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¿Presión máxima antes del diálogo? El despliegue militar de Estados Unidos que marca la negociación con Irán

  • El viernes arrancan en Omán las primeras negociaciones entre EE.UU. e Irán tras las últimas protestas
  • Washington ya contaría con las capacidades militares que necesita en la región para frenar un posible ataque
Un helicóptero militar oscuro se recorta contra un cielo crepuscular, con el sol poniente creando un resplandor rojizo y anaranjado. Se distinguen las hélices y el armamento del helicóptero.

"Si los pedidos de pizza se disparan en los establecimientos cercanos al Pentágono, en la ciudad de Washington, se debe a que el personal militar de EE. UU. trabaja horas extra para preparar una acción militar".

La frase, repetida durante años en círculos diplomáticos y de inteligencia, es una premisa nunca escrita, pero ampliamente compartida, entre quienes analizan los patrones de preparación bélica de Estados Unidos: cuando la maquinaria militar estadounidense entra en funcionamiento, el Departamento de Defensa llevaba meses trabajando en ello.

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Así se desprende al observar las últimas Imágenes satelitales comerciales o los datos de seguimiento aéreo que dibujan un escenario inequívoco: Estados Unidos ha intensificado de forma notable su despliegue militar en torno a Irán, en un momento en el que la diplomacia también intenta abrirse paso.

"Lo primero que debemos tener claro es que ni Estados Unidos ni Irán quieren una guerra", dice a RTVE noticias Jesús Nuñez, Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). "Irán está muy debilitado y difícilmente podría hacer frente a un ataque combinado de Israel y Estados Unidos; por otro lado, Washington no busca una guerra total, ni el derribo del régimen o la captura del ayatolá al estilo de Nicolás Maduro. Lo que sí se me hace difícil de imaginar", añade, "es que EE.UU. no vaya a efectuar un golpe puntual antes de las negociaciones para lanzarle un mensaje a Irán: 'ahora no tenéis más remedio que sentaros a negociar'".

Según este analista, la opción militar explicaría el masivo despliegue de fuerzas —sobre todo marítimas y aéreas— en las costas del Mar Arábigo, del Mar Rojo o del Estrecho de Ormuz, así como el despliegue de miles de soldados adicionales en aguas próximas al golfo Pérsico. "Si hasta ahora EE.UU. no ha atacado a Irán es simplemente porque no tenía los medios necesarios desplegados. Ahora sí los tienen, por lo menos para rechazar un golpe. En cuanto a Israel, ellos tampoco estaban preparados para garantizar la destrucción de los misiles que pudieran caerles encima. Para mí la previsión es que habrá un golpe por vía militar, más o menos amplio, como elemento adicional de presión para que Irán acepte condiciones", sentencia el militar retirado.

Buques de guerra, aviones y armamento, listos

Con ataque o no a la vista, lo cierto es que en las últimas semanas Washington ha reposicionado activos navales y aéreos en varios ejes estratégicos de Oriente Medio. Cerca de una docena de buques de guerra, incluidos destructores con capacidad antimisiles y armamento de largo alcance, operan entre el mar Arábigo, el mar Rojo y las inmediaciones del estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más sensibles del planeta.

A ese entramado se suma la presencia de un grupo de combate encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, desviado expresamente desde el Indo-Pacífico, para reforzar la señal de presión y eludir posibles ataques como el de este pasado martes, cuando un dron iraní Shahed-139 voló en su dirección "con intenciones poco claras". Según informó la agencia Reuters fue derribado por un caza F-35C estadounidense. El capitán de la Marina Tim Hawkins, portavoz del Comando Central de EE. UU., explicó que actuó en legítima defensa para garantizar la seguridad del buque y de su tripulación. El incidente no provocó víctimas ni daños materiales en las fuerzas estadounidenses.

Desde el aire, el despliegue es igualmente significativo. Más de tres decenas de aeronaves —cazas, drones armados, aviones de reabastecimiento, transporte y reconocimiento— han aterrizado o sobrevolado bases clave en Qatar y Jordania. Algunos de estos aparatos, como los cazabombarderos F-15E o los EA-18G Growler, con capacidades para la guerra electrónica, no cumplen funciones meramente defensivas: están diseñados para penetrar espacios aéreos hostiles, degradar sistemas antiaéreos y sostener operaciones complejas a medio y largo alcance.

       

La incorporación de medios de búsqueda y rescate de combate añade una capa adicional de lectura. Estas plataformas suelen desplegarse cuando el Pentágono contempla escenarios en los que podría ser necesario recuperar pilotos u operadores especiales en territorio enemigo. No es un detalle menor: implica que la planificación no se limita al golpe inicial, sino que contempla contingencias posteriores. En términos militares, es preparar el terreno para un abanico amplio de opciones, no solo para una demostración de fuerza puntual.

Pese a la magnitud del movimiento, fuentes actuales del aparato de defensa subrayan que el nivel de acumulación aún no alcanza el observado en operaciones anteriores contra instalaciones iraníes. Sin embargo, el mensaje implícito es difícil de ignorar: la capacidad está desplegada, es creíble y puede escalarse con rapidez si la Casa Blanca lo considera necesario.

Así lo confirmaba la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en una entrevista con la cadena Fox News en relación a las conversaciones entre el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y funcionarios iraníes, previstas para este viernes en un lugar aún por determinar . "Siguen programadas por ahora, pero el presidente (Donald Trump) obviamente tiene varias opciones sobre la mesa, y el uso de la fuerza militar es una de ellas", ha indicado Leavitt.

