Las incógnitas del paradero y estado del nuevo líder supremo en un Irán que no reconoce su voz
- Irán confirma a Reuters que su nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, está herido levemente
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El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, no ha hecho ninguna aparición pública desde su elección. Tres días después del anuncio del sucesor de Alí Jameneí, las incógnitas sobre su paradero y estado de salud se extienden en las redes sociales y han generado informaciones de uno y otro bando. Este miércoles, un alto funcionario iraní ha confirmado a Reuters que su nuevo líder supremo está "levemente herido". Por otro lado, el Mosad, la inteligencia de Israel, ha filtrado a la agencia Reuters que el hijo del ayatolá resultó herido en las piernas durante el bombardeo en el que murió su padre el pasado 28 de febrero, el primer día de ataques de Estados Unidos e Israel. También murieron su madre, su mujer y uno de sus hijos. Un alto funcionario israelí sostiene que el líder está "físicamente mermado", lo que paraliza su capacidad de mando.
El embajador en Chipre ha admitido al diario The Guardian que las heridas en piernas y brazos (fracturas y metralla) son la razón de su ausencia física. Fuentes iraníes también han informado al diario The New York Times que resultó herido, aunque aseguran que está consciente. Mientras, Teherán ha pasado del silencio a la construcción de una nueva narrativa. El canal estatal de noticias IRINN (Islamic Republic of Iran News Network) ha comenzado a utilizar una retórica épica y lo califica como el "veterano herido de la Guerra de Ramadán". Pero su ausencia tres días después desconcierta. "El hecho de que haya sido nombrado líder supremo el 8 de marzo y aún no hayamos visto un vídeo suyo hablando a la nación es inusual, incluso para los estándares de opacidad de Irán", explica a RTVE.es Daniel Bashandeh, analista político y experto en Oriente Medio.
La República Islámica atraviesa uno de los momentos más críticos: los bombardeos han descabezado la estructura del poder del país en el país persa. La Guardia Revolucionaria ha forzado el continuismo dinástico para evitar su desintegración, mientras su nuevo guía permanece oculto, herido y mudo ante un país en llamas. "Si se confirma que tiene lesiones en las piernas y lo mantienen en un lugar seguro y limitado, veremos un 'liderazgo en la sombra' en el momento en que el país más necesita una figura de autoridad visible", añade Bashandeh.
Un líder sin voz
Para los más de 90 millones de iraníes, Mojtaba Jameneí es, literalmente, un desconocido. A sus 56 años, el hombre que ha dirigido el aparato represivo en la sombra de su padre durante dos décadas nunca se ha dirigido al pueblo. Tras su designación como la máxima autoridad en términos políticos y religiosos, este silencio ha seguido. No hay vídeos ni fotos actuales, tampoco mensajes escritos de su puño y letra. "Nadie le conoce y muchos, hasta que aparecieron sus fotos por todas partes, no le reconocían. Yo todavía si me lo encuentro en la calle, posiblemente no lo reconozca", relata un periodista desde Teherán, que prefiere mantener el anonimato.
El enigma es tal que en las redes sociales iraníes se bromea con el "dilema de la IA". No existen registros de audio suficientes para que una inteligencia artificial pueda clonar su voz y simular un discurso. "Es una paradoja cruel", afirma Anahita Nassir, politóloga y activista de Mujer, Vida y Libertad. "Tenemos a una generación que se ha dejado la voz gritando en las calles, y ahora les imponen a un líder supremo que es mudo para el país. Su falta de voz es el símbolo de su incapacidad para conectar con nada que no sea el aparato militar", dice la politóloga.
Fuentes consultadas por The New York Times aseguran que el líder se encuentra refugiado en un lugar seguro con "capacidad limitada de comunicación", por temor a que cualquier señal electrónica revele su ubicación a los drones israelíes. Pero este vacío sonoro genera una sensación de orfandad entre sus seguidores y de desprecio entre sus detractores, quienes sienten que obedecen a una persona que podría "ser inconsciente".
Fragmentación y militarización
El ascenso de Jameneí no ha sido el resultado de un consenso místico entre clérigos, sino una imposición de la Guardia Revolucionaria (IRGC). Los analistas coinciden en que ha sido, fundamentalmente, un golpe de mando institucional orquestado por la Guardia Revolucionaria. En el complejo tablero de poder iraní, los generales han encontrado en el hijo del difunto ayatolá al candidato perfecto: un sucesor biológico que otorga una pátina de continuidad dinástica, pero que, debido a su falta de rango religioso y su actual fragilidad física, resulta una figura dócil y dependiente del estamento militar.
Con él en el búnker, la Guardia Revolucionaria deja de ser el brazo armado del régimen para convertirse en el cerebro que maneja los hilos de un líder cuya autoridad emana directamente de sus fusiles. Anahita Nassir subraya que esta debilidad física del líder fuerza a los Pasdarán a ser aún más feroces. "Su debilidad obliga a la cúpula militar a proyectar una fuerza que el líder no tiene. Estamos viendo un aumento brutal de la presión contra las mujeres y en las provincias periféricas como el Kurdistán o Sistán y Baluchistán. La 'bunkerización' de Mojtaba no es solo una medida de defensa aérea contra los drones israelíes; es un cordón sanitario para protegerlo de su propio pueblo, impidiendo cualquier contacto que pueda evidenciar que el 'emperador' está herido", asegura la analista.
Un periodista en Teherán explica a RTVE Noticias que la influencia de la Guardia Revolucionaria es omnipresente y trasciende lo estrictamente militar, ya que muchos de los líderes actuales de la República Islámica, incluyendo miembros del Consejo de Seguridad Nacional y el jefe del parlamento, pertenecen a este cuerpo aunque se hayan quitado el uniforme. Según subraya, el control que ejercen sobre la guerra y los generales no es fruto del azar, sino que responde a "una toma del mando ejecutada bajo lineamientos y comandos que ya habían sido planificados y decididos con antelación para asegurar el dominio de la situación".
