Enlaces accesibilidad

Una respuesta "impecable" y "proporcionada": el Hondius pone a prueba los mecanismos sanitarios internacionales

Protocolos evacuación MV Hondius.
Maniobras de evacuación de los pasajeros del MV Hondius, en el puerto de Granadilla de Abona. JORGE GUERRERO / AFP

La gestión sanitaria del brote de hantavirus detectado en el barco MV Hondius ha activado los protocolos de coordinación internacional y respuesta epidemiológica ante una amenaza poco frecuente, pero potencialmente grave. Ese operativo, desplegado tras la confirmación del virus Andes —la única variante de hantavirus con capacidad de transmisión de persona a persona—, ha puesto a prueba los mecanismos de vigilancia sanitaria europeos en un contexto especialmente sensible, marcado por la memoria reciente de la pandemia de COVID-19.

Aunque las medidas comenzaron a aplicarse mientras el buque navegaba por el Atlántico y fondeaba frente a las costas de Cabo Verde, el mayor operativo se ha desplegado en el puerto de Granadilla de Abona, en la isla canaria de Tenerife, con el desembarco de los pasajeros y su traslado en avión a los diferentes países de origen. Para Daniel López Acuña, que trabajó durante 30 años en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y fue director mundial de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis, el dispositivo ha respondido a la amenaza sanitaria con rigor técnico y coordinación internacional.

"Los protocolos seguidos y el operativo llevado a cabo han sido impecables, no han tenido fallos ni problemas y se han hecho de acuerdo con el conocimiento científico y la normativa de la OMS y del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC)", indica a RTVE Noticias. El epidemiólogo destaca además "una excelente coordinación de la OMS, la Unión Europea, el Centro de Control de Enfermedades, Protección Civil europea, Protección Civil española, el Ministerio de Sanidad y Marina Mercante".

López Acuña considera que la crisis deja lecciones importantes, especialmente en el plano internacional. En su opinión, "una falla fundamental fue un mal manejo por la autoridad sanitaria de Santa Elena, que permitió el desembarco de decenas de personas". Según denuncia, las autoridades debieron "instaurar una cuarentena, proceder a hacer un seguimiento estrecho y hacer pruebas PCR", medidas que no se aplicaron antes de que pasajeros potencialmente expuestos continuaran viaje por distintos países. "La gente se bajó del barco, se fue donde quiso y ahora hay que reconstruir el seguimiento".

El experto también critica la actitud de Marruecos, que impidió repostar a uno de los aviones que evacuaba a un paciente sintomático desde Cabo Verde, algo que considera "absurdo". Asimismo, recuerda las dificultades que complicaron la repatriación y el desembarco seguro de los pasajeros del MV Hondius. "Cabo Verde no tenía la capacidad logística ni sanitaria para atender problemas si estuviesen presentes", afirma, defendiendo la elección de Canarias como punto de desembarco. "Había que resolver el problema en el puerto más cercano con capacidad logística, que además no es solo un puerto canario o español, sino un puerto europeo, con marcos de actuación y protocolos del ECDC".

"La tranquilidad no se decreta; se construye con información clara"

Una valoración similar ofrece José María Martín-Moreno, que ha sido director de gestión de programas de la OMS para Europa. Este catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública considera que la respuesta sanitaria fue "razonable y proporcionada a la situación", y destaca medidas como "el desembarco controlado, los circuitos sanitarios cerrados, la clasificación de contactos, la cuarentena o vigilancia activa, las PCR seriadas y la protección de profesionales". "Era lo prudente ante un brote por virus Andes, que no se transmite como la COVID-19, pero que sí puede ser grave y, en determinadas circunstancias, transmitirse entre contactos estrechos", explica a RTVE Noticias.

Sin embargo, Martín-Moreno cree que las principales debilidades del operativo radican en su gestión política y comunicativa. "Lo más mejorable no ha sido tanto el núcleo técnico del protocolo, sino la comunicación y la coordinación visible entre administraciones", sostiene, y apunta asimismo a "algunas contradicciones internas dentro del propio Ejecutivo". A su juicio, la ciudadanía necesitaba información mucho más precisa sobre el operativo: "La población canaria tenía derecho a estar inquieta, y en ese contexto no basta pedir tranquilidad: hay que explicar muy bien quién desembarca, en qué condiciones, por qué circuito, con qué protección y qué seguimiento se hará". "La tranquilidad no se decreta; se construye con información clara, coherente y coordinada".

Sobre el impacto de la crisis sanitaria sobre la población, aunque reconoce que hubo "una preocupación comprensible", considera que en algunos momentos "la alarma fue sobredimensionada". "Una cosa es la preocupación legítima y otra pensar que estábamos ante una amenaza general para Canarias, España o Europa. Eso no se corresponde con la evidencia", afirma.

Protocolos brote de hantavirus en el barco MV Hondius.

Un pasajero saluda a los agentes de la Guardia Civil mientras desembarca del crucero MV Hondius. AP PHOTO

"Ni complacencia ni alarmismo"

Así, la gestión de la comunicación pública se ha convertido, paralelamente, en otro de los frentes sensibles de la crisis. Antes de la llegada del barco a Canarias, las autoridades sanitarias insistieron en diferenciar el brote de una amenaza pandémica similar a la COVID-19. Daniel López Acuña recuerda que "ha sido muy importante aclarar que no es COVID y que no hay riesgo pandémico para la población general". El especialista recalca que la transmisibilidad del virus Andes es "veinte veces más baja que la del COVID" y que las evaluaciones de riesgo de la OMS y del ECDC descartaban una amenaza para la población de Tenerife.

En ese contexto, también considera que parte de la cobertura pública pudo derivar en ciertos momentos hacia el alarmismo. "Hubo una paranoia con respecto a un virus que venía en un barco, pensando que podíamos estar ante otro riesgo pandémico", afirma, atribuyendo parte de esa reacción a "los miedos de la pandemia todavía en el cuerpo". También lamenta que la crisis derivara rápidamente en confrontación política: "Otro de los componentes que complican el problema es que enseguida una crisis sanitaria, en la que hace falta coordinación nacional e internacional, es llevada al plano de la confrontación política entre partidos"

José María Martín-Moreno coincide en que el virus Andes puede transmitirse entre personas, pero principalmente "en contactos estrechos y prolongados", por lo que "el riesgo para la población general era bajo si se aplicaban bien las medidas de control". Pero, al mismo tiempo, rechaza cualquier intento de banalizar la situación: "No se puede decir ‘no pasa nada’, porque sí pasa: ha habido muertos, casos confirmados y personas expuestas que necesitan seguimiento". Su conclusión resume el delicado equilibrio que ha marcado toda la crisis: "El mensaje correcto es otro: gravedad para los afectados, vigilancia rigurosa para los contactos y serenidad para la población general. Ni complacencia ni alarmismo".

Más allá de la emergencia concreta, ambos especialistas indican en que el episodio deja lecciones estructurales. Martín-Moreno advierte de que "los brotes zoonóticos seguirán ocurriendo" y reclama reforzar una visión de "Una sola salud", conectando salud humana, salud animal, medio ambiente y movilidad internacional. También pide que se acelere el desarrollo de herramientas de salud pública que siguen pendientes. "España debe completar el despliegue real de sus capacidades de preparación y respuesta. La Agencia Estatal de Salud Pública, el Plan Estatal de Preparación y Respuesta, la interoperabilidad de datos, los simulacros y la coordinación con las comunidades autónomas no son burocracia; son lo que permite ganar tiempo y confianza cuando llega una emergencia", asegura.