Archivos Epstein: personajes y teorías conspiratorias
- Numerosas personalidades aparecen nombradas en la trama alrededor del asesor y pederasta confeso Jeffrey Epstein
- La publicación de millones de documentos del caso ha alimentado teorías conspiranoicas en torno al poder
Poder. Poder político, económico, sexo y muertes sospechosas. Todos estos elementos dramáticos se entrelazan en la trama tejida alrededor el asesor financiero y pederasta confeso Jeffrey Epstein. Desde septiembre se han hecho públicos millones de documentos: fotos, videos, correos, facturas... Otros millones de documentos siguen siendo secretos, custodiados por el Departamento de Justicia del Gobierno de Donald Trump.
Lo que se ha conocido y lo que sigue sin conocerse da pie a multitud de conjeturas y teorías conspirativas, incluido el modo en que el Gobierno de los Estados Unidos está publicando estos documentos. En palabras del profesor de la Universidad de Toronto Seva Gunitsky, "uno de los elementos más agotadores moralmente de estos acontecimientos es que es imposible tratar estos hechos sin sonar como un lunático conspirativo, pero es lo que hay".
Cuatro datos importantes
El primero: aparecer en los archivos de Epstein no significa haber cometido un delito. El segundo: el núcleo de esta maraña, Jeffrey Epstein, está muerto. Oficialmente se suicidó en la cárcel en 2019 mientras esperaba juicio. Y tercero: la única persona juzgada, condenada y encarcelada por esa trama de tráfico de mujeres, algunas menores de edad, es Ghislaine Maxwell, la amiga, examante y corresponsable de esa empresa delictiva. Y británica. El resto de cómplices están en libertad y no pesa ninguna investigación contra nadie en EE.UU.
El cuarto dato es una fecha doble, los años años 2005 y 2008. En 2005 la policía investiga por primera vez a Epstein por presunto abuso sexual de una menor, una chica de 14 años. Es importante porque la mejor defensa de quienes tuvieron tratos con el financiero es decir que a partir de esa fecha no tuvieron relación con él, y alegan que ni sabían de sus actividades pederastas ni fueron testigos de nada que levantara sospechas. En 2008 Epstein evita el juicio con un trato con el fiscal, se declara culpable de dos delitos (prostituir y prostituir a una menor) y le aplican una condena muy leve: 18 meses de cárcel, año y medio, en un régimen magnánimo que le permite ausentarse de la cárcel durante el día y acudir y trabajar en su oficina.
De políticos a magnates tecnológicos
El alud de nombres que salen en los millones de documentos parece un "quién es quién" mundial en la década de los 90 del siglo XX y principios del XXI. ¿Por qué ese poder de atracción de Jeffrey Epstein? Quienes lo conocieron y sus biógrafos aseguran que era una persona con mucho carisma y capaz de inventarse patrañas que otros creían, como fue el caso de los inicios de su carrera como profesor, cuando se inventó unos estudios y un currículum que no tenía, y logró que reputadas instituciones le creyeran.
El primer gran imán fue su capacidad de manejar dinero de otros con éxito, de modo que rápidamente se convirtió en depositario y asesor de la fortuna de otros a cambio de cuantiosas comisones. El dinero y el lujo son un atractivo muy potente, lo fueron hasta lo obsceno en los años 80 y 90. Parece que no hubo hombre poderoso ni mujer que no aceptara, deseara, volar en su avión o pernoctar en alguna de sus mansiones. Aparecer a su lado aquellos años no manchaba, sino que daba lustre, era sinónimo de estar en la cima, en esa hoguera de vanidades que es Nueva York, el hábitat en que hizo su fortuna. Con la perspectiva de hoy vemos como una telaraña de depravación lo que en aquel fin de siglo era la imagen de éxito. Un fin de siglo en el que Trump acaparaba portadas en la prensa mundana y de negocios. No se iba a la Torre Trump a protestar, sino a hacer fotos de admiración.
