Washington abre un canal entre Israel y Líbano en plena crisis con Irán con escasas opciones de un alto el fuego
- Es el contacto directo de mayor nivel entre ambos países desde 1993
- Directo: sigue la última hora de la guerra en Oriente Medio
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, participará este martes en Washington en la reunión - prevista a las 11.00 de la mañana, hora local - entre los embajadores de Israel y Líbano, en un intento de abrir un canal directo de negociación en plena escalada militar entre Israel y la milicia chií Hizbulá.
El encuentro - el contacto directo de mayor nivel entre ambos países en décadas - busca sentar las bases de un proceso diplomático orientado, en una primera fase, a explorar un alto el fuego y, más adelante, a abordar cuestiones estructurales como la seguridad en la frontera norte de Israel y el futuro del arsenal de Hizbulá. La implicación directa de Rubio subraya la apuesta de Washington por reactivar la vía política en paralelo a un conflicto que sigue desarrollándose sobre el terreno.
El momento no es casual. La iniciativa forma parte de un esfuerzo más amplio de la administración de Donald Trump por evitar que la guerra en Líbano desborde el delicado equilibrio regional y complique otros frentes abiertos, especialmente las conversaciones indirectas con Irán. Así, Estados Unidos actúa aquí con un doble papel: mediador entre las partes, pero también actor con intereses estratégicos propios - aunque siempre en apoyo de Israel - en la contención del conflicto.
Buque en aguas del estrecho de Ormuz
Quién combate y por qué
La actual escalada se intensificó a comienzos de marzo, cuando Hizbulá lanzó misiles contra Israel en un contexto de enfrentamientos recurrentes y ataques israelíes continuados contra posiciones del grupo en territorio libanés. Desde entonces, Israel ha intensificado su campaña aérea y ha ampliado su incursión terrestre en el sur del Líbano, estableciendo posiciones en zonas consideradas bastiones de la milicia y provocando desplazamientos masivos de población.
El conflicto se inscribe en una dinámica más amplia que arranca, al menos en su fase reciente, con la guerra en Gaza tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Desde entonces, la frontera entre Israel y Líbano se ha consolidado como un segundo frente de baja intensidad que ahora amenaza con convertirse en un escenario de confrontación más abierta.
Tras la escalada de 2024, Estados Unidos impulsó varios intentos de desescalada centrados en reforzar la aplicación de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU y en aumentar el control del Estado libanés sobre el sur del país. Sin embargo, esos esfuerzos tuvieron un alcance limitado. Mientras Israel considera insuficiente el despliegue estatal en el país vecino, Hizbulá - respaldado política y militarmente por Irán - defiende su arsenal como elemento clave de disuasión frente a lo que percibe como la amenaza constante de su vecino del sur.
Cómo surgen las conversaciones
El origen de estas conversaciones está estrechamente ligado a la presión internacional. El presidente libanés, Joseph Aoun, llegó a plantear negociaciones directas con Israel, incluso abriendo la puerta a una eventual normalización de relaciones entre ambos países, formalmente en guerra desde 1948.
Sin embargo, Israel rechazó inicialmente esa opción al considerar que Beirut, que no ha logrado desarmar a Hizbulá por riesgo a que ello desate un conflicto interno en el país, no tiene capacidad real para imponerle sus decisiones. La milicia, el único actor armado no estatal a gran escala en Líbano, atesora un arsenal armamentístico - estimado en más de 100.000 cohetes y misiles, según fuentes israelíes y occidentales - muy superior al del propio Ejército libanés.
En el intento de acercamiento liderado este martes por Washington, las partes abordarán esta cuestión como parte de un esfuerzo dirigido a rebajar las tensiones entre Estados Unidos e Irán en tanto en cuanto Teherán condicionó cualquier avance en las negociaciones de mayor alcance con Washington una reducción de la violencia en Líbano, lo que llevó a Trump a presionar directamente al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para moderar una ofensiva que ya ha dejado más de 2.000 muertos, alrededor de 6.500 heridos y más de un millón de personas desplazadas, según datos del ministerio de Salud libanés.
Desplazados libaneses piden comida en un campo de refugiados Emilio Morenatti Emilio Morenatti
Netanyahu aceptó iniciar contactos, aunque sin asumir compromisos previos de alto el fuego, lo que ha sido criticado duramente por varios líderes libaneses y representantes del partido-milicia chií.
