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La simbiosis estratégica de Rusia e Irán: inteligencia a cambio de drones en una alianza que complica la ofensiva de EE.UU.

Dron kamikaze militar vuela bajo entre los modernos rascacielos de las ciudades
Dron kamikaze militar vuela bajo entre los modernos rascacielos de las ciudades Getty Images

En la segunda semana de la ofensiva estadounidense - israelí contra Irán, el revuelo volvía a recorrer Washington. El diario The Wall Street Journal y otros medios norteamericanos publicaban lo que ya era un secreto a voces entre militares y analistas occidentales: Rusia podría estar facilitando información a Irán sobre posibles blancos estadounidenses en Oriente Medio, lo que explicaría los enormes (y carísimos) daños materiales generados por sus drones y misiles en la infraestructura militar de Estados Unidos, además de los personales, con el fallecimiento de al menos siete de sus soldados.

"Rusia nos está ayudando en muchas direcciones diferentes. No es ningún secreto", admitía el domingo el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, durante una entrevista en el programa Meet the Press de la NBC. Los rumores se confirmaban: Moscú y Teherán estaban cooperando y el Kremlin podría estar compartiendo las posiciones militares estadounidenses en el golfo Pérsico — incluidos buques, bases o aeronaves desplegadas en la región - lo que estaría ayudando a Irán a planificar ataques contra objetivos vinculados a Washington o a sus aliados, como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Baréin o Catar.

Un día después, el secretario de Defensa de la administración Trump, Pete Hegseth, visiblemente nervioso, fue preguntado directamente por el periodista Scott Pelley en el programa 60 minutes de la CBS sobre los contactos entre Moscú y Teherán. "Sabemos quién está hablando con quién y cuán precisa podría ser esa información (...) Cualquier cosa que no debiera estar ocurriendo, ya sea en público o por canales ocultos, está siendo verificada", señaló.

El jefe del Pentágono evitó entrar en detalles, pero dejó claro que Washington sigue de cerca cualquier intercambio de información entre ambos países, especialmente cuando las encuestas no le son favorables al presidente norteamericano. Según los últimos sondeos, cerca del 50% de los estadounidenses no estaría de acuerdo con la guerra de Estados Unidos lanzada por Trump contra Irán.

"Me costaría pensar que Rusia les esté proporcionando a los iraníes información actualizada de cada lanzamiento. Política y técnicamente sería bastante complicado", señala a RTVE Noticias el teniente general retirado, Francisco José Gan Pampols.

Aun así, apunta el también militar Juan Antonio del Castillo, eso no excluye otras formas de cooperación en el terreno de la inteligencia. "Saber dónde está físicamente una instalación por coordenadas tridimensionales es relativamente simple hoy. Los satélites comerciales ya proporcionan imágenes geolocalizadas de puertos, aeropuertos, refinerías o bases", dice el experto sobre la posibilidad de que Moscú facilite coordenadas de posibles objetivos a Teherán.

Un crucero anclado en el antiguo puerto de Doha el 4 de marzo de 2026. permanece varado en el puerto de Doha, con pasajeros a bordo en Dubái y Catar AFP

Los drones: clave en la relación Rusia - Irán

Pero para entender el fortalecimiento de la relación entre Rusia e Irán hay que remontarse necesariamente a los primeros meses de la guerra en Ucrania. A medida que el conflicto se alargaba y las sanciones occidentales empezaban a afectar a la industria militar rusa, el Kremlin se encontró con un problema evidente: el desgaste de su arsenal de misiles de precisión y la dificultad para reponerlo al mismo ritmo al que se utilizaba en el campo de batalla.

Fue entonces cuando Moscú recurrió a Irán para reforzar su capacidad de ataque a larga distancia. Teherán comenzó a suministrar drones kamikaze Shahed-131 y Shahed-136, aparatos relativamente simples, casi rudimentarios, desde el punto de vista tecnológico, pero muy eficaces en la práctica. "No es que estos drones sean extraordinarios desde el punto de vista técnico. Su verdadera ventaja es que son muy baratos", explica Juan Antonio del Castillo.

Este especialista en operaciones aéreas señala que, mientras un misil interceptor puede costar millones de dólares, el precio estimado de un Shahed se sitúa entre los 20.000 y los 50.000 dólares. "Esa diferencia permite lanzar grandes cantidades de drones con un objetivo claro: saturar las defensas aéreas enemigas. Si llegan muchos al mismo tiempo, es imposible pararlos todos", añade.