Con el cambio de siglo hemos sabido que en ese intercambio de información sobre finanzas y política había, además, un favor especial que el asesor financiero hacía: proporcionar mujeres jóvenes, algunas menores de edad, para sus deseos sexuales. Ha sido por ellas, esas víctimas, por quienes se ha ido destapando el escándalo. A medias.
¿Lista de clientes?
La hoy fiscal general y ministra de Justicia, Pam Bondi, muy leal y servicial, como todo el Gobierno, con el presidente Trump, dijo tener en su poder una lista de clientes, pero, de existir, no se ha publicado. Lo publicado, y no es todo, es una marea de información donde cuesta mucho separar el grano de la paja. Mucho intercambio de correos, pero pocas pruebas para imputar.
Hay quien ve en esta supuesta transparencia un operación política de manipulación. Expandir sospechas a diestro y siniestro para lograr que cunda en la sociedad la idea de que no se libra nadie entre los poderosos, que las élites están podridas. La marca Epstein ha adquirido tal toxicidad que la presunción de culpabilidad cae instantáneamente sobre cualquiera que aparezca en esos archivos. Resulta poco verosímil que quienes más frecuentaron su compañía no vieran o sospecharan nada de sus actividades reprobables y delictivas.
¿Quién está sacando rédito electoral de esa opinión pública cada vez más convencida de que las élites políticas, económicas e intelectuales están podridas? Los movimientos antisistema, antiélites, que promueve, sobre todo, la derecha populista, que ha revertido el concepto de élite y convertido en algo nocivo.
El culebrón QAnon, MAGA, Epstein y Trump
Durante la primera presidencia de Trump apareció y creció el movimiento QAnon, que se caracterizaba por divulgar y defender todo tipo de conspiraciones, del Covid y las vacunas contra el coronavirus hasta la teoría según la cual el mundo estaba gobernado por un Estado profundo maligno, con una red de pederastia, que pretendía, entre otras cosas, destruir a Estados Unidos. Trump era una especie de Mesías que venía a salvar al país de ese contubernio, y Joe Biden, su rival en las elecciones de 2020, encarnaba el mal. Yo misma fui testigo en octubre de 2020 de la fe en esas conspiraciones que profesaban algunos de sus votantes.
QAnon perdió relevancia y quedó absorbido por el Movimiento MAGA (Make America Great Again). Marjorie Taylor Greene era la política más conocida de ese movimiento y una fervorosa del presidente hasta que llegó el conflicto entre él y los archivos Epstein.
Donald Trump, en sintonía con ese núcleo duro de votantes, hizo campaña exigiéndole al presidente Biden que hiciera público el material sobre Jeffrey Epstein y prometiendo hacerlo él si lo elegían. Pero, una vez en la Casa Blanca, el republicano cambió de opinión, se resistió a dar ese paso y desdeñó el interés de esos documentos. Marjorie Taylor Greene se enfrentó a su líder y reclamó la publicación de los archivos de Epstein. La confrontación hizo que Trump la llamara traidora y la amenazara con boicotear su reelección como congresista. Ella renunció a su escaño. Una grieta pequeña en el pilar MAGA que sujeta el poder social y electoral del mandatario. Al final, Trump se rindió y dio luz verde a los congresistas republicanos para que votaran a favor de la publicación de los archivos.
Todos nos hemos vuelto "conspiranoicos"
Lo que se ha publicado y lo que sigue oculto está nutriendo muchas teorías conspirativas en torno al poder y las conexiones de Jeffrey Epstein, y también sobre el manejo que está haciendo el Gobierno. ¿Qué criterio sigue para cribar el material? ¿Por qué censura algunos nombres de implicados y, sin embargo, no lo ha hecho con la identidad de algunas víctimas? ¿Están protegiendo al presidente Trump? ¿A qué se refería Epstein cuando escribió que Trump era "el perro que no ha ladrado"?
Es más, el trazo grueso del entramado Epstein sustenta la teoría de QAnon de una supuesta red global de ricos y poderosos pederastas, de que nos gobierna una élite degenerada. Es una de las conclusiones que saca Simon van Zuylen-Wood en un artículo publicado en el New York Magazine.
