vicky Álvarez, la examante del primogénito. O con los que se equivocaron porque no tenían nada que ver con el caso. Es difícil concretar. Estoy segura que los abogados tienen la cifra exacta pero hoy les vamos a dar un respiro, que el cansancio que arrastran todos es visible a distancia. Hasta llegar a dormirse en alguna sesión.

El mano a mano de Bermejo con Jordi Pujol Ferrusola fue muy intenso. Más de seis horas, si no recuerdo mal. Si uno daba datos, el otro más. Recuerdo el mareo de cifras. Hablan de miles de euros con una indiferencia que tienes que pellizcarte. A mí esas cantidades me parecen solo al alcance de unos pocos. Y hablan de operaciones financieras, transferencias internacionales, negocios en Gabón o inversiones en México con tal naturalidad que te planteas si te has equivocado de trabajo. Solo es un momento.

Con los otros hermanos, el fiscal no tuvo problemas: no quisieron contestar a sus preguntas. Y para nosotros no fue difícil seguirles. Salvo Josep, que se juega 14 años de cárcel, los otros (Oriol, Marta, Pere, Mireia y Oleguer) dieron una versión corta y calcada del legado que les dejó el abuelo y de cómo, aseguran, no lo blanquearon. Admiten que lo ocultaron, que eran fondos opacos. Pero que poco antes de que Jordi Pujol confesara la fortuna oculta, regularizaron todo el dinero. Menos Oriol Pujol. En su caso, en el momento que empezó a despegar su carrera política, asegura que se lo entregó al hermano mayor. Estos 5 se enfrentan a 8 años de cárcel.

Y los empresarios que supuestamente colaboraron en el blanqueo de capitales y en la falsedad documental se enfrentan a penas de 5 años. Al final eran 9. Carles Vilarrubí falleció en diciembre pasado. Y obviamente, se extinguió la responsabilidad penal.

Ahora hay quien ya está haciendo porras. El tribunal no lo tiene fácil. ¿El origen de la fortuna fue la deixa de l’avi Florenci y el delito de no tributarla está prescrito? O ¿el origen son las comisiones que consiguió un clan criminal por su influencia política? ¿Hay pruebas de lo uno o de lo otro? Ardua tarea, la de la ponente, para poner negro sobre blanco todo eso.

Aquí estaremos para explicarlo.