Starmer se disculpa ante las víctimas de Epstein por nombrar embajador al exministro Mandelson: "Lo siento"
- El primer ministro británico pide perdón y reconoce que las víctimas "nunca debieron ser ignoradas"
- Los papeles del pederasta Epstein también apuntan a empresarios o políticos norteamericanos y europeos
El primer ministro británico, Keir Starmer, ha pedido disculpas a las víctimas vinculadas al caso de Peter Mandelson tras la dimisión del exministro como miembro vitalicio de la Cámara de los Lores y su destitución como embajador del Reino Unido en Estados Unidos, en plena sacudida política por la publicación de nuevos documentos relacionados con el pederasta Jeffrey Epstein.
Starmer defendió que, en el momento del nombramiento, no tenía motivos para dudar de las explicaciones ofrecidas por Mandelson. “No tenía ninguna razón para creer que Mandelson estuviera mintiendo antes de ser nombrado”, ha asegurado, subrayando que su decisión se basó en la información disponible entonces y en las garantías personales del exministro.
El jefe del Ejecutivo ha querido, no obstante, marcar un punto de inflexión y reconocer el daño causado a las víctimas, que “nunca debieron sentirse ignoradas”. También se ha comprometido a cooperar plenamente con las investigaciones en curso y a revisar los mecanismos de control aplicados a futuros nombramientos de alto nivel.
Reuters
Mandelson le filtró a Epstein documentos del Ejecutivo británico
El caso vuelve a situar en el centro del debate a Mandelson, una de las figuras más influyentes del laborismo moderno y arquitecto del llamado Nuevo Laborismo durante los gobiernos de Tony Blair. La Policía Metropolitana de Londres ha confirmado la apertura de una investigación criminal tras conocerse que, durante su etapa como ministro, compartió documentos sensibles del Gobierno británico con Epstein.
Starmer ha tratado de cerrar filas en torno a su liderazgo en un momento delicado para el Ejecutivo y el partido, insistiendo en que la prioridad es “restaurar la confianza pública” y garantizar que no exista ningún espacio de impunidad para quienes han ocupado posiciones de poder.
Más allá del impacto directo en la política británica, los documentos desclasificados han ampliado el foco del escándalo a figuras de primer nivel internacional que aparecen en situaciones comprometidas con jóvenes y menores de edad. En los archivos salen citados nombres como el del fundador de Microsoft, Bill Gates, el expresidente estadounidense Bill Clinton y miembros destacados de la familia real británica. Las menciones, en forma de contactos, invitaciones o referencias cruzadas, no implican necesariamente delitos, pero han reavivado el debate sobre la cercanía de determinadas élites políticas y económicas con Epstein incluso cuando ya había sido condenado por abusar de una joven de 14 años en la mansión del pederasta de Palm Beach.
La dimensión pública de esos vínculos ha añadido presión sobre gobiernos e instituciones, en un contexto de creciente exigencia social de rendición de cuentas, especialmente cuando se trata de responsables con proyección internacional.
Los tentáculos del pederasta en las élites
En ese clima, han tenido especial eco las declaraciones realizadas por Melinda French Gates, exesposa de Bill Gates, durante una entrevista concedida al podcast Wild Card, del servicio de radiodifusión pública de Estados Unidos, NPR. La filántropa ha reconocido públicamente que la relación de su entonces marido con Jeffrey Epstein fue uno de los factores que pesaron en su decisión de divorciarse. "Fue muy claro en su momento que no me gustaba la relación de mi exmarido con Epstein, y eso pesó en decisiones tan importantes como nuestra separación”, ha señalado.
Gates, durante uno de sus últimos actos al frente de Microsoft, en Tokio el pasado mayo. YURIKO NAKAO / REUTERS
French Gates ha admitido además que la publicación de los documentos ha tenido un impacto personal significativo. “Leer mi nombre ligado a esos documentos fue emocionalmente difícil y me devolvió a una etapa de mi vida que fue muy dolorosa”, ha explicado, al referirse a la reaparición pública de unos vínculos que, según ha contado, ya habían generado tensiones profundas en su matrimonio.
Sin entrar en detalles concretos sobre la conducta de Bill Gates, la norteamericana ha querido desplazar el foco hacia quienes sufrieron directamente los abusos. “Mi prioridad es recordar el sufrimiento real de las víctimas; quienes aparecen en estos archivos son los que deben dar explicaciones”, ha afirmado, subrayando que ella optó tras el divorcio por distanciarse tanto personal como profesionalmente del entorno de su exmarido.
La onda expansiva alcanza a Europa
La difusión de millones de documentos vinculados al caso Epstein ha tenido un efecto dominó que se extiende a Europa y alcanza a casas reales y a antiguos responsables políticos de varios países.
En Noruega, la princesa heredera Mette-Marit ha reconocido públicamente su error de juicio tras confirmarse que se alojó en una de las residencias de Epstein en Palm Beach en 2013 y que mantuvo contacto posterior con él. En un comunicado, asumió su responsabilidad por no haber investigado adecuadamente su entorno y expresó su vergüenza por lo ocurrido.
La monarquía británica es una de las más afectadas por las nuevas revelaciones. Imágenes y testimonios han vuelto a situar en el foco al expríncipe Andrés, despojado de sus títulos y acusado de haber facilitado encuentros sexuales en su residencia de Windsor, acusaciones que siempre ha negado. Su exesposa, Sarah Ferguson, aparece también mencionada en los archivos por mensajes de tono afectuoso enviados al financiero estadounidense.
El impacto político se ha traducido en dimisiones y ceses y no solo en el Reino Unido. En Eslovaquia, el exministro de Exteriores Miroslav Lajcak ha abandonado su puesto como asesor de seguridad tras reconocerse contactos reiterados con Epstein. En Francia, el exministro socialista Jack Lang ha admitido una relación prolongada con el magnate, aunque descarta dimitir como presidente del Instituto del Mundo Árabe y niega haberse beneficiado económicamente.
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Los archivos también recogen referencias indirectas a otros dirigentes europeos como el presidente francés Emmanuel Macron, citados en conversaciones de terceros, así como a personalidades del mundo financiero y cultural europeo.
Mientras continúa el análisis de la documentación, la magnitud de las revelaciones mantiene bajo presión a gobiernos e instituciones, obligados a gestionar las consecuencias políticas, judiciales y reputacionales de un escándalo cuya dimensión sigue creciendo.