La red de contactos de Epstein se está revelando tan extensa que en ella hay material donde elegir elementos para varias teorías conspiratorias, lo mismo es facilitador del aumento de la extrema derecha en el mundo, que un compinche de progresistas como Bill Clinton o Noam Chomsky.
¿Espía ruso? ¿Espía israelí?
Son algunas de las varias teorías a las que dan pie las conexiones de Jeffrey Epstein. Rusia: la agenda de Epstein está llena de contactos rusos. En la red de prostitución que dirigía abundaban la chicas del este de Europa y de Rusia, documentados están los contactos con agencias de modelos en Rusia para llevar a EE.UU. a muchas mujeres de esas agencias, y cómo las "recomendaba" a algunos de sus amigos como, por ejemplo, Andrew Mountbatten-Windsor, antes conocido como el príncipe Andrés.
El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, ha anunciado esta semana una investigación sobre si Epstein trabajó para los servicios secretos rusos. "Cada vez hay más indicios más información, y más comentarios en la prensa mundial relacionados con la sospecha de que este escándalo sin precedentes de pederastia estaba coorganizado por los servicios de inteligencia de Rusia", declaró Tusk, y añadió que "no hace falta que diga lo grave que eso sería para la seguridad del Estado. Eso significaría que tienen material que compromete a muchos líderes que están aún en activo".
Kompromat es un término acuñado en la URSS de Stalin por el cual se le tiende una trampa comprometedora a alguien para poder tener algo con que chantajearlo. Son muchos los casos en que la trampa tenía un componente sexual, relaciones en las que se grababa a políticos o jueces a quienes se quería manipular. La cantidad ingente de fotos que están apareciendo de amistades de Epstein con chicas muy jóvenes y/o en paños menores hace pensar en el kompromat como modus operandi del financiero proxeneta y pederasta. Desde hace años, y más desde que entró en política, hay muchas teorías conspirativas sobre un kompromat del Kremlin detrás de las decisiones de Trump, desde la injerencia rusa en 2016 que contribuyó a su elección hasta la actitud respecto a Putin y Ucrania.
¿Agente del Mossad? Epstein era judío y mantenía muchos contactos con Israel, sobre todo con el exministro laborista Ehud Barak. La prueba de cargo de ese supuesto espionaje es un testimonio recogido por el FBI en 2020, una "fuente confidencial" que afirma que Epstein trabajaba para la inteligencia israelí, y que fue Barak quien lo formó como agente. Es una declaración de una persona, no una conclusión a la que haya llegado el FBI.
Esa misma fuente une Israel y Rusia en la organización Chabad-Lubavitch que, supuestamente, "trató de secuestrar la primera presidencia de Donald Trump". Chabad-Lubavitch es una organización ultraortodoxa, del judaísmo jasídico, que se fundó en el antiguo Imperio ruso y que en la Rusia postsoviética mantiene una estrecha relación con el presidente Vladímir Putin. Esa misma fuente confidencial declaró que Trump estaba "comprometido" (Kompromat) por Israel.
Según el citado Seva Gunitsky, especialista en el final de la Unión Soviética, no estamos ante un caso de espionaje, sino de negocios: "En muchos aspectos, Rusia fue pionera en una moderna clase cleptócrata internacional cuando se liquidaron los activos del Estado soviético, y agentes de los servicios de inteligencia camparon a sus anchas. El colapso de la URSS creó nuevos oligarcas y también transformó el panorama global. Movieron fortunas por diversos países, chantajearon, trataron a los gobiernos como proveedores. (...) Jeffrey Epstein tuvo la intuición de entender este nuevo mundo. Estableció conexiones por todo el mundo, con los servicios de inteligencia israelíes, con las monarquías del Golfo, con políticos europeos y con el Estado ruso".
Más consecuencias en Europa que en EE.UU, Reino Unido y Francia
Muchos nombres, pero nadie castigado ni bajo investigación es la principal crítica a cómo está llevando el Gobierno de Trump el caso Epstein en Estados Unidos.