En una sala de prensa, una mujer rubia con chaqueta negra, presumiblemente Karoline Leavitt, habla desde un podio azul oscuro con el texto

Para el presidente Donald Trump, el despliegue cumple una doble función. Por un lado, refuerza su posición negociadora ante Teherán, enviando la señal de que la diplomacia se desarrolla bajo la sombra de una opción militar real. Por otro, tranquiliza —al menos parcialmente— a aliados regionales, en especial Israel, que temen represalias iraníes directas o indirectas en caso de escalada.

Desde Teherán, el mensaje oficial apunta a la cautela y al cálculo. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, ha asegurado que su gobierno está evaluando "todas las dimensiones" de un eventual proceso de diálogo y ha subrayado que el tiempo juega en contra de Irán mientras sigan vigentes unas sanciones que considera "injustas".

Por el momento, queda claro que el alivio económico es una prioridad inmediata para el régimen días después de que cientos de miles de manifestantes se echaran a las calles de todo el país en protesta por el colapso de su poder adquisitivo, agravado por una inflación disparada y el mantenimiento de las sanciones internacionales. El malestar, además, se intensificó por las acusaciones de corrupción y mala gestión de las autoridades, que amplificaron una protesta inicialmente social hasta convertirla en un desafío político que dejó, según el régimen, 3.117 fallecidos. Informes independientes estiman cifras mucho más altas, que van desde varios miles hasta superar los 30.000 muertos.

Las autoridades iraníes, por su parte, acusaron a Israel y a Estados Unidos de instigar la violencia en las protestas que han sacudido al país y al régimen, el cual está en su momento más débil desde la Revolución Islámica de 1979.

Cita para las negociaciones EE.UU.- Irán

En este contexto de máxima tensión está previsto que Irán y Estados Unidos mantengan negociaciones este viernes, pero no en Turquía, como habían acordado previamente las partes, sino en Omán, país que ya albergó las primeras reuniones para negociar el acuerdo nuclear con Irán (JCPOA, por sus siglas en inglés), impulsado por Barack Obama y firmado en 2015 entre EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania, en colaboración con la Unión Europea. "Irán había previamente acordado un formato para una reunión en Turquía pero parece que han cambiado de opinión", señalaba este miércoles el Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.

"Las conversaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos se celebrarán el viernes en Mascate (Omán)", afirmaba horas antes la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní. Un cambio de opinión que podría deberse a las dudas de Teherán sobre la fiabilidad del presidente turco, Recep Tayip Erdogan. "Los iraníes tienen muchísima más confianza en los omaníes que en Erdogan. Temen que él pueda terminar jugando una carta en favor de los norteamericanos", explica a RTVE Noticias, el analista israelí, de origen iraní, Meir Javedanfar.

La agencia Tasnim también ha subrayado que las reuniones, en las que participarían el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, se centrarán exclusivamente en la cuestión nuclear y en el levantamiento de las sanciones impuestas a Teherán. “La diplomacia está en marcha”, resumió un alto funcionario iraní, “pero ahora la iniciativa no nos corresponde”. En su lectura, el siguiente movimiento está en manos de la Casa Blanca. La pelota, insistió, está en el tejado de Trump.

 DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Sin embargo, Marco Rubio afirmó este miércoles durante una rueda de prensa en Washington que "para que las conversaciones conduzcan a algo significativo, tendrán que incluir ciertos aspectos, y eso incluye el alcance de sus miles balísticos, su apoyo a organizaciones terroristas en toda la región, su programa nuclear y el trato que dan a su propia población". Demandas, las tres primeras, trasladadas por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al enviado de Trump, Witkoff, durante la visita que éste realizó a Israel esta semana.

Irán y Estados Unidos ya celebraron varias rondas de negociaciones indirectas en Mascate en 2025, con Omán como mediador, pero el proceso quedó interrumpido tras el estallido de la conocida como "guerra de los 12 días" entre Irán e Israel en junio de ese año, conflicto en el que Washington participó con bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes. Desde entonces, Teherán había rechazado volver a negociar, aunque ha accedido ahora a retomar el diálogo tras las reiteradas amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de recurrir a la vía militar si no se abría un canal diplomático.

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Qatar, Arabia Saudí o Egipto, posibles asistentes

Pero el pulso no se limita al eje Washington-Teherán. En paralelo, varios países de Oriente Medio han activado una diplomacia silenciosa para evitar que la escalada militar anule cualquier margen de negociación. Turquía, Catar, Egipto, Omán y Arabia Saudí, entre otros, han multiplicado contactos en las últimas semanas, conscientes de que el actual momento puede convertirse en un punto de no retorno.

Desde Doha, el portavoz del Ministerio de Exteriores catarí, Majed al Ansari, confirmó que estos actores están implicados en un “esfuerzo conjunto” para facilitar el regreso a la mesa de diálogo. Fuentes diplomáticas señalan que a la mesa de diálogo podrían sumarse los jefes de la diplomacia Pakistán y posiblemente Emiratos Árabes Unidos (EAU). Un formato que refleja la complejidad del momento y la necesidad de mediadores capaces de amortiguar el choque directo.

En este contexto, la pregunta de fondo no es solo si Estados Unidos puede atacar —la respuesta técnica parece evidente— sino si quiere hacerlo antes de negociar. Todo apunta, por ahora, a una estrategia de presión calculada: acumular fuerza suficiente para que la amenaza resulte creíble, sin cruzar aún el punto de no retorno. Ganar tiempo, tensar la cuerda y sentarse a la mesa con ventaja. En la diplomacia coercitiva, a veces no hace falta disparar para imponer las reglas del juego.