Enlaces accesibilidad

40 años de antagonismo EE.UU - Irán: "Hay un componente ideológico, pero el geopolítico juega un papel superior"

  • La Revolución Islámica de 1979 tuvo un elemento soberanista y antioccidental
  • Irán, alineado con Rusia y China, ocupa un lugar central en Asia y tiene enormes reservas de petróleo
Claves históricas del conflicto EE.UU.-Irán
Mural contra EE.UU. en Teherán, en el que se lee en inglés: "Abajo Estados Unidos". EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH
Miguel Charte
Miguel Charte

El antagonismo entre Washington y Teherán, que data al menos de la Revolución Islámica de 1979 y que se encauzó brevemente por vía diplomática con el acuerdo nuclear logrado durante la presidencia de Barack Obama, se ha agudizado con Donald Trump y puede llegar al punto del enfrentamiento directo.

Trump sacó en 2020 a EE.UU. del acuerdo nuclear al que había llegado Obama cinco años antes, y alega distintos motivos para poner a Irán en su punto de mira: ayer era la represión de las protestas ciudadanas contra el régimen, que ha costado miles de vidas; hoy vuelve a ser el programa nuclear. Precisamente, delegaciones de ambos países, representadas por el enviado especial de EE.UU., Steve Witkoff; y el ministro de Exteriores iraní, Abas Araghchi, se reúnen este viernes en Omán, para tratar de acercar posiciones en ese delicado asunto, foco de fricciones desde hace años.

Pero, detrás de la confrontación entre ambos países, también hay motivos geopolíticos y geoeconómicos que hacen que Trump o cualquier otro ocupante de la Casa Blanca esté interesado en este enorme país, clave en Asia Central y rico en reservas petrolíferas.

Enfrentamiento ideológico e intereses geopolíticos

La República Islámica, el sistema político actual de Irán, nació en 1979 de una revolución popular que tenía un componente de revuelta contra la dominación occidental. Primero el Reino Unido y luego EE.UU. habían controlado el país durante décadas, y en 1953 orquestaron un golpe de Estado que acabó con el gobierno democrático de Mohammad Mosaddegh, quien había cometido el imperdonable error, a ojos de las potencias anglosajonas, de nacionalizar el petróleo. Londres y Washington pusieron todo el poder en manos del sah o rey de Irán, Mohammad Reza Pahlavi.

"El principal motivo de animadversión entre ambos gobiernos es ideológico", opina Siavush Randjbar-Daemi, historiador de la Universidad de Saint Andrews, en Escocia.

Presidentes iraníes que intentaron un acercamiento, como Mohammad Jatamí o Hasán Rohaní, fracasaron, según el historiador, por el "rígido antiamericanismo" del Líder Supremo de la República Islámica, Alí Jamenei. "No creo que eso cambie mientras él siga en el cargo, así que a Irán le falta esa flexibilidad que se ve en otros lugares".

Kamran Matin, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Sussex (Reino Unido) coincide en que "la identidad del nuevo régimen se definió en oposición a Occidente, y ha intentado mantener su legitimidad apegándose a esos ideales", pero cree que junto al componente ideológico hay "enormes aspectos geoestratégicos y geopolíticos".

"Por supuesto, existe un componente ideológico en términos de 'poder blando', del alineamiento de Irán con Rusia y con China, y con otros países que se sitúan en la franja de los 'antioccidentales'", explica Samuele Carlo Abrami, investigador principal del CIDOB. "Eso tiene consecuencias concretas como la búsqueda de instituciones alternativas, como los BRICS. Pero obviamente, yo no lo reduciría a simples rivalidades ideológicas. Creo que el componente geoestratégico o geopolítico juega un papel muy superior".

Irán es un enorme país (tres veces el tamaño de España y más de 90 millones de personas), que conecta Oriente Medio con Asia Central.

Cuenta con enormes reservas de gas y petróleo, su principal recurso económico. Su primer cliente es China (mientras que, para China, Irán es su tercera fuente de petróleo crudo y condensado). Además, controla el Estrecho de Ormuz, por el que circula cerca del 20 % del transporte marítimo de gas y petróleo.

Enfrentado con Arabia Saudí por el liderazgo regional, en los últimos años se ha alineado con China y Rusia: en 2023 se unió a la Organización de Cooperación de Shanghai y en 2024 se sumó a los BRICS. Irán también es un enemigo declarado de Israel.

Además, Irán ha tejido una red de apoyo con organizaciones y milicias afines en Oriente Medio, desde Hizbulá en Líbano, a Hamás o la Yihad Islámica en Gaza, los hutíes en Yemen y milicias en Irak, aunque muy debilitadas.