En Europa sí que la información obtenida de los archivos Epstein ha tenido algunas consecuencias, las más relevantes en el Reino Unido. Por fama, sin duda, es la caída en desgracia del que fue hasta hace poco príncipe Andrés. Lo fue hasta las entregas de documentos Epstein en otoño y la publicación de las memorias de quien lo denunció por haber abusado sexualmente de ella cuando tenía 17 años, Virginia Giuffre. Memorias póstumas, ya que meses antes Giuffre se suicidó. Andrés, sus negocios y sus amistades llevaban años dañando la imagen de la monarquía británica, y su hermano el rey dijo basta, le quitó los títulos y lo expulsó de las propiedades reales. Desde finales de octubre lo nombran como Andrew Mountbatten-Windsor, "antes conocido como príncipe Andrew".
El hermano del rey es el caso más conocido, pero mayor trascendencia política y penal tiene la que afecta a Peter Mandelson, sobre todo teniendo en cuenta el peso que ha tenido en la política británica. El Partido Laborista nunca ha tenido tanto poder y ganado tantas elecciones como lo hizo con Tony Blair de 1997 a 2010 con el llamado Nuevo Laborismo, la tercera vía que alejó al partido de la izquierda. Peter Mandelson fue uno de sus arquitectos, su poder interno y su gusto por las intrigas le valió el apodo de Príncipe de la tinieblas. Fue ministro y comisario europeo, casi siempre rodeado por polémicas, sus acciones ejerciendo un cargo o su carácter engreído. Tuvo que dimitir dos veces estando en el gobierno.
En octubre de 2008, recién desatada la gran recesión mundial, el primer ministro Gordon Brown nombró a Mandelson ministro de negocios y, al cabo de unos meses, lo convirtió en una especie de vice primer ministro. Según los últimos documentos Epstein conocidos, en junio de 2009 Mandelson le pasó a su amigo Epstein información económica confidencial del Gobierno británico con el objetivo de que el financiero se beneficiara a costa del Ejecutivo del que él era el número dos. El gobierno actual ha entregado ese material a la policía y esta ha abierto una investigación, el viernes la policía registró dos propiedades vinculadas con el político.
Además de eso, ya en septiembre trascendió que la relación entre Mandelson y Epstein era más estrecha de lo que Mandelson había reconocido y que perduró cuando el financiero ya se había declarado traficante de sexo y pederasta. Ahora ha trascendido que su pareja, hoy marido, pidió y recibió 10.000 libras esterlinas de Epstein.
El escándalo Mandelson debilita mucho al primer ministro, Keir Starmer. Porque Starmer nombró a Mandelson embajador en los Estados Unidos, él fue el artífice de la invitación real a Trump, unos fastos a los que el político no pudo acudir porque Starmer tuvo que destituirlo al trascender los detalles de la relación con Epstein. Las últimas informaciones han puesto en tela de juicio, más si cabe, el criterio del primer ministro, en una posición ya frágil desde hace meses. Starmer ha tenido que dar explicaciones en el Parlamento y el jueves pidió públicamente perdón a las víctimas de Epstein.
En Francia, otro exministro está en el punto de mira. Jack Lang, una personalidad en algunos aspectos parecida a la de Peter Mandelson, en su gusto por el refinamiento y el narcisismo. Adquirió notoriedad como ministro de Cultura del presidente socialista François Mitterrand. Lang emprendió grandes proyectos como fueron la pirámide del Louvre, la Fiesta de la Música y la Unión de Teatros de Europa. Esta semana, con los últimas informaciones, crecen las voces que piden su dimisión como director del Instituto de Estudios del Mundo Árabe de París, el ministro de Exteriores, que es quien nombra ese cargo, lo ha convocado este domingo.
La mayor parte de lo que se conoce de los llamados archivos Epstein no es delictivo, pero sí transmite en su conjunto un club, una red de conexiones entre personas con poder, económico, político o tecnológico con intereses comunes, gusto por el lujo, sentido de la impunidad y debilidades humanas no todas confesables.
Con las gafas de Anna Bosch