"El poder real hoy no reside en la Asamblea de Expertos, sino en la cúpula militar", advierte Bashandeh. Sin embargo, esta militarización ha traído consigo la fragmentación. El ejército regular mira con recelo este giro dinástico, que consideran una traición a los principios republicanos de la nación. La presión asfixiante de los bombardeos y la caída libre de la moneda —que ha pulverizado los ahorros de las clases medias y de las propias familias de los soldados— está generando un descontento silencioso. "Hay mandos intermedios que empiezan a cuestionar si deben hundirse con la familia Jameneí", apunta Bashandeh. Según explica, esta fragmentación sugiere que el régimen ya no es un bloque sólido, sino un "conjunto de facciones que compiten por la supervivencia en un escenario donde cualquier error de cálculo podría transformar la actual militarización en un conflicto interno de consecuencias imprevisibles".
Lo cierto es que los ayatolás estaban prevenidos ante este escenario. "La estructura operativa actual del régimen se asemeja a la de las células de Hizbulá, donde el sistema funciona de manera compartimentada. En este esquema, cada unidad o célula trabaja enfocada en una misión concreta, operando con total independencia y sin tener conocimiento de las actividades que realiza la otra, lo que garantiza un control más hermético de la información", asegura el periodista, que prefiere no desvelar su identidad. Descifrar la verdadera estructura de mando es complejo, señala, y aunque es evidente que la Guardia Revolucionaria ostenta un gran poder y tiene el control de la defensa del país, el origen real de las órdenes permanece oculto. Según relata, "existe un abismo entre la visibilidad del control militar y el proceso de toma de decisiones".
Bajo la lupa de Israel y la "indecisión" de Trump
En el plano internacional, el presidente estadounidense ha utilizado su red social, Truth Social, para dinamitar cualquier posibilidad de reconocimiento. Trump ha calificado la sucesión de "inaceptable" y "fraudulenta", lanzando una advertencia que resuena como una sentencia al reiterar que su mandato "no durará mucho". Bajo la doctrina de la "rendición incondicional", Washington ignora el mensaje enviado por Irán, alegando que no hay un interlocutor válido porque el líder carece de legitimidad y está incapacitado físicamente.
Bajo la doctrina de "rendición incondicional", la Casa Blanca ha impuesto un bloqueo diplomático total. Washington ignora los mensajes enviados por Teherán de que es su único interlocutor válido. Pero para la administración Trump, se trata de un líder que carece de legitimidad democrática, que ha sido impuesto por una guardia pretoriana y que, además, se encuentra "incapacitado físicamente" por sus heridas, no es alguien con quien se deba negociar, sino alguien a quien se debe sustituir.
Mientras tanto, Israel, cuya inteligencia ha logrado penetrar las instituciones iraníes, ha dejado claro que la caza no ha terminado. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha proclamado que cualquier dirigente nombrado por el sistema actual es un "objetivo inequívoco para su eliminación". Esta postura sitúa al nuevo líder en una diana permanente: para Israel, no importa el nombre del sucesor, sino el desmantelamiento del sistema que representa.
"Israel y la administración Trump han logrado lo que llamamos una 'decapitación táctica'", señala el analista Daniel Bashandeh. Según subraya, el éxito de esta estrategia no solo se mide en bajas militares, sino en el aislamiento diplomático resultante. "Incluso Rusia y China, que históricamente han actuado como el salvavidas de la República Islámica frente a las sanciones occidentales, están empezando a leer el tablero de otra forma. Pekín y Moscú son pragmáticos y no van a invertir capital político ni económico en un régimen que perciben 'a la baja' y bajo el asedio constante de una administración estadounidense impredecible", señala.
La "monarquía islámica" frente al "mártir herido"
El punto de mayor fricción reside en la propia esencia del sistema. Al elegir a un hijo para suceder a un padre, el régimen ha roto el tabú fundacional de 1979. Voces reformistas como Qasem Mohammadi ya ha sentenciado en la red social X que "a la República Islámica ya no la llamemos así, sino monarquía islámica".
Para contrarrestar la acusación de haber instaurado un "sha con turbante", el aparato de propaganda ha recurrido al concepto chií de janbaz (el veterano herido). Intentan convertir la debilidad de Mojtaba Jameneí en una virtud mística, presentándolo como un "mártir viviente" que se sacrifica por la nación, al igual que su padre sobrevivió a un atentado en 1981 que le paralizó la mano derecha. Desde la capital iraní, el periodista asegura que lo han hecho de tal forma que la gente no lo cuestione. "Han presentado la sucesión como si su padre le hubiera puesto la mano en la cabeza y le hubiera pasado divinamente el poder para seguir gobernando. Está bendecido por la mano de su padre, por lo que es como si estuviera bendecido por Dios. Mostrándolo a él como un reflejo o un espejo de su padre, lo que quieren mostrar es una continuidad", relata.
Sin embargo, para Anahita Nassir, esta estrategia está agotada, "llega al poder manchado por la sangre de su familia. El régimen intenta sacralizar sus heridas, pero para la sociedad civil, esa sangre solo representa la violencia ejercida sobre los jóvenes. Es un líder que nace del trauma y solo sabe gobernar a través del trauma", denuncia la experta.
La República islámica se enfrenta en este contexto de máxima tensión en la región a su mayor paradoja: ha sobrevivido a la muerte de su gran arquitecto, pero lo ha hecho sacrificando su naturaleza republicana para convertirse en una suerte de dinastía bajo asedio.