Un dron de fabricación rusa impacta en una vivienda de Járkov, en Ucrania, el 3 de febrero de 2026

Un dron de fabricación rusa impacta en una vivienda de Járkov, en Ucrania, el 3 de febrero de 2026 Getty Images

Pero la clave no es solo el precio. Rusia no solo los utiliza, también los ha adaptado a su propia industria militar. Desde 2023 produce versiones derivadas en instalaciones de defensa propias. "Rusia primero copió los drones iraníes, que son una tecnología muy simple y barata, y después los mejoró: más alcance, más carga explosiva y mayor precisión", señala Francisco José Gan Pampols.

Para ello, Moscú recurrió también a procesos de ingeniería inversa, desmontando los sistemas originales para estudiar su diseño y adaptarlo a su propia industria militar, algo que hoy, tras la experiencia ucraniana, también está realizando el el Ejército de EE.UU.

Desde entonces, su uso se ha multiplicado. Solo en enero de 2026 Rusia lanzó más de 4.400 drones de este tipo contra territorio ucraniano, una media superior al centenar diario. Con el paso de los meses, estos sistemas se han convertido en una pieza central de la estrategia rusa de desgaste contra Ucrania, lo que ha obligado a Kiev a diseñar sistemas de interceptación de fácil fabricación, igualmente exitosos, para neutralizarlos. Según datos recientes publicados por la Fuerza Aérea ucraniana, el porcentaje de drones rusos interceptados por Kiev se sitúa actualmente entre el 80% y el 90%, dependiendo del mes y del tipo de ataque. Todo un éxito de desarrollo si consideramos los estragos ocasionados por drones rusos en territorio ucraniano en los primeros años de la guerra.

¿Por qué son tan fáciles de fabricar?

Parte de esa evolución tiene que ver con la facilidad con la que la tecnología civil ha terminado incorporándose a los sistemas militares. "Gran parte de los drones actuales se construyen con materiales de doble uso: chips, sensores o componentes electrónicos que originalmente proceden de productos civiles", explica Juan Antonio del Castillo.

En algunos casos, añade, esos elementos pueden proceder incluso de equipos de consumo como lavadoras. "Hay piezas que terminan en drones militares y que vienen literalmente de aparatos comerciales o electrodomésticos. Eso es lo que se conoce como la 'zona gris' tecnológica".

Imagen de un dron artillado en vuelo Getty Images

Un fenómeno que no se limita a un solo país. Redes comerciales globales permiten que componentes diseñados para usos civiles acaben integrándose en sistemas militares en distintos conflictos. Por ejemplo, China juega un papel importante en este ecosistema tecnológico, sobre todo a través del suministro de componentes utilizados en sistemas de guiado y navegación.

"Ellos también pueden estar proporcionando material a Rusia o Irán, a pesar de los embargos o las sanciones, y lo harían bajo la cobertura de material de doble uso", explica Del Castillo. "Todo se hace por debajo de la mesa", continúa, incluso cuando, públicamente, la posición de Pekín es calculada y ambivalente: apoyo político limitado a Teherán, rechazo a la intervención militar estadounidense, pero ningún papel activo en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

"Incluso Europa", sostiene el militar, "le ha proporcionado a los ucranianos de todo: desde misiles hasta bombas normales, armamento, blindados, aviones, etc. Esto no es nada nuevo. Es una dinámica habitual en los conflictos armados", prosigue.

Cinco continentes - El papel de China como aliada de Irán

El retorno del favor

Así las cosas, lo cierto es que la cooperación entre Rusia Irán, hoy hecha pública por una de las partes, es una de las alianzas estratégicas mundiales que se han ido consolidando desde el inicio de la guerra de Ucrania, conectando en este 2026 dos escenarios aparentemente distintos pero interconectados: el frente europeo y la escalada de tensiones en Oriente Medio.

Durante estos años, Irán ha suministrado a Rusia miles de drones utilizados contra ciudades e infraestructuras de Ucrania y es en esa transferencia de tecnología - aparatos baratos, fáciles de producir y capaces de saturar las defensas ucranianas - donde empezó a forjarse la simbiosis estratégica que hoy une a Moscú y Teherán.

