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Así afecta al cerebro de los jóvenes la adicción a las redes: ¿cómo se combate?

Cómo cambia el cerebro de los menores adictos a las redes sociales
Menor conectado a redes sociales VERIFICARTVE/GETTY

Un jurado de Los Ángeles (California) dictaminó el 25 de marzo de 2026 en una sentencia histórica que las aplicaciones y redes sociales de Meta (propietaria de Instagram, Facebook y WhatsApp) y Google (dueña de YouTube) fueron diseñadas para enganchar a los adolescentes. En VerificaRTVE analizamos con expertos en psicología qué efectos tiene en el cerebro de los jóvenes la adicción a las redes sociales.

En España, la Comunidad de Madrid ha liderado el primer ensayo científico en España sobre redes sociales y menores centrado en el impacto directo sobre su inseguridad y ansiedad. Este estudio concluye que las plataformas analizadas —YouTube, TikTok e Instagram— influyen directamente en la inseguridad y los niveles de ansiedad detectados entre los adolescentes participantes. Además, pone de manifiesto que las chicas sufren mayor malestar emocional cuando baja su autoestima. El análisis, realizado a 700 alumnos de Secundaria y Bachillerato del colegio Gredos San Diego Moratalaz, señala que los jóvenes encuentran en las redes sociales espacios de pertenencia, experimentación identitaria, exposición social y creatividad. 

Desde los últimos años de Primaria existe una importante presencia de los dispositivos móviles en las aulas. Según el último informe de Unicef sobre infancia, adolescencia y bienestar digital, a los 10 años, el 41% de los niños tiene móvil propio en España. A los 12 años el porcentaje sube hasta el 76%, mientras que en la ESO aumenta hasta el 98,8%. Con estos datos constatan la edad media de acceso al móvil: 10,8 años. Según este trabajo, el 95,5% de los adolescentes están registrados en, al menos, una red social y el 75,8% en tres o más

Adicción a las redes en los jóvenes: inseguridad y ansiedad 

Los efectos de la adicción a las redes se producen en cerebros todavía inmaduros, que tienen más dificultades de adaptación que un cerebro adulto. Por eso, el uso indiscriminado de las redes sociales tiene "muchos más efectos perniciosos en las personas jóvenes", según la psicóloga clínica Joana De Lorenzo.

Raquel Errazquin, psicóloga miembro de la Escuela de Psicoterapia y Psicodrama, expone que en adolescentes "la parte encargada del autocontrol está en desarrollo" y "el sistema de recompensa está muy activo y lo social tiene un peso enorme". Esto conlleva que busquen "más la aprobación, sientan más intensamente la recompensa (que en redes es inmediata) y les cueste mucho más frenar". Además, insiste en que "no hablamos de falta de voluntad del menor, sino de un cerebro en desarrollo expuesto a entornos diseñados para enganchar".

'Dieta digital' como tratamiento

Las consultas sobre adicción a las redes son cada vez más frecuentes. Según nos explica Jordi Bernabéu, psicólogo de la División de Salut Mental de la Fundació Althaia, lo que más ven en consulta es que el uso problemático de las redes "se asocia a dificultades de regulación emocional y conductual" y, en muchos casos, puede funcionar más como "una forma de evadirse, calmarse o buscar validación que como una adicción primaria". Lo primero es concienciar al paciente de la problemática derivada de ese uso, que no es inocuo, sino que produce diversas "distorsiones que son absolutamente cuantificables", indica este psicólogo. 

El tratamiento consiste en lo que se llama, según Joana de Lorenzo, una 'dieta digital': disminuir al mínimo necesario el uso de las redes sociales, teniendo en cuenta que hoy en día son herramientas de uso común tanto en el sistema educativo como en las relaciones sociales. Por tanto, afirma que "no es realista, en la mayoría de los casos, hacer una desconexión absoluta", aunque esto puede ser una "medida temporal necesaria en los casos más graves". En la misma línea se manifiesta Raquel Errazquin, quien indica que la solución "no consiste simplemente en quitar el móvil, porque el problema no es el dispositivo, sino la función que ha llegado a cumplir en la vida del menor". Concluye esta psicóloga que "prohibir sin acompañar no enseña a regular, sino a esconderse". 

Lo que se plantea es enseñar un uso responsable de estas redes y, sobre todo, poner en marcha alternativas tanto de ocio como de rendimiento que resulten mucho más saludables que el uso indiscriminado y descontrolado. Es importante, según Bernabéu, enseñar que "muchos patrones de conducta que se muestran en las redes no son realistas" y pueden perjudicar, porque "generan un cuestionamiento de la propia identidad y de las propias capacidades" a través de una comparación imposible con esos personajes que parecen perfectos: guapos, ricos y fantásticos en todos los aspectos de la vida, algo que "seguramente no es cierto, pero que condiciona fuertemente las expectativas de los cerebros jóvenes".

Consejos para la actuación parental

La organización Save the Children comparte estas recomendaciones para acompañar a los niños en su integración en las redes sociales:

  • Tiempo en familia sin tecnología: puede ayudar a desarrollar la autorregulación de los niños y niñas con rutinas coherentes y dando ejemplo de un uso moderado y consciente de las tecnologías.
  • Alfabetización mediática: que aprendan a detectar la desinformación, el contenido generado por IA y cómo los anuncios y los juegos están diseñados para captar su atención.
  • Animar a los niños y niñas a hablar si ven o experimentan comportamientos dañinos en sus tiempos de pantalla.
  • Educar sobre los discursos misóginos y la violencia de género en internet: educación afectivo-sexual sobre el uso seguro y responsable de las tecnologías.
  • Empoderar a los jóvenes como cocreadores del mundo digital: involucrar a los adolescentes en conversaciones sobre qué normas deben establecerse en el diseño de las plataformas.

 

A estas claves la psicóloga Raquel Errazquin añade tres pilares fundamentales:

  • Poner límites claros: el menor necesita estructura, es decir, horarios de uso, evitar especialmente el uso nocturno para proteger el sueño y establecer espacios sin pantallas.
  • Explicar cómo funcionan las redes: por qué enganchan y qué efectos tienen, es necesario que empiecen a desarrollar criterio y ganar capacidad de decisión.
  • Acompañar emocionalmente: no es solo cuánto tiempo usa el móvil, sino qué le pasa cuando lo usa y cuando no. Ayudarle a poner nombre a lo que siente es lo que realmente desarrolla la autorregulación.

Por último, Joana de Lorenzo destaca la creciente respuesta institucional ante este problema: "Está siendo una estrategia cada vez más habitual que algunos estados restrinjan el acceso a estas redes sociales a los menores". Ya se está haciendo de manera generalizada en escuelas e institutos y algunos países como Australia están planteando una restricción absoluta para menores.