Péter Magyar, el nacionalista que destronó a Orbán con una política conservadora pero más europeísta
- Magyar ya ha dicho que reformará la Constitución para limitar a dos mandatos el cargo de primer ministro
- La presidenta de la Comisión le ha felicitado y entrará en contacto con el nuevo Gobierno "inmediatamente"
Durante más de una década, la política húngara tuvo un solo centro de gravedad, Viktor Orbán. Pero esta semana ese eje ya ha empezado a desplazarse. Péter Magyar, el candidato que emergió hace apenas un año como una anomalía dentro del sistema, ha logrado lo que durante mucho tiempo pareció improbable: convertir el desgaste acumulado del poder en una alternativa electoral viable y, finalmente, ganadora.
Según los resultados provisionales difundidos durante la noche electoral - los definitivos se conocerán el 4 de mayo - su formación se ha impuesto con alrededor del 52% de los votos y una mayoría absoluta en el Parlamento, superando con claridad a Fidesz, que queda por debajo del 40%.
"Incluso los 400.000 votos emitidos en el extranjero podrían aumentar nuestro número de diputados hasta llegar a los 141 ó 142", ha afirmado Magyar durante su primera comparecencia pública tras la jornada electoral en la que ha vuelto a reiterar que “el lugar de Hungría está en Europa”. Además, ha subrayado que los ciudadanos “han votado por un cambio completo de régimen” y señalado que confía en que "el periodo de transición sea lo más breve posible".
Pero más allá de las cifras, el dato relevante es otro: por primera vez en más de una década, el partido de Orbán pierde el control de la Asamblea Nacional. El resultado, además, rompe con la dinámica de mayorías reforzadas que había caracterizado al sistema húngaro en los últimos ciclos electorales.
"Magyar, ha logrado dos tercios de los escaños. Es una supermayoría, lo que le permitiría, si quiere, cambiar la Constitución", ha explicado este lunes el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona, Steven Forti, durante una entrevista en el Canal 24 horas.
Un escenario que este lunes podría haber comenzado a materializarse. Péter Magyar ha anunciado que, una vez formado el Gobierno, reformará la Constitución para limitar a dos mandatos el cargo de primer ministro.
08.19 min
Transcripción completa
el líder más veterano de la Unión Europea pues vamos a hablar
de todo ello con el historiador Steven Forti es muy buenos días buenos días
que tal 16 años
después, ¿era el resultado que se esperaba en Hungría?
Bueno, los sondeos iban apuntando en las últimas semanas una ventaja notable
para Peter Maggiar y de hecho los resultados
se lo han confirmado con más de un 53% de los votos y una victoria, eso sí,
bastante inesperada
que conlleva más de dos terceras partes de los escaños, que conlleva una
supermayoría que le puede permitir a Maguiar cambiar la Constitución.
Así que, digamos, los sondeos nos equivocaron
si bien hasta el último momento yo sobre todo seguía siendo escéptico
teniendo en cuenta que
Hungría no era ya una democracia plena y entonces tanto la aceptación de los
resultados por Orban
era una incógnita, así como, efectivamente, que las elecciones
fuesen libres y justas.
Por suerte, así ha
sido y el resultado yo creo que todo demócrata tiene que celebrarlo porque
puede marcar, el condicional
es obligado de todas formas, un giro importante no solo para Hungría sino
para las dinámicas europeas y
también las dinámicas globales
¿En qué se va a constatar este giro?
Vamos a ejemplos prácticos.
Bueno, por un lado, como recordaba, Hungría ya no es una democracia.
Orbán después de 2010
instauró un sistema autocrático electoral.
La separación de poderes en la práctica no existe en Hungría
el pluralismo informativo tampoco, dos de los pilares básicos de cualquier
sistema democrático liberal pluralista
Entonces, veremos ahora lo que podrá hacer con esta supermayoría Peter
Maguer.
También descubriremos
realmente quién es Peter Maguer, porque hay todavía muchas incógnitas sobre
esta
político. No olvidemos, como se recordaba también
en el servicio, que hasta hace prácticamente dos años
era un miembro del partido de Orban, con el cual militó y tuvo cargos
durante prácticamente más de una década.
Es decir, es un insider de un sistema que se ha definido con razón,
no solo autocrático, el urbanismo, sino claramente cleptocrático
Ahora Maguiar está denunciando, ha denunciado y por eso también ha
conseguido este consenso electoral el sistema
instaurado por Orban, la corrupción y todo lo demás, el autoritarismo.
