Groelandeses y daneses se manifiestan contra el plan de Trump: "Groenlandia no se toca"
- La manifestación en Copenhague comenzó a las 12:00, en Nuuk será a las 16:00
- El presidente de EE.UU. impondrá aranceles a los países que no apoyen sus ansias de anexión
Este sábado, Groenlandia y Dinamarca salen a la calle para protestar contra el plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su pretensión de hacerse con el control de la isla ártica. Hay importantes manifestaciones en varias ciudades danesas y en la capital groenlandesa, Nuuk, para rebelarse contra las ambiciones territoriales del mandatario estadounidense.
La manifestación en Copenhague tiene lugar entre las 12:00 y las 14:00, con una parada frente a la embajada estadounidense alrededor de las 13:00. Bajo un cielo gris y brumoso, los manifestantes, provistos de banderas groenlandesas y danesas, han formado una marea roja y blanca con los colores de estas banderas en la plaza del ayuntamiento, coreando el nombre de Groenlandia en groenlandés: "¡Kalaallit Nunaat!".
Protestas en favor de la soberanía de Groenlandia en Copenague, Dinamarca, 17 de enero de 2026 EFE/EPA/Emil Helms
También se ha hecho un llamamiento a manifestarse en Nuuk a las 16:00 hora peninsular española, para oponerse a los "planes ilegales de Estados Unidos de tomar el control de Groenlandia". Los manifestantes desfilarán luego hasta el consulado estadounidense, portando banderas groenlandesas, con el lema "Groenlandia no se toca".
Reclaman su derecho autodenominación y de la unidad del reino de Dinamarca. En las redes sociales, miles de personas han manifestado su voluntad de participar en las concentraciones en la inmensa isla ártica y en Dinamarca, además de en la capital, en Aarhus (centro), Aalborg (norte) y Odense (sur), por iniciativa de varias organizaciones groenlandesas.
"El objetivo es enviar un mensaje claro y unánime a favor del respeto de la democracia y los derechos humanos fundamentales en Groenlandia", explica Uagut, la organización nacional para los groenlandeses en Dinamarca, en su página web.
Donald Trump advirtió este viernes que impondrá aranceles a los países que no apoyen su plan en Groenlandia. Es la última amenaza del republicano, que una vez más alega motivos de seguridad nacional para justificar su ambición.
En un intento de calmar sus pretensiones, los aliados europeos han puesto en marcha la Operación resistencia ártica. Aviones de combate daneses y franceses ya sobrevuelan Groenlandia y en tierra militares alemanes se suman al comando ártico.
Las pretensiones de Trump
Desde su regreso al poder hace un año, Donald Trump menciona regularmente la toma de control de la inmensa isla ártica perteneciente a Dinamarca, estratégica pero poco poblada. Ha asegurado que se apoderará de ella "de una forma u otra" para contrarrestar, según él, los avances rusos y chinos en el Ártico.
El viernes por la noche, su asesor cercano Stephen Miller reafirmó la postura estadounidense sobre este territorio: "Groenlandia tiene un tamaño equivalente a una cuarta parte de Estados Unidos. Dinamarca, sin ánimo de ofender, es un país pequeño con una economía pequeña y un ejército pequeño. No puede defender Groenlandia", declaró en Fox News.
Sin embargo, Estados Unidos no tiene intención de "gastar miles de millones de dólares en defender" este territorio mientras se deja la soberanía a Dinamarca, añadió Miller.
En Europa, las reacciones han consistido en tratar de dialogar con Washington, en el caso de Dinamarca y por ahora sin demasiados frutos; en un mayor despliegue militar en Groenlandia y mensajes de apoyo político por parte Alemania, Francia y otros países escandinavos; y del lado de la Comisión Europea, en expresar también respaldo a Copenhague y señalar que el territorio del Ártico está "en principio" cubierto por la cláusula comunitaria de asistencia mutua en caso de agresión bélica.
Para muchos expertos, el episodio viene a confirmar que Estados Unidos está dispuesto a cuestionar incluso la soberanía de aliados si lo ve necesario para sus intereses, y subraya la urgencia para la Unión Europea de consolidar una política de seguridad propia y de asumir que su peso estratégico ya no puede delegarse en Washington.