El acuerdo nuclear con Obama, una "oportunidad perdida"

A los motivos anteriores se añade el temor a que Irán pueda hacerse con la bomba atómica, un arma de la que ya disponen otros estados de Oriente Medio y el Sudeste asiático, como Pakistán, India o Israel. Teherán siempre ha alegado que su tecnología nuclear tiene fines pacíficos.

En 1995 Bill Clinton impuso las primeras sanciones y en años posteriores se sumaron la ONU y la UE. La presión llevó a Irán a la mesa de negociaciones, y en 2015, bajo la presidencia de Barack Obama, se firmó un acuerdo que entró en vigor un año después.

En 2018, sin embargo, Trump retiró a EE.UU. del acuerdo, que tachaba de "decadente y podrido", porque consideraba que permitía a los iraníes continuar con su programa nuclear y a la vez obtener fondos para armarse. Joe Biden intentó retomar las negociaciones para un nuevo acuerdo, a la vez que amenazaba a Irán para que no continuase enriqueciendo uranio, pero sin éxito.

Samuele Abrami cree que el acuerdo fue "una oportunidad perdida" que dejó "muchos perdedores", entre ellos la UE y Turquía. "El acuerdo no solo era una vía para desescalar el problema nuclear desde una perspectiva de seguridad, sino también para crear un entorno permanente de compromiso diplomático, de diálogo que quizás podría haber allanado el camino hacia un enfoque más constructivo", lamenta el investigador del CIDOB.

"Siempre sentí que aquello era un acuerdo entre la Administración Obama y el Gobierno de Rohaní, no tanto entre la República Islámica en su conjunto y el sistema político de los EE.UU.", comenta Siavush Randjbar-Daemi. "Si miramos atrás, con el beneficio de la perspectiva, vemos que fue realmente una relación personal, una combinación única de una Administración con voluntad de negociar y, esto es crucial, aceptar los deseos de Irán de enriquecer uranio. Eso fue una concesión clave. En el momento en que esa combinación se rompió, es decir, cuando Trump entró en la Casa Blanca en 2017, ese mecanismo se vino abajo".

Trump intentó renegociar con Rohaní durante su primera legislatura en la Casa Blanca, afirma el historiador. "Las cosas, por supuesto, se volvieron muy complicadas cuando Trump asesinó a Qasem Soleimani [general del Cuerpo de Guardianes de la Revolución y el organizador de las intervenciones iraníes en el extranjero], eso casi hizo imposible negociar con él. Pero es interesante que los iraníes estuvieran involucrados en estas negociaciones tan complicadas y, en mi opinión, no del todo convincentes, antes de que Israel atacara en la primavera de 2025. En otras palabras, eso muestra hasta qué punto los iraníes están atrapados en este enredo tan difícil".

Trump ante un régimen iraní debilitado

Con el desmoronamiento del acuerdo nuclear de 2015, volvieron las sanciones, que han hecho mella en la sociedad iraní, golpeada también por una crisis ecológica y humana en forma de cinco años de sequía.

"En los últimos seis u ocho meses, las sanciones han sido muy fuertes —relata Kamran Matin—. La economía languidece; la moneda se ha devaluado muchísimo; la mayoría de los iraníes están en la pobreza; hay cortes de luz; hay cortes de agua en algunas regiones... La situación ha sido extremadamente dura, tanto económica como socialmente. Y como no hay un mecanismo político para que las quejas se aireen oficialmente, se han transformado en estas protestas populares en las calles".

Samuele Abrami afirma que el régimen ha justificado la represión precisamente como respuesta a una amenaza externa. El aumento de las sanciones y la postura maximalista de Trump al final han contribuido a radicalizar las posiciones de régimen y aislarlo en la región. Las presiones pudieron ayudar a llevar a Irán a la mesa de negociaciones, y a limitar algunas de sus actividades. Pero sin un horizonte constructivo, porque no está claro cuál es el objetivo final, el régimen perdió la paciencia y ha querido responder con la misma lógica maximalista de EE.UU.".

Ahora Trump, aprovechando esta debilidad, presiona al Gobierno iraní, presidido por Masoud Pezeshkian, para sentarse a la mesa, y le amenaza con una acción "como en Venezuela".

Randjbar-Daemi afirma que Trump no tiene "ninguna urgencia", porque "no necesita el petróleo iraní, y las sanciones internacionales hacen extremadamente difícil que cualquiera, incluyendo los competidores europeos o chinos, entren en el mercado iraní y saquen beneficios".

"Trump está muy dispuesto a negociar, pero negocia para obtener sus condiciones", explica Kamran Matin. "Para eso, usa el poder militar, que Obama y George W. Bush apenas usaron. La diferencia con Trump es que combina la disposición a negociar con el despliegue efectivo de la fuerza, algo que presidentes anteriores temían hacer porque creían que conduciría a la guerra, y no quería verse envueltos en otro Irak o Afganistán. Así que Trump habla, pero habla de manera diferente", concluye.