Ahora bien, veremos si efectivamente
es un sincero demócrata Maguiar o no.
Y entonces lo que tenemos delante es que
Maguiar quiera, parecería que sí, a partir de sus declaraciones, desmontar
el endamiaje autoritario
construido por Orbán, devolver Hungría a la democracia liberal.
Por otro lado, también
veremos qué tipo de políticas querrá actuar a nivel europeo.
Sabemos que Hungría en los últimos años con Orban
era una, digamos así, una piedra en el zapato, sobre todo en cuestiones
relacionadas con..
Rusia, con Ucrania, pero no solamente, también con el proceso de integración
europeo más en general
Magyar parecería ser un europeísta convencido y sincero en lo que está
declarando en los últimos años
últimos meses. Será efectivamente así una vez que está
en el gobierno y luego tengo..
quiero remarcar también un último elemento que va más allá de Hungría y
de Europa y que tiene que ver
la llamada internacional reaccionaria.
Orbán se había convertido en un pilar fundamental de una alianza
transnacional de extremas derechas que iba desde Moscú a Washington pasando
por las principales capitales europeas
y también Latinoamérica.
Quiero recordar que el mismo Javier Milei viajó recientemente a Hungría
para apoyar a Orban en esta campaña electoral.
La derrota de Orban significa una derrota
para toda la internacional ultraderechistas que se suma, no lo
olvidemos, a la derrota en el referéndum constitucional
italiano de hace menos de un mes de Giorgia Meloni.
Entonces, digamos, Trump se ha convertido en una especie de
criptonista
para todas las extremas derechas y están, digamos, cambiando, para así
decirlo,
parecería que están cambiando las tornas.
Este resultado en Hungría es muy importante también en esta lógica
Se ha hablado mucho precisamente de esa relación Trump-Orban, pero no le ha
servido de mucho en este caso
No, efectivamente, Trump parecería ser que la gran mayoría de los países se ha
convertido en los últimos meses
en una kriptonita, sobre todo tras lo de Groenlandia y sobre todo tras
la guerra ilegal en Irán por parte de Washington y
de Tel Aviv. Lo hemos visto en Italia, lo hemos
visto también, quizás ha pasado más
desapercibido en Eslovenia, el 22 de marzo, donde Yanis Yansha, estrecho
aliado de Orban,
según los sondeos tenía que ganar las elecciones y ha quedado segundo y no
creo que vaya a formar gobierno
Ahora es una fase bastante compleja en la política eslovena.
Lo hemos visto en Hungría
teniendo en cuenta además el control del sistema que tenía Orban, no solo a
nivel mediático, sino también
como sistema electoral.
Es decir, parecería ser que si bien no hay tan solo una
reacción que podríamos definir por parte de la ciudadanía de diferentes
países claramente progresista, pero sí que hay una
reacción frente al desorden global, al neoimperialismo y a la falta
de respeto de las reglas democráticas y del orden internacional que está
llevando a cabo Trump y su aliado Netanyahu
que se ha convertido en una criptonita para la ultraderecha europea.
¿Habrá un distanciamiento
el futuro
futuro
unos años parecían impensables.
Ahora bien, ya en el último mes habíamos visto
diferentes miembros, por ejemplo, de la extrema derecha, al menos en Europa,
pienso en Marine Le Pen, en Francia,
Alice Weidel en Italia, también en parte Giorgio Emeloni en Italia, que
habían hecho declaración
declaraciones tomando distancias, criticando, si bien de una forma
siempre cauta,
sin romper de todos los puentes, las políticas de Trump, porque
evidentemente se dan cuenta que para ellos puede ser
contraproducente. Ya pasó de una forma más liviana
durante la guerra de los
aranceles del año pasado.
Ahora en el caso de Irán, con la crisis energética y
el bloqueo del Estrecho de Hormuz, eso es más evidente porque, claro, eso
tiene consecuencias, como sabemos, en
la inflación, en los precios de la gasolina,
del diésel, etcétera, etcétera.
Entonces, claro, eso puede impactar negativamente en el consenso que esas
extremas derechas demasiado atadas manos y pies a Trump puedan tener.
Entonces, es posible,
que se siga un poco este ciclo, pero también es difícil prever qué pasará en
Washington en las próximas semanas
y próximos meses. Es decir, si Trump seguirá la misma
línea que ha seguido en los últimos meses o si en cambio
él también, que debería enfrentar siempre que se celebren elecciones, las
de medio mandato dentro de
prácticamente medio año, intentará rebajar un poco la tensión tanto de
cara a su
electorado en Estados Unidos como de cara a los aliados internacionales
Las incógnitas son muchas, pero desde luego yo creo que esta reflexión la
tienen casi todos estos partidos
quizás excepto Vox, que es la única formación en los países europeos que ha
seguido manteniendo
junto justamente a Orban un apoyo incondicional a Trump y a Netanyahu,
también
en el último mes
24 horas para analizar el resultado de las elecciones en Hungría, no solamente
canal
internamente sino fuera.