En cualquier caso, y según la versión estadounidense, la situación en Líbano quedó excluida de la firma de la actual tregua de dos semanas acordada entre Estados Unidos e Irán - centrada en el programa nuclear de Irán, la apertura del estrecho de Ormuz y la reducción o eliminación de las sanciones económicas impuestas a la República Islámica -, lo que limita el impacto inmediato de ese entendimiento sobre el terreno libanés, una ficha más en el eje de influencia de Teherán.
¿Qué posiciones tienen Israel y Líbano?
La reunión tendrá un formato inicial limitado, centrado en los embajadores de ambos países —Yechiel Leiter por Israel y Nada Hamadeh por Líbano— con el respaldo directo de la diplomacia estadounidense. Figuras clave designadas para negociaciones más amplias no participarán en esta fase, lo que refuerza el carácter exploratorio del encuentro.
Israel acude a las conversaciones con una línea clara: no contempla un alto el fuego previo. El Gobierno de Netanyahu mantiene como prioridad el debilitamiento de Hizbulá y su desarme a largo plazo, así como el establecimiento de garantías de seguridad en la frontera norte. Aunque podría ajustar la intensidad de sus operaciones, no ha planteado una retirada ni un cese completo de las hostilidades, lo que marca una importante distancia con las demandas libanesas.
Desde Beirut, el enfoque pasa por lograr primero un alto el fuego que permita abrir negociaciones más amplias. La participación en este proceso refleja también un aumento de la presión interna acerca del papel del "partido de Dios" como actor armado autónomo. Sin embargo, esa posición choca con la realidad política y militar libanesa, donde Hizbulá no solo es una milicia, sino también un actor político con representación institucional y un fuerte arraigo en parte de la población, especialmente en el sur y este del país de los cedros.
Manifestaciones en Beirut en protesta por las negociaciones con Israel en Washington EFE
El líder de Hizbulá, Naim Qassem, ha rechazado frontalmente las conversaciones, calificándolas de “rendición” y advirtiendo al presidente libanés de las consecuencias de alinearse con este proceso. El grupo considera que negociar en estas condiciones supone una concesión a Israel y ha dejado claro que no se siente vinculado con este canal diplomático.
Israel y Líbano no mantienen relaciones diplomáticas y siguen técnicamente en guerra desde 1948. No obstante, ha habido contactos indirectos en los últimos años, incluidos acuerdos mediados por Estados Unidos como la delimitación marítima de 2022 y conversaciones posteriores a la escalada de 2024.
Qué probabilidades de éxito hay
A pesar del peso simbólico de la reunión en Washington y de la implicación directa de Estados Unidos, las probabilidades de avances concretos a corto plazo siguen siendo reducidas. Las posiciones de partida son difícilmente conciliables: Israel no está dispuesto a cesar su ofensiva sin garantías sustanciales, mientras que el Gobierno libanés exige un alto el fuego previo antes de continuar con todo lo demás, además de carecer de capacidad para imponer decisiones a Hizbulá.
El rechazo explícito del grupo chií - actor central del conflicto y respaldado por Irán -, además de su ausencia en la mesa de negociación - EE.UU., Reino Unido o Alemania, entre otros países, lo consideran una "organización terrorista" - reducen aún más las opciones de éxito inmediato. Además, la desconexión entre este proceso y la tregua entre Estados Unidos e Irán introduce un elemento adicional de incertidumbre.
Más allá del alto el fuego inmediato, lo que se dirime en estas conversaciones es el equilibrio de poder en uno de los puntos más volátiles de Oriente Próximo. Un eventual acuerdo podría reducir el riesgo de una guerra abierta entre Israel y Hizbulá y aliviar la presión sobre un Líbano profundamente debilitado. Su fracaso, en cambio, aumentaría la probabilidad de una escalada regional con implicaciones directas para Irán y, por extensión, para la estrategia de Estados Unidos en la zona.
En este contexto, lo más probable es que el encuentro sirva para abrir un canal de comunicación y delimitar posibles marcos de negociación, pero no para lograr resultados tangibles en el corto plazo. Más que un punto de inflexión, representa un primer paso diplomático en medio de una guerra aún en curso.