Parte de esa cooperación podría estar vinculada también a sistemas de navegación. "Lo más probable es que Rusia esté permitiendo a Irán utilizar su sistema de posicionamiento global, el GLONASS. Es el equivalente ruso del GPS y eso aumenta mucho la precisión de los drones", explica al respecto el teniente general Gan Pampols. "Aun así, la inteligencia satelital solo es realmente útil si puedes explotarla inmediatamente. Si no tienes capacidad para actuar rápido, pierde gran parte de su valor", añade.

Satélite de navegación moderno GLONASS-M en órbita terrestre. Fondo de representación 3D Getty Images

Ucrania, un socio en valor

Pero, además del actual conflicto armado, también hay una dimensión política en la crisis desencadenada por la administración Trump, en connivencia con su principal socio regional, Israel. Mientras la atención internacional se desplaza hacia la escalada en Oriente Medio, Kiev intenta evitar que la guerra en Ucrania desaparezca de la agenda internacional, verbalizando aquí y allá su disposición a ayudar, especialmente a Estados Unidos, involucrado en las negociaciones de paz con el Kremlin, y ahora en guerra contra Irán.

"Por ahora hay 11 solicitudes de países vecinos de Irán, distintos Estados europeos y Estados Unidos que nos han pedido ayuda (...) Existe un claro interés en la experiencia de Ucrania en interceptores, guerra electrónica y entrenamiento" , afirmó el pasado lunes el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

Así, Ucrania ya ha enviado a algunos de sus expertos a Jordania, donde misiles y drones iraníes consiguieron alcanzar el radar AN/TPY-2 del sistema antimisiles THAAD estadounidense desplegado en la base aérea de Muwaffaq Salti. Este radar es uno de los sensores más potentes de la red de defensa aérea estadounidense y desempeña un papel crucial al detectar y seguir misiles balísticos a gran distancia antes de que los interceptores puedan actuar.

Su valor se estima en cientos de millones de dólares, lo que explica la preocupación en Washington: atacar estos sistemas equivale a golpear los "ojos" de la defensa antimisiles, debilitando la capacidad de detectar y neutralizar futuras amenazas no solo contra Oriente Medio, sino, sobre todo, contra Israel, la principal preocupación de Estados Unidos.

Sistema militar de defensa antimisiles balísticos. Vehículo de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud (THAAD) en combate Getty Images

Por otro lado, Zelenski, ante el aluvión de peticiones recibidas, ha insistido en que, si bien Ucrania puede ayudar frente a la amenaza de los drones iraníes, especialmente a Estados Unidos - que le ha proporcionado entre 105.000 y 127.000 millones de dólares, según datos oficiales, en ayuda militar, económica y humanitaria - también necesita seguir manteniendo su propia defensa, considerando que dispone de un Ejército agotado tras más de cuatro años de guerra.

Peticiones llegadas desde Washington que atestiguan la fragilidad del que para Trump es el "Ejército más poderoso del mundo", el de EE.UU, pero cuyos modernos misiles interceptores, extremadamente caros, se están viendo superados por drones relativamente baratos, que vuelan demasiado bajo para ser neutralizados y cuyo daño está poniendo en jaque sus capacidades de defensa.

"Si para derribar un dron que cuesta 40.000 euros tienes que gastar millones en un sistema antimisiles, el problema ya no es militar, es económico, porque la desproporción de costes es brutal", resume el teniente general Francisco José Gan Pampols.

Una red de conflictos conectados

En definitiva, la guerra de Ucrania ha impulsado una cooperación militar interesada entre Rusia e Irán basada en la transferencia de drones y tecnología en una derivada que se ha transformado en un apoyo estratégico más amplio entre Moscú y Teherán.

El resultado es un tablero mundial cada vez más interconectado: Irán suministra drones que Rusia utiliza en Ucrania; Moscú comparte tecnología e inteligencia con Teherán; y Ucrania exporta ahora la experiencia adquirida para neutralizar esas mismas armas con la vista puesta en Washington: si le ofrece su ayuda a Trump, quizá este modifique su posición frente a Moscú.

Relaciones de conveniencia construidas sobre intercambios muy concretos y donde la proliferación de drones está alterando uno de los principios clásicos de la guerra moderna: ya no siempre vence quien dispone del sistema más sofisticado, sino quien puede producir más rápido y más barato.