¿Qué implicación puede tener, qué repercusión puede tener en lo que
ocurra en las próximas elecciones?
elecciones?
días
El escándalo, su oportunidad
Como destaca el docente, Magyar no era ajeno al poder, pero se convirtió en alguien mucho más incómodo para el sistema liderado durante 16 años por el hasta ahora primer ministro: lo conocía desde dentro y siempre aspiró a reescribir sus reglas. "Era un insider dentro del partido de Orbán. Durante una década ostentó distintos cargos en su gobierno", apunta Forti.
Nacido en Budapest en 1981, jurista de formación, el hasta hace poco candidato desarrolló buena parte de su carrera en instituciones y empresas vinculadas al Estado durante la larga etapa de gobierno de Viktor Orbán. En esa etapa su nombre apenas trascendió fuera de círculos administrativos y políticos, pero esa invisibilidad fue, en cierto modo, su principal activo: conocía el funcionamiento interno del sistema sin estar expuesto a su desgaste.
El punto de inflexión llegó en 2024, en medio de una crisis política provocada por un controvertido caso de indultos que sacudió a la élite gobernante. Fue entonces cuando Magyar rompió públicamente con el entorno de poder al que había pertenecido. En entrevistas y apariciones públicas denunció prácticas de favoritismo y redes clientelares que, según él, distorsionaban el funcionamiento del Estado. Su mensaje no era el de un opositor ideológico, sino el de un testigo interno que afirmaba haber visto los resortes más oscuros del poder y sus mecanismos desde dentro.
Ese relato encontró eco en una parte significativa del electorado. En pocos meses, Magyar se colocó al frente del partido Tisza, una formación hasta entonces marginal, y la transformó en el principal polo de oposición. Su ascenso fue especialmente visible en las elecciones europeas de 2024, donde su candidatura logró un resultado que, según los analistas de entonces, rompía por primera vez la hegemonía casi incontestada de Fidesz en el campo conservador.
"El líder de Tisza denunció la corrupción y el autoritarismo del modelo de Orbán, por eso ha conseguido esa cantidad de votos, pero está por ver si es un demócrata sincero o no", señala Steven Forti. "Podría pensarse que su objetivo será desmontar el andamiaje autoritario construido en los últimos años y devolver a Hungría a una democracia liberal. Sin embargo, eso es todavía una incógnita abierta", añade.
Un acercamiento más amable a la UE
Pero como cualquier proceso electoral, el fenómeno Magyar no se entiende sin el contexto. Tras más de una década de poder concentrado, el modelo político reinante de Orbán mostraba signos de desgaste: crecimiento irregular, presión inflacionaria y una percepción persistente de corrupción, señalada de forma recurrente en informes y coberturas internacionales. A ello se sumó una creciente fatiga social tras años de centralización del poder y polarización política.
Además, la posición cada vez más incómoda de Hungría dentro de la Unión Europea, con fondos congelados por preocupaciones sobre el Estado de derecho y tensiones constantes con Bruselas, ha ejercido como factor determinante. Es más, "gran parte de las acciones de la Hungría de Orbán han dificultado mucho los esfuerzos recientes de la UE para ayudar a Ucrania", asevera Alexander Bor, investigador posdoctoral en el Instituto de la Democracia de la Universidad de Europa Central (CEU) en una entrevista reciente en RTVE.
"Orbán no ha hecho más que poner palos en las ruedas a Bruselas", dice al respecto Héctor Sánchez Margalef, investigador principal del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). "Tanto él como Magyar son dos conservadores de derechas. Por ejemplo, en el tema migratorio sus posiciones son calcadas. En la cuestión de Ucrania ninguno de los dos abogó por desplegar nunca tropas en territorio ucraniano, pero lo que sí puede cambiar Magyar es el tono y las formas en todo lo que tenga que ver con la UE", añade Sánchez.
