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Irán conmemora 47 años de la Revolución Islámica con un régimen debilitado y bajo la amenaza de un ataque de EE.UU.

  • Miles de personas han salido a la calle en algunas de las 13 marchas convocadas en la capital iraní
  • El presidente ha llamado a la "unidad frente al enemigo" y a "sanar las heridas" tras las protestas
Irán conmemora 47 años de la Revolución Islámica bajo la amenaza de un ataque de EE.UU.

Decenas de miles de personas han participado en la mañana de este miércoles en las trece marchas convocadas en distintos puntos de Teherán y que han confluido, como cada 11 de febrero, en la emblemática Plaza de la Libertad. Allí han conmemorado el aniversario de la Revolución Islámica, de la que en 2026 se cumplen 47 años.

Entre banderas con las figuras religiosas más relevantes del chiísmo y pancartas donde podía leerse “muerte a América”, los manifestantes exhibieron carteles que apelaban a la unidad y a la fortaleza del país, destacando uno de grandes dimensiones que mostraba al presidente estadounidense, Donald Trump, arrodillado.

Con esta demostración de fuerza en la calle, el Líder Supremo ha querido enviar un mensaje de independencia y determinación a quienes - según la narrativa oficial - presionan a Irán para debilitarlo. “Hay que llevar al enemigo a la desesperación”, ha afirmado el ayatolá Alí Jamenei, en una consigna que resume el tono desafiante de la jornada mientras se mantiene el pulso diplomático entre Teherán y Washington en un momento de señales ambiguas, amenazas explícitas y gestos calculados.

Masoud Pezeshkian en los actos del aniversario de la Revolución Islámica REUTERS

Poco después el presidente de la República Islámica, Masud Pezeshkian, ha llamado a la unidad nacional tras la “herida” de las protestas de enero que causaron “un gran dolor” y pedido disculpas a la población por los problemas a los que hace frente el país. “Servimos y serviremos a todos aquellos que resultaron afectados en este suceso”, aseguraba el mandatario en un discurso en el que también llamó a "sanar esa herida" y a la unidad del pueblo iraní bajo el mando del Líder Supremo.

Una mujer porta una pancarta durante la conmemoración del aniversario de la Revolución Islámica EPA

Irán y EE.UU. continúan negociando

Las negociaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos, mediadas por Omán, han entrado en una fase descrita por ambas partes como "seria", aunque todavía frágil. El viaje del jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní a Mascate subraya que los contactos continúan, mientras la presión militar estadounidense en la región permanece intacta.

En este contexto, el presidente iraní ha buscado proyectar una imagen de apertura condicionada. Según la agencia estatal IRNA, Pezeshkian afirmó que las negociaciones representan una “oportunidad importante para alcanzar una solución justa y equilibrada”. Al mismo tiempo, dejó clara la línea roja de Teherán al subrayar que “Irán busca garantías para sus derechos nucleares” y el levantamiento de las “sanciones injustas”.

Las declaraciones del mandatario se producen mientras el jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán, Mohammad Eslami, abría la puerta a una posible concesión técnica significativa: la dilución del uranio enriquecido al 60 %, un nivel cercano al umbral armamentístico. Eslami precisó que esa posibilidad dependería de “si se levantarían todas las sanciones a cambio”. Irán es actualmente el único Estado sin armas nucleares que enriquece uranio a ese nivel, según el organismo de control nuclear de la ONU.

Instalaciones nucleares de Irán AFP

Desde Washington, la respuesta ha oscilado entre el optimismo prudente y la advertencia directa. El presidente estadounidense, Donald Trump, calificó la última ronda de conversaciones como “muy buena”, pero acompañó ese comentario con una advertencia inequívoca: “Quieren llegar a un acuerdo como deberían. Saben las consecuencias si no lo hacen”. En otra declaración, Trump reiteró que si no se alcanza un pacto, Irán enfrentará “graves consecuencias”.

El mandatario estadounidense ha insistido además en una prohibición total del enriquecimiento de uranio, una exigencia que va más allá de los términos del acuerdo nuclear de 2015 y que Teherán considera inaceptable. Antes incluso de la reactivación del diálogo, Trump había advertido que cualquier ataque contra intereses estadounidenses sería respondido con una acción “mucho peor” que los bombardeos lanzados contra instalaciones nucleares iraníes durante el enfrentamiento entre Israel e Irán en junio. Paralelamente, Estados Unidos ha reforzado su presencia naval en Oriente Medio con el despliegue de un portaaviones y buques de escolta.

El portaaviones Abraham Lincoln de la Armada de EE.UU. Getty Images

Netanyahu en Washington: presión antes de una decisión

La dimensión israelí añade una capa adicional de complejidad. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, se encuentra ya en Washington para mantener conversaciones con Trump en un momento clave del proceso. Netanyahu busca persuadir a la Casa Blanca de que no avance hacia un acuerdo limitado al ámbito nuclear.

Desde la perspectiva israelí, cualquier pacto que no incluya restricciones al programa de misiles balísticos iraní y a su red de alianzas regionales —desde Líbano hasta Irak— dejaría intacta la arquitectura de influencia estratégica de Teherán. Israel considera que el problema no se limita al enriquecimiento de uranio, sino al conjunto del aparato militar y de proyección regional iraní.

Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, dijo en las horas previas al encuentro con su homólogo israelí que cree que Irán "quiere llegar a un acuerdo" con Estados Unidos sobre su programa nucleares y de misiles balísticos. "Sería “tonto” si no lo hiciera, argumentó el republicano durante una entrevista en el programa “Kudlow” de Fox Business Network.

La reunión entre Trump y Netanyahu se produce, por tanto, en plena negociación indirecta con Irán y bajo la presión de un despliegue militar estadounidense que sigue funcionando como instrumento de coerción. El equilibrio entre diplomacia y disuasión es frágil, y el margen de error reducido.

47 años de Revolución Islámica: soberanía y narrativa de asedio

Todo ello coincide con el 47º aniversario de la Revolución Islámica de 1979, una efeméride que el régimen iraní presenta como un proceso en curso más que como un episodio histórico cerrado. En la narrativa oficial, la Revolución significó una ruptura definitiva con la influencia extranjera y la afirmación de una soberanía política, religiosa y estratégica que sigue definiendo la política exterior del país.

Las autoridades iraníes insisten en que, durante casi cinco décadas, la República Islámica ha resistido sanciones económicas, aislamiento diplomático, conflictos regionales y presiones militares. El discurso oficial habla de un “asedio permanente” por parte de potencias occidentales, especialmente Estados Unidos, frente al cual Irán habría consolidado capacidades propias en los ámbitos científico, tecnológico y militar.

Una mujer en Teherán durante el 47 aniversario de la Revolución Islámica EFE

En ese marco, el programa nuclear y el desarrollo de misiles no se presentan únicamente como herramientas de disuasión, sino como expresiones de independencia nacional. La negociación actual con Washington se inserta así en una narrativa más amplia: la defensa de derechos soberanos frente a lo que Teherán considera exigencias desproporcionadas.

Así las cosas, la combinación de negociaciones nucleares, presión militar estadounidense y la intervención diplomática de Israel sitúa a la región ante una coyuntura decisiva. El margen entre acuerdo y confrontación sigue siendo estrecho, y cada declaración pública - en Teherán, Washington o Jerusalén - contribuye a definir hacia qué lado se inclinará la balanza.