"Otra cuestión relevante es la adhesión", continúa. "A diferencia de Orbán, Magyar no se opone a que Ucrania ingrese en el grupo de los 27, pero sí condiciona su entrada a que el proceso de adhesión se base estrictamente en el mérito y a la celebración de un referéndum popular en su país, lo que de hecho podría dificultar su entrada por la posición menos proeuropea de Hungría. (...) No hay que olvidar que este país pertenece al grupo de Estados que entró en la UE en 2004 y que forma parte del legado soviético. Es decir, estos países sienten que llevan menos años siendo independientes, ejerciendo su soberanía, en comparación con Europa occidental. Por eso, son más reacios a ceder parte de ella a instituciones supranacionales".
Así, Magyar supo ver la constante fricción con Europa no como problema, sino como oportunidad. Su discurso combina elementos que, a priori, podrían parecer contradictorios: mantiene posiciones conservadoras en lo social - en línea con buena parte del electorado húngaro - , pero apuesta por una normalización de las relaciones con Bruselas y por recuperar la credibilidad internacional del país.
En sus intervenciones ha insistido recurrentemente en la necesidad de “reconstruir” las instituciones sin provocar una ruptura abrupta. Y es en ese equilibrio donde su mensaje ha logrado atraer a votantes procedentes de espacios ideológicos muy distintos, desde antiguos apoyos de Fidesz hasta sectores urbanos tradicionalmente opositores.
Por otro lado, su estrategia política ha evitado los canales tradicionales donde el Gobierno mantiene una fuerte influencia. En lugar de depender de los grandes medios, ha apostado por actos en ciudades medias y pequeñas y por una comunicación directa a través de plataformas digitales. Este enfoque le ha permitido sortear en parte el desequilibrio mediático y construir una conexión directa con votantes desencantados.
Péter Magyar durante la úlima campaña electoral húngara REUTERS
Un liderazgo personalista
Su perfil también genera interrogantes. Para algunoa analistas locales, su liderazgo es todavía incipiente y altamente personalista, sostenido más por su figura que por una estructura de partido consolidada. Para otros, su pasado dentro del sistema es un arma de doble filo: le otorga credibilidad cuando denuncia sus fallos, pero también plantea dudas sobre hasta qué punto representa una ruptura real.
Esa fragilidad organizativa contrasta con la solidez del aparato estatal construido por Fidesz durante años. La incógnita no es solo si Magyar puede ganar, sino si dispone del equipo, la estructura y el tiempo necesarios para transformar una victoria electoral en una alternativa de poder estable.
En términos programáticos, Magyar ha puesto el foco en medidas anticorrupción, reformas en sanidad y educación y, sobre todo, en la reactivación de las relaciones con la Unión Europea para desbloquear financiación clave. También ha marcado distancias con la política exterior anterior, especialmente en lo relativo a Rusia, defendiendo una alineación más clara con los socios occidentales en un contexto de creciente tensión geopolítica.
En ese sentido, su propuesta no es tanto una ruptura como un reequilibrio: mantener una agenda conservadora en política interna y reducir la confrontación sistemática en la externa. Para parte del electorado, más que un giro ideológico, lo que ofrece Magyar es una salida al aislamiento progresivo que ha sufrido el país dentro del bloque comunitario.
Peter Magyar en Budapest durante la reciente campaña electoral Denes Erdos Denes Erdos
Un cambio, pero sin ruptura
Así, su ascenso responde, en última instancia, a una dinámica más amplia que su propia figura: Hungría podría estar entrando en una fase de competencia política real tras años de dominio casi absoluto de un solo partido. En ese escenario, Magyar no es solo un candidato, es la expresión de una parte del electorado que busca cambio sin asumir una ruptura total con el pasado reciente.
Confirmada su victoria, el reto será inmediato y complejo. No se tratará únicamente de gobernar, sino de operar dentro - y, sobre todo, reformar - un sistema institucional profundamente moldeado durante más de una década por su predecesor. La incógnita no es cómo ha podido puede ganar, sino si puede realmente transformar el país sin desestabilizarlo.
Porque el reto no es únicamente político, sino institucional. En los últimos años, el sistema húngaro ha sido objeto de reformas profundas - desde cambios constitucionales hasta rediseños del sistema electoral - que han consolidado un modelo difícil de revertir sin mayorías amplias. Gobernar, en ese contexto, implica también negociar con estructuras diseñadas para perdurar más allá de un cambio de gobierno.
En el fondo, la paradoja que define a Péter Magyar seguirá vigente incluso en el poder: el hombre que promete cambiar Hungría es, también, producto del mismo sistema que la sostuvo durante 16 años. En ese equilibrio entre continuidad y ruptura se definirá su figura - y, en buena medida, el futuro inmediato del país más díscolo de la UE.